Os dejo algún poema escrito en una Semana Santa de hace ya años...
Va hoy el primero.
DAR LA PROPIA VIDA
Ya está, Jesús, ya has muerto.
Ya no hay nada que hacer.
Todos esperábamos
que alguien te convenciera,
o que Pilato te perdonase,
o que “los buenos” te rescataran…
pero no, esto ha acabado mal.
Recuerdo que estaba en el noviciado salesiano de Mohernando (Guadalajara) cuando un 24 de marzo de 1980 asesinaron a Mons. Romero.
A todos nos impresionó el hecho, y todavía recordamos aquella portada de ABC con el obispo muerto (martirizado, sí), a los pies del altar. Cuantos más años pasan y más destacan algunos anti-ejemplos eclesiales que están en boca de todos, más valoro la figura de Mons. Romero.
Por eso hoy quiero recordar el texto que cerraba un libro-mosaico sobre él. El fragmento se titulaba "Han pasado los años". Y habla por sí solo. Y sí que han pasado los años, ya 30...
Hoy he releído un texto interesante, que invitaba hace unos 40 años a recuperar y retomar el viejo lema medieval: Ecclesia semper reformanda, o sea, la Iglesia debe estar en continua reforma. A los que no les gustan los cambios les invitaría a que empiecen por leer el nombre del autor del texto, porque puede que se lleven una sopresa.
“¿Quién podría poner en duda que también hoy se da en la Iglesia el peligro del fariseísmo y del qumranismo? ¿No ha intentado efectivamente la Iglesia, en el movimiento que se hizo particularmente claro desde Pío IX, salirse del mundo para construirse su propio mundillo aparte, quitándose así en gran parte la posibilidad de ser sal de la tierra y luz del mundo? El amurallamiento del propio mundillo, que ya ha durado bastante, no puede salvar a la Iglesia, ni conviene a una Iglesia cuyo Señor murió fuera de las puertas de la ciudad como recalca la carta a los Hebreos, para añadir: “Salgamos, pues, hacia él delante del campamento y llevemos con él su ignominia” (Heb 13, 12 s). “Afuera”, delante de las puertas custodiadas de la ciudad y del santuario, está el lugar de la Iglesia que quiera seguir al Señor crucificado.
Estos días se ha hablado del fallecimiento del genial escritor castellano Miguel Delibes. En algún blog de Religión Digital ha habido posts interesante sobre él. Por ejemplo, recuerdo haber leído con provecho uno de Carmen Bellver. Deseo que se haya cumplido el deseo que expresaba Delibes en una entrevista relativamente reciente: encontrarse al fin con Cristo al doblar la última curva del camino.
Delibes nos ha dejado grandes testimonios cristianos sobre algunos de los temas que más preocupan ahora a la Iglesia española. Ahí queda su vivencia del matrimonio y de su enamoramiento y ejemplar cariño hacia su esposa, expresado genialmente en “Señora de rojo sobre fondo gris”. Hoy quiero recordar otro: su postura hacia el aborto. Por eso recojo un famoso artículo que publicó. Me parece muy interesante por el modo de razonar. Delibes no acude a razonamientos de escolástica medieval que serán muy correctos, pero no dicen nada a nuestros comtemporáneos. No, él argumenta desde el paradigma del progresismo, y hace ver que el aborto es más bien bastante antiprogresista, porque no nos pone del lado de las víctimas. Nos vendría bien refrescar aquí lo que han dicho sobre las víctimas y los verdugos Walter Benjamin, Johannes Baptist Metz o, más recientemente, Reyes Mate y Jon Sobrino.
Os dejo un comentario sobre el evangelio del Cuarto Domingo de Cuaresma (próximo 14 de marzo). Se trata del pasaje de Lucas sobre el Hijo Pródigo.
El comentario está escrito por Mar Galcerán, profesora de las Escuelas Universitarias de Trabajo Social y Educación Social Pere Tarrés de la Universidad Ramon Llull, de Barcelona. Ella trabaja en Pastoral Universitaria y desde hace años escribe breves comentarios a textos de adviento o cuaresma. A mí siempre me ayudan y por eso hoy he querido reproducir éste.
Cartas a jóvenes (2)
Queridos Vanessa y Jonathan:
Espero que sigáis bien desde la última vez que os escribí,
hace dos meses.
Cuando tenía vuestra edad,
triunfaba una canción de Mecano
que sonaba en la radio a todas horas.
No la descargábamos de Internet
porque entonces no había.
Hablaba de un chico que se encerraba
en su habitación durante horas y horas,
“sin saber qué hacer”,
y así “se pasaba el tiempo: perdido en su habitación”.
Hace tiempo comenté la novela, llevada al cine, “Juntos, nada más”, de la escritora francesa Anna Gavalda. Hoy os recomiendo otra obra de la misma autora: El consuelo, Barcelona, Seix Barral, 2008.
Los dos me parecen libros que ayudan a pensar y sobre todo animan a vivir. Me refiero a vivir en el sentido de aquella frase de Oscar Wilde: “Vivir, lo que se dice vivir, es algo que hacen muy pocos; la mayoría se limita a existir”. Captar eso es un primer paso para entender esta otra frase: “Yo he venido para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).
Jueves, 16 de febrero
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Religión Digital
José Arregi
Juan Fernandez Krohn
Francisco Margallo
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes