Asesinato Alicante (VII). Cuestión de plumas: la policía.

La policía española, sobre todo el cuerpo superior, como parte del equipo oficial formado por ellos más el forense, el juez, el fiscal y un sinfín de funcionarios menores y mayores, presenta cierto paralelismo en su funcionamiento con la crianza y adiestramiento del pollo de perdiz con finalidad cinegética.

Se trata de criar un pollo permanentemente recluido en una jaula, bien alimentado y cuidado. Cuando llega la época de caza el cazador sitúa al pollo, dentro de su jaula, sobre un pináculo de piedras para que cante y atraiga hembras. El cazador puede optar entre disparar directamente a la hembra o esperar a que el canto amoroso de la misma atraiga a otros machos y, si éstos llegan, entonces el cazador no puede fallar: si el macho que entra se lleva a la hembra que entró y el cazador no lo mata en el acto, el pollo de perdiz se “encabrona” – él ha atraído a la hembra pero se la va a trajinar otro – y, según es fama, ya puede el cazador hacerse un caldo con el pollo porque ése no volverá a cantar en la vida de encabronado que se queda.

La investigación penal española, dejada usualmente bajo la dirección del cuerpo  de la policía, funciona de modo similar: la policía detiene gente y si el juez, apoyado por el fiscal, no le da la razón encarcelando al detenido, los policías se encabronan y dejan de cantar, es decir, de investigar, aferrados a lo ya hecho, enamorados de sus resultados y sintiéndose incomprendidos por unas autoridades que no les dan lo que ellos se merecen. Y en el mantenimiento de lo hecho acaban muriendo, como el capitán Achab, acuchillando a la ballena.

En el caso de Alicante la policía obtuvo en su día lo que esperaba: el detenido en prisión con el beneplácito del fiscal, y ahí debería seguir estando según quienes cerraron de tal modo el foco de la investigación que hasta lo más obvio les resultaba inaceptable si se apartaba mínimamente de la idea fija que los embargaba: la detención y encarcelamiento del que les pareció que era el único sospechoso al que merecía la pena investigar. Y el repunte de encabronamiento que experimentan llevó a dos policías de proximidad a no ratificar sus primeras declaraciones en el atestado – si no dijeron verdad ¿qué dijeron entonces? -; tal anomalía se debe a que la prensa hace tiemepo que empezó a poner seriamente en cuestión la versión de la policía, y ahora han tenido que rectificar para que encaje a martillazos en los hechos que ellos creen que ocurrieron. Y entre los martillazos entra sostener una mentira descomunal que a la larga se volverá contra sus intereses: que las cámaras de seguridad que nunca existieron fueron retiradas tres semanas antes del asesinato por orden del que ellos señalan como asesino.

Les da igual el desmoronamiento de los indicios que acopiaron para justificar la detención. Tampoco les importa no haber podido ratificar su versión inicial, que han modificado hasta el extremo de no parecerse apenas a lo que primeramente recogieron como verdades contrastadas, de modo que o faltaron a la verdad entonces, por escrito, o faltan ahora de viva voz, porque si lo escrito no era cierto no debió contribuir al ingreso en prisión del investigado, y la rectificación tardía no hace sino acrecentar las dudas sobre el futuro de la causa.

Según han declarado, ya no es cierto que un trabajador viera a la víctima viva a las 18:55 bajo argumento de que “eso no pudo ser”. No es que no ocurriera, es que no pudo ser porque no encaja en la línea que adoptaron y hoy no pueden sino sostener porque si se disuelve la acusación se encontrarán que ellos mismos cerraron toda otra alternativa.
Tampoco es cierto ahora, como hicieron constar, que los disparos necesitaran un supresor de sonido, y mucho menos que se lo hubiera fabricado el acusado aprovechando que su padre era tornero (¿). Se ve que alguien sensato les ha dicho que eso resulta insostenible y ellos, sin más, lo rectifican. ¿Es esta toda la seriedad con que se acomete la investigación de un asesinato en Alicante? No, es la verdad de artificio que pretendió eliminar la Ley de Enjuiciamiento Criminal en 1882 y la inercia del equipo oficial mantiene aún hoy como forma de cerrar casos como quien clava la tapa de un ataúd sin importarle que el enterrado sea inocente o culpable y ni siquiera que esté vivo o muerto.

Información de Alicante lo expresó con claridad: “Uno de los handicaps con los que se encuentran los investigadores es el no saber cuál es el arma exacta que se utilizó en el crimen, así como las modificaciones introducidas por el tirador, tanto en la munición como el posible uso de un silenciador.” A partir de ahí, construir una relación de hechos justiciables resulta poco menos que imposible dadas las limitaciones para tal forma de construcción de un fallo condenatorio apoyado exclusivamente en indicios, a menos que  se cometa una metedura de pata tremenda por parte de la defensa que compense los fallos de la policía. Pronto iremos sabiendo cosas.

 

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1 comentario


  1. Juan

    Cuando era adolescente -hace cuatro días mal contados- mantenía en su más excelsa gloria algunos principios que conformaban el paradigma, el modelo a imitar para alcanzar la perfección en la conducta humana. Me refiero a aquellos conceptos de: justicia, honor, deber, ayuda, honestidad, que, por insensatez, han ido perdiendo vigencia al paso de los cuatro días, para quedar relegados a términos literarios sin aplicación en la Sociedad real.
    Te quejas de la soberbia de algunos miembros policiales; mantenella y no enmendalla, y les importa un bledo las consecuencias de su actitud – y lo peor, nadie les corrige-.No hace mucho comentabas la obsesión en judicatura de concebir una idea previa y rebuscar posteriormente el ropaje de jurisprudencia con el que vestir la idea preconcebida. es la implantación del relativismo y la carencia total de estos principios que relato. Lo estoy padeciendo en mis propias carnes con juezas, fiscales y policia, y ¡qué te voy a contar a tí que has osado arremeter contra la impudicia de ellos!.
    Pues no cejaré porque entiendo que este relativismo insolidario implantado por la política y ciertos medios de comunicación, conduce al suicidio social.
    Alarma contemplar la falta de escrúpulos, de formación y de perspectiva histórica cuando escuchas a estos personajillos de la política invocar con frases hueras pero gradilocuentes, su sacrificio, interés y dedicación por el pueblo que realmente esconde un exclusivo afán de proyección personal. El cinismo cuando santifican que el deber de la oposición es oponerse para justificar la falta de apoyo y el minado a la estabilidad. Nos convienen los altercados, decía Zapatero, con una ceguera intelectual calificante.
    Una vez terminadas las elecciones todos debemos apoyar y empujar al crecimiento del pais y la convivencia, y no poner palos en las ruedas con pretextos. Todos aquellos que se dedican a destruir, sembrar dudas, manipular, y mentir, estan destruyendo la paz social y el entendimiento de buena voluntad y tolerancia entre nosotros, y tenemos evidencia del crecimiento de la violencia en los últimos años. Sin colaboración no es posible ni el crecimiento armónico ni la convivencia
    El día que aparques mal en Alicante te formarán consejo de guerra.

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