Parresía

Deuda Eterna

21.10.17 | 05:50. Archivado en Homilías

En texto del evangelio que trata sobre TRIBUTO AL CÉSAR tiene en muchos lugares hoy en nuestro mundo concreto fortísimas connotaciones que exigirán tomar partido. En Argentina, por ejemplo, este domingo tenemos “elecciones”, por tanto estamos urgidos a reflexionar sobre este Evangelio.


Lectura del Evangelio según Mateo (22,15-21)

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?»
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.»
Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron: «Del César.»
Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

HORIZONTE HERMENÉUTICO

Unos textos emblemáticos, que muestran las perspectivas que han primado en la iglesia, a la hora de pensar el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia. Ciertamente, que para recuperar el diálogo entre fe y economía, nosotros tenemos la obligación de estudiar a fondo los textos bíblicos, para no hacerles decir lo que no dicen, esto supone un fuerte trabajo exegético y hermenéutico, que gracias a Dios ya está muy avanzado este trabajo, pero no tan divulgado, socializado entre los creyentes.

TEXTOS

El rico es dadivoso; mirémoslo, abandona sus palacios para visitar el rancho del pobre, desafiando su suciedad repugnante, su enfermedad contagiosa; y cuando ha descubierto ese gozo nuevo, se apasiona por él, lo saborea y no puede desprenderse de él. Supongan que todas las fortunas son iguales; supongan que se suprime toda la riqueza y toda la miseria. Nadie tendría medios para poder dar. Habrían suprimido la más tierna, la más encantadora, la más graciosa acción humanitaria. Tristes reformadores, habrían estropeado la obra de Dios, al querer retocarla. Déjennos, por favor, déjennos el corazón humano tal como Dios nos lo ha hecho.
(A. Thiers).

No veo en la religión el misterio de la encarnación, sino el misterio del orden social; atribuye al cielo una idea de igualdad que impide que el rico se vea asesinado por el pobre. La religión es, una especie de inyección o de vacuna que, satisfaciendo a nuestro gusto por lo maravilloso, nos garantiza contra los charlatanes y hechiceros; los sacerdotes valen más que todos los Kant y demás soñadores de Alemania.
¿Cómo mantener el orden en un estado sin religión? La sociedad no puede existir sin la desigualdad de fortunas, y la desigualdad de fortunas no puede subsistir sin la religión. Cuando un hombre muere de hambre junto a otro que nada en la abundancia, le es imposible aceptar esa diferencia si no hay allí una autoridad que le diga: “Dios lo quiere así; es preciso que haya pobres y ricos en el mundo; pero luego, en la eternidad, el reparto se hará de otra manera”.
(Napoleón 1801)

¿Cómo obligar a las clases obreras a aceptar silenciosamente la desocupación y la miseria? ¿Cómo hacerlos de pronto lo suficientemente ilustrados e inteligentes para convencerles de que no quieran solucionar con la violencia del fusil y del sable esos problemas formidables en cuya solución se halla empeñada desde hace treinta siglos la raza humana, sin haber encontrado más que la solución que expone el evangelio con su divina teoría y que se resume en estas palabras: “resignación y caridad”?
(J. Benet, Le capitalisme libéral elle droit du travail).

La cuestión de las relaciones entre el rico y el pobre, que tanto preocupa a los economistas, quedará perfectamente solucionada cuando quede bien establecido que la pobreza no carece de dignidad, que el rico tiene que ser misericordioso y generoso, que el pobre debe contentarse con su suerte y su trabajo, ya que ni el uno ni el otro han nacido para los bienes perecederos, y que uno tiene que llegar al cielo por la paciencia y el otro por la generosidad.
(León XIII, 17 / 09 /1882).

CONTEXTO del Evangelio de Mateo:

El tesoro del templo hacía las funciones de banco. Se depositaban bienes de particulares, sobre todo de la aristocracia de Jerusalén, las altas familias sacerdotales. Los fondos del templo, unidos a sus propiedades en terrenos y fincas, hacían de él la mayor institución bancaria de la época. La ciudad de Jerusalén vivía prácticamente del templo, que procuraba grandes ingresos, sobre todo en las épocas de peregrinación, tres veces al año, cuando acudían, además de los judíos de Palestina (Jn 7,9-10), gente del extranjero (Jn 12,20).
Tan grande debió de ser la riqueza del templo, que, después de la conquista y destrucción de la ciudad el año 70 d.C., el precio del oro bajó a la mitad en toda la provincia romana de Siria.

Es muy útil leer el siguiente texto
de Flavio Josefo, Antigüedades, XVIII

En el 6 d. C.: Judas y Sadoc organizaron la resistencia contra el “tributo”.
“Decían que semejante tributo equivalía a simple y llana esclavitud y urgían al pueblo a proclamar su libertad. Se distinguían por su indómita pasión por la libertad, pues aquellos tienen sólo a Dios como único líder y amor. Despreciaban ser sometidos a extrañas formas de morir y enfrentaban la tortura con reciedumbre delante de sus parientes y amigos; todo por no llamar a un simple hombre su señor”

En torno a la problemática de los impuestos al César podemos distinguir algunas posiciones:

1. HERODIANOS: Son legitimadores del sistema: hay que pagar tributo a Roma.
2. CELOTES: hay que sacarles el dinero, pero no pagarles el tributo.
3. JESÚS: crítico radical: “romper el modelo de opresión”.

El tema se sitúa en el plano de la disputa en torno a los CELOTES, que no quieren suprimir los impuestos, sino negar los impuestos a Roma para pagarlos a otra organización política de tipo nacional. Por eso, el conflicto en principio no es entre «impuesto sí o impuesto no», sino entre partidarios de un impuesto IMPERIAL o de un impuesto REVOLUCIONARIO.

La frase central del relato es v.21: “Lo que es del Cesar “DEVUÉLVANLE” al César, y lo que es de Dios, a Dios”.
La clave está en distinguir en la respuesta de Jesús, esto puede verificarse en la diferencia en el verbo utilizado por sus adversarios “pagar/dar tributo al César” y, algo diferente, el que usa Jesús “devolver” al César lo que es del César”.
Algunos, no quieren pagar, pero si quedarse con el dinero del César.
Para Jesús, no basta negarse a pagar el tributo, hay que salir de la dependencia económica (= sistema), rechazando el dinero del César (devolver); así no se reconocerá al dinero como Señor (divinizado) ni habrá que pagar tributo.
Hay que notar que la postura de Jesús es más radical. Hay que salir del sistema…


DIFICULTAD DE SIEMPRE

1. El texto ha sido explicado, a lo largo del tiempo, de modo dualista (separar los deberes a la política y lo deberes para con Dios).
2. En tiempos de Jesús está “con”-fundido lo religioso y lo político, sobre todo con los Césares que se ha divinizado el poder político; en éste sentido la “distinción” era liberadora… Pero cuando se cae en un “dualismo” que “separa” lo político de lo religioso es un peor problema.
3. Una cosa es distinguir (entre política-religión), otra cosa distinta es “separar” (y oponer) religión y política”: eso puede ser muy alienante. Nosotros distinguimos en Jesús, lo divino y lo humano, pero nunca separamos ambos dimensiones; de modo análogo puede y debe plantearse la relación entre política y religión: distingamos, no separemos; unamos no confundamos (es el esquema del dogma cristológico de Calcedonia).
En este contexto vale la pena recordar una famosa frase de Enmanuel Mounier:
“TODO es política,
más la política
no lo es TODO”.

¡Saludos cordiales!
Juan Manuel


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