Delincuencia común

 Circula insistentemente el asunto de los 33.000 millones de euros destinados a un paraíso fiscal – hay dos versiones: Suiza o Andorra – con que piensan financiar la independencia estos mentecatos, los del jaleo tremendo a que han conducido a España con sus delirios, ellos que vienen de la derechona más cutre, tanto que tuvo que echarse en brazos de anarquistas adobados de postmarxismo para tapar sus 33.000 millones de vergüenzas y no dejar que saliera a la luz la infinita corrupción en que ha consistido su gobierno desde Pujol hasta hoy. Es decir, que estamos en tiempos de coge el dinero y corre, que es en lo que acaban las revoluciones violentas, porque las ingenuas, las de guante de seda, a esas se las come el sistema en apenas un bostezo desganado.

En el lote se quieren adjudicar 72.000 millones de deuda que no piensan pagar – Cataluña nos roba – y también los bienes inmuebles de España en Cataluña. Delegaciones del Gobierno, sedes administrativas, puertos, aeropuertos… Y no es lo que más nos debe preocupar: ¿Se imaginan el estado de ánimo de los 800 jueces destinados en la comunidad rebelde? ¿Y los fiscales, cuyos hijos van al colegio sabiendo sus compañeros lo que son y hacen sus padres, que no es otra cosa que esforzarse por implantar el imperio de la ley? Y qué decir de guardias civiles y agentes del Cuerpo Nacional de Policía, que ya están viviendo lo que vimos en el País Vasco cuando otros antisistema y muchos silentes apoyaban a ETA: no tender la ropa de faena para que nadie sepa en qué trabaja el padre o la madre, policías camuflados con pasamontañas, disfrazándose cuando la agravante de disfraz se creó para delincuentes.

Pues no: ahora los delincuentes han tomado el poder en Cataluña y han decidido que se van a jugar lo suyo y lo nuestro a una sola carta, que es la carta de la CUP.

Estamos ya muy lejos del art. 155 CE. Estamos en la pantalla siguiente, que ha derivado dramáticamente hacia el uso de la fuerza cuyo monopolio ostenta el Estado, y no parece que Mariano Rajoy sea el hombre adecuado para tirar de recursos de Estado, él que no fue capaz de usar los  que debió aplicar los días 6 y 7 de septiembre en vez de fiarse de traidores consumados y, el día 1 de octubre, del traidor de Trapero y de sus jefezuelos.

Se han caído todas las caretas. Que Iglesias no era de fiar lo sabíamos todos; lo que no podíamos imaginar es que el Dr. No, que atiende por Sánchez, iba a aprovechar el momento para hacer campaña electoral cuando lo que está en cuestión es si habrá Estado en unos días o si el Estado que quede se parecerá al que creíamos tener.

La balcanización está en el horizonte de la frontera sur de Europa y Europa va cayendo por fin en que aquí nos estamos jugando el futuro mismo de la UE, no sólo la integridad de España. Que si blandeamos con esta forma de delincuencia organizada brotarán como setas otoñales territorios y gentes que impongan la independencia con la mira puesta en la pasta, siempre la pasta. Media Italia en manos de la mafia. Bélgica partida en dos. Alemania de regreso al siglo XIX junto con otros países que se consolidaron cuando tuvo su efervescencia el delirio romántico de la Nación y sus caprichos.

Mientras escribo escucho que el presidente rebelde ha anticipado en la BBC que va a declarar la independencia. Pues caídas ya todas las caretas, estemos atentos a las equidistancias porque no estamos para aventuras revolucionarias. Si el Dr. No se empeña en hacer campaña harán bien los suyos en defenestrarlo definitivamente. Si no lo hacen, esperemos que Susana Díaz se atreva a sumar sus votos a favor de la Constitución y partir el PSOE antes que permitir que se parta España. Si Iceta insiste en sus devaneos plurinacionales de muñeca quebrada, otro que tal: y van tres psoes distintos en un solo ser verdadero. Da la impresión de que sólo Rivera tiene las cosas suficientemente claras y quizás se deba a que lleva décadas sobreviviendo en territorio hostil, ahora ya de forma declarada y sin tapujos: hay una parte importante de catalanes que no nos quieren porque somos españoles y hablamos español, porque reivindicamos nuestra historia con sus luces y sus sombras. Porque España nos importa y no entendemos que para ser catalanes haya que extinguir a los españoles y convertirnos en castellanos, con lo mal que pronunciamos el castellano por el sur.

Así que a unos les toca actuar y a los demás nos toca tomar nota, porque votar, lo que se dice de forma legal y organizada, es algo que tenemos a la vuelta de la esquina. Aunque primero habrá que reimplantar la ley allí donde los delincuentes la han subvertido y enviar a los delincuentes allí donde los delincuentes deben estar: en prisión.

 

 

 

 

 

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