Neo escolástica catalana

La última contribución ha venido de Madrid, para mucho más inri independentista, y ha salido de la podrida mente de Carmena: no es que el referéndum sea ilegal sino que lo han suspendido. Siendo, como fue, jueza, parece mentira el desvarío: este señor no cometió ilegalidad alguna, lo que pasa es que un juez lo ha enviado a prisión. Troceando el argumento – cometió un delito, lo juzgaron, lo condenaron y por eso está en prisión – se revienta el silogismo y al cabo no se sabe si el referendum es legal o ilegal, limitando nuestro conocimiento al hecho de que está suspendido. El asunto es de calado: si no queremos saber por qué está suspendido podemos culpar a Rajoy y a los jueces del TC de una arbitrariedad manifiesta. Y a eso nos acostumbró ETA y una parte significativa de la población vasca, esa misma que empalmó la sumisión a la dictadura de Franco con de la de los divertidos chicos de la banda: no lo han matado sino que ha fallecido (por cierto, busquen la etimología de fallecido y encontrarán un precedente romano de lo políticamente correcto).

El gran Russell, Mr. Bertrand, definió a los escolásticos de la única forma que merecen: maldiciéndolos con una mera descripción que suena a diagnóstico mental, pues la escolástica no fue sino una patología mental que atenazó a la ciencia durante demasiados siglos como para que no haya rebrotes como los que ahora nos ocupan. La escolástica, dijo D. Bertrand, se caracteriza por un horror enfermizo ante los hechos y una preferencia absoluta por lo meramente terminológico; no importa lo que una cosa “es” sino las palabras con que pensamos y definimos dicha cosa, al margen de que los hechos contradigan a las palabras, pues ya se sabe que los hechos mienten mucho y las palabras no.

Recapitulen, aparten el humo de los titulares, y verán que el día a día se ha convertido en la Suma Teológica del siglo XXI: España no es una nación sino un estado plurinacional, sin que sea dado contar cuántas naciones se esconden tras el palabro España; la legalidad española que legitima las instituciones catalanas da a luz, con mucho fórcep y mucho mirar para otro lado, a una nueva legalidad que, por el hecho de existir sobre el papel, ya no puede ser revisada desde la legalidad de la que proviene; todo lo que sea votado se sitúa de inmediato por encima de la ley – el milagro democrático de las leyes y los decretos -, lo que nos lleva a una imposible votación sobre el olvido de las corruptelas y ponemos en libertad a los corruptos condenados… Y esto se convierte en el cuento de nunca acabar.

Ya me lo dijo mi jefe y amigo D. Gerardo Landrove: no te canses – decía – estamos en tiempos de reivindicar lo obvio. Y tenía razón. Más razón que un santo, me atrevo a decir.

Hay dos reproches que hacerle al impasible Rajoy: el retraso en la aplicación temporal del art. 155, le guste o no al plurinacional y a su admirado coletas, y la detención efectiva de los más significados artífices de la patochada. Basta comprobar cómo el mero anuncio de que quien rompe platos los acaba pagando para que tres directores de medios secesionistas alcancen la fase del “sí, pero”, porque si hay algo que esta gente defiende a capa y espada es el patrimonio; pues ahora imaginen que lo que se juegan es la libertad, más allá de un horizonte de inhabilitaciones que hará de las autonómicas que vienen un verdadero sudoku para completar candidaturas.

El referendum volverá a ser una engañifa como la del 9N. El día 2 de octubre no habrá una república catalana ni regirán las delirantes leyes aprobadas de tapadillo. La vida seguirá y personajes como Junqueras, Forcadell, Turull, Forn, Romeva, etc., etc., no podrán concurrir a mantener el delirio porque su situación procesal se lo va a impedir a corto o medio plazo. Y si no hay concesiones en materia de cupo vasco redactado en catalán, las cosas seguirán, la enemistad se hará crónica – el peor de los males – y el resto de catalanes, ahora silentes, tendrán que asumir que el camino no es este y volveremos a la casilla de salida: España nos roba y, además, nos gana guerras como la de sucesión, con lo que los partidos del Barsa van a tener más intermedios que una ópera al uso.

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