Parresía

Nos pregunta el Cordero de Dios: ¿Qué quieres? (1)

11.01.18 | 18:28. Archivado en Homilías

La “narratología” actual, diría que esa pregunta, que en el relato joánico (Jn 1), va dirigida a los primeros discípulos del Cordero de Dios-MesÍas-Maestro de Nazaret. A esa misma pregunta, hemos de leerla como dirigida para nosotros (los lectores de hoy). Los mismo podemos decir de la otra pregunta: ¿dónde vives? Dónde podemos encontrarte nosotros hoy. También en el relato de la resurrección, la Magdalena saldrá a buscar a Jesús (Jn 20)… Nosotros debemos dejarnos encontrar por Jesús, para encontrarnos con nosotros mismos y permanecer, estar y existir con el Señor.

Evangelio de Juan 1, 35 - 42

Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos
y, MIRANDO a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el CORDERO de Dios».
Los dos discípulos, al OÍRLO hablar así, SIGUIERON a Jesús.

Él se dio vuelta y, VIENDO que lo SEGUÍAN, les preguntó: «¿Qué quieren?».
Ellos le respondieron: «Rabbí –que traducido significa Maestro– ¿dónde vives?».
«Vengan y lo VERÁN», les dijo.
Fueron, VIERON donde vivía y se QUEDARON con él ese día. Era la hora DÉCIMA (alrededor de las cuatro de la tarde).

Uno de los dos que OYERON las palabras de Juan y SIGUIERON a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón,
y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo.

Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo MIRÓ
y le dijo:
«Tú eres Simón, el hijo de JUAN: tú serás LLAMADO CEFAS»,
que traducido significa PEDRO.

El TEXTO de Juan 1

El Bautista es la mediación para el encuentro con Jesús y, esto en el Cuarto evangelio es relevante, porque hay una fuerte “teología de las mediaciones”. Advirtiendo a la comunidad lectora posterior, que todos hemos de llevar a otros al encuentro de Jesús.
Evidentemente, es clara la presencia de la terminología del “seguimiento”, la dupla: “escuchar y seguir” (v. 37).
La presentación cristológica del bautista es, en realidad, un resumen de la soteriología joánica o guía mistagógica sobre Jesús.
La primacía la tiene la imagen del “Cordero” en claro alusión a la entrega de la cruz. Por eso mismo, la mención del “cordero” (redentor), en la cristología de Juan, antecede a la noción de “mesías” o “maestro”.
“¿Dónde vives… vengan?”, aquí aparece uno de los verbos centrales de este evangelio: “permanecer” (cfr. Jn. 15, etc.). En este caso es interesante notar cierta dinámica que distingue y relaciona dialécticamente entre el “permanecer de Jesús” y el “permanecer de los discípulos”.
Este “permanecer” tiene que ver con la teología de la llamada de la fe del Cuarto evangelio: el encuentro con Jesús no lleva a aceptar un mensaje ajeno a su persona (no es una idea-algo-abstracta, sino un encuentro-alguien-real). Antes que cierta misión, es más importante la persona. Antes del hacer, es estar (permanecer) con Jesús.
Por ello, también se puede señalar que Jesús “no informa” (entrega cosas), sino que “invita” (al encuentro interpersonal).
Cabe destacar, la categoría de encuentro como clave de este relato y precisamente porque se trata de un encuentro interpersonal, aparecen una abundante mención de nombres: Juan, Jesús, Simón, Juan, Cefas, Pedro. Los nombres son lo propio de las personas. En la Biblia, recordemos, Dios no es un número (por ejemplo: 666, representa a la bestia en Ap. 13, 18), sino que tiene nombre (Yhavéh, Ex. 3,14).


DISCIPULADO EN EL CUARTO EVANGELIO
Nulla dies sine linea
(Cayo Plinio, contemporáneo de Jesús)

Este Evangelio, sitúa sus discípulos dentro de una forma sociorreligiosa típica de su tiempo, bien comprensible para sus lectores: el discipulado. Esta es una forma organizativa, fuertemente dinámica, capaz de suscitar e implicar imágenes, expectativas y elecciones, que asocia en caminos alternativos que contradicen, muchas veces, los esquemas habituales.
Las noticias sobre el discipulado de Jesús afloran desde el inicio de la narración joánica: los discípulos acompañan desde el primer momento al maestro. Para confirmar la fuerza del modelo discipular hay que añadir que también el Bautista y sus discípulos son presentados dentro de la misma forma sociorreligiosa, que constituye más bien el hecho previo más directo del ministerio público de Jesús. Una vez bautizado por el Bautista, algunos discípulos de éste se alejan de su maestro para seguir a Jesús. Por tanto, la historia de Jesús y de sus seguidores nunca está fuera del esquema discipular. Tanto es así, que Jesús les dirá: «habéis estado conmigo desde el principio» (15,27).
En la terminología griega, la gama de conceptos relacionados con el verbo manthano expresa, tanto aprendizaje intelectual como práctico. La filosofía helenística consistía en una introducción a una forma sabia de vida. El aprendizaje es la asunción de un estilo, de un modo englobante de existencia. El ser discípulo modifica sustancialmente la vida y la experiencia, porque no consiste sólo en recibir mensajes explicativos estrictamente doctrinales, sino que reasume toda la experiencia del comportamiento humano.

Forma discipular "propia"

El discipulado, tal como lo conciben los Evangelios de Marcos, Lucas y Mateo, es distinto del joánico. A pesar de que Jesús haya llamado a discípulos para seguirlo desde el principio, y ellos sustancialmente lo sigan en su itinerancia, falta totalmente en Juan la idea de que el momento del inicio del seguimiento deba coincidir con la separación neta de la familia, del trabajo o de los bienes poseídos. No aparecen exigencias radicales para los discípulos. Juan, considera principalmente el amor recíproco como el estilo de vida distintivo del grupo.
Para los Evangelios sinópticos, el momento de ingreso en el grupo de los discípulos está marcado por una neta separación de la vida de la sociedad, porque en eso se realizaba el ideal judío de total obediencia a Dios, que el Deuteronomio sintetizaba en la invitación a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (Dt 6,4). Esta aspiración constituía el centro de la oración fundamental del Shema. En la forma del discipulado QUMRÁNICO se consideraba que la adoración a Dios con todas las fuerzas no se realizaba mediante el abandono de los bienes, sino más bien poniendo éstos al servicio de la comunidad (1QS I, 11-12). Por el contrario, para Juan la adoración de Dios, que también él considera objetivo central (cfr. 4,21-25), no exige ni un abandono de los bienes ni su entrega y puesta en común dentro del grupo.


INTER-textualidad dentro del evangelio de Jn 20, 11- 18 (la Magdalena)


María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?». María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo».

Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro!».
Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes”».


María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

Hay cierta similitud (entre Jn 1 y Jn 20) en el Itinerario pedagógico:

1) Rabí (aparece en ambos relatos). Suele develar, en este evangelio, una fe deficiente.
2) En ambos casos quieren saber dónde está (vive). Claramente, para el redactor del evangelio, la pregunta es superficial, pero el tema es de fondo.
3) En ambos parece el tema del NOMBRE: Cefas-María: esto supone una relación íntima y en este evangelio, con una profundidad importante: “a los suyos los llama por su nombre” cfr. Jn.10).

Tal se puede pensar, a partir de esta correspondencia de los textos, es la marcada importancia de Cefas-Pedro y, por ende, la importancia de María Magdalena. Algo similar, se puede advertir en el cap. 6 (discurso del Pan de vida: confesión de fe de Pedro) y el cap. 11 (resurrección de Lázaro y la confesión de fe de Marta).

INTER-textualidad dentro de la Biblia

El relato de Jn 1 gira en torno a unas palabras-clave: dos actitudes del discípulo: seguir y buscar, y una triple recompensa: encontrar, ver y permanecer. El binomio "buscar-encontrar" es también muy significativo.
Leyendo el relato de la vocación de los primeros discípulos se piensa, sobre todo, en el tema de la “búsqueda” de la Sabiduría descrita en el libro de la Sabiduría 6, 12-16. Veamos algunas semejanzas o paralelismos, que pueden ayudarnos a reflexionar más hondamente:
1. La Sabiduría se deja encontrar por quienes la buscan (Sab 6, 12),
lo mismo que Cristo se deja encontrar por Andrés y su amigo (v. 37).
2. La Sabiduría se encuentra desde por la mañana (Sab 6, 14),
a la hora en que Cristo fue encontrado por Pedro (v.41)
3. La Sabiduría se pone en camino para salir al encuentro de quienes la buscan
(Sab 6, 16),
lo mismo que Cristo, que se encuentra con Felipe y Natanael en su caminar (vv. 43, 47).

El binomio "buscar-encontrar" adquiere en la pluma de Juan un matiz sapiencial: encontrarse con Jesús es como encontrarse con Dios (= Sabiduría).
De hecho, recordemos que Juan en su prólogo (Jn. 1) ya había usado como trasfondo los textos de la sabiduría de Dios del Antiguo testamento. No está de más subrayar que en la Biblia la Sabiduría, no es una idea, es una persona.

UN TEMA DE FONDO: EL ENCUENTRO.

En los textos analizado se habla del “conocimiento”, en otros términos, como es encontrarse con Jesús. Qué tipo de experiencia supone. Sabemos que en la Biblia, muchas veces, el “conocer” está vinculado a algo existencial global y no es reducible a una acto abstracto o exclusivamente intelectual. Sabemos también, que la palabra “experiencia” y la categoría de “encuentro” (muy estudiada en la fenomenología de las religiones, cfr. Juan Martín Velazco), enriquecen la idea del conocer, buscar y seguir a Jesús. A diferencia de los evangelios sinópticos, aquí no se trata de “abandonar” nada (aspecto negativo), sino de encontrarse con alguien (aspecto positivo). Ya sabemos no somos quiénes hacemos los encuentros, son los encuentros lo que nos constituyen en lo esencial. Somos como nos han tocado, mirado, etc. “No es el hombre el que hace el diálogo, sino el diálogo lo que hace al hombre” decía E. Mounier.
Es sabido que el evangelio de Juan es el evangelio de los encuentros: los primeros discípulos (Jn 1), Nicodemo (Jn 3), Samaritana (Jn 4), el Paralitico (Jn. 5), El ciego de nacimiento (Jn. 8), Marta (Jn 11), María (Jn. 12), etc.
No está de más, señalar, que el relato del encuentro de Jesús y la Magdalena, está elaborado con clara alusiones al Cantar de los Cantares, donde el tema de fondo es el “búsqueda-encuentro”. El fundamento del cristianismo no es una ideología, no un proyecto, una es una persona, un encuentro (cfr. “La esencia del cristianismo” de Romano Guardini).

UN famoso RELATO para terminar:

EL MUÑECO DE SAL

Érase una vez un muñeco de sal. Había andado mucho por tierras cálidas y áridos desiertos. Un día llegó a la orilla del mar. Nunca había visto el mar, por eso no acertaba a comprenderlo.
—¿Quién eres? —preguntó el muñeco.
—Yo soy el mar.
—Pero… ¿qué es el mar? —volvió a preguntar el muñeco.
—Yo —respondió el mar.
—No lo entiendo —musitó tristemente el muñeco. Luego añadió—: me gustaría mucho comprenderte. ¿Qué tengo que hacer?
—Es muy sencillo: tócame. —Le contestó el mar.
Tímidamente, el muñeco tocó el mar con la punta de los dedos de los pies. Comenzó a comprender el misterio del mar…. Pero se asustó, al comprobar que las puntas de sus pies habían desaparecido.
—Mar, ¿qué me hiciste? —preguntó llorando.
—Me has dado algo para poder comprenderme —contestó el mar.
El muñeco de sal se quedó largo tiempo pensativo… Luego comenzó a deslizarse lenta y suavemente en el mar, como quien fuera a realizar el acto más importante de su vida de peregrino. A medida que entraba en el agua, se iba deshaciendo y diluyendo, poco a poco… a la vez que seguía preguntándose:
—¿Qué es el mar?… ¿Qué es el mar?…
Hasta que una ola lo absorbió por entero. En ese momento final, el muñeco de sal hizo suya la respuesta del mar:
—Soy yo: yo soy el mar.

Conocer es con-nacer (Gadamer),
co-habitar (Paul Ricoeur),
hacerse de algún modo todas las cosas (Aristóteles).
Es experienciar al otro, es dejarse transformar por el otro,
conocer es “padecer” (pasión con) (J. Moltamn).

¡Saludos cordiales!
Juan Manuel


Opine sobre la noticia con Facebook
Opine sobre la noticia
Normas de etiqueta en los comentarios
Desde PERIODISTA DIGITAL les animamos a cumplir las siguientes normas de comportamiento en sus comentarios:
  • Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones
  • No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso.
  • Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.
  • En Internet es habitual utilizar apodos o 'nicks' en lugar del propio nombre, pero usurpar el de otro lector es una práctica inaceptable.
  • No escriba en MAYÚSCULAS. En el lenguaje de Internet se interpretan como gritos y dificultan la lectura.
Cualquier comentario que no se atenga a estas normas podrá ser borrado y cualquier comentarista que las rompa habitualmente podrá ver cortado su acceso a los comentarios de PERIODISTA DIGITAL.

caracteres
Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Domingo, 16 de diciembre

    BUSCAR

    Editado por

    Síguenos

    Hemeroteca

    Marzo 2018
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
       1234
    567891011
    12131415161718
    19202122232425
    262728293031