El fiscal se ha vuelto juez en Alemania

Llevo 23 años explicando a cada promoción de Derecho el proceso de extradición. Les ahorraré pormenores – ustedes no se van a examinar conmigo, ¿verdad? – pero hay dos aspectos de la cuestión que pretendo dejar bien claros: primero, que cuando se nos solicita la extradición de algún sujeto el juez de la Audiencia Nacional no tiene que revisar más que las exigencias procedimentales pero nunca el fondo de la cuestión, que tendrá que decidir el juez o tribunal que ha cursado la solicitud; segundo, que aunque la justicia falle a favor de la extradición puede el Consejo de Ministros denegarla por razones de alta política que no tiene por qué explicar, pero que si el juez la deniega entonces el gobierno no la puede conceder aunque quiera.

En el caso de nuestro añorado Puchi hemos tenido la mala suerte de dar con un juez de marcada tendencia independentista que, además, ha soñado que en vez de fiscal era juez, y se ha permitido entrar en el fondo de la causa invadienco así las competencias del Tribunal Supremo español, que es quien tiene que decidir sobre la condena del fugado Puchi.

Como el asunto es de libro, hasta el punto de que cualquier estudiante de primero de Derecho sabe más que el juez alemán que se ha pronunciado en los términos que todos conocen, el problema no consiste en determinar el grado de competencia profesional de ese concreto juez alemán sino hasta dónde ha llegado la podredumbre independentista en la Unión Europea, una vez comprobado que un juez corso, maltés, flamenco, catalán- esto va por barrios -, vasco, gallego, italiano de Florencia para arriba, francés alsaciano o bretón y no digamos un juez irlandés del norte, galés o escocés, tramitarán las solicitudes de extradición relativas a rebeldes y sediciosos del mismo modo que está tratando el art. 155 el PNV: en términos preventivos y con la vista puesta en el hoy por tí y mañana por mí. Y sé que me dejo en el tintero algunos matices de ciertos países que tienen aún mal digerido el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Europa, que en un principio pareció que cerraba filas para evitar que yéndose un pavo del corral quisieran irse también los demás, ahora y por barrios, se muestra reticente a reconocer la soberanía nacional española por razones que tienen cercanamente que ver con Franco y lejanamente con Carlos I y con los Reyes Católicos. Y así estamos, por decirlo moderadamente, hasta las cartolas de que se nos reproche la dictadura que sufrimos y se haga en términos de afrentas que no le hacen ni a los italianos por Musolini ni a los franceses por Petain ni a los británicos por el Duque de Windsor ni a los alemanes por Hitler ni a los rusos por Stalin ni a los rumanos por Antonescu, por citar sólo a unos cuantos de la pandilla de indeseables que tanto nos enturbian el pasado.

Si al cabo nos hartan y acabamos negociando la salida de Cataluña con varios millones de rehenes y en unos términos que ni el Brexit ha conocido en cuanto a dureza – no pagamos pensiones y que las paguen ellos, exigimos la devolución de los más de 240.000 millones que nos deben, fronteras férreas, etc., etc. -, puede que la hoy brillante Europa, luz de naciones y faro de democracias, acabe siendo un conjunto de territorios catetos gobernados por pelanas como el Puchi y su pandilla de delincuentes, con sistemas de justicia bolivarianos y el hambre y la mortalidad infantil disparándose por territorios que se proclamarán libres pero no felices si siguen los derroteros que el patán de Maduro ha conseguido en la que fue luz de naciones americanas y faro de la América democrática que todos saludamos con entusiasmo.

Pero si es lo que quieren…

 

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Estas fechas y la de Dios es Cristo

Dijeron que no presentarían a otro que no fuera Puchi y después de Puchi propusieron a otros dos. También dijo Puchi que vendría y no vino porque lo de pasar por la cárcel prefirió que lo hicieran otros, y ahora resulta que está en la cárcel él también.

Dijo Sánchez que renunciaría y no renunció. Ahora hablan de explotar lo que dicen que dijo el Comité de la ONU, aunque lo que dijo no es lo que ellos dicen que dijo. España tiene seis meses para contestar, es decir, cuatro más de los que tiene la tribu indepe para proponer e investir o vamos a nuevas elecciones, que es lo que no quieren de ninguna manera porque el desfonde electoral sería de los que hacen época, y lo saben. Eso sí que lo saben pero no lo dicen. La tentación de provocar un poco más a la España que no existe no se les va de la cabeza.

Tienen claro que se trata de avanzar hacia la república pero de dientes hacia fuera dicen otra cosa para no complicar las defensas de los presos que ellos llaman políticos pero no lo son. Por eso mismo no quiere Puchi que lo propongan a él, porque eso complicaría su defensa en Alemania, así que otro que de dientes hacia dentro es el legítimo presidente pero de dientes hacia fuera sabe que no es más que un preso en Alemania en espera de extradición. Le toca a Turull desatascar la tubería pero eso choca con su dignidad. Del choque de legitimidades pasamos al choque de dignidades. ¿Queda alguna dignidad en el embrollo? Ellos creen que sí. Nosotros sabemos que no.

Volvamos a Sánchez, dicen, pero eso exige que renuncie Turull y que JxCat –“no renunciaremos a la investidura de Puigdemont (…) somos la lista del president Puigdemont”– se desdiga dientes hacia fuera y dientes hacia dentro de lo que en el pasado pleno juraron por sus muertos más frescos que harían. Y no saben cómo no hacerlo sin que les digan traidores.

Detrás de todo se oculta un plan D por si pasan las semanas y se ven venir otras elecciones convocadas por Rajoy. Elsa Artadi tiene dicho que sólo reconoce a Puchi y que ella no se postula porque, de dientes hacia dentro, sabe que todos los postulantes están ya en prisión y ella es muy joven para enfrentarse a años de rancho y visitas vis a vis. Así que el PDeCat anda pensando en un alcalde mientras ERC piensa en Torrent, que hace todo lo posible para agradar a los delirantes sin desagradar a los encarcelantes. Y mientras tanto Puchi poco menos que secuestrado por un tal Matamala – que ya es mal nombre -, que aspira secretamente a ser nombrado conde por Puchi inaugurando así la nueva dinastía de nobleza catalana para eclipsar a la nobleza baturra que tanta sombra les hace desde el siglo XI.

El problema es que tienen siete escaños procesados y sin gana de dimitir y el auto de Llarena cada vez más cerca de la firmeza. Y la CUP que no quiere otro que no sea Puchi para empujarlos a todos a la prisión. Son unos pícaros estos cuperos. Y Comín que tampoco está por dimitir, así que o lo dimiten a la fuerza o se les va al carajo la mayoría porque, al no recurrir el mozo, el auto es ya firme para él. Iceta sigue bailón en la esperanza de convertirse en el sumo pontífice – por lo de tender puentes – y Doménech lo mismo pero desde una equidistancia más cercana al epicentro del lío.

Y podríamos seguir. Y podríamos preguntarnos en plan retórico hasta dónde piensan arrastrar a Cataluña por el barro, pero no es cuestión. Eso que lo piensen los catalanes si queda alguno que piense fuera de Cs.

Las jaulas de grillos suenan mejor que esta trupe en desbandada. Y no sé por qué en la cabeza me ronda cada vez más el nombre de Durán y Lleida como la última persona sensata que queda en Cataluña fuera de Cs. Pero no es parlamentario, así que volvemos al principio: dijeron que no presentarían a otro que no fuera Puchi…

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Papiroflexia académica

No sé cómo acabará lo de Cristina Cifuentes aunque la doy por políticamente muerta. De momento no ha dado explicaciones creíbles, y si tuviera su trabajo de fin de máster no dudaría en difundirlo y tapar la boca a todo el mundo, pero no lo ha hecho. También Errejón pasó en Madrid una beca presencial en Málaga. Su trabajo final parece ser que consistía en una compota de restos añejos. Dio igual. No me quiero imaginar la trayectoria académica de Iglesias. De Ipunto Montero no puedo imaginarme ni su bachiller. Y así va todo en el ámbito de la decencia universitaria.

Empezando por las consecuencias – la universidad española está bajo mínimos – iremos a las causas, y no son otras que la endogamia salvaje, el sistema de acreditación, el plan Bolonia y, por si faltaba algo, el empobrecimiento cateto que ha supuesto el régimen de las autonomías.

Mis profesores universitarios – 1972-1977 – se ganaron sus cátedras frente a un tribunal de cinco catedráticos, luchando a brazo partido con otros opositores tan preparados como ellos. Había que hacer una programación de toda la asignatura, acreditar publicaciones serias que el tribunal leía y valoraba con atención, y había que exponer en público una clase de un tema elegido al azar mediante bolas extraídas de un bombo. No era un bingo académico. Podía salir cualquier tema, como el primero de cualquier materia, ése que todo el mundo odia porque es tedioso, árido, insufrible.. Pero había una bola número uno que podía salir como cualquier otra, y había que defenderlo a la altura de cualquier otro tema. Un admirado compañero me explicó cómo perdió su cátedra – la acabó ganando en otra convocatoria – porque un grupo de presión universitario tenía pactado ya al ganador, al que le salió un tema maldito y lo resolvió en plan mandilón: ¿Qué decir de la importancia de…? Unas vaguedades y un tribunal propicio le dieron la cátedra. Otra, que sabía más que nadie – latín, griego, hebreo, francés y español, que yo sepa – hizo tal examen que sorprendió al tribunal que, para no darle la plaza y dársela a quien estaba acordado, le pusieron un cero en griego. Lloró pero no consiguió que se hiciera justicia.

Las sagas universitarias surgen hoy del directorio de las facultades: basta poner un apellido y sale el padre de la saga y sus prebendados hijos, sobrinos…  Hubo un tiempo en que el espacio se lo repartían rojos y azules con matices finísimos: comunistas, socialistas, ACNDP, exfalangistas, opus… Llegó la cosa al punto de que a algunas convocatorias se les llamaba “opusición”, y así colonizaron los hijos del marqués de Peralta el CSIC y la Fiscalía, entre otros nichos de poder académico y del otro.

El plan Bolonia, una maldita y carísima ensoñación de pedagogos enloquecidos, venía a salvarnos de la mediocridad pero ha supuesto una descarnada renuncia a la excelencia en pro de la estadística: necesitamos más aprobados – lo pide la gente, decían -, y optaron por bajar el nivel de la exigencia en vez de elevar el nivel del alumnado. Recortaron las horas de docencia, primaron el “trabajo” en vez del examen y por ahí entró el plagio generalizado y la desvergüenza académica. Lo que a nosotros nos exigieron en los 70 no se puede exigir hoy porque te echan. Quien intenta mantener el nivel es tildado de “hueso” y los alumnos se cambian de grupo buscando profesores modernos y benignos.

Las autonomías han producido esperpentos como una oposición a pediatra en el País Vasco en que ser catedrático de la signatura valía dos puntos y hablar eusquera doce. En la universidad es peor. No se puede aspirar a traslados porque hay cortijos académicos cerrados por una lengua cooficial. Si una tesis doctoral tiene de por sí un público minoritario, escrita en vasco ni les cuento: equivale a que no la lea nadie. Y eso por no primar el inglés que es la actual lingua franca. O el español, que te abre a una gran parte del mundo.

Un curriculun es hoy un ejercicio de papiroflexia académica pero sin la gracias de las grullas japonesas hechas a base de dobleces.  Los profesores  coleccionan papeles que acreditan que se pagó un curso o un congreso aunque no se asistiera ni a una sesión. Un sexenio de investigación es otra suma de papeles: de una obra de cientos de páginas no se puede aportar más que 10 fotocopias: la portada, el ISBN, el índice y cinco páginas más. ¿Tiene el comité evaluador acceso a las publicaciones? No. Se conforman con leer el índice de impacto de la revista o la editorial y suman puntos. Eso ha producido un mercado floreciente de acreditaciones devaluadas o directamente falsas. Conozco universidades que venden títulos y a alumnos convencidos de que la universidad no sirve para nada, que lo que enseña es la práctica, así que planifican sus cursos como carreras de vallas que hay que saltar hasta acceder al mercado. Y así todo, salvo en Medicina, Arquitectura, Ingenierías y Ciencias en general, por aquello de que los pacientes se mueren, los puentes se caen y las casas se hunden.

Veremos qué pasa con Cifuentes. Si la RJC perdonó a su rector por sus muchos plagios, qué no le perdonará a Cifuentes si es que hay algo que perdonar. ¿No es la universidad del PP?

 

 

 

 

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Presidente “de verdad”

No sé si habrán tenido oportunidad de enfrentarse a un paranoico en plena crisis delirante. Yo sí. Muchas veces. La estrategia no pasa por razonar. Razonar con un paranoico no  consigue más que la ampliación del espectro conspirativo incluyendo al que niega la conspiración. La estrategia consiste en no discutirle nada y avisar sigilosamente a los médicos, que ellos sí saben qué hacer. Y lo que suelen hacer es administrar haloperidol o cosa similar, es decir, un antipsicótico que recomponga momentáneamente el mal funcionamiento del cerebro. Puesto que a la señora Colau la hemos de entender incluida en el delirio colectivo de la república que no es ni está, el presidente que no es pero sí sabemos dónde está – detenido en Alemania -, un tal Franco que murió pero sigue vivo y un pueblo invencible que tiene la cabeza rota a base de estrellarse una y otra vez contra un muro que se creen que no existe pero sí existe, va a ser difícil convencer a la alcaldesa de que sería bueno que el agua que distribuye en Barcelona recibiera una dosis, por pequeña que fuera, de algún antipsicótico que baje a algunos ciudadanos – cada vez menos – que siguen subidos a una ideación paranoica que atiende por “prusés”.

Elsa Artadi, otra que tal, parecía una chica modosa y normalita. Ha resultado que no, que también necesita un tratamiento urgente de antipsicóticos. La sola imagen de Puchifrites detenido le ha revelado una verdad concordante con la paranoia colectiva: este es el momento, dice, de nombrar a Puchifrites “presidente de verdad”, con mando efectivo en plaza y residencia en no sabemos dónde dado el incierto panorama judicial que se abre ante el “puto amo” (P. Rahola), cuya astucia le permitió burlar la euroorden de detención para ir a meterse directamente en la boca del lobo alemán. Ya lo dijo el tío Óscar: la mejor forma de vencer una tentación es caer en ella. Cambien lo que haya que cambiar y ese ha sido el astuto impulso puchifritesco.

Ha habido, sin embargo, algún atisbo de lucidez. Hay quien piensa, entre paranoia y paranoia, que como catalanes no se pueden permitir lo que sí se permiten como indepes: que haya más presos. Pero luego recapacitan y a eso abocan, a multiplicar el número de detenidos a base de hacerle caso a cuatro desesperados, cuatro, que aconsejan reemprender la expulsión de empresas, el daño a la economía y la movilización permanente que conduzca a romper con España, salir del capitalismo, acabar con la maldita Europa y su euro podrido… Y ese es el momento en que una familia sensata llama al 112 y se presentan unos señores muy amables con una extraña camisa que no cura pero sí seda, y unas jeringuillas que inoculan paz espiritual en el cuerpo del enajenado.

Los mismos que renunciaron a nombrar presidente a Puchifrites porque ni desde la cárcel ni desde Waterloo se podía gobernar una esquina de España, ahora han visto la luz: es él, es nuestro presidente, el puto amo, la luz que ha de iluminar al mundo… El componente mesiánico se acentúa en delirios religiosos muy bien estructurados. Una pariente mía se relajó mucho en el ámbito hospitalario en que dio por sus locuras cuando apreció que todos, todos los que la asistían, eran cristianos devotos, probablemente sacerdotes. Era así, explicaba, porque todos llevaban una cruz en la bata. Que fuera un cruz griega y azul no restaba credibilidad al signo. Al contrario, reforzaba su fe. Ayer circuló un muy atinado twit de un tal Kim Junq-ueras: “Puchi, no quiero meterte miedo pero la última vez que detuvieron a un mesías en Semana Santa la cosa acabó regular”.

Pues de nada ha de servir la advertencia. Al contrario. Visto que unos miles de fieles creyentes se echan a la calle a apedrear mozos de escuadra, el fugado hoy preso – ya veremos cuánto – ve el principio de la victoria final, como el más enloquecido Hitler creía, en abril de 1945, que la división de Steiner iba a atacar a los rusos y los pondría en desbandada. Los generales se miraban entre sí pero no osaban decir al alucinado que la división de Steiner sólo existía sobre el papel, que había sido machacada y que las últimas fuerzas disponibles eran críos y viejos. Ya conocen el final. Y los paralelismos que la historia se empeña en trazar cuando encuentra locos iguales para tiempos y sitios distintos.

Camisas de fuerza y haloperidol en el agua del grifo. No hay otra.

 

 

 

 

 

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Tururull

Ha vuelto a cantar el pollo indepe y ha soltado un sonoro Tururull, que es más de lo que anticipó Más cuando dijo que si no se unían en una sola tribu sería tururú. Y fue tururú y a él lo costó la cabeza como al Bautista le costó la suya un capricho de Herodías, que era como la CUP pero con cierto estilo. Por qué le ha brotado ahora al canto un final tan catalán resulta evidente: porque al final el animalico ha aprendido catalán y, de tanto Rull, Turull, Llull y semejantes, se le ha quedado el deje. No hay más.

Antes del tururull dejó dicho el triste y municipal señor Plan C que tiende las manos al Estado de cara al diálogo, diálogo, diálogo, que es el equivalente al programa, programa, programa del plasta de Anguita. ¿Y qué manos son esas que tiende? ¿No serán las manos de Ramsés, una delante, otra detrás y ambas con las palmas vueltas en posición de recibir? Porque lleva el mozo décadas enganchado a la moqueta y el coche oficial, primero con el exhonorable Pujol – ya saben, el hijo de Florenci el rico -, luego con el delfín Más – condenado por chanchullos con la pasta -, del que pasó a ser escudero del fugado Puchifrites – investigado y fugado -, es decir, que ha estado en todos los capítulos de la conocida serie La mafia del 3%. Creíble, lo que se dice creíble, no  lo es que él no supiera lo que se estaba cociendo a costa de darle mordidas al dinero de todos. Proponer a Turull después de desechado el presidiario Sánchez equivale a que el PP hubiera propuesto a Bárcenas como sustituto del ministro de economía. Pero eso la peña indepe no lo ve porque los une y a la vez los ciega el futuro republicano con el que deliran a modo de proyecto común. Unidos pero ciegos, tururull.

Es Turull, según ya sabíamos, hombre sin imagen, sin carisma, sin programa ni habilidades orales, de modo que todo el mérito le viene de haber sido machaca de los golfos que lo precedieron en el cargo que ahora le han servido en plan usar y tirar. Turull existe porque en el mundo tiene que haber de todo pero ninguna otra razón apoya que siga existiendo. Y hablando de cargo, Arrimadas no lo pudo definir mejor: un no candidato para una no investidura. Otra escena dentro de la farsa en que se ha convertido todo.

Resultó de interés, por la parte bufa, el canónico análisis de la CUP en su línea de exprimir el recuelo marxistoide en que se mueve ese subproducto de la inteligencia. Llamarlos escoria sería subirlos de nivel; les cuadra más lo de residuo tóxico. Es el capitalismo, señaló el profeta, lo que hay que combatir. Ni más ni menos. Cuatro gatos en discordia van a acabar desde Cataluña con un sistema trabado desde la máquina de vapor hasta la fecha. Por menos precio nos declaran la guerra y hasta la ganan, pero si quieren acabar con el capitalismo sería muy conveniente que empezaran por Trump, que ya verán cómo se acojona y emprende la senda de la socialdemocracia no amurallada.

Y mañana, si los dioses no lo remedian, otra sesión. En Sabath. ¡Qué poco temor de Yahveh!

 

 

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Calcetines de colores

Me llega por varios sitios la recomendación de ponerme mañana calcetines desparejados, preferiblemente de colorines. Dicen que es para “visibilizar” – palabro de moda – la situación de quienes sufren síndrome de Down y contribuir a su integración. Me disculparán que no me una a la fiesta. El Down y toda discapacidad intelectual, no diré la enfermedad mental, me enfrenta a uno de esos misterios insondables de la naturaleza humana y no tengo al respecto verdad alguna que sostener. Vivo en el estupor y en el desasosiego personal, atenuado por el afecto natural que despierta en mí toda enfermedad que afecte a un crío, y los Down, la mayor parte, no superan en su vida el estadio de una niñez prolongada, llena de dificultades. Los trato con singular simpatía, la misma que profeso a esos niños ya casi adultos que veo pasear en sillitas enormes por unos padres a quienes querría  abrazar para transmitirle la solidaridad que me inspiran. Pero en vez de lucir calcetines raros les expondré lo que sé sobre los Down en España.

Aunque el Código penal prohibe los procedimientos dirigidos a la selección de la raza, cualquiera puede comprobar en bases estadísticas fiables que la pirámide de edad de las personas con Down hace tiempo que dejó de ser pirámide y ha pasado a formar un rombo cuya base y cima resultan, en cifras de 2016, prácticamente iguales. Y eso es el resultado de cortar por la base, que es lo que se está haciendo, conjugando el diagnóstico precoz de la enfermedad con la posibilidad de abortar en las primeras 14 semanas sin alegar causa alguna. Resultado: nueve de cada diez mujeres que han concebido un Down deciden abortar y darse otra oportunidad sin anomalías genéticas, de modo que la base de la pirámide se estrecha más y más a base de restar nacimientos.

He oído de todo al respecto. Algunos niegan que el Down sea una enfermedad, y aciertan en parte, pero la realidad – es una anomalía genética intratable – resulta peor que lo que niegan: el Down no es una enfermedad, es un conjunto de síntomas diversos que afectan al corazón, el paladar, la laringe, el crecimiento, el tono muscular y la capacidad intelectual, fundamentalmente, en forma que va desde importante a extrema. Por eso se le llama síndrome, porque la trisomía del par 21 se manifiesta en una serie de síntomas y no en uno solo.

En un país de mayoría católica, cualquier cosa que eso signifique, la mayor parte de las mujeres que abortan un Down son de tradición católica, lo que acredita que hay una lucha entre el bien que predican unos y el supuesto mal que practican los demás, en relación 1/9. Pero la peligrosísima corrección política que se ha impuesto nos impide hablar del asunto en público. La gente prefiere vivir en la ignorancia antes que enfrentarse a la verdad más cruda: de seguir así las cosas el Down dejará de ser un problema en apenas una generación, y pasaremos de los más o menos 35.000 que hay ahora mismo a poco más de 6.000, con tendencia a seguir bajando.

Mientras todo esto ocurre hay quien se empeña en buscarle al asunto la parte festiva de los calcetines desparejados que esconde el dilema ético que hay detrás. ¿Nos hemos convertido en selectores de razas o ya lo éramos – lo fuimos siempre – pero no queríamos saberlo? La pregunta tiene respuesta: lo somos. Y no hemos hecho más que empezar. Esperen, quienes puedan, 30 años y vuelvan a preguntar por la pirámide de edad de los Down. Si se cumplen las espectativas el rombo se habrá acabado de formar a base de estrechar la base de nacimientos y mantener la cima puntiaguda a base de muertes naturales. El número seguirá descendiendo y formará un rombo cada vez más minúsculo que se devorará a sí mismo hasta que los Down representen una cifra insignificante. O desaparezcan.

¿Y usted? ¿Qué piensa hacer hoy?

 

 

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La podemita eximente de ser mujer y negra

Desde la indigencia intelectual en que se revuelca Podemos ha surgido una feroz campaña en defensa de la que parece ser autora de la muerte del pequeño Gabriel. Era la que llevaba el cadáver en su coche y está grabado cómo lo sacó del pozo en que lo había ocultado. Si eso no me permite decir que parece la asesina del crío pues que me demande y que los jueces  me quiten o me den la razón.

Desde Podemos se ven las cosas de otra manera. Empezaron por destacar que siendo mujer, negra e inmigrante la iban a condenar sin respetar sus derechos, como al pobre Puchi, sus fugados y, a última hora, la pobre Gabriel. Tienen ya una explicación de por qué ha ocurrido esto: la culpa del asesinato del niño la tiene el heteropatriarcado machista y la cultura xenófoba de España. Que en el entorno inmediato de esta pobre mujer inmigrante y negra hayan muerto dramáticamente tres críos no parece que añada sentido al asunto, claro. Sigue siendo mujer, inmigrante y negra, y el 8 de marzo está demasiado cerca como para olvidar que una mujer no puede haber hecho eso.

Quienes, por otra parte, piden una condena ejemplar para ella si al cabo se confirma lo que ya todos sabemos, son “gentuza racista” y “machistas” vistos desde la óptica de Ipunto Montero, esa adolescente pasada de los 30 de la que cabe dudar que aprobara el bachiller a base de estudio. Una tal Barbijaputa, también del gremio, ha publicado en twiter lo siguiente: “Todos estos racistas y misóginos que están echando mierda en tw sobre el caso de Gabriel, callarían ipso-facto si se detuviera al padre como el culpable y ella quedara relevada a cómplice.”

Demuestra Barbijaputa que su ignorancia es punto menos que enciclopédica. Tiene que imaginar en su podrida cabeza que en algún momento el padre aparecerá como inductor o autor del asesinato, lo que haría que Ana redujera su condición a la de cómplice, cree ella. Ignora voluntariamente que no se puede ser cómplice a posteriori. Mejor, lo ignora todo al respecto pero las redes sociales no se hicieron para gente sabia, de ahí que se permita pontificar sobre hipótesis que sólo viven, de momento, en la podrida cabeza de la tal Barbijaputa.

Digo de momento porque aún nos falta por vivir una infamia añadida a la que ya conocemos. En algún momento, tras días de reflexión, terminará Ana por incriminar al padre de Gabriel igual que ha intentado “el Chicle” con su mujer, sobre el (mal)entendido de que una pena abultada de prisión se lleva mejor si es a medias. Es sólo cuestión de tiempo y despecho. Cuando se recupere del susto que le ha dado la Guardia Civil empezará a hilar finamente y dará con la salida: este machista de mierda que tanto decía quererme y no fue capaz de librarme de la tortura de su hijo, por lo menos que pague por lo que yo he hecho con la buenísima intención de asegurarme un futuro de amoríos sin interferencias. El añejo “muera Marta y muera harta”. Creo que ya está tardando. Una bandada de buitres licenciados en Derecho se están ofreciendo ya a llevarle el asunto gratis como forma de poner la primera piedra en su carrera de penalista afamado y pastoso. Antes o después elegirá al desvergonzado de turno y entre los dos urdirán una historia infame. Admito apuestas.

La pasión ha conducido a otros a recoger firmas para que la manden a su país a que cumpla la condena. Eso lo prohiben expresamente las reglas competenciales de la Ley Orgánica del Poder Judicial, pero estos tampoco quieren saberlo. Y piden que sea declarada persona non grata en España como si la condena que le viene encima – con inhabilitación absoluta además de la prisión – no fuera suficiente al respecto.

Se ha desatado la pasión, tal como suele en esta España negra. Noruega no elevó la voz cuando un desalmado filonazi acabó con más de ochenta jóvenes. Nosotros tenemos que ir al juzgado a gritar asesino a los asesinos. Por la misma razón deberíamos ir al mercado a gritarle cebolla a las cebollas, pero eso no es noticia.

Sólo pienso en esos padres. Lo demás ya importa poco. El pobre Pescaíto está muerto. Ya no sufre. Pero sus padres están vivos. Y son jóvenes. Tienen por delante muchos años de sufrimiento como para pensar ahora en los putrefactos podemitas. Pero los demás tendremos que votar y entonces volverá a preguntarse el mamarracho por qué se hunde el partido que vino a librarnos de la caspa. Le recordaremos esto. Y le dará igual.

 

 

 

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Una huelguista profesional

Mi madre crió 9 hijos a mano, siete de ellos en un cuarto piso sin ascensor. Mi padre resultó un inútil vocacional para tareas domésticas, malcriado como fue por mi abuela y mis tías. Por no saber no sabía ni dónde estaban limpios, doblados y apilados los calzoncillos que a diario se ponía, y vivió toda su vida convencido de que el papel higiénico y la pasta dentífrica brotaban naturalmente de la pared. Hasta la tarea naturalmente masculina de conducir lo desbordaba, así que la que tuvo carnet de conducir toda la vida fue mi madre, y dejó de renovarlo a los 80 años, siendo conductora en activo, y pasó a depender de sus 9 hijos para sus traslados. El coche de por entonces, un Golf, se lo regaló a una de sus innumerables nietas, que todavía lo disfruta. Y ya tiene mi madre un bisnieto de 20 años cumplidos y otros de menor edad.

Mis padres, como toda su generación, tenían las tareas divididas por sexos igual que los primeros homínidos que se bajaron de los árboles hace dos millones de años. El hombre sale, consigue comida y defiende la cueva. La mujer se queda criando.

Me casé por primera vez en el año 79 y tenía yo más tiempo y soltura que mi primera ex, así que pasé de golpe de mecerme en los cuidados de mi madre a tener una casa, y me lo tomé por la tremenda. Los sábados por la mañana hacía deshollinos que incluían, todas las semanas, desarmar la cama – era sencilla -, sacarla al salón con colchón y almohadas, deshollinar el dormitorio, volver a meter e instalar todo lo sacado una vez limpio, hacer la cama y luego deshollinar el salón, la cocina, el cuarto de baño y la habitación pequeña. Sólo me permitía tener hecha una leonera un pequeño zulo que me servía de estudio, laboratorio fotográfico y de todo lo imaginable: maquetas, puzzles, revistas… Ese era mi campo y ahí nadie me reñía pero la casa la tenía como un jaspe.

Vinieron los críos – cuatro, tres niñas, un niño –y asumí las visitas al pediatra, las vacunas, el colegio por las mañanas y su cuidado los sábados por la mañana a la vez que limpiaba. También baños, biberones, traqueteos de cuna, etc., etc., etc.

Luego me divorcié. Luego me volví a casar, vinieron dos críos más y ya todo lo fié al sector servicios dado que, como abogado que era, salía por la mañana y era difícil que volviera antes de las diez de la noche. Seguía llevando a los críos al colegio y hacía lo que podía los fines de semana. Así fue hasta que el menor se fue al instituto; con gran dolor de mi corazón dejé verlos a diario porque, excuso decir, me había divorciado otra vez.

He hecho en total ocho traslados y he construido tres casas. Vivo solo desde 2012 y aunque a estas alturas podría, decidí no contratar a más mujeres que me ayudaran en las tareas domésticas. Volví a hacerlas yo con la finalidad de que mi casa fuera mi tamagotchi: cuando está ordenada y limpia me representa tranquilo y sosegado. Cuando se me amontona – todo menos el cuarto de baño y el dormitorio -, es porque ando con la vida revuelta o metido en líos. Tampoco fallo es en el “grupo k”: calzoncillos, camisetas, calcetines y camisas, porque si no me veo sin ropa que ponerme, así que una lavadora cada sábado, tiendo, recojo, doblo y ordeno salvo cuando ando revuelto; entonces la ropa la cojo directamente del tendedero cada mañana. Y todo eso lo hago a título de terapia personal, por no depender más de las mujeres para sobrevivir y para que ninguna se sienta con derecho a reñirme.

Así que ayer día 8 hice huelga como una más. Y me dediqué a leer los memes ultramachos que me enviaban mis amigos. El mejor, el del obispo de Córdoba recordándonos que la mujer tiene como misión dar calor al hogar, y debajo una cría con cara de mala que dice ¡HECHO!, y al fondo se ve un chaletito ardiendo. Estoy por pegarle fuego a mi casa y acogerme a una residencia. Sé que el calor que dan las mujeres en el hogar lo mismo calienta la cama que la máquina de divorciarse, y no estoy yo para dar más tumbos. Por lo menos de momento. Ya veremos cuando me jubile.

En cuanto a mi madre, no está ya para hacer huelgas. De ningún tipo. Pero ella, que dejó su carrera inactiva para criar nueve hijos y atender a mi padre, es la responsable de que todas sus hijas y todas sus nietas sean universitarias y mujeres independientes. ¿Qué más le queda por demostrar?

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Por última vez

Los tres últimos presidentes de la Generalidad de Cataluña se apellidan Pujol, Mas y Puigdemont. Pujol, caído de todos los pedestales, investigado por la golfada del 3% durante décadas. Mas, cooperador de Pujol, inhabilitado por adoptar decisiones ilegales, tiene embargado hasta su casoplón barcelonés por el mal uso que hizo de fondos públicos; también está metido en el núcleo exclusivo de la timba del prusés, el comité ejecutivo desde el que se dirigió el golpe de estado de barretina que se montaron sobre un delirio. Y qué les puedo decir de Puigdemont a estas alturas de su crisis psiquiátrica. Aparte de ser un prófugo de la justicia imputado por delitos que lo llevarán a prisión en cuanto pise territorio nacional, vive en el delirio de un territorio libre con sede en Waterloo desde el quiere dirigir la política catalana que, para su mente carcomida, no consiste en otra cosa que en tocarnos los argamandijos a los españoles, él que decía que su república nacería con la voluntad de que las relaciones con España fueran poco menos que un primor con lazos rosa.

No hace falta ser muy sagaz para afinar el diagnóstico: la Generalidad de Cataluña es la institución del Estado español más degradada, envilecida y corrupta de cuantas hemos dado, y ello más allá de lo que podemos imaginar para un futuro cercano.

Ahora pretenden profundizar el descrédito y el ridículo histórico proponiendo como presidente a un tal Sánchez, que ya no necesita mérito alguno para que sea tenido por delincuente escasamente honorable, en la tradición de los anteriores, esa que sólo permitirá honrarlos después de que ganen una guerra para la que les falta hoy y les faltará mañana valor. La hipocresía imperante exige un “presunto delincuente” pero cuando las acciones que se le reprochan las he presenciado, como aquella imagen de Sánchez y Cuixart subidos a un todo terreno de la Guardia Civil destrozado por los pacíficos insurgentes, ya no necesito anteponer hipocresía alguna al trato que le atribuyo al recluso Sánchez. Tiene el Derecho recursos para ponerme en mi sitio si piensa el pequeñajo asanchezado – qué vergüenza de apellido para un indepe – que me estoy metiendo donde no debo. Sea.

Aparte del hartazgo que produce la sucesión de días históricos, gestas imaginadas y ensoñaciones febriles que acaban sistemáticamente en fracasos monumentales trufados de insultos a España, a sus símbolos y a sus instituciones, entiendo que ha llegado el momento de hablar de política de verdad, no del remedo delirante que ofrece la peña indepe. Volvamos la vista a este país, el nuestro, y enterremos en el silencio el futuro inmediato de los fugados, la nada que los espera, la depresión incontenible en que antes o después caerán cuando consideren lo que se han buscado a base de apoyarse unos borrachos en otros para no caer al suelo. Acabarán como Ovidio, ése sí exiliado por orden del César, escribiendo unas “tristes” a la altura de su inconsistencia.

No habrá arranque sublime como el de Ovidio, que no concebía la vida sin Roma y todo lo que Roma le daba: “Cum subit illius/tristissima noctis imago”. Cuando los acometa la imagen tristísima de aquella noche en que salieron de España camino de la vergüenza internacional, a punto de convertirse en figurones del carnaval flamenco o en la imagen bipolar de quien se peina estilo etarra o repija según quien la vaya a entrevistar y la consigna que deba transmitir para abrirse paso en el país más caro de Europa, vendrán entonces las lágrimas nada simbólicas de quien entiende repentinamente que ha desperdiciado su vida en una empresa sin futuro ni gloria, sin épica alguna. Perecerá su imagen, que sólo sobrevivirá en dichos chuscos de pueblo sin ni siquiera la solidez que los lleve a ascender a categoría de refrán. Chistes y memes, cachondeo que no aspira legítimamente ni al nivel de los cuentos de Calleja.

Si no surge algo que merezca comentario más allá de este último, hasta aquí hemos llegado. A partir de ahora me ocuparé de ideas tanto tiempo aparcadas y de realidades tangibles como las pensiones o el paro, lo que de verdad nos importa. Hablar de Cataluña no merece la pena mientras los propios catalanes no den el paso al frente y defiendan el territorio, el pueblo y la historia que hace unos años resultaban admirables y algunos, hace apenas unas semanas, se encargaron de enlodar.

Adios, prusés.

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Matraca en estéreo

Vista la mejora de imagen que se ha operado en los voluntariamente huidos indepes es como para proponer que se exilien todos y nos dejen definitivamente en paz. Pero esas cosas a los pobres no nos pasan.

El vecino de Waterllo – léase vaterlóo y no waterlú, que es como lo popularizó ABBA -, el  sr. Puchifrites se quitó el casco Calimero en cuanto fue consciente de que iba a internacionalizar el prusés y había que estar presentable. Y aunque su imagen se empequeñece a medida que pierde relevancia – máxime después de haber sido figura de carnaval en Bruselas – fue llegar a Flandes y ponérsele cara de cajero afable de oficina bancaria de pueblo.

Lo de Anna Gabriel, aquella joven adusta, malencarada y algo espesa mientras tuvimos que soportarla con su estética proetarra, ha sido una auténtica metamorfosis. Para empezar se ha quitado los andrajos con los que se disfrazaba de roja y ha evolucionado a repija sin apenas darnos tiempo a asimilar. Hasta parece haberse reconciliado con los hábitos higiénicos que omitió mientras alentaba repúblicas. Es decir, que nos dedicó en exclusiva el gesto más hosco, la mala leche, el desprecio de quien se sabía superior a su entorno.

Pues si me dicen ahora que ha profesado de numeraria del Opus me lo tendré que creer de lo muy modosita que se ha vuelto con su pelito recogido con horquilla, la frente al viento, la cara lavada y recién peiná en plan Manolo Escobar pero con ínfulas, porque, además, la niña ahora habla francés. Se la imagina uno en una de esas casas de señoritas en que se recluyen las más pías a velar por su virtud y ganarse el cielo a base de cilicio y sacudirse el culo sabatinamente, en plan Sabath inverso cercano, si no sustituto, del sadomaso. Y encima quiere ser profesora. Se ha convertido, lo quiera o no, en nuera perfecta de familia bien.

Pero en lo que se ha convertido definitivamente es en la madre de Woody Allen que hablaba a su hijo desde el cielo, metiéndose en nuestra vida para reñirnos, y ahora en estéreo, Puchifrites por el oeste, Anna por el este, y nosotros en medio mentándoles secretamente a los muertos.

Acogidos voluntariamente a una muerte civil que va para décadas, tardarán en pisar su añorada terreta, volver a las calçotadas y sardanas con las que ocupaban días festivos llenos de sabor y ritmo rancio, equivalente a vestirse de chulapa en Madrid, bailar un chotis y dejar que te toquen el culo un poco, sólo un poco por aquello de Cipriano/ no bajes más la mano/ no seas exagerao. Qué bien.

Puchifrites, que empezó su especial apocalipsis vía mensajes de móvil – ridicul historic – ya ha sido enterrado por los suyos. Traicionado y devuelto a la razón de un territorio y de 7.5 millones de personas que no pueden vivir pendients de una pantalla de plasma y, mucho menos, del delirio de quien cree habitar una república lejana e inexistente dentro de una monarquía cercana y carísima. Lo de Anna es peor: anticapitalista en el paraíso de la pasta más negra, cree estar en el paraíso de los derechos humanos pero está en un país en que uno de cada cuatro habitantes es vaca pastueña de ubres ubérrimas. Dice el tópico que Suiza es el país del chocolate y los quesos de rueda pero en su ADN profundo anida un número en clave que oculta el dinero más sucio. Allí se aliviaron nazis, los judíos perseguidos por los nazis, se alivian los traficantes de mercancías dudosas y patriotas de otros sitios acogidos al sagrado del secreto bancario. Y gente rica y famosa entre la que ella aparecerá como la chica au pair de una casa bien. Y eso si le permiten que se quede.

Sus imágenes se irán difuminando. Sus voces se irán acallando. Aspirantes a la nada, sin pasado ni presente y con un futuro complicado, han optado por el fundido a negro.

Y nosotros deseando ver ese fotograma final con la palabra FIN escrita como en un informativo del NODO.

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