Cuatro gatos puño en alto…

… y los mozos repartiendo leña por orden de la autoridad. Catalana, por su puesto. Con sus heridos y todo, pero de eso no se habla porque hay cosas más importantes como es señalar a los traidores que han vendido la república catalana a cambio de no ir a prisión. Unos cobardes y no como el valiente presidente legítimo, que se acogió a Bruselas por verse tratado con garantías. O los valientes de la CUP – más aseaditos que la Gabriel y sus ogresas – que, no teniendo responsabilidad alguna, azuzan a los demás para que acaben en prisión acompañando al pobre Junqueras, que va a empalmar la preventiva con el cumplimiento y se le va a hacer la cosa larga que la cosa del negro del wasap.

Hay que ver cómo ha cambiado el cuento. Los enchulados indepes, que pensaban hacer historia y poner en su sitio a la  España franquista, andan ahora llamando cobarde a Torrent – eso los más tibios – y viéndose venir lo que ERC ansiaba desde el primer momento: proponer a un candidato propio y dejar hablando solos a los del PDeCat, y al Puchi mucho peor: hablando solo en mitad de Bruselas y con perspectiva de estar allí un mínimo de 20 años antes de volver a pisar las hojas muertas de su añorada Gerona.

Y no será que no se lo advertimos en todos los idiomas imaginables y desde todas las “sensibilidades”. Pero ellos siguieron ciegos ante lo evidente y, peor, ciegos ante su propia ceguera. Pero se ha terminado. Lo de los mensajes a Toni Comín, que el propio Comín ha confirmado (tontamente) mientras los fieles devotos intentaban descafeinar la ruina alegando que los mensajes se habían sacado de contexto, pone bien a las claras que el asunto se ha acabado. Sí, ya sabemos que Puchi parece humano – él asegura que lo es -, que puede tener dudas y hasta puede que le huela el aliento y tenga flatulencia natural; lo que sí sabemos todos es que él ya se sabe políticamente muerto y que el futuro consiste en seguir en Bélgica, siempre que Bélgica siga existiendo, o volver para ser un presidiario más, un tipo que alega como coartada unas urnas que se fabricaron rellenas de votos mentirosos en un prodigio de anticipación a falta sólo de refinar, de darle el toque último a unas cifras falsas como la Donación de Constantino.

Teníamos razón los que anticipamos que no vendría un día de liberación en que cayera la Constitución española y sus instituciones. Que no íbamos a ver una república catalana independiente y miembro de pleno derecho en la UE. Que Cataluña no era esa nación ninguneada por nadie si no es por los delirantes artífices del proceso maldito que, al final, ha de arramblar con todos ellos.

Si fueran devotos mafiosos esto se simplificaría mucho porque ya andarían matándose de muy mala manera, pero no dan ni para eso. Sólo les queda Rufián, que se despierta y ve que los 70 indepes siguen ahí, dispuestos a amargarnos la vida unas semanas más pero sin esperanza de recorrido alguno. Y menos para los tres compañeros de fuga que han renunciado a su casa, su familia, su trabajo y su acta. ¿Pueden esperar que los del PDeCat que no han sido ni para pagarle la multa al más que chulo Mas, los mantengan 20 años en Bruselas?

Patético. Es el final patético que cabía esperar.

 

 

 

 

 

 

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