Venir a carril

Van viniendo a carril. Se van reconduciendo y en el clima general de hundimiento del delirio independentista Germà Bel, exdiputado de JxSí, con esa inteligencia superior que da el gen catalán, acaba de inventar el pan tostao: “un Estado es un entramado de instituciones que impone leyes sobre unas personas en un territorio haciendo uso de la fuerza, si es necesario”. Pobrecillos. Los acostumbró TV3 y la radio carlista  a pensar que España no existía y cuando decían “Estado español” entendían Madrid y cercanías pero no un Estado como Dios manda. Pasaron por alto leer el preámbulo del Código penal que habla precisamente del uso de la fuerza. Soñaron a gastos pagados y de pronto se despertaron meados, caídos de la cama y de bruces con la Nación y con el Estado. Desde entonces están en shock porque eso no venía en su manual del perfecto indepe.

En su momento se plantearon si ejército sí, ejército no, y triunfó el impulso angelical de la señora ColaColau: ¿Ejército? De eso ni hablar. Y bolardos tampoco, que limitan la libertad. Tampoco tuvieron en cuenta que primar al inmigrante yihadista sobre cualquier otro porque estos entienden mejor el catalanismo y vaya que si lo entendieron. Pero eso, tan políticamente incorrecto, ColaColau tampoco se lo dejaba pensar: que somos catalanes, no españoles.Y, claro, se unió el yihadismo y la falta de bolardos y les vino encima el atentado que resolvió tan gallardamente Trapero – el traicionado después de ser traidor él – impidiendo que verdaderos profesionales y no meros aficionados determinaran si la explosión de la tarde anterior respondía a algo de más calado. Y al día siguiente…

Ahora se dan cuenta de que necesitan un ejército para imponerse a España “si es necesario, con el uso de la fuerza y, en cualquier caso, evitando que nadie más la use”. Dos partes de la misma cosa: tener fuerza que actúe para impedir que actúe otra, de modo que a implantar la mili obligatoria, un gasto incamuflable en armas de tierra, mar y aire y a continuar la guerra donde los carlistas la dejaron, que esto no puede fallar.

Y otro carril al que han vuelto: “una mayoría democrática no es suficiente para imponer un Estado”, esulta indispensable “controlar el territorio sobre el que imponer las leyes”. Eso es justamente lo que les faltó: mayoría y fuerza armada. Con eso se hubiera impuesto la república y los exconsejeros presidiarios no andarían mendigando libertades a cambio de haber consentido la imposición del art. 155 que, como la horca, se impone por la fuerza quiera el ajusticiado o no. Mérito alegado: me ahorcaron y no rechisté.

Y para colmo se les va la agencia del medicamento que sin prusés estaba cantada. La estrella del futuro esplendente que les traía el presidiario Junqueras. La culpa es clara: España no ofrece garantías, ataca a los ciudadanos… Por eso se fueron antes más de dos mil empresas, porque estaban los consejos de administración hartos de chichones ocasionados por la pandilla de Piolín. La inseguridad jurídica, los tumultos, las agresiones a turistas… nada tuvieron que ver. Y el vergonzoso espectáculo para la historia que sigue dando el Puchi tampoco.

Lo primero que va a tener que hacer el nuevo gobierno – que amenaza con dar una sorpresa de las gordas – será enseñar a pensar a una parte importante de los catalanes, empezando con reponer a Epi y Blas. Cosas sencillas, hábitos de pensamiento ajustado que empiezan por interpretar los hechos tal como vienen dados. Que lo que piensa la CUP y la camarilla de Mas sólo es apto para consumo interno. Que antes que ellos hubo otros que pensaron que sus enemigos eran infrahumanos: Hitler lo pensaba de los judíos y de los rusos; los británicos lo pensaron de los indios; algunos blancos lo siguen pensando de los negros y algunos catalanes lo piensan de los españoles. Sin embargo vivimos en un mundo donde judíos, rusos, negros y españoles abundan, mientras que de Hitler, del KKK y del Imperio Británico cada vez queda menos, menos que va a quedar después del Brexit, y de los indepes vermos después del 21D.

Un tonto con iniciativa es de lo más peligroso, así que atentos al desarrollo de las ideas que se le han revelado al sr. Bel,  aunque no haya nada que temer de ese temible pueblo catalán al que subestimamos: no habrá violencia porque a ColaColau no le sale de su ser  angélico y antibolárdico.

 

 

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