Todo sigue su disparatado curso

¿Les ha llegado el GIF en que la impresentable Ana Gabriel se tienta el sobaco y luego se huele los dedos? Ocurrió en la cámara catalana. Se ve que la moza albergaba dudas sobre el estado higiénico de esa camiseta de manga corta que lleva sobre otra de manga larga, y acudió a la prueba infalible de impregnarse las esencias a base de toqueteos y comprobarlas luego en el laboratorio de la nariz. Una gourmet, aquí la muchacha, que se huele los sobacos como los arúspices de Roma leían el futuro en los higadillos de un pobre cordero.

¿Y qué le dijo ese rancio olor a sobaquina sobre lo que va a ocurrir en menos de un mes?

En el mejor de los casos le diría que probablemente el impasible Rajoy tiene un plan bien trabado que pondrá fin a la patochada, pero el acongoje – pongan la jota donde quieran – crece exponencialmente ante unos soberanistas enloquecidos e inmunes a su más reciente fracaso – la gestión de los atentados – y al mucho mayor que les espera el día 1º de octubre. O eso quiero pensar y espero que piensen muchos.

Hace tres años, en el llamado 9N, el mismo Rajoy impasible acudió a la larga cambiada y permitió un día festivo con simulacro de votación que se despachó como se despachan las romerías de pueblo, con vítores a la virgen local y una comilona campestre, pero también supuso el germen de lo que ahora tenemos y tememos.

El 1-O  – que, repito, debería leerse “uno a cero” a favor de la cordura que representa la Constitución y la legislación derivada – puede cursar de muchas formas, incluido un estallido puntualmente violento a manos de los desesperados oliscones de la CUP y de los  amiguitos de Rufián que, menos señoritos que él, se sienten aún capaces de virtud revolucionaria activa. ¿Pero imaginan que la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía, con apoyo militar si fuere preciso, reciben la orden de intervenir en varios miles de mesas pseudoelectorales? ¿En cuántas de ellas serán ciudadanos comunes los que se opongan a la intervención y den lugar a revueltas violentas? ¿Habrá autobuses para llevarlos a todos a la Audiencia nacional para imputarlos por rebelión? Se ha permitido de forma garrafalmente imprudente que crezca la hidra a la que no se puso fin cuando estaba aún en fase huevo – eran los tiempos de Mas, ¿recuerdan? -, y ahora la serpiente se ha puesto gorda como un toro y pararla – no digamos matarla – nos va a costar lo que no está en los escritos.

Menos mal que estos revolucionarios de salón andan tan irresueltos que ni siquiera se ponen de acuerdo en si deben formar un ejército o no. Mientras la angélica Colau se reafirma en su alergia a bolardos, maceteros  y cualquier forma de fuerza armada – pese a que su “país” es responsable del 25% de la fabricación de armas en España – ese pobre Puigdemont, cuya imagen está cada día más cerca de aquel triste Calimero, responde que “sin complejos” habrá que crear un ejército que instale y defienda la libertad recién adquirida en unas urnas que dice tener. Tarde, muy tarde llega, porque si se ha de imponer por la fuerza la ruptura con mi país, España, un mínimo de previsión habría exigido la creación de dicho ejército antes de lanzarse a dar el golpe contra el Estado, igual que resultaba prudente inventar el paracaídas antes que el avión. Porque si todo lo han de fiar a la poca o mucha fuerza que hagan los mozos, repetiremos la triste y vergonzosa escena de unos mozos detenidos por la Guardia Civil por orden de la II República, aquella Arcadia añorada en que todas las bondades se dieron para sucumbir luego ante la fuerza organizada del general golpista y superlativo.

Así que, como siempre, lo más seguro es que ya veremos…

 

 

 

 

 

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