Rivera contra Hornby
23.11.06 @ 20:52:07. Archivado en Sobre el autor
Como seguidor del F.C. Barcelona ―al menos de las secciones de baloncesto y fútbol, ya que uno no puede pretender seguir todos los deportes― y tras el momento por el que pasa el once azulgrana en la Copa de Europa ―jamás me referiré a ella como Champions League o Liga de Campeones― he sentido la necesidad de escribir sobre mi pasión deportiva. Cierto que el quinteto del Barça también significa mucho para mí, pero el combinado de fútbol me llama más la atención, sobre todo cuando juega la final de la Copa de Europa, como el 17 de mayo de 2006.
Doce años después del fracaso de Atenas contra el Milán de Savicevic, teníamos la oportunidad de conquistar el máximo título continental tras la hazaña de Koeman en Wembley. Esta vez, la final de la Copa de Europa no enfrentaba solamente a Barça y Arsenal, también a mi persona como escritor y a Nick Hornby, célebre literato de la última década y gran hincha del conjunto londinense que, por otra parte, me enseñó el camino de relatar anécdotas de mi vida haciendo referencia a momentos importantes del mundo del fútbol. Yo no soy la mitad de hincha de lo que es (o fue) él, pero aún así, tengo muchas historias que contar acerca de mi vida y mi equipo. De no haber sido por su libro “Fiebre en las gradas” y porque mi hermano me lo prestó, nunca habría descubierto tal forma de escribir. En parte como homenaje a Hornby, resalto este partido como uno de los más importantes de mi equipo. El 17 de mayo de 2006, el maestro y el alumno se veían las caras en París.
Mediada la segunda parte de la final de la Copa de Europa, tenía otro título pensado para este partido. Dada la triste imagen que estaba ofreciendo mi equipo y que, debido a ello, me recordaba inevitablemente a la sección de baloncesto, tenía un título bastante claro: “Como los de tirantes”. Quienes me conocen saben que sufro por el Barça de baloncesto y que todavía me duele el tapón ilegal de Vrankovic, igual que los absurdos comentarios de Nacho Calvo al pobre Montero ―sí, todos sabemos que Montero la hundía para abajo, pero deja de recordarle ese tiro, ¡joder! ―. Sin embargo, Henrik “cómo me alegré el día en que te trajeron desde Escocia” Larsson despertó a sus compañeros y a falta de diez minutos para el final, Eto’o empató el gol de Campbell, que más solo que la una había marcado a los veinte minutos de partido, ya con Lehmann expulsado y todo. Lo curioso fue que cinco minutos después, entre risas y explicaciones en alemán a Janine y Tony sobre lo que me estaba pareciendo el encuentro, Belleti, que no había hecho un gol en su vida, chutó a la pierna de Almunia, portero que pasó desapercibido en España y que a punto estuvo de llevarse una Copa de Europa, donde rebotó el balón, que acabó en el fondo de las mallas. Supongo que es así como se gana una final, sino que le pregunten al Manchester el año que ganó al Bayern en el Camp Nou. El Barça, que no había jugado precisamente bien, salvo la falta de Lehmann que, de no haber sido señalada, hubiera significado el 1 a 0 de Giuly, y el balón al palo al filo del descanso de Eto’o, se llevó la copa con dos magníficas acciones en cuatro minutos con dos asistencias de Larsson. Henrik, gracias por venir al Barça.
Es extraño no poder abrazar a alguien y gritar “campeones, campeones, oé, oé, oé”, pero prefiero haber podido comentar el partido con Tony y aprender a pedirle la hora al árbitro en alemán que juntarme con cuatro españoles que no conozco de nada e intentar recordar este partido como algo mágico junto a ellos. No tardó en sonar el teléfono: mi padre, mi hermano, Javi, los de Castellón, etc. Ya asusté a la pobre Esti dos veces en cinco minutos mientras hablaba por teléfono con su madre. Yo me excusé: “Ha sido Eto’o, lo siento”. Y luego otra vez: “Ha sido Belleti, diles que no metan más goles”.
El mayor problema que tuve durante el partido no fue expresarle mis emociones a mi compañero de piso en alemán, como había pensado, sino no comerme la televisión a medida que avanzaba el choque. Empecé en una esquina del sofá y acabé pegado a la pantalla. Pensaba que ya no era tan dependiente de lo que mi equipo hiciera, más si cabe ahora que acababa de ganar la liga en Balaídos y no me enteré hasta el día siguiente. Pero estaba equivocado. No me importa lo que hagan mientras les vaya bien, pero si están en apuros, como el resultado adverso que tenían que levantar aquel día, soy el primero que hace fuerzas desde casa para empatar el partido. Y supongo que eso es lo que importa, que cada uno hiciera fuerzas, tanto los jugadores como los seguidores. Da igual que estés en el estadio ondeando la bandera blaugrana o en casa viendo el partido por la tele, pero tienes que estar con el equipo y si tienes que sufrir, sufres. Claro que hubiera preferido verlo con los chavales de Castellón, con mi padre, mi hermano y la gente de Babel, todos juntos, pero igual así no hubiéramos ganado. Este título quedará como la vez que remontamos al Arsenal, para muchos, pero para mí quedará como el año que estuve fuera y que, al menos, encontré en la generosa persona de Tony un buen compañero con quien seguir la final.
Y el triunfo del Barça ante el Arsenal no significa ninguna victoria por mi parte respecto a Hornby. Lo único que espero haber ganado son unas cuantas páginas en las que el escritor inglés hable de esta final, que al menos le dedique el mismo tiempo que yo le he dedicado a este partido.
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Pablo Rivera
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