Parresía

(3) Hoy: Francisco y la samaritana

18.03.17 | 18:41. Archivado en Homilías

Dos desafíos en el actual momento eclesial para el Papa Francisco: la presencia de la mujer en la iglesia (¿ministerios, de qué modo, otros modos de presencia?) y la descentralización de la curia romana (¿evangelización de las culturas oprimidas o evangelización desde las culturas negadas?. Estos dos retos se encuentran en el texto bíblico de Jn. 4,1-42, que narra el episodio del encuentro del “hombre judío” Jesús con una “mujer samaritana”.

Combate por la memoria
¿Cómo fueron las cosas, cómo son, cómo deberían ser?

La versión JOANINA de la evangelización de Samaria, comparada con el relato de los HECHOS DE LOS APÓSTOLES, puede ser considerada revolucionaria. Los Hechos de los Apóstoles atribuyen el primer anuncio de Cristo en Samaria a “Felipe”, con la confirmación e por los “apóstoles” Pedro y Juan venidos de Jerusalén (cfr. Hecho 8,4-25).
En el relato JOANINO (Jn. 4,1-42) una marginada por su condición de mujer y de samaritana hace este “primer anuncio” de Buena Noticia dentro de la propia cultura y a partir de ella, después de un encuentro personal con Jesucristo a la orilla de la fuente de Jacob.

Mujer, cultura, evangelización
y la comunidad joanina

La Comunidad del Discípulo Amado está formada por discípulos de Juan Bautista (Jn. 1,35ss.), samaritanos (Jn. 4,1-42), helenistas (Jn. 7,35; 12,20), judíos expulsados de la sinagoga (Jn. 9).
La comunidad joanina sufre dos momentos fuertes de ruptura:
1. la expulsión de la sinagoga (Jn. 9); y
2. la ruptura interna como consecuencia del escándalo delante de la Cristología de la Encarnación (cf. Jn. 6,66).

Es una comunidad de periferia, sin poder, marginada y excluida, (los ciegos representan la comunidad: Jn. 9 y la presencia de los Samaritanos Jn. 4). Estos dos textos, Jn. 4 y Jn. 9, tiene algo en común: tanto la samaritana cuanto el ciego anuncian a Jesús como profeta y Mesías.
SOSPECHA: ¿No habrá sido la presencia de los samaritanos una de las causas de la expulsión de la comunidad joanina de la sinagoga?

El evangelio como Buena Noticia fue escrito por la comunidad joanina como una forma de “resistencia” colectiva contra las persecuciones venidas de fuera; por otro lado, el escrito quiere confirmar la “identidad” de la comunidad en tiempo de división interna. Su objetivo principal es narrar algunos “signos” de Jesús y no “milagros” como los Sinópticos. Estos signos fueron narrados porque se volvieron significativos para la historia de la comunidad y tienen la finalidad de llevar a una integración entre fe y vida.

La iglesia samaritana evangeliza
pero a partir de su propia cultura

Del centro a la periferia
Lucas atribuye la obra evangelizadora de Samaria a los judíos cristianos dispersos después de la muerte de Esteban: “Así, Felipe fue para la ciudad de Samaria y les anunciaba a Cristo” (Hechos 8,5).
Esta evangelización necesitaba también ser CONFIRMADA por los APÓSTOLES que se encontraban en JERUSALÉN: “Los apóstoles que se encontraban en Jerusalén habiendo oído que Samaria recibió la Palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan. Entonces, los dos apóstoles les impusieron las manos y ellos recibieron el Espíritu Santo. (Hechos 8,14-17).

De la periferia al centro
La versión joanina que narra la evangelización de Samaria puede ser considerada revolucionaría. Una mujer samaritana se vuelve evangelizadora DENTRO DE SU PROPIA CULTURA.

Jesús dice a los discípulos: “Yo les digo: levanten los ojos y miren los campos; ya están blancos para la siega. Pues en esto es verdad el proverbio: uno es el que siembra y otro el que recoge. Yo los envío a recoger lo que no sembraron, otros trabajaron y ustedes se aprovecharon del trabajo” (Jn. 4,35-38). Jesús muestra a los discípulos que la semilla de su Evangelio ya está sembrada en la cultura samaritana.

El segundo elemento revolucionario es que, al revés de los apóstoles (cfr. Hechos 8,4-25), aquí es una mujer originarla de la propia Samaria que, después de mantener un debate religioso con Jesús, y de reconocerlo como Profeta y Mesías, anuncia a Cristo a sus coterráneos. La misma expresión que Jesús usó para convidar a los primeros discípulos a hacer la experiencia de permanecer con él: “Vengan y vean” (Jn. 1,39), es repetida por la samaritana: “Vengan y vean a un hombre que me dijo todo lo que he hecho. “¿No será él el Cristo?” (Jn. 4,29).

¿Dónde está el centro,
dónde la periferia?
Es una cuestión espacial, de poder o de fe…
Cuál sería la respuesta de Ignacio de Antioquía (la iglesia),
cuál la de Clemente de Alejandría (las culturas)…

¡Saludos cordiales!
Juan Manuel


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Comentarios
  • Comentario por Milton 18.03.17 | 22:52

    Declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia. (Juan Pablo II. Carta apostólica Ordinatio sacerdotalis, n. 1.4, 22 de mayo de 1994).

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 22:37

    hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación. Así, pues, "toda la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y equipado para toda obra buena" (2 Tim., 3,16-17). Dei Verbum 11.

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 22:36

    A la objeción de "Por ejemplo, la cita de 1 Timoteo sobre la mujer. Ese texto no lo escribió Pablo, responde a la tercera generación cristiana (año 100 d.C.)." responde Dei Verbum:

    11. Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo. la santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia. Pero en la redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando El en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que El quería.

    Pues, como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman, debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo, hay que c...

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 22:22

    Así pues, se ingresaba en la jerarquía eclesiástica por medio de una ceremonia sensible consistente en la imposición de manos y la oración. Por medio de este rito externo se concedía a los ordenandos poder espiritual y gracia interior. Cristo instituyó este sacramento como se prueba por el hecho de que sólo Dios y el Dios-Hombre Jesucristo pueden establecer un vínculo causal entre un rito externo y la concesión de la gracia interna. (Man Teo Dog Ludwig Ott).

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 22:20

    Sobre el sacramento del orden prueba biblica

    Hch 6,6 nos habla de la institución de los diáconos según la interpretación tradicional: «Los cuales [los siete varones] fueron presentados a los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos». En Act 14, 22 (G 23), se refiere la institución de los presbíteros: «Les constituyeron presbíteros en cada iglesia por la imposición de las manos, orando y ayunando, y los encomendaron al Señor». San Pablo escribe a su discípulo Timoteo: «Por esto te
    amonesto que hagas revivir la gracia de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos» (2 Tim 1, 6); cf. 1 Tim 4, 14: «No descuides la gracia que posees, que te fué conferida en medio de buenos augurios con la imposición de las manos de los presbíteros». (Man Teo Dog Ludwig Ott).

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 22:17

    Sobre el sacramento del orden:

    Contra la doctrina protestante del sacerdocio universal de los laicos, el concilio de Trento declaró que existe en la Iglesia católica un sacerdocio visible y externo (Dz 961), una jerarquía instituida por ordenación divina (Dz 966), es decir, un sacerdocio especial y un especial estado sacerdotal («ordo in esse») esencialmente distinto del laical. En este estado sacerdotal se ingresa por medio de un sacramento especial, el sacramento del orden («ordo in fieri
    seu ordinatio»). El concilio de Trento definió: «Si quis dixerit ordinem sive sacram ordinationem non esse veré et proprie sacramentum a Christo Domino institutum», a. s.; Dz 963. Notemos que esta definición conciliar afirma únicamente la sacramentalidad del orden en general, pero no la de cada una de las órdenes. (Man Teo Dog Ludwig Ott)

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 22:06

    Argumento histórico
    Podemos aducir el testimonio de la Iglesia ortodoxa griega, que en el siglo IX, siendo patriarca Focio, se separó temporalmente de la Iglesia católica, haciéndolo de manera definitiva en el siglo xi (1054) bajo el patriarcado
    de Miguel Cerulario. Esta Iglesia disidente está de acuerdo con la Iglesia católica en el número de los sacramentos, y así lo atestiguan sus libros litúrgicos, sus declaraciones en los concilios unionistas de Lyon (Dz 465) y Florencia (Dz 695), las respuestas que dio a las proposiciones de unión por parte de los protestantes en el siglo XVI y sus profesiones de fe oficiales. La expresión formal de ser siete el número de los sacramentos fué tomada sin reparo de la Iglesia católica de Occidente en el siglo XIII, pues respondía a las convicciones de la fe profesada en la Iglesia ortodoxa griega.(Manual de teología dogmática de Ludwig Ott).

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 22:03

    La existencia de los siete sacramentos es considerada como verdad de fe en toda la Iglesia desde mediados del siglo XII. Primeramente la encontramos como convicción científica de los teólogos, y después la vemos confirmada en el siglo XIII por el magisterio de la Iglesia. Los concilios unionistas de Lyon (1274) y Florencia (1438-1445) enseñan expresamente el número de siete; Dz 465, 695; cf. Dz 424, 665 ss. Como Cristo sigue viviendo en la Iglesia (Mt 28, 20) y el Espíritu Santo la dirige en su labor docente (Jn 14, 26), la Iglesia universal no puede padecer errores en la
    fe. Por eso, la fe de la Iglesia universal constituye para los creyentes un criterio suficiente para conocer el carácter revelado de una doctrina. (Manual de teología dogmática de Ludwig Ott).

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 21:58

    La verdad de que Cristo instituyera inmediatamente los sacramentos nos permite concluir que la sustancia de éstos está determinada y es inmutable para todos los tiempos. Cambiar la sustancia de alguno de ellos sería instituir un nuevo sacramento. El concilio de Trento enseña que* la Iglesia ha tenido desde siempre el poder de introducir cambios en la administración de los sacramentos, pero «sin alterar su sustancia» («salva illorum substantia»). La
    Iglesia jamás pretendió tener el derecho de cambiar la sustancia de los sacramentos; Dz 931; cf. Dz $jom, 2147a, 2301, n. 1.

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 21:55

    La Sagrada Escritura da testimonio de que Cristo instituyó directamente los sacramentos del bautismo, la eucaristía y el orden. Los demás sacramentos existían ya en tiempo de los apóstoles, como sabemos por testimonio de la Sagrada Escritura. Los apóstoles no se atribuyen a sí mismos derecho alguno para instituirlos, sino que se consideran como «ministros y administradores de los misterios de Dios» (1 Cor 4, 1); cf. 1 Cor 3, 5. (Manual de teología dogmática de Ludwig Ott)

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 21:53

    SAN AMBROSIO dice refiriéndose a la eucaristía: «¿Quién es el autor de los sagrados misterios [sacramentos],
    sino el Señor Jesús? Del cielo han venido estos sagrados misterios» (De sacr. iv 4, 13); cf. SAN AGUSTÍN, In Ioh., tr. 5, 7. Se prueba especulativamente la institución inmediata de los sacramentos por Cristo si consideramos que los sacramentos, lo mismo que las verdades de fe, pertenecen a los fundamentos de la religión instituida por
    Cristo. La analogía nos permite esperar que Cristo, así como anunció personalmente y confió a su Iglesia la sustancia de las verdades inmutables de la fe, de la misma manera instituiría personalmente y entregaría a su Iglesia la administración de los sacramentos inmutables. La inmediata institución de los sacramentos por Cristo salvaguarda la unidad de la Iglesia; cf. S.th. n i 64, 2 ad 3; 64, 4 ad 1. (Manual de teología dogmática de Ludwig Ott.

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 21:52

    El concilio de Trento se pronunció contra los reformadores, que consideraban la mayor parte de los sacramentos como invención de los hombres, e hizo la siguiente declaración: «Si quis dixerit, sacramenta novae Legis non fuisse omnia a Iesu Christo Domino nostro instituta», a. s.; Dz 844.
    Se opone también al dogma católico la teoría de los modernistas según la cual los sacramentos no proceden del Cristo histórico, sino que fueron introducidos por los apóstoles y sus sucesores ante la necesidad psicológica de poseer formas exteriores de culto que se refirieran a determinados hechos de la vida de Jesús; Dz 2039s.
    San Alberto Magno, SANTO TOMÁS DE AQUINO (S.th. III 64, 2) y Escoto enseñan que Cristo instituyó directamente todos los sacramentos. (Manual de teología dogmática de Ludwig Ott).

  • Comentario por Juan Manuel González 18.03.17 | 20:36

    Los sacramentos son "definidos dogmáticamente" en el Concilio de Trento (no se cerró si son siete o nueve, pues el sacramento del orden tiene tres grados: episcopado, presbiterado y diaconado).
    Los ministerios, como los comprende la iglesia católica hoy, ¿son creados por Jesús o la iglesia po0sterior (trecientos años después?
    Jesús no ordenó sacerdote a mujeres, tampoco ordenó varones.
    La Lumen Gentium (cap. II) reafirma el sacerdocio de todos los bautizados. Luego la mujer es sacerdote. La discusión es que como ha de vivir en el siglo XXI la minsterialidad del sacerdocio femenino.
    Hay que ser cuidado cuando se citan textos ignorando el contexto. Por ejemplo, la cita de 1 Timeteo sobre la mujer. Ese texto no lo escribió Pablo, responde a la tercera generación cristiana (año 100 d.C.).


  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:36

    Queda, finalmente, ya hablar sobre el modernista en cuanto reformador. [...] Andan clamando que el régimen de la Iglesia se ha de reformar en todos sus aspectos, pero principalmente en el disciplinar y dogmático, y, por lo tanto, que se ha de armonizar interior y exteriormente con lo que llaman conciencia moderna, que íntegramente tiende a la democracia; por lo cual, se debe conceder al clero inferior y a los mismos laicos cierta intervención en el gobierno y se ha de repartir la autoridad, demasiado concentrada y centralizada. (Pío X. Encíclica Pascendi Dominici gregis, n. 37, 8 de septiembre de 1907).

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:33

    Los evangelios muestran que Jesús no envió jamás a las mujeres en misiones de predicación, como hizo con el grupo de los Doce, que eran todos varones (cf. Lc 9,1-6), y también con los 72, entre los que no se menciona la presencia de ninguna mujer (cf. Lc 10,1-20). Sólo a los Doce Jesús da la autoridad sobre el reino: “Dispongo un reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí” (Lc 22, 29). Sólo a los Doce confiere la misión y el poder de celebrar la eucaristía en su nombre (cf. Lc 22, 19): esencia del sacerdocio ministerial. Sólo a los Apóstoles, después de su resurrección, da el poder de perdonar los pecados (cf. Jn 20, 22-23) y de emprender la obra de evangelización universal (cf. Mt 28, 18-20 Mc 16, 16-18). (Juan Pablo II. Audiencia general, n. 3, 27 de julio de 1994).

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:31

    Todos ellos estaban con Cristo durante la última Cena y sólo ellos recibieron el mandato sacramental: “Haced esto
    en memoria mía” (Lc 22, 19; 1 Cor 11, 24), que está unido a la institución de la Eucaristía. Ellos, la tarde del día de la resurrección, recibieron el Espíritu Santo para perdonar los pecados: “A quienes perdonéis los pecados, les quedan
    perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20, 23) (Juan Pablo II. Carta apostólica Mulieris dignitatem, n. 26, 15 de agosto de 1988).

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:30

    Cristo, llamando como apóstoles suyos sólo a hombres, lo hizo de un modo totalmente libre y soberano. Y lo hizo con la misma libertad con que en todo su comportamiento puso en evidencia la dignidad y la vocación de la mujer, sin amoldarse al uso dominante y a la tradición avalada por la legislación de su tiempo. Por lo tanto, la hipótesis
    de que haya llamado como apóstoles a unos hombres, siguiendo la mentalidad difundida en su tiempo, no refleja completamente el modo de obrar de Cristo. (Juan Pablo II. Carta apostólica Mulieris dignitatem, n. 26, 15 de agosto
    de 1988)

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:25

    La Iglesia “cree que la clave, el centro y el fin” del hombre, así como “de toda la historia humana se halla en su Señor y Maestro” y afirma que “bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre” (Gaudium et spes, n. 10). Con estas palabras la Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual nos indica el camino a seguir al asumir las tareas relativas a la dignidad de la mujer y a su vocación, bajo el trasfondo de los cambios significativos de nuestra época. Podemos afrontar tales cambios de modo correcto y adecuado solamente si volvemos de nuevo a la base que se encuentra en Cristo, aquellas verdades y aquellos valores “inmutables” de los que él mismo es “Testigo
    fiel” (cf. Ap 1, 5) y Maestro. Un modo diverso de actuar conduciría a resultados dudosos, por no decir erróneos y falaces. (Juan Pablo II. Carta apostólica Mulieris dignitatem, n. 28, 15 de agosto de 1988)

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:23

    La igualdad de los bautizados, una de las grandes afirmaciones del cristianismo, existe en un cuerpo variado en el que los hombres y las mujeres no desempeñan meramente papeles funcionales, sino arraigados profundamente en la antropología cristiana y en los sacramentos. La distinción de funciones no implica en absoluto la superioridad de unos sobre otros: el único don superior al que podemos y debemos aspirar es el amor (cf. 1Co 12-13). En el reino de los cielos los más grandes no son los ministros, sino los santos (cf. Inter insigniores, n. 6). (Juan Pablo II. Discurso al VI
    grupo de obispos estadounidenses en visita “ad limina apostolorum”, n. 5-6, 2 de julio de 1993)

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:21

    El respeto de los derechos de la mujer representa un paso esencial hacia una sociedad más justa y madura,
    y la Iglesia no puede menos de hacer suyo este digno objetivo. [...]. Sin embargo, en algunos círculos sigue existiendo un clima de insatisfacción con respecto a la posición de la Iglesia, especialmente donde no se comprende con claridad la distinción entre los derechos humanos y civiles de la persona y los derechos, deberes, ministerios y funciones que los fieles tienen o desempeñan en el seno de la Iglesia. Una eclesiología errónea puede llevar fácilmente a presentar falsas reivindicaciones y crear falsas expectativas. (Juan Pablo II. Discurso al VI grupo de obispos estadounidenses en visita “ad limina apostolorum”, n. 5-6, 2 de julio de 1993)

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:19

    Realmente no se trata de un título que comporte funciones jerárquicas de magisterio, pero a la vez debemos
    señalar que este hecho no supone en ningún modo un menosprecio de la sublime misión de la mujer en el seno del Pueblo de Dios. Por el contrario, ella, al ser incorporada a la Iglesia por el bautismo, participa del sacerdocio común de los fieles, que la capacita y la obliga a “confesar delante de los hombres la fe que recibió de Dios mediante la
    Iglesia.” (Paulo VI. Homilía. Proclamación de Santa Teresa de Jesús como doctora de la Iglesia, 27 de septiembre de 1970).

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:17

    Este es, en síntesis, el mensaje que nos da Santa Teresa de Jesús, doctora de la santa Iglesia. Escuchémoslo y hagámoslo nuestro. Debemos añadir dos observaciones que nos parecen importantes. En primer lugar hay que notar que Santa Teresa de Ávila es la primera mujer a quien la Iglesia confiere el título de doctora; y esto no sin recordar las severas palabras de San Pablo: “Las mujeres cállense en las asambleas” (1Cor 14, 34), lo cual quiere decir incluso hoy que la mujer no está destinada a tener en la Iglesia funciones jerárquicas de magisterio y de ministerio.
    ¿Se habrá violado entonces el precepto apostólico? Podemos responder con claridad: no. (Paulo VI. Homilía. Proclamación de Santa Teresa de Jesús como doctora de la Iglesia, 27 de septiembre de 1970)

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:13

    Que la mujer aprenda sosegadamente y con toda sumisión. No consiento que la mujer enseñe ni que domine sobre el varón, sino que permanezca sosegada. (1 Tm 2,11-13)

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:12

    Se puede afirmar que la mujer, al mirar a María, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su feminidad y para llevar a cabo su verdadera promoción. A la luz de María, la Iglesia lee en el rostro de la mujer los reflejos
    de una belleza, que es espejo de los más altos sentimientos, de que es capaz el corazón humano: la oblación total del amor, la fuerza que sabe resistir a los más grandes dolores, la fidelidad sin límites, la laboriosidad infatigable y la capacidad de conjugar la intuición penetrante con la palabra de apoyo y de estímulo. (Juan Pablo II. Encíclica Redemptoris Mater, n. 46, 25 de marzo de 1987)

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:10

    Sobre la mujer

    En las enseñanzas de Jesús, así como en su modo de comportarse, no se encuentra nada que refleje la habitual discriminación de la mujer, propia del tiempo; por el contrario, sus palabras y sus obras expresan siempre el respeto y el honor debido a la mujer. […] Este modo de hablar sobre las mujeres y a las mujeres, y el modo de tratarlas,
    constituye una clara “novedad” respecto a las costumbres dominantes entonces. (Juan Pablo II. Carta apostólica Mulieris dignitatem, n. 12-13, 15 de agosto de 1988)

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:08

    sobre el papel de la mujer en la iglesia

    En esta perspectiva también se entiende que el hecho de que la ordenación sacerdotal sea exclusivamente reservada a los hombres no impide en absoluto a las mujeres el acceso al corazón de la vida cristiana. Ellas están llamadas a ser modelos y testigos insustituibles para todos los cristianos de cómo la Esposa debe corresponder con amor al amor del Esposo. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y del mundo, 31 de mayo de 2004).

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 20:07

    sobre el papel de la mujer en la iglesia

    Prescindiendo de las condiciones, estados de vida, vocaciones diferentes, con o sin responsabilidades públicas, tales actitudes determinan un aspecto esencial de la identidad de la vida cristiana. Aun tratándose de actitudes que tendrían que ser típicas de cada bautizado, de hecho, es característico de la mujer vivirlas con particular intensidad y naturalidad. Así, las mujeres tienen un papel de la mayor importancia en la vida eclesial, interpelando a los bautizados sobre el cultivo de tales disposiciones, y contribuyendo en modo único a manifestar el verdadero rostro de la Iglesia, esposa de Cristo y madre de los creyentes.
    (Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y del mundo, 31 de mayo de 2004)

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 19:58

    1618 del catecismo

    Cristo es el CENTRO de toda vida cristiana. El vínculo con El ocupa el primer lugar entre todos los demás vínculos, familiares o sociales (cf Lc 14,26 [Luc_14:26]; Mar_10:28-31).

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 19:55

    571 del catecismo

    El Misterio pascual de la Cruz y de la Resurrección de Cristo está en el CENTRO de la Buena Nueva que los
    Apóstoles, y la Iglesia a continuación de ellos, deben anunciar al mundo. El designio salvador de Dios se ha cumplido de "una vez por todas" (Heb_9:26) por la muerte redentora de su Hijo Jesucristo.

  • Comentario por Milton 18.03.17 | 19:46

    La descentralización supone una pérdida de unidad que conduce irremediablemente al cisma. Y el cisma es sin duda alguna la quiebra que se produce inexorablemente cuando falta un punto central de referencia, un criterio común, ya sea en el plano de la doctrina o en el de la disciplina y la pastoral. Las iglesias particulares, divididas en cuanto a la praxis, así como en cuanto a la doctrina de la cual deriva la praxis, están fatalmente destinadas a entrar en conflicto y dar lugar a fracturas, cismas y herejías.
    La descentralización no sólo lesiona el primado romano, sino que niega el principio de no contradicción, según el cual “un mismo ser no puede al mismo tiempo y en el mismo sentido, ser lo que es y no serlo”. Únicamente apoyados en este fundamental principio lógico y metafísico podemos emplear la razón y conocer la realidad que nos rodea.

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