¿Por qué le pagan a los abogados?

Pues a los abogados nos pagan por pensar cuando los demás dejan de pensar, según aprendí de una película de Tom Cruise (The firm, aquí traducida como La tapadera); ya saben, aquél abogado gordo y bajito con cara de permanente mala leche, el que se encargaba de conseguir fotos comprometidas que ponían al retratado en manos de la firma a la hora de cometer delitos sin posible oposición.

Pues, por lo visto, van llegando al Supremo magistrados que han aprendido de los abogados a pensar cuando los demás no piensan, porque el golpe del magistrado Llarena ha sido, dicho sea sin que sirva de precedente, maestro. Y lo que pensó fue que resultaba muy raro que un forajido fuera a salir del espacio seguro en que se refugió huyendo de sus graves delitos, y lo anunciara a bombo y platillo. No, no era una conducta normal y había que seguir pensando. ¿Cuáles eran las consecuencias no evidentes de la posible detención del huido? ¡Bingo! Al haber un supuesto de imposibilidad legal habría podido ser investido en ausencia, y eso formaba parte de la zorruna astucia catalana que Mas se hartó de predicar y ahora está pagando bien cara con una muerte civil que le ha borrado la sonrisa.

De modo que continúa el sainete. El poco recorrido del delincuente Puchifrites – apenas una semana – pasa por un regreso que ya se imagina a lo James Bond pero en términos cutres: desde el maletero de un coche hasta un ultraligero en vuelo bajo y por ello fuera de los radares; una maniobra de distracción – un doble sería perfecto -, la peluca de Carrillo… y de pronto nos encontramos con un delincuente de proximidad, acogido al sagrado del parlamento catalán como el patético Assange de “Pancho Sánchez” lo está en la sacrosanta inviolabilidad de la embajada del Ecuador en Londres. El tipo se acomoda en el palacio y a disfrutar de la hospitalidad de los suyos, incluidos los vis à vis de la señora Topor. Y desde ahí a seguir soltando bilis contra España y cuanto suene a español.

Habiendo, como hay, muchos menos ministros que abogados en España, está claro que a los ministros le pagamos por pensar permanentemente en plan lucecita del Pardo, así que ya se las puede ingeniar el responsable de Interior para que no se le cuele el Puchifrites y demos lugar a una nueva bufonada. Ya que no hubo arrestos para parar el 9N, el 6 y 7 de septiembre y el 1-O, que los haya por lo menos para ofrecer al pueblo soberano la satisfacción de ver al huido apresado, conducido, interrogado y preso, y a comer rancho flatulento hasta el día del juicio, que no necesariamente ha de ser el Juicio Final y, a partir de ahí, a cumplir la pena que le sea impuesta. Y ponemos fin al despropósito porque si lo seguimos tolerando vamos a quedar peor, mucho peor que Cagancho en Almagro.

Ya deberían estar pinchados todos los teléfonos de Cataluña con pocas excepciones. Ya deberían nuestros espías estar haciendo semanas extra allí donde sea preciso hacerlas. El caso es que no se cuele ese miserable y enrede aún más las cosas, porque está claro que los indepes, esa tribu del diablo siguen buscando provocar un Maidán catalán que lo vuelva todo ingobernable y nos lleve a pérdidas peores que las ya sufridas.

PS: algo sí se ha resuelto por fin esta semana. A CR hay que ponerle de sueldo el que tenga el capitán del Leganés.

 

 

 

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1 comentario


  1. Carlos

    Realmente no era abogado era jefe de seguridad y no decía “me pagan para pensar”, decía, “me pagan para sospechar”