Hoy he releído un texto interesante, que invitaba hace unos 40 años a recuperar y retomar el viejo lema medieval: Ecclesia semper reformanda, o sea, la Iglesia debe estar en continua reforma. A los que no les gustan los cambios les invitaría a que empiecen por leer el nombre del autor del texto, porque puede que se lleven una sopresa.
“¿Quién podría poner en duda que también hoy se da en la Iglesia el peligro del fariseísmo y del qumranismo? ¿No ha intentado efectivamente la Iglesia, en el movimiento que se hizo particularmente claro desde Pío IX, salirse del mundo para construirse su propio mundillo aparte, quitándose así en gran parte la posibilidad de ser sal de la tierra y luz del mundo? El amurallamiento del propio mundillo, que ya ha durado bastante, no puede salvar a la Iglesia, ni conviene a una Iglesia cuyo Señor murió fuera de las puertas de la ciudad como recalca la carta a los Hebreos, para añadir: “Salgamos, pues, hacia él delante del campamento y llevemos con él su ignominia” (Heb 13, 12 s). “Afuera”, delante de las puertas custodiadas de la ciudad y del santuario, está el lugar de la Iglesia que quiera seguir al Señor crucificado.
Jueves, 16 de febrero
José Arregi
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Asoc. Humanismo sin Credos
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