El abogado de Sánchez

El presidente neo está formando un gobierno que le está quedando más bonito que un San Luis. Alguna torpeza va apareciendo, desde un máster que no existe pero Sánchez se lo ha puesto en la solapa – Cifuentes, que ha hecho escuela – y las coces que la ministra Calvo le arrima al diccionario cada vez que, después de hablar con la gente en bragas, desde el cuarto de baño, ve su cuerpo serrano en el espejo y se viene arriba con las portavozas y otras cosillas, en fin, sin importancia.

Lo que sí importa, y mucho, es lo que le ha recomendado su abogado con máster – de verdad – en negociaciones. Le ha dicho: Mira, muchacho, lo que te pide Torra produce un efecto anclaje – Kahnemann y Tverski – en el desarrollo de las negociaciones: todo lo que le des por debajo de lo que pide justificará que se sienta agraviado, así que no tienes más remedio que ofrecerle lo mismo pero restando: la oferta debe ser que se queden como provincias de España, ni siquiera autonomía, para que el anclaje, en vez de situarse en la independencia, con o sin referendum, quede fijado en recuperar lo que ya tenían antes de que montaran el lío de mil demonios que montaron. Todo lo que no sea tratarlo así aumentará el agravio que de todas formas ya sienten, y saldrás perdiendo. Y no te preocupes si nada más oír tu oferta le da un infarto y acabamos la negociación en ese mismo momento y nos toca ir al tanatorio a consolar deudos y fingir pena. Tranquilo: el mismo riesgo corres tú de que te dé un ictus en cuanto intentes razonar con gente que tiene la mente nublada y encasquillada en aquella idea  que producía tanta angustia a Junqueras – ser español, todavía, qué horror – y míralo qué bien lleva ahora lo de ser español y haberse mudado a Madrid, a regañadientes pero también a Madrid, estar mantenido por el Estado… ¿Ves como le está cambiando el metabolismo y ya no habla de unilateralidad sino de ensanchar la base social de la secesión? Pues ya te digo, guaperas: ofrécele que Cataluña vuelva a ser provincia, nada de Generalidad, los presos condenados lo antes posible y a seguir cumpliendo pena, y los que se dicen exiliados que por aquí no pisen que los detengo y se van a prisión como haber Dios en los cielos.

¿Y eso no se podría hacer de otra manera? preguntó Sánchez.

Si, claro, dijo el abogado. Acabada la frase anterior, que te ha de salir de carrerilla y mirándolo a los ojos, das un puñetado en la mesa y le espetas: ¿Me has entendido, capullo? Eso dejará claras tus intenciones y el ancla habrá bajado hasta, más o menos, la mitad de la chulería de tu oponente.

Sánchez seguía sin verlo claro. Dudaba, y soltó: ¿Y si en vez de Torra viene Rufián, que ese es más chulo que un ocho? El abogado estaba al borde de la desesperación.

¿Rufián? A ese se lo merienda hasta uno del PP con la que les está cayendo. ¿No viste que fue mentarle sus 18 meses prometidos, y ni uno más, y con eso bastó para echarlo de las Cortes? ¿Pues qué más quieres? Cuando veas que aparezca pides a voces que traigan a un capellán castrense de la Guardia Real para que exorcice a un fantasma que ha dejado Rajoy en los armarios, y Rufián, que tiene pinta de supersticioso, sale espantado por temor a que tu verdadera intención sea echarle mal de ojo. Bueno, por cierto, y si pudiera ser se lo echas, que nunca está de más.

Y no quieran que les cuente más. El abogado está ahora en la UCI. Le han entrado las siete cosas. Sánchez dudando con una calavera en la mano y el capellán de la Guardia Real está dirigiendo unos ejercicios espirituales para los más desconsolados del PP.

Menos mal que nos quedan Borrell y Pedro Duque.

Artículos

Comentarios cerrados.