¡Yoooooooo… quiero ser catalán!

Por muchas y muy variadas razones.

Primero por la genética. Ya saben, los españoles son esos seres canijos y medio anormales que han tenido la mala suerte de no nacer en la esquina superior derecha de la península, y tienen por eso los genes depauperados. De hecho, dicen los más sabios catalanes que nos parecemos a los portugueses y no a los franceses, que es a quien se parecen ellos. De ahí el parecido entre el robusto Junqueras y Alain Delon: porque son los dos afrancesados. Y por eso también hay quien dice que el catalán es francés mal hablado, como si lo hablara un cateto, pero es francés al fin y al cabo, con el caché que da eso, oh la la. Así que, por cuestión de genes, yo quiero ser catalán. Y me da igual que Charlie Hebdo diga que los catalanes son más gilipollas que los corsos. Me da exactamente igual. ¿¡Qué sabrán esos mestizos degenerados de Charlie Hebdo!?

También quiero ser catalán, y algo tiene que ver con los genes, porque a los catalanes sus padres les montan chiringuitos financieros en Andorra y en Suiza que basta meter unos pocos millones y al poco han parido millones como paren conejos las conejas: como conejas. Trías no es el primero. Acuérdense del pobrecito Pujol, aquel que fuera honorable y luego dejó de serlo por no sé qué tontería que le descubrieron en Andorra. ¿Y qué era al final? Pues que el abuelo Florenci le había dejado allí unas perruchas por si lo detenían los malvados españoles – sí, sí, los mismos que tienen detenido al pobre Junqueras y a la parte de su cuadrilla que no tuvo tiempo de huir -, y estuvo el pobre Jordi – sí, como los Jordis que también han detenido los malvados españoles – treinta años atribulado sin saber qué hacer, si decírselo o no al sr. Montoro, y para cuando estaba a punto de hacerlo se le adelantaron los malvados españoles y se descubrió un pastelón tremendo: ¿pues no que en la banca andorrana le decían a él el abad y a su Marta la abadesa? Y al hijo “riquet” también lo tienen en la trena los malvados españoles. ¿Ven por qué más que ser catalán lo que yo quiero es no ser tan español como soy? Porque es una pura vergüenza pertenecer a un pueblo de genes disminuidos, abusones de patio, recaudadores sin corazón, carceleros y no sé qué más decir de esa gente canalla.

Y tiene el asunto más ventajas, especialmente la de negar con fundamento y pasar por virtual lo que era una sedición o ser el dinero negro más negro que los argamandijos de un grillo. Ya lo dijo Pujol: que no, que no tengo pasta en Andorra. Y cuando Montoro le enseñó la pasta se acordó de que aquello era cosa del abuelo Florenci. ¿No le ha pasado lo mismo al pobre Trías? Primero negó y luego se fue acordando, poco a poco, de que sí, cojons, que sí que tenía su familia montado un “trust” en Suiza. Porque los catalanes es que tienen esas cosas: que cuando se les aprieta acaban hablando en inglés y sólo los entiende Trump, porque ellos son una unidad de destino en lo universal (¿O eso lo dijo un maldito español de España?). ¿Qué es un trust? Pues un trust es un fondo lleno de perras como el del abuelo Florenci. Los catalanes es que son tradicionalistas a tope: a los nenes hay que montarles un trust por si los detienen los malvados españoles, así que la culpa es de ellos, por abusones. Y mueren negando, fieles como son a sus principios.

Porque esa es otra. Tienen los catalanes un cajón lleno de principios y van sacando unos u otros según le ven las credenciales al macho. Por ejemplo, Forcadell, otra que han detenido los malvados españoles. Cuando mandaba en ese parlamentito que parece media plaza de toros, bien que se hartó de darle vivas a la república catalana, pero cuando se vio en trance de irse a prisión por culpa de los españoles, se fue de vareta y renegó con garbo y se acogió a las cosas simbólicas, virtuales, tonterías que se dicen y se votan sin darle más importancia. ¿Yo republicana? Vamos hombre: yo soy catañana -tiene cruce de catalán y gañán – de pura cepa. Y monárquica, oiga, que nos lo dejó dicho el abuelo Florenci del Jordi. Se le hará duro explicar a sus socios en prisión por qué ha renunciado a satanás, a sus pompas y a sus obras por no ir  a hacerles compañía, pero eso entre catalanes se entiende una vez que lo hablan en inglés.

Así que, señoras, señores: ¡Yooooooo… quiero ser catalán! ¡Catalán de España!

 

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