¿Ha muerto la del pelo blanco?

Me pasó en su día lo que a un periodista que jura por sus muertos no haber visto ni un capítulo de juego de tronos: él no siguió porque cortaban cabezas y yo no pude ver ni cinco minutos porque cortaban cabezas y lo celebraban con muchas tetas y muchos culos, así que lo dejé, y lo fui dejando y, por lo visto, ha habido ocho temporadas que me he perdido tontamente.

Ni siquiera he visto el episodio final. Qué tontería. Me he limitado a leer lo que ha escrito uno que sí lo ha visto y mi sorpresa ha sido descubrir que la del pelo blanco, esa que tanto salía en televisión, que parecía que iba a llevarse el bote, resulta que la mata traicioneramente un tío mientras le arrima un morreo. Acostumbrado a pensar que iba a llevarse esta OT internacional me he quedado sin argumentos: si no gana la que lleva ocho temporadas apareciendo como la ganadora me explico el cabreo de los fieles devotos. Es como ir a misa a enterarme de que lo de JC acabó no como dicen los Evangelios y hasta había anticipado el Antiguo Testamento sino como nos dijo Monty Python: silbando en la cruz con sus amiguitos.

Y como no me gusta hablar de lo que no he visto, que en eso soy tomasiano total y me gusta meter el dedico y darle vueltas por ver si van de efectos especiales, aquí se queda el asunto. Prefiero cuarenta veces ponerme a ver otra vez Band of brothers – aquí Hermanos de sangre -, que siempre acaba bien, siempre ganan los buenos y, además, se pasa uno la serie viendo que van a ganar justamente los que parecen buenos. Es decir, una serie con un final como Dios manda, y no el bodrio de final que se han tragado los fieles adeptos a Juego de Tronos.

Pero antes de dejar la cuestión hay algunos flecos que conviene resolver.

El primero, la temporada que el fantoche de Iglesias le regaló a su majestad D. Felipe VI, que solo le faltó eso de subrayarle que “se trata de un juego, entiendes, y va de tronos, qué gracioso, ¿no?” Pues ahora es el momento de que la Casa del Rey le remita la temporada para que el juguetón de la coleta se vaya metiendo por el culo los DVDs aprovechando la forma tan ergonómica que tienen. Uno detrás de otro; y luego la caja en que iban todos juntos. Y, ya de paso, que se meta también un micro por la parte gorda por si a última hora se le ocurre alguna chorrada.

Hay un segundo fleco un tanto más preocupante. La segunda temporada de votaciones está a punto de caer mientras aún no sabemos si el guapito de Sánchez tendrá que disolver y convocar con tal de no caer en manos del que se esté por entonces metiendo los DVDs por donde ya ustedes saben y, mucho menos, en las traidoras manos de los golpistas catalanes. Vistas las elecciones en plan serie de televisión, ¿será posible que acabe muriendo quien todos ponen de bueno y de ganador? ¿Lo acuchillará un mal amigo en pleno morreo heterosexual no marcado? ¿Morirá el morreante a manos de una exnovia destronada?

Prefiero que no me estropeeen la fiesta (ahora se dice spoil the party) y el próximo domingo tomarme un par de orfidales a destiempo, meterme en la cama a media tarde y despertarme el lunes a que me den la sorpresa. Y todo para comprobar, cansinamente, que el dinosaurio sigue ahí.

 

 

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