Rosalía y la sensibilidad enfermiza

Dice un colectivo de gitanas feministas que Rosalía es poco menos que una ladrona cultural por haber versionado – maravillosamente, eso no lo dicen – un tema de los Chunguitos. Y hoy mismo leo que los dos Chunguitos que quedan están encantados con la versión de Rosalía. ¿De parte de quién nos ponemos?

Digo yo que deben tener más razón los Chunguitos, padres originales de la criatura – ese temazo llamado “Me quedo contigo” -, y que siendo ellos mismos gitanos, de más edad y con más seso que las feministas, no sé por qué no deberíamos hacerle caso a ellos y no a unas feministas gitanas cuya estrechez de mente resulta pasmosa en este mundo mestizo sin remedio. ¿Por la misma razón Eric Clapton ultrajó la tradición del blues, esa maravilla que surgió cuando se encontraron los ritmos de los esclavos africanos con la guitarra de seis cuerdas de los blanquitos irlandeses? Es decir, que o eres negro mezclado de irlandés o ya te puedes olvidar de los blues. ¿No es eso? Y hay más. O eres negro o te puedes ir olvidando del jazz. Y de correr los 100 metros lisos, los 800, los 1500, los 5000, los 10000 y la maratón? ¿A ese mundo aspiran las feministas gitanas?

No sé si Rosalía diría de sí misma que es feminista. Mujer sí que parece y yo creo que lo es. Y grande en lo suyo también. Es, de hecho, lo más fresco y nuevo que he escuchado en música española – hoy ya universal -, desde aquella entrañable Cecilia, y afearle el no ser gitana equivale a afearle lo mismo a Paco de Lucía, con quien el gran Camarón no tuvo empacho en actuar. Paco de Lucía, que llevaba con orgullo el ser llamado “hijo de la portuguesa, ¿también le robó a su madre el alma de los fados? ¿Y a Sabicas el toque de la guitarra flamenca?

Creía yo que en este país no cabía un tonto más desde que una concejal de Lorca (Murcia) ofició la boda entre un perro y una perra de la policía local, vestidos de novio y novia los pobres animales, que no les faltaba detalle, cuando héteme aquí que irrumpe no una tonta de capirote sino toda una asociación de esmeradas necias de pernil para quienes el flamenco, la música en general, es un conjunto de jardines herméticamente cerrados sin posibilidad alguna de contagio ni expansión. Música de barrio quieren ellas, casi de estirpe familiar de feministas gitanas, con derecho a expedir y quitar carnets de flamenquía.

Nunca he visto que Rosalía se reivindique ni flamenca ni otra cosa. Ella es quien es, y que lo sea por muchos años. Puede que en el desatino le haya influido mucho la rumba catalana sin la que no soy capaz de imaginar la música española de las últimas cuatro décadas. Ella va por otro lado pero nunca he leído que haya subestimado a quienes no hacen las cosas como ella hizo en la gala de los Goya, que todo fue salir al escenario y comerse la gala a cucharadas pequeñas, como quien se come un postre exquisito.

Y de las feministas gitanas mejor nos olvidamos. Al menos mientras cultiven la sandez.

 

 

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