Un muerto

Toda deriva vital es representable en gráficos, mucho más expresivos que las palabras que aquí nos esforzamos en verter. Y si se hiciera un gráfico de los altercados de todo signo que padece Cataluña veríamos cómo cada vez es más estrecho el margen temporal entre un altercado y otro a la vez que aumenta el nivel de violencia ejercido. Si a ello le añadimos el delirio irreductible en que vive una parte importante de la población, el aliento explícito del supremacista Torra y la incapacidad de ejercer el poder en que está el viajero Sánchez, la expectativa resulta evidente: el clima de violencia acabará por provocar un muerto.

Todo dependerá del lado en que caiga el primero. Si el muerto cae del lado ciudadano Cataluña se incendiará, alimentando así la gráfica, lo que conduciría a nuevos muertos. Si el muerto cae del lado de la policía, autonómica o no, el incendio será político porque todo el mundo sensato mirará al supremacista en demanda de explicaciones por su aliento a los cachorros del CDR para que corten vías, del tren y de las otras, y cerquen edificios significativos, sin sospechar, el muy insensato, que entre gritos de traidor lo iban a cercar a él mismo en el parlamento, del que salió fuertemente escoltado para impedir que lo agredieran los enfurecidos CDR, que han asumido firmemente la república interrupta del fugado Puchi y creían que en el mundo feliz republicano los mozos de escuadra no podían cargar contra ellos aunque sacaran los pies del plato. Los sacaron, los otros cargaron, y ahí quedará para la historia esa imagen de los mozos de colorines aguantando el chaparrón que Torra, como Sánchez, no supo ni pudo ni quiso impedir. Torra es suficientemente estúpido como para escupir al cielo y quedarse a ver qué pasa.

Desde los seis años he padecido la pesadilla etarra. Recuerdo con horror los llamados años de plomo, aquellos 80/90 en que ETA se empeñó en echar abajo la democracia que nos habíamos dado cuando Franco desocupó el poder y nosotros impedimos, a base de sensatez, que sus sucesores naturales lo siguieran ocupando. Franco se fue al Valle y los nuestros ocuparon las Cortes. Tarde, demasidado tarde, pero llegó. Y entonces vimos cómo crecía la gráfica violenta en el País Vasco alentada por un PNV traidor y oportunista que, en imagen clásica, alentó a que zarandearan el ´ñarbol para ir a recoger las nueces. Y allí ya habían roto el límite del asesinato, el secuestro y la extorsión; sólo era cuestión de tensar la cuerda para precipitar un golpe – agudizar las contradicciones, según la aborrecida retórica marxista – y romper de una vez por todas España. Pero aguantamos, como dicen que hacen los ingleses, que también tuvieron su IRA – los ingleses sonríen y aguantan – y al fin llegó el día en que ETA, vencida, humillada, encarcelada y, sobre todo, fracasada, se hizo a un lado a lamerse las heridas.

¿Hasta dónde llegarán los CDR animados por el pequinés malencarado y ladrador que el fugado maneja desde Waterloo? ¿Habrá o no habrá un muerto? Terra Lliure, hoy diluida entre los indepes, mató muy cruelmente, y si el archicorrupto Pujol los paró fue por no malograr el negocio del 3% generalizado. Torra, azuzado por su amo, n0 puede impedir nada porque para eso lo designó el dedo de nombrar del pelanas. Torra ocupa la presidencia pero a título de agitador, para que Puchi no caiga en el olvido hacia el que se dirige inevitablemente. Torra no gobierna, agita el fantoche de un presidente que no lo es, de una republiqueta de feria y de un futuro de oro que vive en sus sueños. Torra hundirá Cataluña en el caos antes que dar su brazo a torcer, porque a Puchi le basta con tirar de la cadena con que lo tiene sujeto y no hay más, que en faltando el aire todo el mudno cede.

Dos inútiles tenemos, uno en la Generalidad y otro en la Moncloa. Decía Churchill que las mierdas tenía que despacharlas de una en una, pero nunca se enfrentó a dos inútiles. Nosotros sabemos que hemos sobrevivido a varios inútiles en la Moncloa, pero de uno en uno. Lo del doble frente no lo habíamos probado. Veremos en qué queda la cosa.

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