
Quien con niños se acuesta, mojado se levanta, ya lo saben. Y por ello a nadie pueden sorprender las crisis abiertas en los últimos tiempos con Marruecos y Venezuela. Se trata de la prueba más palpable y sintomática del estado por el que atraviesan las relaciones diplomáticas actuales del Reino de España, dirigidas por Zapatero y Moratinos (en muy poco se les unirá Buenafuente, no lo duden).
Lo más sangrante y triste de todo ello es darnos de bruces con la patética imagen que nuestro Gobierno ofrece en el exterior, sin apenas conocimientos del funcionamiento diplomático, y sin capacidad de reacción ante los problemas más elementales y básicos que pueden planteársele a cualquier país; pero es que cuando esto sucede, lo hacen tarde y mal.
El problema del Gobierno de Rodríguez Zapatero es que carece de una planificación en materia exterior que mostrarnos a los ciudadanos de este país; ahora, siempre habrá lugar para la sonrisa, la bromita, la carcajada, el talante, y para prestarse a comicadas como la de la pasada semana, en el programa de La Sexta, que precisamente dirige y presenta el humorista Buenafuente.
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Piensa el dictador venezolano Hugo Chávez que el mero hecho de que en su país se celebren unas elecciones cada cierto tiempo supone que en Venezuela está establecido un sistema democrático con todas las de la ley. Y es que una democracia liberal se caracteriza, fundamentalmente, no sólo por escoger representantes en el Parlamento o en el Gobierno periódicamente, sino por vetar ciertas conductas y ciertos excesos; o dicho de otra forma, limitar el poder que éstos ejercen sobre los individuos. Se establece así una balanza en el que el contrapeso de dicho poder no interfiera en las libertades individuales; y no digamos si nos referimos a una cuestión primordial como son los Derechos Humanos.
Bajo esa denominación de “democracia” se parapetan dictaduras al más puro estilo bananero, que lo único que consiguen es esconder bajo sus faldas verdaderos regímenes dictatoriales. La última de Chávez ha sido acelerar un claro proceso hacia la voladura controlada de la sociedad civil venezolana a través de maniobras de nacionalización empresarial, como pretende su homólogo boliviano, Evo Morales. Todo ello con el catalizador de la supresión de ciertos medios de comunicación.
Otro escenario preocupante sigue siendo Cuba; nos encontramos en fechas de la celebración del 105 aniversario de su independencia, motivo de felicitación, como así lo hiciera George Bush, no sin dejar de desear para la Isla un futuro de dignidad, derechos humanos, libertad y oportunidades.
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El próximo 27 de mayo, Tony Blair pondrá un punto y a parte a su dilatada vida política, pero a buen seguro que esta circunstancia no supondrá un punto de inflexión en relación a las políticas que seguirán los británicos durante los próximos años. A pesar de los numerosos desaciertos que Blair haya podido cometer durante su mandato, lo cierto es que han sido muchos más los réditos obtenidos por ese país y por el conjunto del continente europeo de rebote.
Es digno de elogio que Blair, socialista convencido, decidiera, desde el mismo momento de su llegada a Downing Street, defender a ultranza el desarrollo de una izquierda moderna, y es indudable que para ello no podía prescindir del legado de la Dama de Hierro, Margaret Thatcher, preludio de un liberalismo conservador que ha extendido sus raíces por varios países, entre los cuales estuvo la España presidida por José María Aznar (1996-2004).
Solamente dilapidando el intervencionismo del Estado sobre los asuntos económicos es alcanzable un bienestar social pleno, papel que han de asumir ineludiblemente los ciudadanos desde la sociedad civil en todas sus expresiones.
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Tras 12 años en la Jefatura de la República Francesa, Jacques Chirac despejó este pasado domingo sus dudas en cuanto a quiénes son los dos candidatos con más posibilidades de relevarle en el cargo, aunque bien es cierto que los resultados de la primera tanda de estos comicios galos no han sorprendido a nadie. El liberal conservador Nicolas Sarkozy y la socialista Ségolène Royal serán quienes se disputen el próximo 6 de mayo su llegada al Elíseo. Merece la pena hacer una notable mención a la tasa de participación que, superando todas las expectativas, ha sobrepasado el 85%.
Desde España hemos asistido a una campaña electoral francesa en la que se ha perpetrado, desde los hasta 11 partidos concurrentes, una sucia campaña de acoso y derribo contra Sarkozy. Todos contra uno. Sus carteles electorales han sido pintados en las calles con el bigote de Hitler o los cuernos de Satán, por no hablar de las caricaturas de la prensa diaria próxima a la izquierda. Estos constantes ataques contra el candidato conservador son difíciles de explicar desde una postura mínimamente racional, pero ya ven cuál ha sido el resultado de esos incesantes intentos de desacreditar a quien es un líder llamado a encabezar un nuevo movimiento liberal reaccionario.
Nicolas Sarkozy, es el único político europeo, como bien afirma Agapito Maestre, que cree lo que dice, que no se somete a las inmundicias vacuas de cuatro asesores, como sucede en España, por poner un ejemplo cercano. Así es. Sarkozy ha aparecido en la escena política europea como salvador de una acuciante crisis en Francia, y es por ello por lo que me atrevo a vaticinar que será él y no la socialista Royal quien se alce con la victoria en esa segunda vuelta dentro de muy pocos días.
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No es probable que Chirac pase a la historia como genio de la política, pero al menos tiene cierto sentido del ridículo y alguna vergüenza torera. Tras cuidar de la grandeur francesa, siempre tan apegada a las apariencias y las viejas glorias, negociando de tú a tú con los norteamericanos una resolución sobre el Líbano que sirviera para recordar al desgraciado país el inane papel de protector que la historia supuestamente ha legado a la antigua potencia colonial, se da cuenta del bodrio que ha parido y del lío en que va a meterse y decide escurrir el bulto. El choteíllo nacional y planetario que se organiza le lleva a reconsiderar su incongruente posición y descubrir que, después de todo, el mandato para las tropas es suficientemente enérgico, como si uno de los redactores claves de la resolución fuera ajeno al mismo.
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05.08.06 @ 00:01:10. Archivado en Europa, Francia
En medio de una crisis política más compleja cada día y a poco tiempo de unas elecciones presidenciales de resultado incierto, uno de los candidatos más cualificados a sustituir a Chirac, Nicolas Sarkozy, ha pedido a los franceses que trabajen más, que sean conscientes de que su país tiene cada día menor peso en la economía y la política internacional... y que aprendan inglés. Supongo que esto último será lo que más habrá molestado a un gran número de sus compatriotas, para quienes el modelo norteamericano –o el británico en Europa– representa la suma de males del capitalismo que, en su particular opinión, los franceses habrían sabido superar atribuyendo al sector público un prestigio y un papel en la vida económica que no tiene hoy en ningún otro país europeo.
Que Francia es hoy una potencia de segunda fila, que su economía pasa por serios problemas y que el Estado tiene un gran peso en la vida social y económica del país ofrece pocas dudas. Pero la cuestión más interesante es saber en qué grado esta última circunstancia es determinante de las otras dos; es decir, establecer hasta qué punto una especial forma de entender el papel de la Administración pública puede estar maniatando la capacidad de innovación de la sociedad a la que controla.
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