El impasible confuso y el sabio Confucio

Rajoy, él sabrá con qué aliña los puros que se fuma, confundió haber caído en el chantaje del PNV con la imposibilidad de que Sánchez se cobrara la venganza capándole el hurón a mala leche. Y también se confundió de enemigo y dio en luchar contra la relajada intendencia evitando la infantería, la artillería y los carros, que es más manera de huir que de llevar el ejército a la victoria. Rivera no era el enemigo a abatir: apenas unos grados, si no son minutos o segundos, separan a PP y C´s en el espectro ideológico de la derecha conservadora, pero Rajoy, enzarzado en su particular lucha partidista – que nos quiso vender como lucha por España, confundiendo molinos y gigantes – no acertó a ver que la única salida medio honrosa tras la vergüenza de Cifuentes, Gürtel, Zaplana, Matas, Barberá y Camps, entre otros, consistía en disolver las Cortes y convocar elecciones para que los titulares de la soberanía decidiéramos cómo salir de la situación y quién debía dirigirnos en el éxodo al que, tontamente, nos han arrastrado.

La alternativa ni la supo ni la quiso ver una vez comprado el voto del siempre traidor PNV: había una suma posible si se aliaba Sánchez con Podemos y ambos con la morralla, incluida la peor morralla vasca y catalana, que al final ha acabado echando a Rajoy. ¿No le pasó lo mismo a Mas, al que decapitó la insignificante CUP? Tenía donde mirarse, además de en Judith y Holofernes, pero lo paralizaba el miedo a que Rivera le echara la pata por alto, dejó de contar las fichas sobre el tablero y no advirtió que le venía un cierre de doce que le haría perder la partida con ignominia, a manos de un tipo que del dominó apenas sabe que el uno es un pito, la blanca papel y el seis doble es, ad libitum, camión de bomberos o cajón de cerveza, y eso además de la mochila con que carga: un panorama judicial aterrador en el cortijo de Susana, que ya se encargarán los demás de restregarle por las narices en cuanto se produzca. Si por corrupción de los suyos salió Rajoy ¿qué impedirá que los mismos conjurados – más el rabioso PP – echen abajo a Sánchez una vez comprueben que está tan atado por la Constitución como lo estaba Rajoy y tan ligado a la corrupción como este último?

Si Rajoy hubiera disuelto y convocado elecciones los suyos le habrían perdonado la sucesión de desastres. No es sólo propio de la derechona sino mal que aqueja a todo el espectro político sin excepción: los míos, con razón y sin ella. Mucho más le perdonan los catalanes a los suyos, que suman tres delincuentes sucesivos en la presidencia más uno propuesto y fallido porque ya estaba en la cárcel, pese a lo cual acabaron por elevar a categoría de honorable a un tipo insignificante situado más cerca de los jerarcas nazis y de su podrida ideología que de la derechona meapilas en la que milita, bien que bajo coartada independentista que borra el pecado original de ser conservador en estos tiempos. ¿O es que el eclipsante Puigdemont tiene otra coartada que no sea el independentismo para tapar la vergüenza de sus delitos y de su progenie pujolesca del 3%? ¿Y ERC y la CUP, que igualmente sabían y callaban?

Convencido de que actuaba por España ha conseguido hundir a su partido, entronizar en plan Colau a un tipo con 84 votos pelados, hacer creer a vascos y catalanes que la puerta de la secesión está expedita y propiciar que unos perfectos indeseables como la muchachada propistolera de Bildu haya terminado siendo determinantes para el futuro de España. Y la confusión parece ser contagiosa, si no endémica, pues el propio Sánchez se desdijo, aún caliente el difunto Rajoy, de su propósito/promesa electoral, y empezó a aventurar dos años de legislatura maldita que, como Lázaro, ya hiede.

Nada más propio del sistema democrático que nos dimos que apelar a la voluntad popular, pero Sánchez – y Podemos, y el PNV… – temen a las elecciones más que a un nublado. Dado que Sánchez viene de perder dos elecciones y de conducir al psoe a sus peores resultados históricos, basta mentar urnas y votos para que se le descomponga el estómago, el intestino y el semblante. En eso se parece Sánchez a Maduro, qué ironía, siendo Sánchez guapito de cara y Maduro un patán irremediable desde el aspecto a los hechos.

Todo esto se pudo evitar con un mínimo de cultura clásica, concretamente la ancestral sabiduría de Confucio: “el hombre sabio jamás se decepciona porque ha considerado todas las posibilidades de la acción.” Pero también ahí erró Rajoy: entendió “confuso” cuando se le susurraba Confucio y aquí estamos, mientras él anda de restaurantes caros y sobremesas largas. Genio y figura.

Seguimos sin saber con qué condimenta los puros que se fuma, pero algo les pone, sin duda, o no andaría tan lejos de los hábitos propios de un registrador como mandan los cánones.

CODA.- Y mañana, presupuestos y lo del el cuponazo. Días de cervezas y radio, como cuando el mequetrefe superlativo se moría cagando melenas.

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