Dos tabúes en cuestión (o tres)

El primero – o sea, el tercero -, consiste en determinar si el plural de tabú es tabús o tabúes. Según la RAE ambas opciones son aceptables, si bien la primera (tabús) es más propia para el uso cotidiano mientras que la segunda (tabúes) suele usarse en un registro culto. A fin de marcar territorio, habrá observado el lector que en esta casa, Periodista Digital, somos de la rama culta y hablamos de tabúes en plan bantúes, cebúes, etc.

Primer tabú: ¿Sigue la gente de España la misa por televisión?
Es una pregunta inquietante, lo admito. Pasó en su día igual con las películas porno de la Cuatro emitidas en codificado. La cadena, que medía compulsivamente su audiencia, sabía que un mínimo de 40.000 personas se alegraban las noches de los sábados viendo las películas porno en forma de rayas mal alineadas, en blanco y negro y con sonidos que, más o menos, venían a decir “oc, oc” en el momento de paroxismo extremo. Total, por no ir al videoclub y pasar la vergüenza de llevarse lo último en porno americano – mucho color, grandes tetas, grandes culos, ginecología de proximidad -, francesas – glamour feticihista, pecho breve, argumentos casi inteligibles – o nórdicas totales, es decir, guarrerías extremas sólo aptas para gente border line.

Y la respuesta al primer tabú desentrañado es “sí”. Hay un porcentaje elevado de gente de todo sexo y condición que, los domingos por la mañana, se ve la misa en televisión. Los que pueden prescindir de la silla de ruedas siguen incluso los ritos canónicos arrodillándose cuando toca y deseándole la paz al primer nieto que les pilla a tiro. Son gente pacífica y pía, que a nadie molesta, y no veo por qué el pequeño Pablicolás la ha tomado con las misas catódicas, estando como están tan cerca de las mismas católicas. De hecho, habrá que empezar a hablar de la Santa Iglesia Catódica, y no veo razón alguna para que a mi madre, por no señalar a nadie más, se la prive del derecho a escuchar y ver una misa cada domingo mientras los demás andamos de churros y periódicos. Así que muy mal la iniciativa impía y rojaza del eclipsado podemita, que no gana para disgustos desde que se le independizó Viruka y apenas es capaz de poner orden entre las novias y exnovias. Alguna misa de vez en cuando no le vendría mal, por más catódica que sea.

Segundo tabú: ¿Son todos los hombres artilleros?
A los que hicimos la mili en Infantería se nos dejó bien claro: la Infantería española jamás se rinde: da media vuelta y continúa avanzando. Los de artillería iban por otra parte: ¿Cual es la misión de la Artillería? Matar Infantería, y añadían no sin cierta mala leche: a ser posible, enemiga. Y bien que cumplían, que ellos inventaron la muerte por “fuego amigo”, mayormente de infantería.

Creíamos que todos los hombres eran del arma de Artillería hasta que Messi y algún otro han desvelado que no mean de pie, con el asiento de la taza bajado para que no se desperdicie ni una gota, la mano apoyá en la cadera y la otra dirigiendo el chorro. Ahora resulta que lo que mola es mear sentado, como las señoras. Y yo lo veo bien. Primero, por el disgusto que se toman las damas cuando ven un asiento de váter con sarpullido amarillo y saben que ellas no han sido; segundo, porque por más que presuman ellos de tino artillero, es lo cierto que la corrección de tiro acaba por afectar incluso al bidé, que siempre suele andar cerca. Así que sentados, relajados, sin puntería ninguna que hacer, la señora contenta, el fluir largo y pausado… Sólo tiene ventajas. Y lo descansado que resulta.

De esto, como pueden imaginar, no volveremos a hablar. Dicho queda.

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