Camino a la irrelevancia

La ruptura de la coalición contra natura gobernante en Cataluña sitúa al fugado Puigdemont varios kilómetros dentro del camino que conduce a la irrelevancia. Pensaba – deliraba – que con su perrito encadenado, Torra se llama y GRRR lo llama Peridis, podría mover los hilos desde el lugar, ahora se ve más claro, al que fue Bonaparte a perderse para siempre. Bélgica entendida como cementerio de iluminados.

Por fin se ha revelado inmiscible lo que desde el principio lo era: una derechona corrupta, más aún que el PP, inició en su día un idilio con unos republicanos rojos e impíos – salvo uno – que sí querían la republiqueta de inmediato hasta que se dieron de bruces con el Estado de Derecho. Dos navidades seguidas se va a pasar Junqueras a costa de lo que él mismo provocó por la persona interpuesta de Puchi, y eso, dos navidades seguidas comiendo rancho, es cosa que en la cárcel pesa mucho. Es el primer escalón en la escalera que conduce a ser y sentirse un Kí, uno de esos reclusos de larga duración que, perdida la esperanza, se las han de gobernar en prisión para rodearse de un entorno soportable. Y eso cabrea mucho, muchísimo. Así que al final han roto la baraja por no seguir haciendo el juego al prófugo que los encarceló.

Se queda el Puchi con su proyecto de Crida a medio cocer, consciente de que ni siquiera toda JuntspCat y muchísimo menos todo el PDeCat se le va a subir al carro que él conduce por las piedras en dirección hacia el choque permanente con el Estado. De modo que de los indepes queda la mitad de la mitad, y eso hasta la población más indepe lo aprecia, y cuando se vea con la papeleta en la mano puede hacer una emigración tipo ñu, hacia el río que sí fluye: el voto útil. Y entonces vendrá el llanto y el crujir de dientes porque si a la victoria de C´s en las últimas le sumamos subidas del PSC y de algún otro, puede que hayamos asistido este martes al fin del agobio nacionalista hasta dentro, por lo menos, de una generación. No crean que no me consuela saber que, por edad, la próxima escaramuza no la voy ni a sufrir ni a contar. Nuestros nietos dirán lo que les parece, que si dicen lo que están diciendo los jóvenes en Quebec, ya pueden ir haciéndose repúblicas para armar y venderlas en los chinos porque lo que es una catalana e independiente no la van a ver ni sus ojos ni los nuestros.

Inicia el fugado la gran huida final, no la que protagonizó cuando traicionó a los suyos y los dejó a su suerte, que no era otra que la prisión. Napoleón, después de Waterloo, acabó preso en Santa Elena y a los seis años murió. Haría bien Puchi en volver: en la cárcel, por lo menos, tiene ambiente indepe y a quien darle la matraca con su portentoso plan. Aparte del mal fario que da vivir en Waterloo, precisamente en Waterloo.

 

Artículos

Comentarios cerrados.