La ventana está rota y se han llevado las papeleras
03.11.06 @ 13:11:22. Archivado en Sobre el autor
Todo comenzó cuando Irene me dijo que le habían dado una beca para estudiar un año en Heidelberg. Estaba muy ilusionada por ir a Alemania y aprender el idioma. Luego conocí a una chica de Colonia que estaba estudiando en nuestra universidad. Más adelante, debido a la constante preocupación de mi padre acerca de mis estudios y su repetitiva pregunta: “¿cómo llevas el alemán?”, le comenté la idea de pasar un año estudiando en el extranjero donde pudiera aprender el idioma, como hizo Irene. Lo que no sabía era lo mucho que me iba a gustar y que al final decidí quedarme más tiempo.
¿Por qué Leipzig? Por tres razones que en realidad son cuatro: era la única ciudad de la antigua Alemania del Este que ofertaba mi universidad y yo prefería el este al oeste porque —y aquí viene la razón tapada— el alquiler del piso o el precio de los alimentos en los supermercados, a excepción de la fruta, no está por las nubes. En cualquier caso, me llamaba más la atención la gente y las ciudades de este lado del desaparecido muro. En la Universidad de Leipzig podía seguir mis estudios de Traducción, cosa que me vino muy bien porque entre presentaciones, exámenes orales de cinco minutos y trabajos en grupo logré que me convalidaran muchas asignaturas de la universidad de Castellón. La última razón y, esta vez sí, menos importante es que Leipzig era sede del mundial de fútbol. El sorteo se realizó en el recinto ferial de esta ciudad sajona y la suerte quiso que España jugase su primer partido de grupo contra Ucrania aquí. Yo no tenía entradas, así que me daba más o menos igual. Sin embargo, cuando mi novia me dijo que había conseguido dos gracias a su jefa y a la asociación, me fui corriendo al calendario para saber cuándo me tenía que poner enfermo para profesores y jefes.
Ya hablaré otro día del mundial, porque la verdad es que lo merece, sobre todo por el ambiente. Hoy sólo diré que cuando fui a ver a España ganaron cuatro a cero sin despeinarse y que cuando dejé de ir al estadio, ya que no jugaban siempre en Leipzig, las cosas empezaron a ir peor.
Una vez explicado el motivo de mi elección por Leipzig, sólo queda explicar por qué las ventanas están rotas y por qué no hay papeleras en la calle. En realidad, no están rotas, sino que pueden abrirse de par en par, como todas, o inclinarse hacia dentro con el borde inferior como única parte de la ventana sujeta al marco. Pero, claro, si acabas de llegar y contemplas la minúscula habitación vacía donde va a vivir tu novia, te crees que le quieren dar gato por liebre. Y, joder, es tu novia, y en invierno hace frío.
Lo de las papeleras es más complicado. Puedes pasear largas horas por el centro y alrededores de la ciudad, que si no buscas con lupa ninguna encontrarás. ¡Vaya, me ha salido una rima! Será la ciudad de la música —pero ya hablaremos de Bach y los demás—. Pese a ello, no verás un papel en el suelo. Y uno se pregunta: “en España hay papeleras por todas partes y, sin embargo, el suelo siempre está lleno de porquería, ¿cómo puede ser?”. La verdad es que nunca ves a nadie tirar basura en la calle. Cada edificio tiene sus contenedores de restos de comida, plástico y papel, y que no te pille nadie usando los suyos, porque, como ya he dicho, cada edificio dispone de los propios. Al final te acostumbras a llegar a casa con los bolsillos llenos de pañuelos con mocos, envoltorios de chocolatinas y folletos publicitarios.
El vidrio es otra cosa, eso sí que no llama la atención, ya que todos conocemos los contenedores destinados para este material. Aunque aquí no se usan mucho, que ésa es otra: cuando compras una botella, tienes que pagar el casco, así se aseguran de que la devuelves para recibir parte del dinero que pagaste por ella y no la tiras por ahí. Algún “espabilao” se dedica a recoger botellas vacías en los estadios de fútbol, conciertos y demás lugares donde la gente suele olvidarlas para canjearlas por dinero. Otro día contaré la vez en que salí de fiesta y gané dinero por emborracharme. Nacho me pregunta que por qué no hacemos esto en España. Claro, lo de las carreteras y el ministro de Fomento. No sé, puede que con el tiempo sí me vea delante de quien toque para decirle que se podría hacer algo con esto.
Nos veremos por aquí para compartir esas cosas difíciles de explicar cuando el otro no está delante.
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Pablo Rivera
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