Parresía

Jonás: complejo del oprimido

19.01.18 | 04:13. Archivado en Homilías

Creerse justo (sin autocríticas como el “fariseísmo” denunciado por Jesús y toda la Biblia) y creer que se decide sobre los pareces de Dios, es el pecado de Jonás. Jonás es un pobre oprimido (los Asirios fueran os padres del imperialismo y del terrorismo), que por se cree que tiene derecho de venganza, revancha, etc. Luego de un comentario a esta parábola sobre los “países de mierda” (dixit Donald Trump), transcribo una interesante “reescritura” de la parábola de Jonás. Parábola que sintetiza todo lo mejor de la Sagrada Escritura.

Hay leer el libro de Jonás, que no podemos transcribir.

¿CUÁNDO Y POR QUÉ se escribió?

Con los asirios nace el imperialismo, lo campos de concentración, el terrorismo, el armamentismo y los “exilios forzados en masa”, etc. El librito de Jonás, es una gran parábola, se ubica en la ficción como si fuera en tiempos del imperio Asirio.
Lo más probable es que se escribe en tiempos de Esdras y Nehemías, cuando Israel está refundando su nación, y para ello tiene como criterio la Ley, e templo y la Raza. Esto significó optar por los esquemas de exclusión, dejando de lado el modelo de la inclusión. Esto terminó en la expulsión de las mujeres impuras (extranjeras).

¿Crónica o Parábola?

Al analizar el libro descubrirnos en él tantos errores, incoherencias y fantasías.
El Jonás del siglo VIII a.C. fue un profeta glorioso, al que la Biblia recuerda con admiración (2Rey 14, 25- 27). En cambio el que aparece en este libro es un personaje ridículo, que con mentalidad infantil trata de hacer todo lo contrario de lo que Dios le pide.
En la época del profeta Jonás, la capital de Asiria no era Nínive, sino Asur. En Nínive no había ningún rey que pudiera ordenar la conversión de los ninivitas.
Al rey no se lo llamaba “rey de Nínive”, sino “rey de Asiria” (2Rey 15, 17-35). Cuando se escribió este librito, Nínive ya no existía.
El libro dice que todos los habitantes de Nínive, desde el rey hasta el último súbdito, se convirtieron a Dios. Pero habría sido un hecho inaudito, y habría al menos dejado huellas en los documentos asirios, cosa que no existe.
Se dice que Nínive “era tan grande, que hacían falta tres días de camino para recorrerla” (3, 3). La ciudad debería haber tenido unos 45 Km. de diámetro. Pero hoy las excavaciones han demostrado que el perímetro de las murallas de Nínive era de apenas 12 Km.
Narración imaginaria (como las parábolas de Jesús) compuesta para transmitir una enseñanza religiosa. Se trata de un cuento magnífico, llena de humor y de fina ironía, y con uno de los mensajes más impresionantes de toda la Biblia. En vez de ir a Nínive (al oriente), toma un barco y huye a Tarsis, en España (occidente). Hace exactamente lo contrario de lo que Dios le había pedido. Jonás, como Pedro, quiere marcar el rumbo. Des-obedece la palabra del Señor. Tiene sus planes propios, que no se conforman con los pensamientos de Dios.

¡UN PALENÓN!

Los marineros (paganos), desesperados, se ponen a rezar. ¿Dónde está Jonás, el causante de la tragedia? Duerme en el fondo del barco (1, 5).
Jonás hace una hermosa confesión de fe: ‘Soy hebreo, y adoro a Yahvé, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra” (1, 9). En realidad, es una fina ironía del autor: Jonás confiesa su fe en Yahvé, ¡precisamente cuando está huyendo y no quiere saber nada de él! (Salmo 139,1-18: omnipresencia de Dios, de Dios nadie se puede disparar…)
Los tripulantes le preguntan: “¿qué debemos hacer contigo para que el mar se calme?” Y Jonás les da la solución: Tírenme al mar”. Pero aquellos marineros paganos “no” son tan malos, como presupone el profeta. Quieren salvar a Jonás, así que se ponen a remar con todas sus fuerzas tratando de alcanzar la orilla. Como todo es inútil, hacen una oración a Yahvé y finalmente arrojan a Jonás al mar. Y así se calmó la tempestad. Los navegantes, asombrados frente a tal milagro, reconocen el poder de Yahvé, le rinden culto y le hacen promesas.

EL VÓMITO del PEZ

“Yahvé ordenó que un gran pez se lo tragara, y Jonás permaneció en el vientre del pez durante tres días y tres noches” (2, 1).
¿Cómo pudo Jonás sobrevivir en el vientre de ese monstruo? Lamentablemente, quienes leen de modo literal (fundamentalista) la Biblia, se esfuerzan por creer que esto ha sucedido realmente (¡verdadero suicidio del sentido común!).

VACAS penitentes

Yahvé le habla por segunda vez a Jonás: “Levántate y vete a Nínive, para proclamar el mensaje que yo te diré” (3, 1-2).
Cuando llegó a la ciudad, se encontró con que esta era inmensa. Hacían falta tres días de camino para recorrerla. Pero Jonás camina apenas un sólo día, para hacer lo menos posible en favor de los ninivitas. Y para peor, sólo proclamará un mensaje brevísimo: “Dentro de 40 días Nínive será destruida” (3, 4). No les aclara a sus habitantes QUÉ Dios es el que anuncia el castigo, ni POR QUÉ estaba enojado, ni qué debían HACER ellos para convertirse, como si a propósito quisiera hacer fracasar su misión. Era imposible que los ninivitas se convirtieran ante tan extraño personaje y frente a una prédica tan incompleta.
A final, todos, desde el rey hasta el último súbdito, creyeron en Dios, hicieron penitencia, obligaron a ayunar incluso a los animales (no les dieron pasto ni agua durante 40 días), y la ciudad entera se convirtió (3, 5-9). Dios, al ver esto, “se arrepintió del mal que había pensado hacerles y no lo hizo” (3, 10).

GRACIA (de Dios) y DES-GRACIA (de Jonás)

Ante la conversión de los ninivitas, él se enoja con Dios por haberlos perdonado (4, 1-4). Jonás se quiere morir porque... ¡su misión ha tenido demasiado éxito!
Resentido y amargado, sale de Nínive y se sienta en una cabaña de las afueras, a ver qué ocurre con la ciudad.
El Señor, esa noche hace crecer, junto a la cabaña de Jonás, una planta de ricino. Cuando Jonás se levanta y la ve, se alegra, y se cobija a su sombra. Pero en la madrugada del otro día Dios manda un gusano, que pica al ricino y este se seca. El pobre Jonás, cae en estado depresivo y otra vez desea morir (4, 5-8).
Dios le pregunta: “¿Te parece bien enojarte por este ricino?” Jonás, le responde: Dios, le contesta: “Tú tienes lástima por un ricino, que no te ha costado ningún trabajo, que no hiciste crecer, que ha brotado en una noche y en una noche se secó. Y yo, ¿no voy a tener lástima de Nínive, la gran ciudad, donde habitan más de 120.000 personas que no saben distinguir el bien del mal, y donde hay además una gran cantidad de animales?” (4, 9- 11).
En realidad la pregunta de Dios no iba dirigida a Jonás, sino a los lectores del libro. Y la lección es clarísima: a Dios le duelen todas sus criaturas. No ama sólo a los judíos. También a las otras naciones, a los extranjeros, a los paganos.

UN CUENTO DE PROTESTA

Fue alrededor del año 400 a.C. En esa época los israelitas se debatían en una fuerte discusión. Hacía algún tiempo, gracias a la prédica de un profeta llamado el Segundo Isaías (que vivió hacia el año 500 a.C.) les había revelado que no había otro Dios fuera de Yahvé en todo el universo. Que todos los pueblos que existían (egipcios, babilonios, persas, griegos) habían sido creados por el mismo Dios, Yahvé.
Hasta entonces, ellos creían que cada pueblo tenía su propio Dios, y que cada Dios velaba por su propio pueblo. Esto generó una segunda cuestión: si Yahvé es el creador universal, ¿será también salvador universal?
Ese fue el gran dilema surgido. Y dos tendencias aparecieron en este debate:
a) nacionalista y cerrada, Yahvé se ocupaba sólo de salvar a Israel, y consideraba a los paganos como impuros e indignos del amor de Dios.
b) abierta, afirmaba que el amor divino no admitía límites raciales, y que Dios tenía compasión de todos los hombres.
En la novela, Jonás representa a los del primer grupo (los judíos más cerrados), que pretendían negar la acción salvadora de Dios a todos los hombres. Y Dios representa al segundo grupo, que sostenía que el amor y la salvación divinos eran universales.
“DONALD TRUMP no podría haber calificado a los ninivitas y al imperio asirio de «pueblos de mierda». Eran la gran potencia militar de la época, dominadora desde Mesopotamia hasta Egipto. TRUMP le habría dirigido sus típicas bravatas e insultos, pero no habría hecho nada… Jonás recuerda en parte a TRUMP. El profeta sí considera a los ninivitas «unos paganos de mierda»... Jonás considera intolerable que Dios se muestre tan bueno y perdonador con «esos paganos de mierda». (José Luis Sicre Díaz, http://www.feadulta.com/es/comentcol1.html).

En este cuento aparece la lógica, típica de la Biblia, pongo algunos ejemplos:

Caín - Abel - Dios (Génesis 4)
Jonás - ninvitas - Dios (Jonás)
Fariseos – Pecadores - Jesús (Lucas 15,1-3)
1 oveja perdida – 99 justos – Pastor (Lucas)
1 moneda - 9 monedas - mujer (Lucas)
Hermano Mayor - H. Menor- Padre (Lucas 15, 11-31)
Fariseos - Zaqueo - Jesús (Lucas 19,1-10)

RE – ESCRITURA DEL LIBRO DE JONÁS

1º. JONÁS ES PERTURBADO POR UNA LLAMADA MISTERIOSA Y REPETIDA

JONAS: Señor, si he hallado gracia a tus ojos, no pases lejos de tu servidor. Permíteme ofrecerte este asiento.
DIOS: ¿Quieres saber por qué estoy aquí?
JONAS: SSSSiiiii... Sí... Sí.
DIOS: Necesito de ti.
JONAS: Ah! ¿Es urgente?
DIOS: Nínive prospera en un mundo amenazado... Nínive prospera en un mundo donde rugen los hambrientos... Levántate, vete a Nínive, la ciudad nuclear y grítale que ella se ha extraviado.
JONAS: ¿Quién? ¿Yo?
DIOS: Adviértele de su destrucción. Porque su maldad ha subido hasta mí.
JONAS: ¿Yo, ir a Nínive? Pero ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿por qué?
DIOS: Yo te he escogido.
JONAS: Señor, lejos de mí el pensar discutir tus órdenes. Soy un servidor obediente. Pero, en fin... ¿Te das cuenta? Sólo soy un pequeño rabino de provincia. ¿Cómo quieres tú que me haga oír? Señor, ponte en mi lugar.
DIOS: Yo estaré contigo.
JONAS: No lo dudo. Estoy seguro de que tú estarás conmigo. Pero, en fin, es un trabajo de profeta lo que tú me pides. Señor, los tiempos han cambiado. El mundo que tú creaste ha evolucionado.
DIOS: ¡Ajá! ¡Ajajá!
JONÁS: En el siglo de los viajes interplanetarios un profeta; eso no se toma en serio Hoy, las gentes de Nínive rechazarían a Jesús en persona. ¿Sabes qué dirían ellos? «Otro judío que viene a meterse en lo que no le importa». Con todo, yo no puedo hacer nada mejor que el sermón de la montaña. ¡Y para lo que eso ha servido ¿Por qué no te diriges al arzobispo de Nínive, al pastor de Nínive? Ellos son los representantes de la mayoría. Después de todo, ¿eh? La Iglesia se ha alimentado de nuestras Escrituras... Para los trabajos difíciles, tú escoges siempre a los judíos. ¡Es muy duro!
DIOS: Antes de que hubieses salido del vientre de tu madre, yo te conocía. Te había consagrado. Te había establecido profeta de las naciones.
JONÁS: ¿Quién? ¿Yo? ¡Señor Dios! ¡Bendito sea tu santo nombre! Debe haber un pequeño error. Los Jonás son como los Gómez y los Pérez. ¡Hay tantosss! Yo no tengo nada de profeta. Soy un hombre reflexivo que ha pasado ya la edad de salir de su casa para defender las grandes causas... Soy un hombre con sentido del orden y de la dignidad. Mira mi comunidad: israelitas felices, estimados por sus conciudadanos. Gentes honorables que no dan nunca motivo para hablar de ellas. ¡Profeta! Pero si fuera profeta, ellos me enviarían bien ligero a mi pueblo natal. Lo que más les gusta de mí es precisamente mi ponderación.
DIOS: Nínive prospera en un mundo donde los reptiles están sobre los tronos... Levántate, ve a Nínive y grita contra la ciudad nuclear. Adviértele de su destrucción.
JONÁS: Me pides desafiar a la opinión. ¡Peor la opinión que tengo de mí! ¡Señor Dios...!
¡Bendito sea tu santo nombre! ¡Si tú supieras cuánto he luchado por llegar a esta situación!
DIOS: Los crímenes de Nínive se han acumulado hasta el cielo.
JONAS: Pero, Señor, ¿por qué yo? ¿Cómo puedo esperar abrir la boca en Nínive?
Es el lugar de todos los engaños, la morada de los demonios y de los espíritus impuros. ¿Tengo yo el derecho de hacer un juicio contra Nínive? ¿Soy el mejor de los habitantes de la ciudad nuclear? Señor, ellos son malvados porque no son felices.
DIOS: Ellos no son felices porque son malvados. Que se arrepientan... Que se vuelvan de todas sus malas acciones.
JONAS: Señor, no hay nada que hacer... ¡Señor! Pero hace tiempo que los habitantes de Nínive no se ocupan de la religión. Con los ministros de otros cultos hacemos la misma constatación: sólo servimos para los bautismos, los matrimonios y los entierros. E incluso...
Tal vez no sabemos ya hablar de ti... Los creyentes son tan pocos que se han vuelto inútiles; es inútil disputarse. ¡Ajá! Los cristianos han renunciado... a convertirnos.., y a humillarnos.
¡Señor Dios! ¡Bendito sea tu santo nombre! ¡Pero tú ya no estás en la brega!
Ser hombre no es fácil. Y además, ser judío... Créeme, es hora de que permanezcamos tranquilos. Después de milenios, nos pasamos la vida poniendo el orden del mundo en entredicho. Esto fatiga, incomoda... Después de todo, que cada pueblo viva como le parezca.
¿Me escuchas?
DIOS: Nínive prospera en un mundo donde la falsedad fabrica la moneda... Ve a gritar a Nínive, la ciudad nuclear. Adviértele de su destrucción.
JONAS: ¡Señor! Tú llegas demasiado tarde. Antes, yo no digo nada. Yo era joven, pleno de ardor. Ardía por llevar tu palabra a nuestro pobre mundo. Con la edad, uno se ajuicia. Pero soy siempre muy concienzudo... ¿Quieres mi contabilidad? Todo está al día. Las circuncisiones, los matrimonios, los entierros. Una columna por cada clase. Ah! Es una buena comunidad. Aquí nadie aceptaría morir en tercera clase.
DIOS: ¡Ve a gritar a Nínive!
JONAS: ¡Señor! Yo no quisiera darme los aires de aconsejarte. Pero, en fin... ¿Por qué no vas a buscar tu profeta a Jerusalén? El barrio de las sinagogas rebosa de profetas. Velludos, barbudos. Profesionales de la profecía. ¿Por qué venir a buscarme a mí, un pecador... cuando tú tienes reserva allá, una reserva inagotable? Si tú supieras... Si tú supieras...
DIOS: Lo sé.
JONAS: Sí, es verdad... Tú lo sabes todo... Uno no puede contarte estas historias. ¿Qué debo confesar? Es demasiado. Reconozco que como... Reconozco que yo... Tú ves bien, Señor. Soy inutilizable.
DIOS: Yo te elegí.
JONAS: ¿Elegido? ¡Pero yo no era candidato!
Mi pueblo tampoco era candidato... ¡Ah! Señor, ¿por qué nosotros siempre? ¿Por qué escoges siempre a los judíos? Excavas en nosotros como en pozos sin fondo. Desde Moisés hasta Pedro, te hemos dado no poca gente. Hay otros pueblos más meritorios, más valerosos, más poderosos.
Los chinos ¿no te tientan? En la tierra, un hombre sobre cinco es chino. Ellos están justamente organizándose para conquistar el mundo. Allí harías misioneros. ¡Y reconocibles! ¿No te dice nada eso? Bien... Bien...
¿Y los estadounidenses, eh? ¡Los norteamericanos! Ellos están persuadidos de que tú eres un norteamericano. Es el pueblo elegido ideal. Tú lo sabes. Ellos no retroceden ante nada para convertir a los pueblos... Y son los mejores agentes de publicidad. Toma a los estadounidenses, Señor. ¿Por qué no?
¿No eres partidario de un cambio? Resignémonos... Pero ¿a dónde va a llevarnos todo esto?
¿Estás ahí?
DIOS: Pues claro...
JONAS: ¡Señor Dios! ¡Bendito sea tu santo nombre! Te pido, solamente, hacer un pequeño esfuerzo. Trata de comprenderme: me ha costado veinte años poder fabricarme una existencia bien tranquila. ¿Y sería necesario que dejara mi templo, un templo próspero, por una aventura sin salida? Y yo que tengo horror a los escándalos; yo ¿debería hacerme notar? Señor, déjame con mi pequeño destino, con mi seguridad social. ¿De qué puede servir gritar, protestar? Uno no cambia jamás nada. Los inocentes continuarán siendo perseguidos, los puros muriendo por la justicia, los tramposos triunfando y nosotros continuaremos corriendo detrás de nuestra sombra. No, ¡déjame, Señor! Dime que me comprendes.
Yo tengo mis costumbres. Tú llegas y quieres cambiar todo. ¿Y mi libre albedrío, entonces? ¿No nos has creado libres?
Escucha... He cesado de preguntármelo: me da igual saber de dónde vengo o a dónde voy. Estoy contento de mí... Estoy contento de mí... Señor, nunca se nos ha perdonado el ser tus cómplices... Durante siglos, hemos sido calumniados, perseguidos, quemados. Ya no podemos más! ¡Queremos vivir como los otros! Hemos dado suficientes sabios al mundo. Los hombres no quieren más. Se tapan las orejas. A la larga lista de profetas, ¿por qué quieres añadir uno más? A la larga lista de mártires, ¿por qué quieres añadir un nuevo mártir?
¡Sé razonable! ¡Es tan fácil callarse! De la discusión sale la luz... Regateando, estoy seguro de que podremos entendernos. Claro que cada uno tendrá que poner de su parte.
¡Señor, dime que lo apruebas y seré tuyo! ¡Ah! Mi cabeza! ¡Mi pobre cabeza!
¡Señor Dios! ¡Bendito sea tu santo nombre!
¡Pero responde! Ah! Ya uno no puede discutir.


2º JONÁS TRATA EN VANO DE CONVENCER A DIOS CON SUS PLEGARIAS

JONÁS: ¡Claro!
DIOS: ¡A Nínive, la ciudad nuclear!
JONAS: Quiero ser un hombre. Simplemente un hombre. ¡Ni un santo, ni un héroe!
DIOS: ¡Levántate, ve a Nínive! Y grítale que se ha extraviado!
JONAS: ¡Señor Dios! ¡Bendito sea tu santo nombre! Mira lo que puedo proponerte... Tengo algunos ahorros... Oh! Pequeñas economías... Pues bien. Voy a comprar un cuarto de hora en la televisión de Nínive. Y yo hablaré. Leeré pasajes de la Biblia. ¿Quién sabe?...
Algunos ninivitas comprenderán y volverán a su religión.


3º. JONÁS SE LEVANTA, PERO PARA HUIR LEJOS DE DIOS. LUEGO, HELO AQUÍ DE RETORNO DE SU MISIÓN

DIOS: ¡Jonás! ¿Estás enojado?
Tú no eres nada cortés. Bueno, ¿qué me reprochas? ¿Haber perdonado a Nínive? No, en el fondo, tú estás bien contento porque Nínive no ha sido destruida.
JONAS: Me confiaste una misión y la he cumplido. En adelante, será mejor que nuestras relaciones vuelvan a ser como antes: corteses, pero distantes.
DIOS: ¿No quieres saber por qué ha sido perdonada Nínive?
JONAS: ¡No!
DIOS: Te equivocas.
JONAS: ¡Levántate y ve a Nínive... ¡Levántate y ve a Nínive! Bien, yo fui a Nínive, y ¿para qué ha servido eso? Me cubrí de ridículo. Yo, un honorable rabino que estaba bien con .todo el mundo. ¿Cómo quieres que las gentes me perdonen el haberte tomado en serio? Hay que estar loco para querer sanar la locura de los otros.
¡Claro! Tú, tú te sales siempre con las tuyas... ¡Pero yo, Señor! ¡Yo! Mira dónde estoy... ¡Cuarenta días y Nínive será destruida! ¡Treinta y seis días y Nínive será destruida! Y bien. Después de seis meses, Nínive se comporta muy bien y a mí me encerraron en un centro psiquiátrico. En el pabellón de los profetas, había una cantidad loca de gente.
Yo... ¡Oh! Perdón. Nada de lo que predije se ha cumplido. Nínive permanece en pie. Nínive sigue siendo una guarida de la corrupción. Nínive sigue siendo gobernada por la impostura. ¿Sabes cómo llamaron la última discoteca? «Casa Jonás». Y tú, como de costumbre, dejando hacer.
Te había dicho que mi intervención no serviría de nada. Pero no quisiste escucharme...
Ellos fueron doce con Jesús. Yo estaba solo. ¡Bah!... Esas cosas acaban siempre muy mal. Yo me libré. Pero él... Tres días en una tumba.
No quisiera vejarte, Señor, pero tú no conoces a los hombres. Porque los has hecho a tu imagen, crees que ellos se te asemejan. ¡Ah! El diablo los conoce bien. Tú miras las cosas desde muy alto.
Viniste a visitarme y para mí es peor que si no hubieses venido. Haberte servido me pesa en los hombros como un crimen.
DIOS: Tú has sido un signo para Nínive. Numerosos habitantes se han arrepentido de sus pecados.
JONAS: Ah... Siiiii...
DIOS: Tu predicación ha sido escuchada sobre todo entre las clases dirigentes. Ha habido cristianos que se han convertido a la caridad cristiana. Y judíos a la caridad judía. Es la misma, por lo demás... Cómo no habría yo tenido piedad de Nínive?

Del libro
LEER EL TEXTO VIVIR LA PALABRA.
Clara María Díaz Castrillón.
Verbo divino. Navarra. 1988.
Págs. 221-228.

¡Saludos cordiales!
Juan Manuel


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