La traición de Forn (2ª parte)

Torra dirá que la culpa no es suya pero Sánchez no podrá ni amagar con esa broma. Sábe que está jugando al póker con todo lo que significa España y parece dispuesto a perderlo mientras mantenga el falcon y el helicóptero para divertirse él. Si por lo menos fuera un trilero acabaría ganando la partida con malas artes pero lo que es de temer es que pierda, como en su día perdió Rajoy, y aboque a este país a una crisis peor que la del 1-0, cuando la traicionera y cobarde inacción del zorruno Forn – que sigue preso, por cierto – dejó a la Guardia Civil y al Cuerpo Nacional de Policía frente al tumulto. Todavía andamos pagando la factura de aquella traición cuando ya nos preparan la siguiente, y ahora es peor porque la suma de violentos e indepes, unida a la descentralización de los actos de insurrección, propiciarán que la violencia suba hasta cotas como las que vimos hace mucho tiempo en Detroit.

No son suposiciones: la CUP pretende lanzar una huelga de país y considera un buen prólogo la posibilidad de cortes de carreteras, ocupación de infraestructuras (puertos, aeropuertos), colapsos de tráfico, paralización de trenes, concentraciones masivas y huelgas promovidas por ANC, Comités de Defensa de la República, Grupos Autónomos de Acciones Rápidas (que llaman al sabotaje en las líneas ferroviarias, del metro y del tranvía, también de las comunicaciones por cable, y a atentar contra las fuerzas del orden), Òmnium Cultural, Via Independencia, una organización tipo juventudes hitlerianas llamada La Forja y la Intersindical-CSC, y todo eso sin contar wasap, que ya sabemos que permite movilizar a la gente en minutos, sobre todo cuando la ciudad está colapsada y ni siquiera la policía pueda llegar a tiempo a los lugares donde es precisa.

Se acabó la revolución de las sonrisas. A los enchulados CDR le preguntan y ya no niegan que vaya a haber actos violentos. Al contrario, anticipan que el 21 de diciembre serán “ingobernables”. Su fin no es otro que impedir la celebración del consejo en Barcelona, y se lo está poniendo fácil el buenismo de ese tal Sánchez, que es peor que Zapatero.

Si todo lo anterior no le parece suficiente a ese irresponsable ¿se imaginan a un gentío ataviado de chalecos amarillos en sintonía con la guerrilla urbana que ha destrozado París? (Curioso: el mismo color de los lazos que festejan a los delincuentes presos). Pues imagínenselos e intenten pararlos en cuanto sepan que el frívolo de Sánchez y sus secuaces, para aparentar una normalidad que no existe, se han plantado en Barcelona a celebrar un consejo de ministros tres días después de que comience el juicio de los mártires de la independencia. Y, además, el sitio elegido: la lonja del mar, que es lugar desaconsejado por los mozos de escuadra – ellos prefieren el palacete Albéniz, que les suena más castizo – por lo difícil que es blindarlo, con lo que también los mozos podrán disculpar su inacción bajo excusa de que no les hicieron caso. Estamos más allá de la tormenta perfecta; estamos en el apocalipsis buscado de propósito.

Tendremos una última oportunidad de rectificar unos días antes del día 18, cuando se intente trasladar a los presos a Madrid para ser juzgados. Ya han dicho que intentarán impedirlo, y de lo que ahí ocurra cabrá extraer conclusiones, pero eso sólo lo harán las personas con capacidad de razonar. Sánchez no es de esa clase. Se estrellará y nos llevará de la mano al infierno, aunque él irá en avión. Era todo lo que quería y lo que le está tolerando el PSOE, ese partido que alguna vez fue serio y resultaba de fiar.

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1 comentario


  1. La Paca buena

    Ojalá el Sr. Clares se equivoque y los que pensamos casi lo mismo. Una variable no es tenida en cuenta, en mi opinión. Lo que diferencia a Sánchez de Zapatero es su incoherencia. Y eso tiene tanto de bueno o de malo.
    Si olfatea vientos de Españ, éste se fabrica la bandera más enorme jamás vista. Al tiempo.