Voy a mear
01.05.07 @ 11:48:43. Archivado en Sobre el autor
O al menos eso yo pensaba. Creía que el servicio de un bar estaba para eso. Sin embargo, al entrar al baño de la casa de cristal -única cafetería que puedes encontrar en el parque Clara Zetkin y al que, por lógica, acude todo aquel que ha decidido pasar el día entre los árboles y tumbado en el césped comiendo salchichas a la barbacoa- uno piensa que han debido cambiar la funcionalidad de estos habitáculos.
¿Quién es el gracioso al que se le ocurrió la divertida idea de poner pegatinas con forma de mosca en los meaderos de pie? Yo me pregunto qué tiene de divertido, la verdad. El otro día entré con Nacho a hacer aguas menores y del susto acabé mojándole los pantalones.
—Tío, a ve si apuntamos -me gritó.
—Es que me ha dado un susto que te cagas. Creía que se me iba a colar por la...
—¿Qué hace una mosca ahí? -pregunta inclinándose sobre mi meadero.
—¿Es que tú no la tienes?
—No, yo tengo una portería de fútbol con un palito.
Que ésa es otra. Con la moda del mundial de fútbol, alguien tuvo otra genial idea. El juego, se ve, consiste en apuntar al palito, de cuyo extremo cuelga una pelota, y empujarla con el chorro para introducirla en la portería. Si eres gran bebedor de cerveza o tienes la vejiga floja, lo que se traduce en una visita a la casa de cristal cada veinte minutos, acabas haciendo apuestas a ver quién mete más goles.
Pero ahí no acaba la cosa. Ahora no puedes tomarte tu tiempo para hacer tus necesidades. Ya no existe cadena de la que tirar o botón que pulsar. Desde que el mundo es como es, es decir, desde que adoptamos la actitud de conformistas y el “DIYJAJAJA” (siglas en inglés para “hazlo tú mismo, sí, ya, no te lo crees ni tú), desde que nos conformamos con lo que hay y creemos que es mejor inventar mecanismos y aparatos que hagan las cosas por nosotros, desde entonces, ya no hay tiempo. Ahora hay un sensor que se activa cuando te colocas delante del meadero y, cuando considera que has terminado, la cisterna deja correr el agua por la pared del inodoro para limpiar la suciedad. ¿Qué pasa si aún no has terminado?
—Joder, ¿quién le ha dicho a la cisterna que suelte el agua? —le pregunto a Nacho.
—¿Qué más da? Si no has acabado sigue.
—Sí, pero luego se queda manchado.
—¡Qué va! Vuelve a caer agua.
—Joder, entonces me hace sentir mal —contesto desesperado por encontrar una solución.
—¿Cómo te va a hacer sentir mal un meadero, Paschka?
Pues así es. Siempre tengo que apremiar y nunca me da tiempo a sacudírmela correctamente. Como dice Nacho, “más de tres es paja”. Luego intento lavarme las manos, pero no encuentro el grifo. Se ve que hay que hacer magia: primero te remangas la camisa, luego te pones a dar vueltas por todo el baño hasta que encuentras otro sensor. Sale un chorro durante unos treinta segundos, seis veces más de lo que necesitas para mojarte las manos. El jabón, gracias a Dios, no ha cambiado mucho, sigue habiendo una pastilla o un bote de jabón líquido al lado del grifo. Después intentas enjabonarte, pero nadie sabe por qué, esta vez el chorro se corta enseguida. Para acabar intentas lavarte las manos sin poner perdido el secador.
Al salir, el señor que se ocupa de limpiar los retretes para que siempre estén limpios cuando los necesites te espera con un platillo y una cartel que dice “gracias por sus 50 céntimos”, lo que te hace salir del servicio con cara de culpable porque te jode tener que pagar para poder mear. Creo que la próxima vez que vaya al parque me llevo mi orinal.
Nos veremos por aquí para compartir esas cosas difíciles de explicar cuando el otro no está delante.
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tu relato de los aseos pervertidos (deportes y ojos magicos en un urinal???) me da alegria. Me acuerda de Mr. Bean y sus aventuras con la secadora de mano
(http://www.youtube.com/watch?v=OUWI1a2tu2A).
El futbol waterpolo, yo lo vi por la primera vez en la "vodkaría", un bar en la Gottschedstrasse. Entonces me estrañaba a mí, aunque como indigeno, debería ser habituado a las excentricidades higienicas.
Mas relatos de Leipzig por favor :-)
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Pablo Rivera
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