Parresía

¿Jesús echó a los sacerdotes del Templo?

03.03.18 | 05:51. Archivado en Homilías

En general, se tienen en cuenta dos perspectivas hermenéuticas al abordar el relato del incidente del Templo: (1) Desde una perspectiva predominantemente histórica-teológica: en línea con los sinópticos, se destaca la mordiente social: no hacer del Templo un mercado ni excluir a los paganos. (2) Desde unas perspectiva literaria-teológica, se dice que, Jesús ha venido a “sustituir” las instituciones del antiguo Israel (sustituye el agua por el vino en las Bodas de Caná, aparece el nuevo templo, el nuevo maná, etc, uno de los exponentes de esta clave de lectura es el gran estudio de Juan, Raymond Brown. La conclusión es radical, y atractiva: Jesús no vino a “purificar” (como los Macabeos), sino a “demoler” el Templo. Pienso que ambas perspectivas, arraigan en una respetuosa lectura del texto y abre ricas sugerencias para predicar el Evangelio. Las asumo en parte y las aprecio mucho, sin embargo, propongo otra (¿nueva?) perspectiva… ¿más teológica?

El Evangelio de Juan 2 , 13- 21

(El gesto)

13 Se acercaba la PASCUA de los judíos. Jesús subió a JERUSALÉN
14 y encontró en el TEMPLO a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
15 Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo,
junto con sus ovejas y sus bueyes;
desparramó las monedas de los CAMBISTAS, derribó sus mesas
16 y dijo a los vendedores de palomas:
«Saquen esto de aquí
y no hagan de la casa de mi PADRE una casa de COMERCIO».

(INTERPRETACIÓN EXPLÍCITA DEL AUTOR y MEMORIA DE LOS DISCÍPULOS)

17 Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El CELO por tu Casa me consumirá.

(La reacción)

18 Entonces los judíos le preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?».
19 Jesús les respondió: «Destruyan este Templo y en tres días lo volveré a Levantar».
20 Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».

(INTERPRETACIÓN EXPLÍCITA DEL AUTOR)

21 Pero él se refería al templo de su CUERPO.
MEMORIA DE LOS DISCÍPULOS
22 Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos RECORDARON que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.


ESTRUCTURA DEL TEXTO

1) vv.13-17: purificación del TEMPLO
vv. 14-15: acción de Jesús
v. 16: palabra de Jesús
v. 17: recuerdo de los discípulos.

2) vv. 18-22: cuestión de la AUTORIDAD
v. 18: reacción de los judíos
v.19: enigma de Jesús
v. 20: equívoco de los judíos
v. 21: comentario del evangelista
v. 22: recuerdo de los discípulos.

ANÁLISIS

La acción de Jesús se sitúa en el recinto del Templo: en el atrio de los paganos que tenía lugar un intenso comercio. La presencia de vendedores de palomas, ovejas y bueyes es obvia, pues los peregrinos no podían traer con ellos los animales necesarios para el sacrificio. Lo mismo la de los cambistas, ya que los peregrinos no podían pagar sus compras con las monedas que estaban en curso en Judea bajo autoridad romana, sino que debían usar una antigua moneda fenicia de plata. Las monedas romanas o sirias estaban prohibidas por la Ley, ya que contenían efigies humanas (la del emperador, cf. Mc 12, 15-16); la antigua moneda de Tiro, en cambio, estaba autorizada, pues no tenía otra indicación que su valor.
El v. 15 da cuenta de la acción emprendida. Luego explica ante ellos el motivo de su comportamiento.
La primera interpretación del gesto del Jesús joánico (v. 16b) recuerda la proporcionada por Marcos, recordar la función originaria del Templo y denunciar su instrumentalización con fines mercantiles. El Jesús joánico, ya no argumenta con ayuda de la Escritura, sino que habla en nombre propio. Su advertencia está estructurada mediante la oposición entre «casa de mi padre» y «casa de mercado», y constituye una crítica: la adoración del Padre se convierte en un pretexto para hacer negocios lucrativos. Esta formulación muestra, que el acento que pone Juan es diferente: el Jesús joánico interviene en cuanto enviado del Padre, actúa y habla sin intermediarios en nombre de este mismo Padre. Esta declaración es ciertamente la condena de una “perversión religiosa”, pero ante todo revela a una “persona”, el Jesús joánico, que da testimonio del Padre.
El comentario del v. 17 es la fe pospascual la que se expresa y se pronuncia de manera retrospectiva acerca de lo que acaba de pasar. Esta “memoria” pospascual se formula con ayuda de una cita del Salmo 69, 10 -salmo del justo sufriente, que en el cristianismo naciente era utilizado para interpretar el destino del Cristo sufriente-. La relectura pospascual de la Escritura proporciona, por tanto, el trasfondo hermenéutico que permite leer la vida de Jesús. El incidente del Templo revela su identidad; su celo ilimitado por la casa del Padre. Este compromiso apasionado por la causa de Dios va a devorarlo, es decir, va a llevarlo a la muerte. Metáfora de un compromiso total con Dios.
En Jesús los lugares sagrados de Israel adquieren plenitud. Este parece ser el sentido profundo del relato de la «purificación» y de las palabras siguientes sobre el «templo del cuerpo» de Jesús.
En la acción de Jesús, no se trata de la supresión de un culto. Jesús expulsa del templo a personas que introducen lo profano en el santuario, a los comerciantes de animales y a los cambistas. La palabra de Jesús a los vendedores de palomas deja claro que no quiere suprimir las ofrendas, sino solo alejar del templo, como lugar sagrado, todos los elementos comerciales profanos. En este sentido se puede hablar de la «purificación» del templo, y no de su “sustitución”. Al llamar Jesús al templo la «casa de mi Padre», se identifica en gran medida con este lugar.
En el v. 17 se acuerdan los discípulos de una palabra de los salmos; «el celo por tu casa me consume» (Sal 69,10). El mensaje está en que Jesús está decidido a comprometerse por la casa del Señor. Estamos lejos de una supresión del culto. Jesús se compromete completamente por restablecer la santidad del santuario, incluso poniendo en peligro su vida.

2,18-22: Diálogo con los judíos.

Esta evocación metafórica de la muerte por venir de Jesús proporciona el punto de partida de la segunda interpretación del incidente del Templo (v. 18-22); la línea cristológica marcada por la evocación de la cruz se profundiza. La destrucción del Templo, por parte de los adversarios (no por parte de Jesús = acusaciones de los sinópticos) es una alusión velada a la cruz
La sentencia que pronuncia Jesús provoca un “malentendido” (v. 20). Este “malentendido” deriva del hecho de que las autoridades del Templo no interpretan la palabra de Jesús en función de la revelación, sino desde un punto de vista mundano (piensan en el templo herodiano). Desde este punto de vista, su objeción está justificada. ¿Cómo podría un hombre reconstruir en tres días un edificio en el que se trabaja desde hace cuarenta y seis años?
El «segundo templo» de Jerusalén, más modesto que el primero, fue reconstruido por Zorobabel en la época persa, entre 520 y 515 a.C. (Esd 1-6; Ag 1-2). En 164 a.C, en el periodo helenístico, este templo es purificado tras las profanaciones de Antíoco IV Epífanes y conoce una nueva dedicación (hanuká, de donde procede la fiesta judía que lleva este nombre). A partir de 20/19 a.C, este templo por iniciativa de Herodes el Grande (Josefo, Ant. XV, 380), será reconstruido íntegramente, con numerosos anejos nuevos. Esta reconstrucción no se terminó hasta 63/64 d.C, solo seis años antes de la destrucción del templo por los ejércitos romanos después de la primera revuelta judía en 70.
La noción de «templo/santuario» designa el lugar donde Dios está presente y puede ser encontrado. Con la expresión «de su cuerpo» subvierte la concepción tradicional del Templo: a partir de este momento, el lugar donde Dios puede ser encontrado es la persona histórica de Jesús.
La “memoria” pospascual de los discípulos (v. 22) profundiza la interpretación en distintos niveles. La memoria pospascual es obra del Paráclito, cuya función es cultivar la tradición de Jesús (14, 16-17.26; 7, 39). Esta “memoria” no tiene un objetivo museístico (“conservador”), sino que produce una interpretación viva (hermenéutica).
Si el Templo y el cuerpo de Jesús son una única y misma realidad entonces la destrucción y la reconstrucción del Templo hay que ponerlas en relación con la muerte y la resurrección de Jesús. Esta perspectiva es expresión de la “memoria” pospascual. Solo a partir de Pascua la actuación de Jesús se hace perfectamente clara (cf. 14,26; 16, 13-15: ¡el Paráclito!). La interpretación sobre el Templo por los discípulos no es arbitraria, sino que se despliega sobre la base de la Escritura y de la enseñanza de Jesús (v. 21).

REFLEXIONES

1. En el cuarto evangelio el incidente del Templo no es uno de tantos epi¬sodios. Muy al contrario, desempeña un papel programático: presenta la interpretación global de la venida de Jesús.
Realizando el gesto simbólico de la «purificación del Templo» Jesús libera el espa¬cio para la edificación del «nuevo Templo». A partir de ese momento, la presencia de Dios ya no tiene lugar en el edificio de piedra de Jerusalén, sino en la persona misma de Jesús.
El gesto de Jesús tiene una repercusión crítica: pone fin al sistema sacrificial (bueyes, ove¬jas y las palomas, son expulsados del Templo) e introduce una nueva relación con Dios-Padre.
El desplazamiento del incidente del Templo al comienzo del evangelio, pone toda la existencia de Jesús en relación con la cruz.

2. Evidentemente, que Jesús no fue ni economista ni un revolucionario político en el sentido moderno (post-K. Marx). Ciertamente, que lo más aproximado es ubicarlo como un religioso, en el sentido más antiguo y profundo del término. Dentro del mundo bíblico, podríamos precisar que fue un “profeta” ( = enviado de Dios, testigo de Dios), más que un “místico” (experto en introspección, “conócete a ti mismo”, etc.). Para Juan “el evangelio es Jesús” (cfr. Josep Oriol Tuñí), es el revelador del Padre y, el relato, es una revelación de Jesús (cfr. los famosos siete “yo soy” de este evangelio). Por eso o es un Jesús sanador, exorcista, solidario, etc (en clave sinóptica). Más que el profeta del reino (sinópticos) el mismo es el reno 8cfr. “auto-basileia” de Orígenes, sigo II). Para muchos, esto puede ser decepcionante, pero este es el sentido más genuino del evangelio de Juan.
Galileo inició la crítica científica a la religión, Marx hizo la crítica sociológica, Darwin la crítica biológica, Nietzsche la antropológica, Freud la psicológica, Jesús hizo la mayor crítica “religiosa” a la religión (en línea del profeta Oseas). Creo que desde allí se comprende lealmente la vida de Jesús (según Juan), lo que hay que recordar y subrayar con mucha fuerza también, es que haciendo Jesús una severa crítica a la relación con Dios (religión), fundamenta la crítica más radical en las relaciones horizontales, humanas (políticas, económicas, etc.). Una nueva manera de hablar de Dios, trae consigo necesariamente una nueva manera de pensar las relaciones humanas. Como ya hace tiempo se ha dice para siempre, “toda teología es sociología” (L. Feuerbach). Y esto, se explica y entiende desde toda la historia de la religión, de la Biblia, de la humanidad…

TEXTOS
QUE DAN QUE PENSAR

Había un hombre que tenía una doctrina.
Una doctrina que llevaba en el pecho
(junto al pecho, no dentro del pecho),
una doctrina escrita que guardaba
en el bolsillo interno del chaleco.

La doctrina creció.
Y tuvo que meterla en un arca,
en un arca como la del Viejo Testamento.

Y el arca creció.
Y tuvo que llevarla a una casa muy grande.
Entonces nació el templo.

Y el templo creció.
Y se comió al arca, al hombre
y a la doctrina escrita que guardaba
en el bolsillo interno del chaleco.

Luego vino otro hombre que dijo:
“El que tenga una doctrina que se la coma,
antes de que se la coma el templo;
que la vierta, que la disuelva en su sangre,

que la haga carne de su cuerpo...
y que su cuerpo sea
bolsillo, arca y templo.

LEÓN FELIPE. Parábola

CUIDADO

El sacerdote anunció que el domingo siguiente vendría a la iglesia el mismísimo Jesucristo en persona y, lógicamente, la gente acudió en tropel a verlo. Todo el mundo esperaba que predicara, pero él, cuando fue presentado, se limitó a sonreír y dijo: «Hola». Todos, y en especial el sacerdote, le ofrecieron su casa para que pasara aquella noche, pero él rehusó cortésmente todas las invitaciones y dijo que pasaría la noche en la iglesia. Y todos pensaron que era muy apropiado.

A la mañana siguiente, a primera hora, salió de allí antes de que abrieran las puertas de la iglesia. Y cuando llegaron el sacerdote y el pueblo, descubrieron horrorizados que su iglesia había sido profanada: las paredes estaban llenas de «pintadas» con la palabra «¡CUIDADO!» No había sido respetado un solo lugar de la iglesia: puertas y ventanas, columnas y púlpito, el altar y hasta la Biblia que descansaba sobre el atril. En todas partes, ¡CUIDADO!, pintado con letra grandes o con letras pequeñas, con lapicero o con pluma, y en todos los colores imaginables. Dondequiera que uno mirara, podía ver la misma palabra:
«¡CUlDADO, cuidado, Cuidado, CUIDADO, cuidado, cuidado...!»

Ofensivo. Irritante. Desconcertante. Fascinante. Aterrador. ¿De qué se suponía que había que tener cuidado? No se decía. Tan sólo se decía: «¡CUIDADO!» El primer impulso de la gente fue borrar todo rastro de aquella profanación, de aquel sacrilegio. Y si no lo hicieron, fue únicamente por la posibilidad de que aquello hubiera sido obra del propio Jesús.

Y aquella misteriosa palabra, «¡CUIDADO!», comenzó, a partir de entonces, a surtir efecto en los feligreses cada vez que acudían a la iglesia. Comenzaron a tener cuidado con las Escrituras, y consiguieron servirse de ellas sin caer en el fanatismo. Comenzaron a tener cuidado con los 7 sacramentos, y lograron santificarse sin incurrir en la superstición. El sacerdote comenzó a tener cuidado con su poder sobre los fieles, y aprendió a ayudarles sin necesidad de controlarlos. Y todo el mundo comenzó a tener cuidado con esa forma de religión que convierte a los incautos en santurrones. Comenzaron a tener cuidado con la legislación eclesiástica, y aprendieron a observar la ley sin dejar de ser compasivos con los débiles. Comenzaron a tener cuidado con la oración, y ésta dejó de ser un impedimento para adquirir confianza en sí mismos.

Comenzaron incluso a tener cuidado con sus ideas sobre Dios, y aprendieron a reconocer su presencia fuera de los estrechos límites de su iglesia.
Actualmente, la palabra en cuestión, que entonces fue motivo de escándalo, aparece inscrita en la parte superior de la entrada de la iglesia, y si pasas por allí de noche, puedes leerla en un enorme rótulo de luces de neón multicolores.

CUIDADO de A. de Mello

¡Saludos cordiales!
Juan Manuel


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Comentarios
  • Comentario por Juan Manuel González 03.03.18 | 16:34

    ¡Celebro que haya citado el comentario de Mateos-Barreto! Lo he leído con entusiasmo (hace 35 años). Allí hay un trabajo serio desde la "linguística" (eran del equipo de Luis Alonso Schökel en el proyecyo de la Nueva Biblia Española, Mateos lideró el trabajo del NT). Este comentario a Juan priviegia la hermenéutica simbólica. Por sus fuertes copromisos pastorales, pusieron mucho énfasis en la lectura sociológica-política. El manejo de la Biblia (intra-intertextualidad) es excelente. En homenaja a esta obra, quiero decir que no hay buena hermenéutica sin buena exégesis, esa obra es un buen ejemplo. (Quiero recordar y recomendar de Juan Mateos: "Cristianos en fiesta"). ¡Saludos cordiales!
    Juan Manuel

  • Comentario por Milton 03.03.18 | 15:27

    Estos convierten la casa de Dios en cueva de ladrones; porque cuando los hombres malos ocupan el lugar de la religión, matan con las espadas de su malicia allí donde debieran vivificar a sus prójimos por la intercesión de su oración. También es templo el espíritu de los fieles; y si lo invaden malos pensamientos con perjuicio del prójimo, residen allí como en una cueva de ladrones. Pero cuando se instruye sutilmente al espíritu de los fieles para que eviten el pecado, es la verdad la que enseña todos los días en el templo. San Gregorio, in evang. hom. 39

  • Comentario por Milton 03.03.18 | 15:10

    En sentido místico puede decirse, que así como el templo de Dios se encuentra en la ciudad, así en el pueblo fiel se encuentra la vida de los religiosos. Y muchas veces sucede que algunos toman el hábito religioso, y mientras llenan las funciones de las sagradas órdenes, hacen del ministerio de la santa religión un comercio de asuntos terrenales. Los que venden en el templo son los que ponen a precio de dinero lo que a cada uno le corresponde por derecho; porque el que pone a precio la justicia, la vende. Y los que compran en el templo son aquellos que mientras no quieren pagar a su prójimo lo que es justo, y no hacen aprecio de cumplir lo que por derecho es debido, una vez que han premiado a sus patronos compran el pecado.

  • Comentario por Milton 03.03.18 | 15:03

    Jesús es la auténtica morada de Dios, la tienda, el Sancta Sanctorum. Juan ha distinguido entre el conjunto de las edificaciones del templo, del lugar más sagrado, separado del resto por la cortina, lugar que dice Jesús que será él mismo después de su resurrección. Más tarde veremos que sólo se adora al Padre auténticamente si se hace en espíritu y en verdad; es decir, en el Espíritu Santo, que es el Espíritu, y en la Verdad, que es Jesús (4,23-24). Jesús es el templo, la casa del Padre, donde se halla la verdad, que es él mismo, y de donde dimana el Espíritu, porque éste es "el Espíritu de la Verdad" (14,17). El Cristo glorioso quedará de esta forma convertido en la concentración de Dios para el hombre. Secundino Castro- El evangelio de Juan

  • Comentario por Milton 03.03.18 | 15:00

    Juan, con la expresión "casa de mercado", posiblemente diga más. El culto se ha convertido para muchos en un negocio. Un mercado no tiene nada que ver con el culto que Jesús predica del Padre. No se trataba de un mercado más o menos justo, es que el templo desde esa perspectiva no tenía sentido. Al igual que la higuera (Mc 11,12-14; 20-22 y par), que Jesús manda secar, y que está simbolizando el templo, ahora esta expulsión de todos los que procuraban los sacrificios del templo tiene el mismo significado: carencia total de sentido. Pero además de esto, el gesto de Jesús insinúa que a Dios no se le puede comprar.
    Pero este bursatilismo externo del templo santo de Jerusalén es tan sólo el signo exterior de aquello de que están llenas todas las páginas del Antiguo Testamento: el tráfico continuo del pueblo elegido con su Dios, para sacar ganancia de él” (E. PRZYWARA, El cristianismo,)

  • Comentario por Milton 03.03.18 | 14:58

    La paloma era el animal usado en los holocaustos propiciatorios (Lv 1,14-17) y en los sacrificios de purificación y expiación (Lv 12,8; 15,14.29), especialmente si los que habían de ofrecerlos eran pobres [Lv 5,7; 14,22.30]” (J. MATEOS y J. BARRETO, El Evangelio, 167).
    El tesoro hacía las funciones de banco; en él se depositaban bienes de particulares, sobre todo de la aristocracia de Jerusalén, en especial de las altas familias sacerdotales. Los fondos del templo, unidos a sus propiedades en terrenos y fincas, hacían de él la mayor institución bancaria de la época. Para dar una idea de las riquezas que encerraba el templo, baste recordar los datos compilados por J. Jeremias sobre la cantidad de oro que ostentaba. MATEOS y J. BARRETO, El Evangelio

  • Comentario por Milton 03.03.18 | 14:55

    El azote (...) era un símbolo proverbial para designar los dolores que inaugurarían los tiempos mesiánicos. Se representaba al Mesías con el azote en la mano para fustigar los vicios y malas prácticas. El gesto de Jesús era, pues, una señal mesiánica transparente: se revela en el templo como Mesías, respondiendo al texto de Zac 14,21, donde anunciando el día del Señor, se afirma: ‘y ya no habrá mercaderes en el templo del Señor de los ejércitos aquel día’. La manifestación de Jesús es inequívoca” (J. MATEOS y J. BARRETO, El Evangelio, 165-166).

  • Comentario por Milton 03.03.18 | 14:54

    Jesús se encuentra con los vendedores y los cambistas que ayudaban a proporcionar los animales y todo lo necesario para el sacrificio. El acto mesiánico no va a tener por objeto los abusos que estos pudieran cometer, sino el comercio como tal y los animales a los que Jesús expulsa del templo. El culto de Dios, que es Padre, no tiene nada que ver con sacrificios de animales; el espíritu filial es la única actitud sacrificial. (Evangelio de Juan Secundino Sanchez)

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