"Eutanásico" Montes
20.06.08 @ 17:19:05. Archivado en Política española
PUBLICADO EN EL MUNDO EL 20 DE JUNIO DE 2008
Hace unos días nos enterábamos de la “feliz” noticia de que el doctor Montes dirigirá un curso en la UIMP sobre la “muerte digna”. El ex jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos del hospital Severo Ochoa de Leganés, tutelará un curso bajo el título “Muerte digna, asistencia ante la muerte”, el cual será coordinado por el ministro de Sanidad, Bernat Soria.
Recordemos que Montes estuvo implicado en el caso de las sedaciones irregulares en el citado hospital y se le acusó, junto a su equipo, de provocar la muerte a varias personas con sus prácticas en su servicio.
Como bien apuntaba recientemente Clemente Ferrer en Diario de América, en la década de los años veinte del siglo XX Alemania facilitó el atajo a la ley que aprobaba la eutanasia. Se llevaba a cabo entre muchos pacientes terminales en los sanatorios públicos germanos, y para ello se aducían motivos de conmiseración, calidad de vida y la detención del dispendio.
Por su parte, Adolf Hitler, legitimó en 1930 la ampliación de la ley tras la que se realizaban experimentos con personas, con lo que se consumó el genocidio. Cuando se abre un vacío legal es difícil saber en qué momento hay que frenar, y esto es lo que nos ha de hacer recapacitar seriamente. Lo que despuntó como una medida humanitaria hacia los desahuciados se convirtió en algo trágico.
Lo que está claro es que la hinchada de la eutanasia asienta sus teorías en aspectos utilitaristas; cuando se deteriora el punto de vista trascendente de la existencia, se acude a la búsqueda de otros términos para especificar el valor moral, la dignidad y la ordenación moral del hombre.
¿Tiene alguien la potestad o la prerrogativa de suprimir la vida a un agonizante? Es evidente que no y, por lo tanto, la eutanasia no es ética. Al doliente se le debe administrar la ayuda y los cuidados paliativos suficientes y necesarios para alejarle de la angustia mientras dure su existencia.
En sus comienzos, el caso protagonizado por el eutanásico doctor Montes parecía simplemente "una supuesta práctica continua de eutanasia activa", como dijo el caído dirigente por entonces del PSOE madrileño, Rafael Simancas. Dado que los responsables de la sanidad madrileña pertenecían al PP, ésta se convirtió en una excusa para atacar a Esperanza Aguirre. Sin embargo, en cuanto se supo de la adscripción política de Montes, todo cambió, demostrándose una vez más que la izquierda lo único que defiende es lo suyo y a los suyos. Frente a su patológico sectarismo, el bienestar de los ciudadanos ocupa un lugar muy secundario, y ello da incluso para pasar una semana de vacaciones en la capital de Cantabria.
Los defensores de Montes podrán alegar que no hay pruebas de que estuviera matando a los pacientes mediante eso que se conoce con el eufemismo de “eutanasia activa”, pero lo que está claro es que, bajo su mando, en su servicio moría un número anormalmente alto de pacientes, el cual ha retornado a cifras más razonables. Lo hicieran por considerarlo un criminal, o sólo un negligente, su destitución fue un acierto.
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Sancho Michell de Diego
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