Mafias consolidadas

En el pueblo del matarife Ternera no aceptan ni un minuto de silencio por la gente que ETA asesinó. Ni siquiera por los críos que el propio Ternera mandó asesinar con bomba en la casa cuartel de Vic, donde dicen que ya se vive una independencia construida sobre seis tumbas diminutas.  En su delirio tampoco aceptan que ETA fue derrotada a base de encarcelar una cúpula tras otra, cuando se acabó la indolente colaboración pasiva que ejemplificó Giscard D´Estaigne – podéis matar españoles pero no toquéis a un francés – y una parte de la población vasca recuperó una parte de decencia y algo de coraje y se enfrentaron abiertamente a la menguada legión de matarifes que dirigía el ahora encarcelado y moribundo Ternera. Así que tenemos una insignificante pero muy significativa mafia asentada en el que presumía de ser un aguerrido País Vasco, hasta que se evidenciaron sus miserias al paso de algunos curas al frente de las procesiones que ensalzaban a los asesinos caídos, y al hilo de las soflamas del celebrado Arzálluz en favor del oso que movía el árbol del que caían las nueces que recogían los meapilas del PNV. Entre las nueces caía algún muerto pero eso a ellos qué les podía importar.

Con menos virulencia y a base de ciertas traiciones que no quieren ni ver – los achicharrados de Hipercor no eran suficientemente catalanes como para reivindicarlos – otra mafia se ha implantado en la esquina opuesta, Pirineos por medio, esa que se reivindicaba europea, moderna e internacional hasta que unos catetos de barretina calada hasta las cejas tomó el mando y se fue imponiendo gentucilla tipo Puigdemont y Junqueras. El desfile de mentirosos contumaces que han pasado por el juicio del prusés a negar las evidencias menos ocultables nos habla de ese característico no querer ver que nosotros sí vimos cuando, tras la bomba o el tiro en la nuca, nadie había visto nada y a los familiares del asesinado se le negaba el saludo, la misa de difuntos y hasta el mismo pésame, no vaya a ser que los viera uno “de los nuestros” y empezara a tener problemas la familia. Toda esa infamia ha vuelto pero ahora con acento catalán. Toda aquella ignominia, aquel revolcarse en la cobardía propia y el tiro que daban otros, todo eso ha vuelto y amenaza con extenderse como una mancha tan inextinguible como la que arrastran quienes, ante Videla o Pinochet, pensaban “algo habrá hecho” y seguían en sus cosas. Más lejanamente lo habían hecho aquí cuando Franco andaba fusilando, encarcelando, torturando y exiliando. Finalmente fueron a por ellos y, ya se sabe, no quedaba nadie ajeno a la cobardía que había convertido en ratas a lo que había sido una masa de hombres dispuestos a decir no.

Cinco delincuentes andan sueltos por la sede de la voluntad nacional, que unas mafias y otras se han empeñado en encanallar a base de ensalzar a gentes que no están ni una capa de cera por encima de Tejero y sus golpistas. Y la cobardía de unos y otros nos obligará a soportarlos, al menos hasta que el TS dicte sentencia en que los condene – ayer se cerró sobre ellos la losa de la malversación – y la mera aplicación de la ley electoral dé lugar a que sigan en la cárcel o vuelvan a ella, según la cobardía que exhiba Sánchez al respecto, y ya no puedan presumir de diputados ni de senador. Vendrán entonces las cábalas del indulto, no puede cabernos la menos duda, pero la inhabilitación no se atreverán a quitársela, y eso, lo quieran o no algunos, en parte sanea el ambiente nauseabundo que flota sobre la política española.

 

 

 

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