El Le Pen español y alguno más

Fue muy sutil el mamarracho Torra cuando se le afeó el innegable contenido racista de su producción que algunos – y él mismo – quisieran literaria, al menos en la línea en que lo fue Goebbels. Resultó muy sutil cuando, tras borrar los vergonzosos comentarios de los que ha de responder a título de autor, no hizo esfuerzo alguno por disculparse y, al contrario, volcó sobre el lector la posible maldad de sus babas intelectuales: mis disculpas “si alguien se ha sentido ofendido”. No se trataba de que su producción resultara ofensiva para los españoles – “bestias carroñeras, víboras, hienas con una tara en el ADN” -; se trataba de que alguien se pudiera haber ofendido debido a un exceso de sensibilidad.

Sánchez lo ha calificado acertadamente como “el Le Pen español”, en un rasgo de haber empezado a entender que la deriva de sus obras completas – “No”- lo llevaban a él y al PSOE al pozo de la insignificancia, en estos tiempos en que tantos seguimos esperando que se nos dé una sola razón para votar socialista. Pero le faltó a Sánchez el acierto de rematar la faena con otra comparación que está servida en bandeja: no sólo es el Le Pen español sino el Trump europeo, que se pasa la vida yéndose alegremente de putas carísimas y cuando se ve venir lo que ni él esperaba – la presidencia USA -, siendo imposible borrar a las putas intentó taparles la boca a base de pasta, que es de lo que él sí entiende. Torra es Le Pen y es Trump, con la sola diferencia de que no tiene tanta pasta como para tapar la boca a quienes le han deparado el chaparrón que no cesa de recriminaciones que, en un país serio, lo habrían llevado a dimitir, sobre todo después de los rayos y truenos que le han venido del corazón de la Europa más seria.

No lo hará, claro. No resulta esperable un rasgo de decencia en quien presume de no ser decente en lo que a intelectualidad respecta, como no obtendremos del impresentable Iglesias algo que se parezca a una disculpa no por haberse comprado un chaletazo, que es muy libre, sino por la prédica anti chaletazo que se permitió en el programa de Ana Rosa en que puso muy en duda que quien viviera en una de esas privilegiadas dachas pudiera administrar asuntos públicos. Lo habrán visto en  wasap, por donde circula la peor producción de ese patio de vecinas deslenguadas que son las redes sociales. Si no se hubiera significado – ese líder del propietariado, como lo califica mi amigo JA Martínez Abarca – entonces no padecería este otro chaparrón que le han montado. Y repito, no es el chalet sino la prédica lo que sobraba y sobra.

Creíamos que en materia de ética personal Groucho Marx había resuelto la cuestión: ya saben, el famoso “tengo otros”. Lo que no podíamos esperar es que surgieran estos Torra, Le Pen, Trump e Iglesias que no es que tengan otros sino que no tienen ninguno, de modo que su frase completa es más facilona y más vulgar: si no le gustan mis principios, jódase, porque ni tengo principios ni tengo por qué tenerlos. Al uno le basta con sus excrementos pseudo intelectuales (Torra), al otro con sus putas (Trump), a Le Pen con sus odios y a Iglesias con ese vacío cursi en que se ha enquistado desde que le hizo un bombo a la inclasificable Ipunto Montero y, puesto a ser San José optó por ser Herodes.

Un rabino a las puertas de Auschwitz, obligado a desnudarse, se mantuvo en pie y se negó a hacerlo. Cuando ya los demás iban camino de la cámara de gas el oficial, a solas con el rabino, sacó la pistola y le disparó en la sien. Aquel rabino murió por sus principios. Luego Dietrich Bonhoeffer, pastor protestante, también en Auschwitz, se ofreció voluntario para sustituir a un padre de hijos pequeños al que no conocía de nada. Los racistas asesinos – Torra y Le Pen ya apuntan maneras- lo llevaron al Bloque 11 y lo dejaron morir de inanición. También murió por sus principios. Y esos son los hombes que ahora se echan en falta, no los que nos ofrece esta maldita sociedad en que hemos desembocado, llena de de racismo, putas, chaletazos y desvergüenza. Por más que, bien pensado, lo que menos me inquieta son las putas: porque son opcionales, los otros no.

Artículos

1 comentario


  1. riga

    ¿A que se debe tanto odio?