Parresía

Otro mundo es posible, urgente y necesario

21.04.17 | 20:38. Archivado en Homilías

Podemos interpretar como el nacimiento del “Hombre Nuevo” (cfr. Gn.2,7), probablemente Juan esté pensando en una “Comunidad Nueva” ( = iglesia), y posiblemente en un “Mundo Nuevo”, puesto que la alusión a la primera semana de la creación (cfr. Gn.1) es una clave de lectura del cuarto evangelio.

Lectura del evangelio según Juan (20,19-31)

PRIMERA ESCENA
AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

SEGUNDA ESCENA
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

COMENTARIOS

20,19 ofrece esta escena: “En el atardecer del primer día de la semana cuando, por miedo de los judíos, los discípulos habían cerrado las puertas del lugar en que se encontraban”. La oscuridad había sido expulsada desde que el Discípulo Amado y Maria Magdalena conocen que el Señor ha resucitado; pero el temor y el ocultamiento todavía marcan las vidas de los discípulos, a pesar de que Magdalena les ha dicho lo que ha sucedido en la tumba. Sin embargo, el hecho de que los discípulos ya han oído que Magdalena ha visto al Señor hace inteligible la ausencia de duda cuando ven que Jesús aparece.

“Paz con ustedes” (una expresión de un hecho, no un deseo) en 20, 19 va más allá de un mero saludo debido a lo que Jesús había proclamado en la Ultima Cena: “Les dejo mi paz, no la doy como la da el mundo”, palabras que Jesús unió al anuncio de que se iba, y que también “regresaría” (14,27-28).

A continuación en el 20,20, el Jesús resucitado muestra a sus discípulos sus manos y su costado, con las heridas que le infligieron durante la crucifixión (cfr. 20,25). De esta manera quita todo cuestionamiento sobre su identidad, y cumplimenta una promesa de la Ultima Cena (16,21-22): “Ustedes ahora están tristes; pero volveré a verlos, y sus corazones se alegrarán con una alegría que nadie podrá quitarles”. Al narrar la reacción de los discípulos Juan dice que ellos vieron que era “el Señor”, y este uso del título post-resurreccional normal es lo más cercano que llega a decirnos de aquello en que creían. Su percepción les trae gozo, una reacción que cumple lo que Jesús había anunciado en la Ultima Cena (16. 24): “...para que la alegría de ustedes sea completa”.

Jesús repite “La paz con ustedes” (20,21); esto no solamente clarifica aún más que no se trata de un simple saludo, sino que también sugiere que la paz acompañará a los discípulos en sus misiones posteriores. La primera de ellas es un envío. “Así como el Padre me envió, así yo los envío”. El paradigma del envió en Juan es que el Padre envía a Jesús con todo lo que esto significa, es decir, traer vida, luz, verdad. Del mismo modo que el Padre estaba presente en el Hijo durante la misión de éste (12, 45: “Quien me ve, ve al Padre que me envió”), ahora los discípulos deben manifestar en su misión la presencia de Jesús hasta el punto que quien ve a los discípulos ve a Jesús que los envió. ¡Esto es un desafío enorme! Fue anticipado en la Ultima Cena (13,20): “Quien los recibe me recibe, y quien me recibe, recibe al que me envió”.
Tal RE-presentación de Jesús por parte de los discípulos se hace posible a través del don del Espíritu Santo (20,22). Jesús fue designado por Juan el Bautista como “El que bautiza con el Espíritu Santo” (1,33); y en la Última Cena prometió enviar el Espíritu Santo (15,26). Esa promesa se cumple ahora para los discípulos cuando el Jesús resucitado les dice: “Reciban el Espíritu Santo”.

Un aspecto particular de este don del Espíritu se señala porque Jesús exhala su aliento sobre los discípulos, un gesto que aún en el vocabulario recuerda al Gn.2,7: “El Señor Dios formó al ser humano del polvo de la tierra y sopló en sus narices el aliento de la vida”. Debemos recordar que “espíritu, viento, aliento” pertenecen al mismo grupo de vocabulario, por lo cual se vuelve inteligible la apasionada exclamación de Ez.37, 9: “Ven desde los cuatro vientos, oh espíritu, y sopla sobre estos despojos para que vuelvan a la vida”. Este tema se repite en tiempos cercanos al Nuevo Testamento por la Sb.15,11: “El que formó (al ser humano) y le insufló un espíritu viviente”. Del mismo modo que en la primera creación el aliento de Dios trajo a la existencia un ser humano a su semejanza, así ahora el don de Jesús de su propio Espíritu Santo hace a los discípulos hijos de Dios a semejanza del Hijo. Ahora son nacidos del Espíritu (Jn.3,5). El aliento de Dios en el Génesis dio la vida; el aliento de Jesús da la vida eterna.

Nuestra Iglesia no es una “empresa” (no se sostiene por el poder ni la eficacia, excelencia y competitividad de sus miembros), sino que está sostenida –existe en- por el “aliento” del Espíritu de Jesús. La Iglesia no se realiza en la auto-afirmación, sino en la auto-donación (=misión).

La reconciliación es un don escatológico, ligada al don del Espíritu, afín a lo que pensaba la Comunidad de Qumrán: “Será purificado de todos su pecados por el espíritu de santidad” (1QS 3,7-8). Además Juan relaciona el don de Jesús del Espíritu al poder sobre el pecado: “Si ustedes perdonan los pecados los pecados serán perdonados; si los retienen, serán retenidos”. Jesús fue enviado como el Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo (Jn. 1, 29; 1 Jn.2,1-2); ahora él comparte ese poder con sus discípulos. La descripción de este poder que incluye tanto el perdón como la retención se relaciona al hecho que la venida de Jesús produce un juicio en cuanto a la opción a la luz o la oscuridad, de modo que algunos son condenados y otros no (Jn.3,18-21).

Si Jesús reflejaba a Dios de tal modo que cuando las personas lo encontraban eran forzadas a un autojuicio, sus discípulos deben reflejar a Jesús de tal modo que quienes los encuentren sean provocados a una crisis (= juicio) similar. En la Última Cena (17,18) Jesús habló más específicamente que aquí de enviar a sus discípulos al mundo: en este contexto dijo que el mundo los odia (17,14) y que el mundo creerá por ellos (17, 21). El provocar el autojuicio no representa la amplitud total del perdón y de la retención del pecado otorgada en Juan 20,23, pero es un aspecto que Juan no quiere que se descuide. Representar a Cristo hasta un punto que fuerce a la gente a tornar una decisión en sus vidas es tener un enorme poder.

¡DEFENDER LA UTOPÍA!

El texto está elaborado en PARALELO con la escena anterior. Probablemente Tomás sea REPRENSIBLE, por dos razones: 1) Negarse a aceptar la palabra de la comunidad. 2) Verificar lo maravilloso de la aparición de Jesús.

Para una BIOGRAFÍA DE TOMÁS leer Jn.11,16 y 14,5.
Aquí representa a todo el grupo pascual de los discípulos. No hay que caracterizar a Tomás como el que duda; más bien es el discípulo que progresivamente se encamina hacia la fe auténtica... Tomás cree sin necesidad de comprobar las heridas de Jesús; no persistió en su incredulidad, sino que creyó y se hizo digno de ser incluido entre los que vieron y creyeron (v.29a). La perícopa se deja entender por completo desde el propósito capital del autor que es el de conducir a sus lectores hasta una fe profunda en Cristo.

El Evangelio (gnóstico) de Tomás, ha traducido el mensaje de Jesús en claves de experiencia de plenificación interior. Deja a un lado la crítica social del evangelio, para destacar la experiencia espiritual. Juan escribe su libro para oponerse a un tipo de primer cristianismo gnóstico.

20,24 Juan anuncia al lector que Tomás, llamado el Gemelo estaba ausente. Ha sido retratado en Juan 11,16 y 14,5 como un personaje a quien no resulta fácil de persuadir. Los discípulos que vieron al Jesús resucitado en 20,19-23 dan a Tomás exactamente la misma información que María Magdalena les había dado a ellos (20,18): “Hemos visto al Señor”. Sobre la base de lo que dijo Magdalena los discípulos no dudaron cuando Jesús se les apareció; pero Tomás mantiene su rechazo de creer a esa palabra. Quiere tocar las heridas de Jesús para estar seguro. Otros evangelistas mencionan la duda por parte de los discípulos después de la resurrección (Mt.28,17; Lc.24,11.41; Mc.16,11.14); sólo Juan dramatiza esa duda tan personalmente en un individuo. Las palabras de Tomás: “Si no veo.., y pongo mi dedo..., no creeré”, reflejan una actitud condenada por Jesús en Jn.4,48: “A menos que vean signos y prodigios, no creerán”. Jesús no rechaza la posibilidad de que los milagros lleven la gente a la fe, pero rechaza los milagros exigidos como condición absoluta.

Que “después de ocho días” Jesús se aparezca en el mismo lugar (puertas cerradas) puede indicar que existía ya una reverencia por los domingos en la comunidad joánica. (En realidad en la misma década de los años 90, en que se escribió el Evangelio de Juan, encontramos una referencia al “Día del Señor” en Ap.1,10.) Hay un toque de ironía joánica al hacer que el tiempo y la circunstancia de la aparición a los discípulos sean iguales a los de la aparición a Tomás. La expresión de Jesús “Paz con ustedes” se repite a pesar de las dudas anteriores de Tomás. Conocedor de lo que Tomás había dicho (ya antes, Jesús había mostrado que sabía leer el corazón humano: 2,25), Jesús invita a Tomás a examinar sus manos y su costado; una invitación que invierte el juego sobre Tomás, probándolo a él. Las palabras de Jesús al desafiar a Tomás deben ser tomadas literalmente: no sigas en tu descreimiento, sino hazte creyente”. Tomás acepta esa directiva, no toca a Jesús, y profesa así la fe.

“El prosélito es más amado de Dios que todos los israelitas que estaban en el Sinaí. Porque si aquella gente no hubiera presenciado el trueno, las llamas, el relámpago, el temblor de la montaña y el sonido de la trompeta, no hubiera aceptado la ley de Dios. Pero el prosélito que no ha visto ninguna de estas cosas llega y se entrega a Dios y acepta la ley de Dios. ¿Habrá alguien más amado que este hombre?”

(Midrash Tanhuma de Rabí Simeón ben Lakish (250.d.C.).

La ironía final del Evangelio es que el discípulo que dudó más da expresión a la más alta evaluación de Jesús jamás expresada en Evangelio alguno: “Señor mío y Dios mío”. Al comienzo de su obra, el evangelista había informado a los lectores que la Palabra era Dios (1,1). Ahora mediante una inclusión muestra qué difícil era para los seguidores de Jesús llegar a tal percepción. Tomás ha sido recordado en la imaginería cristiana como el que duda por excelencia; sin embargo las últimas palabras de Jesús a él en respuesta a su confesión de fe son un elogio envidiable: “Tú has creído”

Fe y Política
Probablemente, la fórmula: SEÑOR Y DIOS MÍO (Dominus et Deus noster) fórmula de Domiciano 81-96 después de Cristo; contra lo cual se escribe el Apocalipsis (Ap.4,11), haya tenido alguna connotación Imperialista en Roma. También hay raíces bíblicas: Sal.35,23: “Dios mío y Señor mío”.
En Juan se utiliza frecuentemente el KIRIOS (engarza con una larga serie de confesiones en Jn.1,49; 4,42; 5,23; 6,69; 8,28; 9,37; 11,27; 16,30; 20,16); se convierte en la confesión que corresponde al resucitado como lo sugiere el empleo lingüístico del capítulo 20 especialmente los vv. 18,20 y 25. Con su confesión confirma Tomás que por lo que a él se refiere cree ahora en la resurrección del Señor como los otros discípulos.

¡TOMÁS no seas crédulo, sino creyente!
En Europa predomina probablemente la situación de ateísmo (ausencia de Dios); en cambio, en América Latina predomina la experiencia religiosa que podemos llamar la idolatría (perversión de la experiencia religiosa); más que ausencia, aquí vemos cierto “hartazgo” de Dios: sana enfermos, próspera con dinero, legitima dictadores y en cualquier situación, se aparece a todos y en todas partes...
Asistimos al “retorno de los brujos”, a la superstición (= fe sin inteligencia). La credulidad es más peligrosa que el ateísmo en nuestras tierras... Si Tomás es una “maestro de la sospecha” (como diría P. Ricouer), bienvenido (!), para cribar el itinerario de la fe de tanta magia bautizada de cristiana...
Preguntar razonablemente por Dios, no sólo es saludable sino urgente entre nosotros...

Juan ha querido presentarse algunas actitudes distintas de fe en éste capítulo 20:
El Discípulo Amado: cree después de ver los lienzos mortuorios, pero sin haber visto al mismo Jesús.
La Magdalena: ve a Jesús, pero no le reconoce hasta ser llamado por su nombre.
Los Discípulos: le ven y creen.
Tomás: le ve y cree, pero sólo después de haber insistido en el aspecto maravilloso de la aparición.
El Autor: felicita a los que han creído sin ver.

El elogio final del creer, sin embargo, Jesús lo hace a quienes han creídos sin ver los lienzos o la presencia corporal. En el retrato joánico no se le puede dar una mayor alabanza a Jesús que “Señor mío y Dios mío”; no se puede alabar más a los seguidores de Jesús que con la expresión “Felices aquellos que no han visto y han creído!”. Mediante la fe se cumple la profecía de Oseas 2, 25: Un pueblo que antes no era un pueblo ha dicho: “Tú eres mi Dios”. O en las palabras que el evangelista usa para describir el propósito de su Evangelio, a través de la fe los seguidores de Jesús “tienen vida en su nombre” (Jn. 20,31).

¡Saludos cordiales!
Juan Manuel


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Comentarios
  • Comentario por Juan Manuel González 21.04.17 | 23:16

    El tercer comentario 21,56: puede subrayarse más.
    La verdad de las llagas: Rsucita el crucificado, resucita la víctima, no el verdug.
    La Pascua es buena noticia para la víctima, no para el verdugo. La resurrección es un juicio.
    Saludos cordiales.
    Juan Manuel

  • Comentario por Juan Manuel González 21.04.17 | 23:13

    Compato la línea interprettiva del segundo cometario 21,55. ¡Gracias!
    Juan Manuel

  • Comentario por Juan Manuel González 21.04.17 | 23:10

    El primer comentario 21,53 me ha parecido muy bueno. ¡Gracias!
    Juan Manuel

  • Comentario por Milton 21.04.17 | 22:04

    La comunidad pascual asegura que su creencia o fe en Jesús se basa en su experiencia de resucitado, que le identifica con el Jesús histórico. Cuando Tomás quiere comprobar los signos de la crucifixión está postulando esta identidad. Si el resucitado no es el crucificado, él no cree. Junto con esto, se halla también la idea de que la resurrección debe "comprobarse" personalmente desde uno mismo. Pero enseguida se dará cuenta de que la experiencia es fruto de la benevolencia de Jesús, porque, aunque se compruebe que el resucitado tiene los
    estigmas de la pasión, eso no da la base suficiente para confesar a Jesús, Dios. Juan no está hablando en el caso de Tomás de una fe basada meramente en comprobaciones físicas, sino en la experiencia que ellos han tenido de Jesús, y que en el futuro no va a repetirse.
    La fe de Tomás no es modélica para los cristianos futuros, que han de creer al contemplar a la comunidad; en ella tiene que estar Jesús. Y Jesús los proclama dichosos.

  • Comentario por Milton 21.04.17 | 22:02

    La denominación del "mellizo" no deja de ser curiosa en un evangelio tan plagado de simbolismo, sobre todo, en esta parte final. Algunos han supuesto que este apodo le vendría de su actitud previa a la resurrección de Lázaro, de estar dispuesto a morir con Jesús (11,4-5)

  • Comentario por Milton 21.04.17 | 22:01

    “El hecho de que el evangelista mencione el poder sobre los pecados muestra que éste se ejercía ya en su tiempo; la primera Carta de Juan lo da a entender también en un pasaje sobre la eficacia de la oración (1Jn 5,16-17). Sin embargo, ni el cuarto evangelio ni la Carta evocan los ministerios que fueron configurándose progresivamente en el seno de las Iglesias” (X. LÉON-DUFOUR, Lectura, 198).

  • Comentario por Milton 21.04.17 | 21:59

    El perdonar y el retener los pecados indudablemente se halla vinculado a la tradición sinóptica de "atar y desatar". El Concilio de Trento ve aquí la institución del sacramento de la penitencia (Dz 807 y 894). No obstante, parece que no se hace una interpretación dogmática del texto joaneo. Para Juan, por el don del Espíritu Santo se constituye a los
    discípulos en jueces del mundo. El Espíritu, que es el Espíritu de la verdad, se erige a través de ellos en discernidor del mundo, pues la nueva comunidad es la realización escatológica del Espíritu.

  • Comentario por Milton 21.04.17 | 21:58

    Ante esta experiencia, los discípulos sienten una gran alegría. Alegría que el Señor ya les había presagiado (cf. 6,20-22). Jesús les envía al mundo como él fue enviado por el Padre (cf. 17,18). Esta salida al mundo nos recuerda el final del capítulo, cuando dijo Jesús: "Levantaos. Vámonos de aquí" (14,31). Este envío, sin duda, remite al otro. Ellos tendrán que llevar adelante esa nueva realidad surgida del Cristo glorioso. Pero necesitan una fuerza especial. Por eso Jesús les infunde el Espíritu Santo, y lo hace de tal manera que quiere recordarnos su sentido más profundo. Insufla sobre ellos. Esta expresión alude a pasajes paralelos en los que se habla de transmisión de la vida (Gn 2,7; 1Re 17,21; Ez 37,9; Sb 15,11). Seguramente el paralelismo más próximo se refiere a Gn 2,742, en el que el hombre comienza a ser espíritu viviente, es decir, verdaderamente hombre. Nos hallaríamos, pues, aquí, en Juan, en la constitución de la Nueva Humanidad por el Espíritu Santo infundido.

  • Comentario por Milton 21.04.17 | 21:56

    Jesús muestra a sus discípulos las manos y el costado. El signo de sus heridas, su configuración por la cruz40. La resurrección no ha borrado esos estigmas. Es una indicación a los discípulos para hacerles ver que la cruz de Cristo no suple a la suya. Cruz y resurrección han de ir ya siempre unidas en el Maestro y en los discípulos, en el Señor y en sus amigos.

  • Comentario por Milton 21.04.17 | 21:55

    Jesús se aparece en medio de ellos. Antes su aparición fue en un jardín, ahora es en un espacio cerrado. Antes se prefiguraba el Cantar, ahora el lugar de la comunidad, como en la cena de despedida. Jesús, en medio, por dos veces les da la paz. "Situado en medio", quiere indicar que esa paz mesiánica alcanzará a todos por igual. Hemos dicho que les da la paz por dos veces. Un avisado conocedor de la Escritura podría pensar enseguida que esas dos veces, para alcanzar una cierta plenitud, están abocadas a una tercera. Esa tercera lo hará en otro momento comunitario, en el famoso episodio de Tomás (20,26). Por tanto, el pasaje que comentamos ha de leerse en estrecha unidad con cuanto sigue. Sólo al final (20,24-29), la comunidad estará completa.

  • Comentario por Milton 21.04.17 | 21:53

    Al amanecer se ha presentado la nueva pareja humana, símbolo de la nueva creación. Esta pareja queda más connotada por la idea del Cantar que por la del Génesis. La nueva comunidad o esposa queda claramente reflejada en la Magdalena. Y ahora se va a presentar el nuevo Éxodo de esta comunidad, simbolizada en los discípulos reunidos en el cenáculo. Allí se encuentran con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos, como antes lo hicieran los judíos por miedo a los egipcios.
    Evangelio de Juan secundino castro sanchez

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