Dos burbujas menos

Los bitcoin se han hundido porque ha terminado por ser más caro mantener vivo un bitcoin que lo que vale en el mercado. Es como si un billete de 50 euros fuera más caro de fabricar que los 50 euros que aparenta valer. Ya pasó con la moneda de plata de 100 pesetas que acuñó Franco: al poco valía más la plata que las 100 pesetas faciales, así que la gente las fue acumulando hasta que desaparecieron y terminaron fundidas en lingotes de joyería. Con el bitcoin ha pasado que al ser más caro mantenerlo que lo que te dan por él, ya nadie quiere bitcoins y la gran estafa se ha consumado. Hace apenas unos meses se ofrecían viviendas que sólo se podían pagar en bitcoins, y hubo operaciones al respecto. Ahora el que tiene la casa tiene algo y el que recibió bitcoins apenas tiene algo con tendencia a que acabe siendo nada. Ahora que le reclamen al maestro armero. Como ya anticipé, empezarán a aparecer cadáveres inesperados que se corresponderán, punto por punto, con quienes hicieron negocio engañando a otros con el timo de la estampita en plan cibernético. Así que ténganlo en cuenta: si alguien les ofrece un potosí virtual, acéptenlo a cambio de otro potosí virtual, pero nada tangible. Y mucho menos a cambio de dinero del de comprar cosas.

En cuanto al independentismo aglutinante, ese que hizo que una parte importante de catalanes se echaran a rodar por la pendiente antiespaña, ha acabado descomponiéndose en los que fueron sus factores primos: derechas, izquierdas, centros, extremos por los dos lados, etc., etc., etc. Se creyeron que los rojazos impíos podían entenderse con la derechona ricacha y que, todos juntos, se podían entender con anarcocomunistas, y ha resultado lo que era previsible: ha resultado que no. Y está la cosa en el mismo punto que el bitcoin: ¿al final valdrá algo todo esto? Pues depende.

Los médicos están en la calle pidiéndole al catanazi Torra que en vez de abrir embajadas dote de profesionales a la medicina. Que mire al suelo, vamos, en vez de mirar a Waterloo a ver cuál es el último delirio del fugado principal. También los mozos de escuadra andan revueltos y con la mano extendida, ellos que iban a ser tropas de asalto de la independencia catalana frente a la tiranía de los Reyes Católicos. También los funcionarios se han echado a la calle con la mano extendida. Quieren las pagas que cayeron víctimas de los recortes que Mas les impuso mientras él y su partido se forraban. Y ya sólo faltaban los estudiantes que, enfrentados a las tasas universitarias más altas de España, dicen que o se las bajan un 30% o se van a estudiar a España y que luego ya verán si vuelven.

O sea, que se ha impuesto el principio de realidad y resulta que todos miran a los Presupuestos Generales del Estado y no a las arcas catalanas, vacías a base de 3%, embajadas y cohetes que creían que iba a pagar el Rey, y resulta que lo han de pagar ellos con lo que no tienen. Volvemos, por tanto, a la manida pregunta de Pla: todo esto ¿quién lo paga? Por eso ha resucitado el “España nos roba”, a estas alturas, cuando nadie ya se lo cree porque las cuentas han salido a la luz y ya sabemos que si alguien roba es la trama del 3% y si se despilfarra es desde la Generalidad. Pero Torra no piensa aprobar los presupuestos a los que se vuelve con la mano extendida.

Hay venganzas que cuestan mucho empeño pero otras vienen solas, como la que castiga al que escupe al cielo.

 

 

 

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