¿Qué hacer con Vox?

Es muy fácil: hay que tratarlos como si fueran la CUP.

La CUP quiere acabar con el capitalismo pero se conforman con que Cataluña abandone España poniendo en práctica la republiqueta que proclamó el fantoche de Waterloo. Quieren impagar la deuda que mantienen con nosotros, echar a los jueces y fiscales y nombrar a sus amiguitos, convertir a los mozos de escuadra en una ONG, sin armas ni porras y – eso es innegociable – ordenarles que de momento no persigan ni repriman a la alegre muchachada CDR, que deben a su antojo parar el AVE, quemar contenedores, repartir palizas entre españoles y enseñorearse de la vía pública como en su día hicieron los falangistas para mayor gloria de la dictadura franquista.  Llevan mucho tiempo en el empeño. La pregunta clave es: ¿Han conseguido algo? Pues no, salvo la cabeza de Mas, pero  han contribuido, y mucho, al gobierno indepe. Con sus votos se venían forjando mayorías hasta que, finalmente, tras perder la mitad de los escaños, se han plantado en su programa de máximos y se han quedado sin influencia alguna en el día a día catalán.

VOX fue primero un diccionario. Luego se convirtió en un amplificador de válvulas con el que algunos le sacaban a las guitarras eléctricas sonidos que aún nos erizan la memoria. Sólo a última hora, en tercera acepción, se ha convertido en la extrema derecha española que viene a sustituir a Fuerza Nueva en aquello de echar al viento la nostalgia del franquismo que ya casi nadie siente. Salvo VOX, porque ellos han elegido voluntariamente ese papel.

Vox quiere acabar con el régimen autonómico, recentralizar el Estado, derogar la ley de violencia mal llamada de género, acabar con el plurilingüismo, expulsar a todos los inmigrantes ilegales, ilegalizar no sólo a la CUP sino a ERC, PDecat y otros muchos  mientras mantengan la aspiración a romper España. También quieren suprimir las policías autonómicas, intensificar la reclamación de Gibraltar, etc., etc., etc. VOX quiere lo contrario exactamente que la CUP y con la misma intensidad revolucionaria, y ello es así porque son la misma cosa, los extremos de la cuerda, extrema izquierda, extrema derecha y, al cabo, la misma puñetera cosa.

A diferencia de la CUP los de VOX son unos recién llegados de los que nada sabemos sobre cómo se las gastan, de modo que hay que transmitirlesla idea de que de momento les vamos a perdonar la vida y sólo esperamos que no entorpezcan lo que la gente ha pedido claramente en las urnas: echar al régimen socialista de Andalucía y sustituirlo por el segundo partido más votado. Así que ese es el papel de VOX en este momento: acreditarse de novato tragando quina y esperar su oportunidad si es que esta ha de llegar alguna vez. Tienen que ponerse en la misma cola que la CUP y, encima, detrás de la CUP, hasta que se reformen o, como le pasó a Blas Piñar, tengan que retirarse a “la soledad de los elegidos”.

Ni al PP ni a C´s ni a VOX les va a perdonar el pueblo soberano que dejen pasar la oportunidad de acabar con el régimen de corrupción andaluz y, al contrario, den lugar a nuevas elecciones, de las que lo peor que cabe esperar es que suba VOX a base de menguar a los demás. El PP no tiene inconveniente en aceptar los votos de VOX porque, al fin y al cabo, ellos también fueron alguna vez ultramontanos, nunca han condenado el franquismo y eso los acerca a VOX. Que se entiendan. C´s no lo tiene tan fácil porque sus colegas europeos no le permiten ni hablar con VOX, pero no le impiden investir a un candidato popular. Háganlo y, luego, a poner condiciones que impidan al PP gobernar como suele con mayoría absoluta – rodillo irracional – y a VOX imponer sus aspiraciones de máximos hasta que, como la CUP, se acaben apartando ellos solos a la soledad que dejó vacía Blas Piñar o civilizándose en sus aspiraciones, que sería lo mejor para todos.

 

 

 

 

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