Leipzig, donde las motos no te adelantan lijándote los pelillos del brazo
25.10.06 @ 13:07:00. Archivado en Sobre el autor
Es cierto, aquí puedes sacar el brazo izquierdo por la ventanilla del coche mientras conduces —siempre que el tiempo meteorológico lo permita— con la absoluta tranquilidad de saber que ninguna moto te va a cepillar los pelillos del brazo. Os preguntaréis qué hago con coche en Alemania. ¿Cómo puedo explicar algo que no sé? Quería hacer un viaje largo por Europa con mi novia. Al final, lo único que conseguí fue perderme dieciocho veces por carreteras secundarias francesas —ninguno hablamos palabra de francés— y, con ello, prometerme comprar un mapa de carreteras para la vuelta.
Volviendo a Leipzig, no vengáis en coche. No se parece en nada a Alicante o a cualquier otra ciudad de España que yo haya visto. Que levante la mano el que haya visto una rotonda en Alemania. Cuesta creer que con lo milimétricos y ordenados que son, los alemanes no hayan introducido las rotondas a sus carreteras. Aquí no hay motos, pero sí hay muchos más peatones, cientos de bicis con su propio carril, coches y tranvías que aparecen de la nada. Cuando llegas a un cruce tienes que pensar en cuatro dimensiones a la vez, como Marty McFly.
Hace poco estuvo Nacho por aquí. Se asombró de todo esto. Me preguntó qué tal se conduce en invierno. Mal, en invierno se conduce mal: hace tanto frío que las puertas del coche se hielan hasta tal punto que se quedan pegadas al canto y no se abren. También ayuda que laves el coche cuando el sol ya se ha ido y el agua se convierta en hielo, pero eso es otra historia. Suerte que tengo un cinco puertas, porque más de una vez ninguna de las de adelante se abría. La nieve tampoco ayuda mucho, sobre todo a un coche con neumáticos de verano. Si no te sacudes bien las Winterschue (botas de invierno), la nieve de las suelas se queda dentro del vehículo y durante la noche hace su función, que no es otra más que helar las lunas y ventanillas por dentro. Así que por más que le des al limpiaparabrisas, el hielo no se va. Tienes que pedirle a Ulli (tu compañera de piso) un rascador. Pero claro, el hielo se derrite y se hace agua, con lo que al cabo de unos minutos tienes un perfecto coche-bañera para circular por la ciudad.
Si le quitas la nieve, el hielo, la sal que extienden cada mañana por las calles para que se coma el hielo y que se pega a los bajos del coche, los tranvías, las bicis y los cruces imposibles, no está tan mal circular por Alemania, sobre todo cuando sales a la autopista y no ves ninguna de esas casetas donde tienes que pagar para poder seguir conduciendo. ¿Cómo se llaman? ¡Ah, sí! Peajes. Es lo que me preguntaba Nacho el otro día:
—¿Por qué no hacemos las cosas como los alemanes? ¿Por qué alguien que haya visto Alemania no propone hacer las cosas como se hacen aquí al volver a España?
No sabía qué contestarle. La verdad, yo no me veo delante del ministro de Fomento explicándole por qué las autopistas deben tener tres carriles. Si no lo han hecho ya, no creo que sea porque no lo hayan pensado.
En fin, que todos estáis invitados a venir, pero mejor coged un avión hasta el aeropuerto Leipzig/Halle o hasta Berlín, que no queda muy lejos de aquí. Avisadme con tiempo e iré a recogeros. E incluso, si hace buen tiempo, podréis sacar el brazo por la ventanilla.
Nos veremos por aquí para compartir esas cosas difíciles de explicar cuando el otro no está delante.
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Pablo Rivera
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