Parresía

PERDONO, PERO NO OLVIDO (Calle 13).

16.09.17 | 07:37. Archivado en Homilías

Caín asesinó a Abel (fratricidio), en el lenguaje del mito (atemporal-trascendental): asesinó, asesina y asesinará a Abel (pobre); Lamec (fanfarrón bíblico) promete vengarse “setenta veces siete”: abre al infinito el espiral de la violencia. Jesús le dirá a Pedro que es exactamente al revés. ¿Cómo frenar la violencia actual-globalizada? Ciertamente, que el futuro de la humanidad se juega en el sentido del perdón, o desapareceremos brutalmente de esta fiesta de la vida que ha proyectado Dios, el padre de Jesucristo.

Lectura del Evangelio de Mateo (18,21-35 )

«21Entonces acercándose Pedro le dijo [a Jesús]:
“Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?”.
22Le dice Jesús:
“No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

23Por eso es semejante el Reino de los cielos a un rey, que quiso ajustar las cuentas con sus siervos.
24Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía DIEZ MIL TALENTOS. 25Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todo lo que tenía, y que pagara así. 26El siervo, cayendo a sus pies, le suplicaba diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. 27Compadecido el señor de aquel siervo, le dejó marchar y le perdonó la deuda.

28Pero al salir aquel siervo, encontró a uno de sus compañeros que le debía CIEN DENARIOS, y agarrándolo lo estrangulaba diciendo: ‘Págame lo que me debes’. 29El compañero, cayendo a sus pies, le rogaba diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré’. 30Pero él no quería sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

31Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. 32Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la PERDONÉ porque me lo rogaste. 33¿No debías tú también tener COMPASIÓN de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’. 34Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la DEUDA.

35Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial
si cada cual no perdona de corazón a su hermano”».

COMENTARIO

La semana pasada destacamos que el capítulo 18 es una reflexión sobre la vida comunitaria. También insistimos que en la segunda parte del capítulo, el tema es la “fraternidad” y, ahora, específicamente el “perdón”.
El vocablo, en cierta etimología, “per-dón” es un aumentativo, exige mucho más que “don”, se requiere “per” “don”. En esa línea el texto del evangelio se muestra “exagerado”: perdonar setenta veces siete (siempre); o la “a-simetría” entre el perdón 10 mil talento (una deuda no se paga ni con cien vidas) versus 200 denarios que un monto acotado. La asimetría del amor (extra-ordinario) de Dios (magn-ánimo), versus la mediocridad (pusil-ánime) incapaz de gestos grandes.
El relato es simple, claro y contundente. Por ello no me detengo en ello. Me parece más útil ofrecer algunas breves sugerencias sobre el “perdón”, y finalmente, transcribo un cuento del monje benedictino argentino Mamerto Menapace.

REFLEXIÓN

¡PERDONO PERO NUNCA OLVIDO! (Calle 13)

EL PERDÓN
 No es OLVIDO: El olvido es un acto de debilidad, es miedo a enfrentarse.
 Ni INDIFERENCIA: La indiferencia es una huida de la realidad: significa que no existe ningún vínculo real y, por lo mismo, ninguna amenaza concreta.
 Ni INGENUIDAD: Dispuesta a creerlo todo y, por tanto, a borrarlo todo.
 El perdón es un acto ARRIESGADO: Se da cuando alguien amenaza efectivamente a otra existencia, tanto material como psicológica; cuando uno lesiona unos derechos.
 El perdón es LÚCIDO: El que perdona juzga que el que le hace daño es menos hombre que el que lo padece.
 Es un acto de ESPERANZA: Se basa en la confianza de que la bondad abrirá al malhechor un espacio distinto del que le presenta su lógica del mal, y de este modo podrá hacer una opción menos inhumana.
 El perdón es un acto de LIBERTAD: El que perdona no se deja dominar por el mal que trama su adversario: no cura la calumnia con la calumnia, la difamación con la difamación, el asesinato con el asesinato, el engaño con el engaño. Crea otra relación distinta: una invitación para que el mal no tenga la última palabra.
 El perdón es un acto CREADOR: Acepta al malhechor, abre de nuevo de forma positiva unas relaciones sociales con él.
 No hay perdón de forma ABSTRACTA
 Sólo puede perdonar al verdugo aquel que ha sido torturado por él.
 Sólo puede manifestar la impotencia del odio aquel que ha sido objeto de ese odio.
 Porque sólo puede perdonar a quien le odia, aquel que espera que aquel acto será creador de una nueva historia de relaciones entre los dos.
El perdón abre un PORVENIR
 El hombre que se encierra en el odio desea eliminar a la persona odiada, desea encerrarla en la muerte de forma que no exista ya más para él.
 La historia es posible con la condición de que el odio no responda al odio. Solamente el perdón, crea una novedad de relaciones que abre otra historia.
 En el acto del perdón surge la esperanza de que aquel a quien se perdona podrá percibir la esterilidad de su lógica destructora.
 La justicia superior no consiste en destruir al malhechor,
 sino en LIBERARLE de su voluntad destructora.
 El perdón no consiste
 en dejar que el otro persevere en su mala voluntad, sino en abrirle la posibilidad de otra relación.
El perdón
 no es un aval dado al opresor para que siga oprimiendo
 ni una ilusión predicada al explotado para que no tome en sus manos la causa de su liberación.
Manifiesta que toda justicia es relativa:
 no puede impedir al malhechor que obre mal,
 no puede establecer con él una relación creadora.

LA MÍSTICA, otra mirada

La imagen de un ‘DIOS QUE PERDONA’ es la otra cara del ‘DIOS QUE CASTIGA’, y ambas son igualmente indignas del misterio divino de la misericordia. “DIOS NO PUEDE PERDONAR”, escribió la mística Juliana de Norwich en el s. XIV, porque Dios es solo Amor, Bondad, Ternura, y nunca puede ofenderse ni castigar ni, por ello, tampoco perdonar como nosotros lo hacemos o en el sentido habitual que damos a la palabra ‘perdón’: absolución de un delito, culpa u ofensa.

CUENTO
Los anteojos de Dios
Autor: Padre Mamerto Menapace OSB
Libro: “Cuentos Rodados”, Editora Patria Grande, Buenos Aires

El cuento trata de un difunto. Anima bendita camino del cielo donde esperaba encontrarse con Tata Dios para el juicio sin trampas y a verdad desnuda. Y no era para menos, porque en la conciencia a más de llevar muchas cosas negras, tenía muy pocas positivas que hacer valer. Buscaba ansiosamente aquellos recuerdos de buenas acciones que había hecho en sus largos años de usurero. Había encontrado en los bolsillos del alma unos pocos recibos "Que Dios se lo pague", medio arrugados y amarillentos por lo viejo. Fuera de eso, bien poca más. Pertenecía a los ladrones de levita y galera, de quienes comentó un poeta: "No dijo malas palabras, ni realizó cosas buenas".
Parece que en el cielo las primeras se perdonan y las segundas se exigen. Todo esto ahora lo veía clarito. Pero ya era tarde. La cercanía del juicio de Tata Dios lo tenía a muy mal traer.
Se acercó despacito a la entrada principal, y se extraño mucho al ver que allí no había que hacer fila. O bien no había demasiados clientes o quizá los trámites se realizaban sin complicaciones.
Quedó realmente desconcertado cuando se percató no sólo de que no se hacía fila sino que las puertas estaban abiertas de par en par, y además no había nadie para vigilarlas. Golpeó las manos y gritó el Ave María Purísima. Pero nadie le respondió. Miró hacia adentro, y quedó maravillado de la cantidad de cosas lindas que se distinguían. Pero no vio a ninguno. Ni ángel, ni santo, ni nada que se le pareciera. Se animó un poco más y la curiosidad lo llevó a cruzar el umbral de las puertas celestiales. Y nada. Se encontró perfectamente dentro del paraíso sin que nadie se lo impidiera.
-¡Caramba — se dijo — parece que aquí deber ser todos gente muy honrada! ¡Mira que dejar todo abierto y sin guardia que vigile!
Poco a poco fue perdiendo el miedo, y fascinado por lo que veía se fue adentrando por los patios de la Gloria. Realmente una preciosura. Era para pasarse allí una eternidad mirando, porque a cada momento uno descubría realidades asombrosas y bellas.
De patio en patio, de jardín en jardín y de sala en sala se fue internando en las mansiones celestiales, hasta que desembocó en lo que tendría que ser la oficina de Tata Dios. Por supuesto, estaba abierta también ella de par en par. Titubeó un poquito antes de entrar. Pero en el cielo todo termina por inspirar confianza. Así que penetró en la sala ocupada en su centro por el escritorio de Tata Dios. Y sobre el escritorio estaban sus anteojos. Nuestro amigo no pudo resistir la tentación — santa tentación al fin — de echar una miradita hacia la tierra con los anteojos de Tata Dios. Y fue ponérselos y caer en éxtasis. ¡Que maravilla! Se veía todo clarito y patente. Con esos anteojos se lograba ver la realidad profunda de todo y de todos sin la menor dificultad. Pudo mirar profundo de las intenciones de los políticos, las auténticas razones de los economistas, las tentaciones de los hombres de Iglesia, los sufrimientos de las dos terceras partes de la humanidad. Todo estaba patente a los anteojos de Dios, como afirma la Biblia.


Entonces se le ocurrió una idea. Trataría de ubicar a su socio de la financiera para observarlo desde esta situación privilegiada. No le resulto difícil conseguirlo. Pero lo agarró en un mal momento. En ese preciso instante su colega esta estafando a una pobre mujer viuda mediante un crédito bochornoso que terminaría de hundirla en la miseria por sécula seculorum. (En el cielo todavía se entiende latín). Y al ver con meridiana claridad la cochinada que su socio estaba por realizar, le subió al corazón un profundo deseo de justicia. Nunca le había pasado en la tierra. Pero, claro, ahora estaba en el cielo. Fue tan ardiente este deseo de hacer justicia, que sin pensar en otra cosa, buscó a tientas debajo de la mesa el banquito de Tata Dios, y revoleándolo por sobre su cabeza lo lanzó a la tierra con una tremenda puntería. Con semejante teleobjetivo el tiro fue certero. El banquito le pegó un formidable golpe a su socio, tumbándolo allí mismo.
En ese momento se sintió en el cielo una gran algarabía. Era Tata Dios que retornaba con sus angelitos, sus santas vírgenes, confesores y mártires, luego de un día de picnic realizado en los collados eternos. La alegría de todos se expresaba hasta por los poros del alma, haciendo una batahola celestial.
Nuestro amigo se sobresalto. Como era pura alma, el alma no se le fue a los pies, sino que se trató de esconder detrás del armario de las indulgencias. Pero ustedes comprenderás que la cosa no le sirvió de nada. Porque a los ojos de Dios todo está patente. Así que fue no más entrar y llamarlo a su presencia. Pero Dios no estaba irritado. Gozaba de muy buen humor, como siempre. Simplemente le preguntó qué estaba haciendo.
La pobre alma trató de explicar balbuceando que había entrado a la gloria, porque estando la puerta abierta nadie la había respondido y el quería pedir permiso, pero no sabía a quién.
-No, no — le dijo Tata Dios — no te pregunto eso. Todo está muy bien. Lo que te pregunto es lo que hiciste con mi banquito donde apoyo los pies.
Reconfortado por la misericordiosa manera de ser de Tata Dios, el pobre tipo fue animado y le contó que había entrado en su despacho, había visto el escritorio y encima los anteojos, y que no había resistido la tentación de colocárselos para echarle una miradita al mundo. Que le pedía perdón por el atrevimiento.
-No, no — volvió a decirle Tata Dios — Todo eso está muy bien. No hay nada que perdonar. Mi deseo profundo es que todos los hombres fueran capaces de mirar el mundo como yo lo veo. En eso no hay pecado. Pero hiciste algo más. ¿Qué pasó con mi banquito donde apoyo los pies?
Ahora sí el ánima bendita se encontró animada del todo. Le contó a Tata Dios en forma apasionada que había estado observando a su socio justamente cuando cometía una tremenda injusticia y que le había subido al alma un gran deseo de justicia, y que sin pensar en nada había manoteado el banquito y se lo había arrojado por el lomo.
-¡Ah, no! — volvió a decirle Tata Dios. Ahí te equivocaste. No te diste cuenta de que si bien te habías puesto mis anteojos, te faltaba tener mi corazón. Imagínate que si yo cada vez que veo una injusticia en la tierra me decidiera a tirarles un banquito, no alcanzarían los carpinteros de todo el universo para abastecerme de proyectiles. no m’hijo. no. hay que tener mucho cuidado con ponerse mis anteojos, si no se está bien seguro de tener también mi corazón. Sólo tiene derecho a juzgar, el que tiene el poder de salvar.
-Volvete ahora a la tierra. Y en penitencia, durante cinco años reza todo los días esta jaculatoria: "Jesús, manso y humilde de corazón dame un corazón semejante al tuyo".
Y el hombre se despertó todo transpirado, observando por la ventana entreabierta que el sol ya había salido y que afuera cantaban los pajaritos.
Hay historias que parecen sueños. Y sueños que podrían cambiar la historia.

OBSERVACIÓN simple:
Destaco una frase del cuento:
“SÓLO TIENE DERECHO A JUZGAR,
EL QUE TIENE EL PODER DE SALVAR”.
Sólo tiene derecho a juzgar, el que tiene capacidad de amar. “Sólo se ve con el corazón” (Principito). Qué juzga el que comprende verdaderamente, sólo los aman saben, comprenden, sólo los que aman deben juzgar. Jesús es nuestro juez, porque es el más nos ama: se entregó por nosotros. No porque seamos buenos, siendo pecadores nos amó. Es razonable moirir por los que se ama, pero es extraordinario morir por el pecador.

PARA SEGUIR REFLEXIONANDO:
Recomiendo un libro:

EL DIÁLOGO, entre Graciela Fernández Meijide y Héctor Ricardo Leis. (Sudamericana. Buenos Aires. 2015)
Graciela es una de las primeras luchadoras por los “desaparecidos” en Argentina, su hijo Pablo es un desaparecido. No puede entender en que consiste el “perdón”.
Héctor, falleció al poco tiempo que se publicó este libro. Ha sido jefe montonero, ha usado las armas. Ha pedido perdón y cree fervientemente en el perdón.
En el libro dialogan sobre “perdón”.

¡Saludos cordiales!
Juan Manuel


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Comentarios
  • Comentario por Milton 17.09.17 | 00:05

    2 Tim 4,3 Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades;
    2 Tim 4,4 apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.

  • Comentario por Milton 16.09.17 | 23:49

    Si adan y eva son fabula el pecado original es fabula luego Cristo murio en vano luego el bautismo es mentira y sería herejía

    La doctrina católica nos enseña que el primer deber de la caridad no está en la tolerancia de las opiniones erróneas, por muy sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica o practica ante el error o el vicio en que vemos caídos a nuestros hermanos, sino en el celo por su mejoramiento intelectual y moral no menos que en el celo por su bienestar material. Esta misma doctrina católica nos ensena también que la fuente del amor al prójimo se halla en el amor de Dios, Padre común y fin común de toda la familia humana, y en el amor de Jesucristo, cuyos miembros somos, hasta el punto de que aliviar a un desgraciado es hacer un bien al mismo Jesucristo. (Pío X. Encíclica Notre charge apostolique, n. 22, 23 de agosto de 1910)

  • Comentario por Juan Manuel González 16.09.17 | 18:05

    Ni Adám fue hecho del barro, ni Eva de una costilla de un Adám dormido, ni las serpietes hablan. Hoy los niños de catequesis (10 años) saben qué es una "fábula" (donde los animales y las plantas hablan). Es por honestidad intelectual que hemos de hablar de "fábula" y no de hechos históricos.
    G. K. Chesterton: "cuando entro al Templo, me quito el sombrero, no la cabea".
    Si enseñamos la fe de espaldas a la verdad, le hacemos el juego fácil al "positivismo" (A. Compte) "Abres una escuela, cierras un Templo".
    ¡Saludos cordiales!
    Juan Manuel

  • Comentario por Juan Manuel González 16.09.17 | 17:56

    La verdad no es reducible a la historia (Cronos devora a su hijos, dice la mitología grega y acuerda Aristóteles), por ello para el Estagirita la historia no es ciencia.
    La verdad es tema de la metafísica, la teología o el mito (aunque son tres géneros diversos, que deben conocerse). Pues trata de lo histórico, pero que a la vez, transciende la historia. En este sentido, el relato de Caín y Abel son mítico, porque son realidades y verdades trascendentales (ayer, hoy y mañana), no prisioneras de "Cronos" (cronología, devenires del tiempo).
    Se ha confundido el uso del término "mito", como cuento de Hadas, eso es ignorancia. Por eso, hay que re-interpretar ciertas afirmación contra la "des-mitologización bíblica".
    ¡Saludos cordiales!
    Juan Manuel

  • Comentario por Juan Manuel González 16.09.17 | 17:39

    La historia supone tres tiempos (pasado, oresente y futuro).
    Cuando se habla de "creación" (obviamente, de la nada) hay presente y futuro, pero no pasado, por eso el concepto de historia es análogo, no unívoco.
    Lo mismo vale para la escatología: allí hay pasado y presente, pero no futuro. De nuevo, el concepto de historia, en estos casos es "análogo", pero no "unívoco".
    Por eso decimos, en la fe, que sobre "principio" (Génesis) y el "fin" (Apocalipsis) no hay "ciencia", sino "revelación. Los creyentes, sabemos el "qué" (creados, salvados), pero no el "cómo", eso pertenece a las ciencias.
    ¡Saludos cordiales!
    Juan Manuel

  • Comentario por Milton 16.09.17 | 15:22

    El asesinato de Cain a Abel NO ES UN MITO es REAL HISTÖRICO es el modernismo metido en la iglesia con la desmitologización de Bultmann la que destruyo la verdadera fe católica
    Declaraciones de la Comisión Bíblica (30-VI-1909)
    a) Los tres primeros capítulos del Génesis contienen relatos sobre
    sucesos reales («rerum veré gestarum narrationes, quae scilicet obiectivae
    realitati et historicae veritati respondeant») y no mitos ni puras alegorías
    o símbolos de verdades religiosas; no contienen, en fin, leyendas; Dz 2122.
    b) Cuando se trata de hechos que atañen a los fundamentos de la religión
    cristiana («quae christianae religionis fundamenta attingunt»), hay que
    aceptar el sentido literal e histórico. Tales hechos son, entre otros, la
    creación de todas las cosas por Dios al principio de los tiempos y la creación
    especial del hombre; Dz 2123.

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