Suprenazistas, premios y princesas

Tiene Gerona una extravagante tradición que consiste en besarle el culo a “la leona” como forma de asegurarse el regreso de un viaje. Es la mentada leona una escultura de animal, del siglo XII, que bien podría ser un león, una leona y hasta el más feo perro malencarado que se haya visto, según haya bebido más o menos quien se suba a los escalones allí dispuestos para el beso negro que los gerundenses tributan a la bicha.

Dicen ahora los gerundenses, hasta hace poco gobernados por el huido Pig de Mont,  encendidos partidarios de los golpistas del 1-O, que no pueden ceder un local para que en su ciudad se celebre la entrega de los Premios Princesa de Gerona. SM El Rey ha reaccionado, en nombre de la princesa heredera, echando mano de la profesionalidad hostelera de los hermano Roca, que no han tenido inconveniente alguno – al contrario – en organizar el acto, dando así primacía al negocio sobre la catalanidad, y ello para deshonra eterna de una población avasallada desde siempre por la escoria española.

Yo – que no soy ni Rey ni Princesa – habría ido más lejos. Un feo así a la monarquía se merece instaurar una de esas costumbres que nacen ancestrales: habría señalado cualquier otra ciudad española – se me ocurre Aranjuez, Segovia, Sevilla, Zaragoza… – y habría puesto la primera piedra de una ancestralidad que sólo se revertiría cuando los gerundenses solicitaran deshacer el despropósito en que consiste que los Premios Princesa de Gerona se entreguen en otra ciudad que no sea Gerona. Y no sólo habría puesto la piedra sino que hubiera puesto, subida a ella, una réplica exacta de la leona – la imaginería medieval resulta fácilmente reproducible – y una condición: los premios Princesa de Gerona sólo volverán a su sede natural cuando la corporación municipal en pleno vaya allá donde quede situada la réplica y le bese el culo con unción.

Bien sé que lo que propongo, actitud plebeya donde las haya, resulta inasumible por SM el Rey, pero la cosa tendría gracia y, sobre todo, aseguraría dos cosas: una, que probablemente los premios no volverían nunca a Gerona; y dos, que caso de volver, lo harían tras una imagen que ha de quedar para la eternidad: alcalde y concejales besándole el culo a un feísimo animal de piedra, lo que exigiría haber superado con mucho el delirio independentista en que vive una parte de la población.

La animadversión de un sector minoritario de la sociedad catalana hacia la Nación, el Estado y la Corona española es de sobra conocida. Pero es ese terreno en que el desdén con desdén se paga. A menos que la próxima vez cuenten con un ejército capaz de imponer su golpe de estado preveo una larga estancia de los catalanes dentro de España a todos los efectos, lo quieran o no Pig De Mont, Torra y sus conmilitones. Las bravatas se van enfriando. Más lo harán cuando el suprenazista Torra – que es más blanco, de mejor genética y, por tanto, superior a todos los españoles, Rey y Princesa incluidos – se definitivamente de bruces con la realidad que hoy tiene perdida, y más habrá de colear la leona que yo propongo antes de que se bajen del burro – o de la leona – cuantos hoy día se recrean en ofender tontamente a quien es el Jefe del Estado al que pertenecen.

No siendo yo persona de posibles sí cuento con ciertas habilidades que me permitirían, con ayuda de uno de mis hermanos y de algún amigo, ofrecer a SM el Rey la réplica de la leona que vengo glosando, de modo que la florentina venganza no costara ni un duro a las arcas públicas. De modo que:

Sepan Quantos la presente vieren y entendieren que el arriba firmante, profesor de provincias, en mi sano juyzio según creo, vengo por la presente a ofrecer a SM el Rey, y a su través a la actual Princesa de Gerona, sufragar a mi costa una réplica de la conocida leona gerundense a la que besan el culo los jocosos habitantes de la villa, para que sea dispuesta allá donde SM ordene con la finalidad antedicha de que puedan los gerundenses, contritos y arrepentidos del feo gesto que hoy sostienen, besar el culo a la bicha, regidor y municipes precedidos de maceros y pendón, para redimir sus culpas y hacer así que retorne a Gerona el acto solemne que nunca de allí debió salir, y si lo ha hecho es por las malfetrías en que se han dado gentes levantiscas que sólo oprobio habrán de dejar para la posteridad. Vale.

 

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