Desde hace unos años, suele ponerse a los jóvenes voluntarios (y más aún voluntarias, pues la proporción en las asociaciones de voluntariado de chicas y chicos es aproximadamente de dos a uno) como ejemplo de que los jóvenes no son tan egoístas o pasotas como se dice. Sin embargo, parece que en este mundo del voluntariado, la solidaridad y las ONGs hay mucho bosque que desbrozar… Hace unos años (2001) la socióloga Helena Béjar escribió un agudo libro titulado El mal samaritano. En dicho libro, muy documentado con datos sacados “a pie de calle”, la autora viene a decir que en las motivaciones de estos jóvenes solidarios no es oro todo lo que reluce. Junto a motivaciones indudablemente altruistas, hay otras que son más bien narcisistas: muchos van a auxiliar a otras personas por conocer gente en una asociación y paliar su soledad, por aligerar su sentido de culpa, por hacer algo emocionante y que está de moda, por curar los propios males y fracasos, por vivir experiencias nuevas, por sentirse bien, por presumir de que se hace algo que está “guay” o “mola”...
Viernes, 1 de junio
Manuel Mandianes
Pedro Tarquis
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo