Fiscalía de máximos

Puchifugas lo tiene claro: quiere elecciones, las pierda o las gane, para impedir que se aprueben los presupuestos y mantener tensa la cuerda que ató y estiró en el parlamento de Cataluña, con la que un día pensó en colgarse: tras los  tweets de Comín: traición, vendidos por los nuestros… Pero acabó rehaciéndose para negar el “ridicul historic” en que se veía y ahora no la suelta porque debajo está el vacío, el ridículo y la papelera de la historia.

A esto hemos llegado después de los días 26 y 27 de septiembre de 2017, cuando ni el PSOE del Dr. No ni Cs estaban dispuestos a apoyar al gobierno en la aplicación del art. 155. Rajoy andaba dándole vueltas al puro en la esperanza de que el asunto se descompusiera por sí mismo sin necesidad de acción política. Los resultados han sido nefastos: el Dr. No acabó apoyando un 155 tardío mientras Cs ganaba las elecciones catalanas rodeado del descalabro de Iceta y la hecatombe del PP que, si hubieran sabido jugar sus cartas, habrían propiciado una mayoría constitucionalistas y hace tiempo que   disfrutaríamos de tiempos de paz con unos indepes en retirada. Pero nada se hizo y estamos donde estamos gracias a la cuchifleta referendaria del 1-O, que pudo ser un uno a cero y no lo fue por mandangas que fueron los bomberos llamados a apagar el incendio cuando era poco más que una hoguera.

A todo esto Rajoy descubrió la martingala: hagan los jueces lo que yo ni sé ni quiero, y encendió la mecha de un Fiscal General que se fue a morir a Argentina después de haber retrasado todo un fin de semana la que hubiera sido la jugada maestra: lanzar en sábado una querella de mínimos e impedir que el por entonces Puchi ascendiera a la condición de Puchifugas, y contentarse de primeras con una acusación por el art. 506 del Código penal, que pena con prisión de uno a tres años, multa de seis a doce meses e inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis a doce años a quienes participaron en el dictado de las leyes de desconexión y de transitoriedad para las que carecían de atribuciones y eran, a la vez, prevaricadoras. El texto de las leyes aprobadas y la relación de votantes habría bastado para un proceso que, llevado por un juez listo, habría enviado a prisión – o no – a los indepes pero, lo más importante, los habría inhabilitado en apenas tres meses. Y eso si al hilo de la investigación no hubieran caído también los conjurados para poner fin a la Constitución española.

Pero optaron por una acusación de máximos, tan cara a la Fiscalía que sufrimos, y ahí están los resultados. Salvo los presos, el resto está envalentonado con las hazañas de Puchifugas, un Frankestein político hecho con retazos de Robin Hood, Guillermo Tell, Juana de Arco y el Lute sobre andamiaje de un cateto de Gerona, heredero del enano corrupto – Tarradellas lo dijo – y sucesor del ya condenado Mas.

Rajoy se ha convertido en el principal obstáculo para la salida necesaria de esta crisis que, tras hartarnos, amenaza con destruir cuanto hemos avanzado en los últimos siglos. Y el impasible sigue agarrado a una vergonzosa defensa de la hundida Cifuentes so pretexto – real como la vida misma – de que en todos los partidos hay quienes han mentido bellacamente respecto de su titulación. Entonces ¿la corrupción del PSOE y Podemos debe ocultar la del PP? ¿El indecente 3% de Convergencia justifica las mordidas que conocemos?

Teme Rajoy perder frente a Rivera si disuelve y convoca elecciones. Nos, el pueblo soberano, no tenemos miedo alguno. El PP al desierto, como en su día se fue el PSOE, y que gobierne quien gane y esté dispuesto a gobernar. Las encuestas dicen que sería Rivera. Pues sea. Si sobrevivió en Cataluña rodeado de enemigos más ha de sobrevivir apoyado por quienes aún creen en la Constitución y en España misma. Pero de aquí hay que salir y no todo depende de Puchifugas.

 

 

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