¡Te torras!

Fue muy de ver cómo Torra, ese enano físico y mental, quedó eclipsado en la inauguración de los decepcionantes juegos de Tarragona, a donde acudió decidido a evidenciar su rabieta por no ser presidente de república y verse tratado como un mero presidente de autonomía, que es lo que es. Empeñado en presumir de mala educación, se sentó antes de que el Rey acabara de saludar a los ilustres asistentes, y allí se entretuvo con una botella de agua que no sabemos a ciencia cierta si al final acertó a abrir. La imagen que compuso, ahora ya para la eternidad gráfica, fue, en efecto, la del tonto de la familia al que se le da algo para que se entretenga y no moleste a las personas mayores.

Pues lejos de haber aprendido algo de la lección se ha ido el mozo a los Estados Unidos a sostener – cuando más lejos, más se crecen – que en breve Cataluña será un estado más dentro de la ONU, de Europa y, en lo que a él le importa, fuera de España. Y para ir haciendo camino abre embajada fallera, de las de cartón y colorines, como forma de relanzar el delirio que llevó al fugado a la fuga a la que llaman exilio. Y no contento aún con el ridículo historic y ese otro ridículo del que ha hablado Ponsatí, abandona el acto en cuanto el embajador de España empieza, en su papel, a desmentir lo de los presos políticos, y Torra, descuidando todo protocolo y asentando con furor la política de rabieta que amenaza con convertir en el signo distintivo de la Generalidad ante los ojos del mundo, se va sin más, en plan niñito que se niega a ver lo que no le gusta en la esperanza de que, no viéndolo él, deje de existir.

Torrent, otro que tal, ha echado el carro por las piedras dando lugar a que se vote algo que ya fue prohibido por el TC. Eso mismo a otros los llevó a la cárcel, que es peor destino que la fuga, y allí siguen, esperando que una insurrección catalana armada los saque de entre rejas y proclame de una maldita vez la república interrupta que se dejó a medio el prófugo. Así que los catalanes, los unos por los otros, acabaron votando un prusés 2.0 que, según Torra, debe cursar como un 1-O.2, pero esta vez sin Piolín – desguazado -, con las mismas urnas llenas de votos antes de abrirse el colegio y con datos “refinados” al franquista modo referendumdicio, aunque esperemos que sea sin aquella personaja de los dedos “rotos uno a uno” y las tetas tocadas sin especificar si fue también una a una, si se las tocaron a bulto o si le hicieron la faena limpiaparabrisas a que estamos acostumbrados los españoles al respecto y con la boca.

Hoy mismo le ha caído a Sánchez una reprimenda feroz a cuenta del no haber admitido, al mejor estilo Rajoy, que se hable sin condiciones de la independencia catalana, en el entendido de que el listón mínimo de los delirantes ha de ser un referéndum y el derecho a irse pero ya, y todo lo que no sea eso les parece un abuso. Intentar que entiendan que eso es imponer condiciones escapa no a nuestra capacidad de exposición sino a su muy limitada capacidad de comprensión de expresiones que están normalizadas en personas que hayan sido capaces de cursar primaria con cierto éxito; ya saben, “dentro fuera”, arriba a bajo” y pares de ideas similares con las que se forma a la gente menuda para que luego acierten a la hora de entrar por la puerta y no salir por las ventanas.

Las encuestas dicen que nos queda un año y pico de matraca procesual. Que es muy posible que las autonómicas las gane el PSC y que en las nacionales el PSOE no alcance mayoría ni acudiendo a Podemos, que se desinfla en la misma medida en que se le van conociendo los fondos y las formas. Así que otra vez a divertirnos con la cansina matraca, con el raca-raca que inventó Ibarreche y estos han resucitado del cementerio de ideas bufas desde donde nunca debió salir. ¿O estaba en el Valle de los Caídos?

 

 

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