Las SS de la CUP

El impulso cateto que vertebra el nacionalismo ha parido finalmente un grupo violento que le ha brotado a la CUP en plan bíblico: de una de sus costillas. La transversalidad anticapitalista ha parido una organización juvenil y violenta al modo en que lo hicieron la Falange, el nazismo y cuantas otras dictaduras, marxistas o no, se han dado, pues lo esencial de la dictadura queda al margen del matiz que autoproclama. ¿Hace falta citar a Maduro y su astracanada macabra, elevada ya sobre más de una centena de muertos? ¿Quién sino las juventudes bolivarianas asaltaron por primera vez el parlamento legalmente constituido?

Sólo en la edad juvenil se puede vivir un inocente petardo en la pata de un anuncio comercial como una batalla ganada a la historia, y ellos lo hicieron. Me refiero a ARRAN – apréndase esas siglas: son las SS del independentismo catalán -, esos gudaris con barretina que echaron abajo un toro de Osborne con unos petardos para dejar inequívocamente expreso su rechazo a cuanto suene a español y, a última hora, a no catalán simplemente. Con más acierto y contundencia unos integristas evangélicos americanos tuvieron ahorcado a un Papá Noel durante las fiestas navideñas para que a nadie le cupiera duda sobre la seriedad de su juicio moral sobre el personaje.

Estos chicos, herederos de la kale borroka de sus primos vascos, no sólo quieren una Cataluña habitada exclusivamente por catalanes y charnegos conversos, pretenden también que sólo catalanes de raíz – ¿Genética, ideológica? – visiten sus tierras y monumentos. Son a la cultura el equivalente al “dejadme zolo” del torero, cabreado con el toro y a punto de acuchillar. Quieren una Cataluña encerrada en sus valles, que manan un 3% aparte de leche y miel, para darse un respiro histórico y dejar que crezca y se fortalezca la semilla catalana auténtica, sea esto lo que sea. Quieren, como quiso Franco, encerrarse con los suyos y exterminar a los otros, incluido incordiar a turistas de todo el mundo que, por razones similares, han dejado de ir a Egipto, a Túnez, a Inglaterra y a todos los sitios que no inspiran sosiego.

Conviene no tomar a broma ninguna amenaza que haya superado el nivel de mera palabrería. Estos ya han afectado a muy concretos negocios y han llenado Barcelona de “tourist go home”, siguiendo el ejemplo del grupo ultranacionalista hebreo de La vida de Brian. No desperdician oportunidad de hacer el ridículo más pastueño por mejor joder la vida de compañeros y compañeras, de catalanes y catalanas, de vascos y vascas y de polacos en general.

Hace falta un Muñoz Seca que ordene hechos y personajes en una astracanada tipo Don Mendo. Una especie de El virgo de Visanteta enriquecido con figurones como la madre superiora y el abad, el hereu de los cochazos, Mas “el inhabilitat”, Forcadell y sus canguelos… Y ese Junqueras, a medio camino entre jabalí y humano, que sólo ha hecho pie ideológico cuando ha visto en peligro su patrimonio. Puro romanticismo.

Obscenamente evidente y ahora, además, violento. Desde las bases que, por escasas que sean, darán mucho que hablar el próximo 1-O, que debería sonar a uno a cero y, sin embargo, no se termina de ver.

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