El sábado santo es el día del gran silencio en la liturga cristiana. El día del resposo de Cristo, del dolor por la cruz, pero también de la expectativa esperanzada. Ese es el contexto del siguiente poema:
¿SILENCIO DE DIOS?
Me dices que Dios calla,
que le has llamado en la noche,
que le has buscado en la angustia
y no se te ha presentado.
Sí, me dices que Dios está mudo…
Pero hoy ha brillado el sol
y la luna nos ha vuelto a mirar.
Mil pájaros han cantado
y los ríos han seguido corriendo.
Gritas que no hay esperanza,
y tu vecina, la del piso de al lado,
hoy ha fregado más de diez horas
para que coman sus cuatro hijos.
¡Y aún ha tenido tiempo para cantar!
Crees que Dios no nos ama,
mientras ves a dos enamorados
que se besan en el parque,
o a ese niño que hace muecas
para que su hermanito deje de llorar.
Te quejas de que Dios ya no está,
y ahora mismo alguien
atiende a un enfermo en un hospital,
y hay quien consuela algún amigo
que lo está pasando mal.
Estamos –dices- dejados de la mano de Dios,
mientras esa anciana gasta sus ahorros
para comprar un regalo
-¿un sonajero? ¿un chupete?-
al nieto que acaba de llegar.
Me cuentas, en fin, que te has cansado de buscar,
que Dios sigue en silencio,
que nunca te habló ni te hablará…
¡Y quizá se esté quedando afónico
de tanto y tanto gritar!
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Gracias, Marina. Feliz Pascua también para ti.
Precioso poema. A veces vamos tan metidos en nuestro mundo que no reparamos en la cantidad de gracias con las que Dios decora nuestra vida. Necesitamos que nos despierten la sensibilidad para apreciar la belleza del universo y de los hermanos, aunque no siempre estemos al 100%.Gracias, Jesùs.Feliz Pascua de Resurrecciòn para todos.Un abrazo.
Jueves, 31 de mayo
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