Aparcando del revés
12.12.06 @ 23:46:39. Archivado en Sobre el autor
Tocan al timbre de casa. Tengo miedo de abrir por la hora que es y porque alguien me pidió prestado el coche ayer y tiene que devolverme las llaves. Sé que Nacho estará al otro lado de la puerta, pero ¿qué hacer si sabe que estoy aquí? Hora de desayunar, más de un año en Leipzig y todavía no se ha enterado de que en el “Tolle Knolle” sirven desayunos por 3 euros hasta las once. Miro a través de la mirilla y ahí está, mordiéndose las uñas con el periódico en la mano, como si tuviera algo la mar de importante que decirme. Cómo no, abro la puerta y antes de decir buenos días ya está preparando unas tostadas. Entra hablando sobre su ex, Aran:
―Anoche me llamó Aran otra vez, ¿sabes? Quería hablar de lo de mudarme a vivir con ella y demás. Pero yo no estoy del todo convencido, porque los chavales del piso…
Éste se cree que soy tonto.
―Nacho, te he dicho mil veces que no hay editores escondidos por el piso. Deja de contar tus intimidades a voces cada vez que vienes a casa porque todo el mundo sabe que lo de Aran ocurrió hace años y que ahora está con otro. Además, los chavales del piso tendrán hasta chiquillos ya y todo. Si te crees que va a salir alguien del tostador interesado en publicar tus historias, ya puedes esperar.
Puede que haya sido un poco duro con él, pero no hay forma de que entre en razón.
―Para ti es muy fácil, te sientas a escribir y ya está. A joderle la vida a los demás.
Odio cuando se pone así. Es como tener un niño pequeño con caprichos, una novia en plan “depre” y un hijo tonto a la vez. Se acerca al armario donde guardo el cola-cao. Se sirve una taza mientras me mira como Paolo Futre a Paco Buyo cada vez que el gallego llegaba antes que el delantero portugués al cruce. Aunque lo he creado a mi imagen y semejanza, a veces temo despertarme con un cuchillo en el pecho.
―Tengo que contarte una cosa. Me voy de aquí ―me dice.
―Pero, si acabas de llegar.
―No, no, de aquí.
―¿De Leipzig? ―pregunto extrañado.
―Que no, de aquí, de Alemania.
―¿Por qué? ―pregunto más extrañado aún.
―Porque los alemanes son unos cuadriculados.
―Nacho, por favor. Que me digas eso nada más llegar a Alemania lo entiendo, pero ya has tenido tiempo de barrer los estereotipos. ¿O acaso te imaginas a un tirolés bebiendo cerveza cuando piensas en un alemán?
―Si yo respeto mucho a esta gente, pero es que son unos cuadriculados.
―¿Qué ha pasado ahora? ―pregunto intentando ser comprensivo para que se calme.
Tras unos cuantos sorbos a su cola-cao caliente y unos cuantos insultos hacia los guardias de tráfico de todo el mundo, Nacho me explica que ayer le pusieron una multa por aparcar mal. O como dice él, por aparcar al revés. Le pregunto si es que volcó en coche. La razón por la que le han multado es porque aparcó en sentido contrario al del resto de vehículos, es decir, al del sentido del lado de la calle. Cierto que no circuló en ningún momento en sentido contrario, pero el realizar esa maniobra implica que ocupó durante un tiempo el carril opuesto, por lo que el agente le extendió la multa. No se enteró hasta que volvió a recoger el coche. Supongo que se le quedó esa cara de tonto que se le queda a uno cuando el árbitro te roba el partido claramente y hace como que no te oye mientras se dirige al vestuario y tú le protestas o como cuando pides que te revisen la nota del examen de filosofía de Kant de selectividad porque tienes un 2’7 y te la bajan a 2’6. ¿Con quién pago yo esto ahora?
A mi parecer, estas multas son como las fotos que te hacen por ir deprisa, una manera ruin y rastrera de aplicar la ley. El poli-paparazzi. No sabes quién te pone la multa, ves un flash y piensas “¿será cabrón?” No tienes la posibilidad de rebatirle su opinión. ¿Qué hay de democrático en eso? Es verdad, se me olvidaba que la policía no sabe lo que es eso.
Algún día contaré todas las multas que le han puesto a Nacho, con especial atención a la del botellón del museo de la calle “Marqués de la Ensalada”, como él la llama. Por lo que respecta a la de ayer, me ha prometido que la pagará cuando llegue, pero ya le he dicho que no se preocupe, ya que hasta que no registre el coche en la ciudad no llegarán las multas a casa.
Nos veremos por aquí para compartir esas cosas difíciles de explicar cuando el otro no está delante.
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Por cierto ....Força Penya
alomejor nos cruzamos un dia por estas calles, o quizás no... pero espero que te vaya bien por aquí! :*
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Pablo Rivera
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