El Dr. No y la tripulación catalana

La vuelta del Dr. No a la secretaría general del PSOE nos obliga a imaginar lo que hubiera sido la imposición de las obsesiones de Sánchez a los desconcertados socialistas de octubre de 2016. El bloqueo a Rajoy habría conducido a nuevas elecciones – las terceras – y con ello a posponer la incipiente recuperación que se aprecia en los datos económicos del país. Podemos sería ahora la segunda fuerza política, tras el PP, y quién sabe a qué despropósitos nos hubiera podido conducir el cada vez menos asumible y más pequeño Pablicolás de la mano del Dr. No. El socialismo se habría escindido en por lo menos dos facciones, la radical podemita y una dialogante, en la mejor tradición socialdemócrata, la que construyó el Estado del bienestar.

Pero no fue así, se impuso la cordura y Sánchez se fue a lamerse las heridas a EEUU y, ya de paso, a gafar a la candidata Clinton. Como quiera que sostiene el Dr. No una amistad con Iceta que le viene de atrás, y siendo Iceta el peor gafe que se recuerda en la historia de España – él apoya, fracaso seguro -, debe empezar a circular ya el meme de esa otra boda Sánchez/Iceta que no deja de dar alas a la secesión de ópera bufa que acaba de descubrirnos El País con la publicación de la ley cocida de tapadillo: Maduro no la habría hecho mejor.

Sánchez vuelve con una carga de rencor insondable a darle al PSOE lo que al pescado de régimen: vuelta y vuelta. De momento se ha autofulminado Hernando: visto el sable de segar cabezas él mismo le usurpa el trabajo al verdugo dándose muerte política en imposibles términos preventivos. Y ha hecho bien. Traidor para los sanchistas, no faltará quien lo tache de traidor desde el otro bando, que es lo que pasa cuando alguien juega con una baraja y su contraria para asegurarse la poltrona.

La ejecutiva que descabalgó a Sánchez sigue dentro, y Sánchez no lo puede tolerar en modo alguno. Jugaremos a Epi y Blas: dentro/fuera. Sánchez dentro, ejecutiva fuera. La lógica de la izquierda en que cree Sánchez demanda purgas para mantener las esencias, que pasan por negar el derecho a la existencia de un partido conservador cuyo estrépito de corruptelas no difiere del que vivimos en los 90 con los socialistas en el poder. Si ellos siguen vivos no se me alcanza a entender por qué razón los demás no.

Desde la negación como dogma, la legislatura tiene dos posibilidades: o Ciudadanos modera las ansias de PSOE/Podemos – circula ya un meme de la boda entre Sánchez y Bescansa – que persigue bloquear la administración diaria o se sube al carro de la demolición podemita y nos vemos a abocados a una nueva consulta electoral justo cuando la cuestión catalana haya entrado en proceso de erupción descontrolada y las fuerzas constitucionalistas tengan que acordar medidas para las que, según la cobardía imperante, se intentará dejar al gobierno solo ante las votaciones.

El Dr. No conspiraba para impedir un lanzamiento tripulado norteamericano; en su reedición quizás conspire para alentar una tripulación catalana a la inhabilitación y la cárcel. Esta segunda causa noble, aunque él no lo sabe, tiene más futuro. Y mucho mejor presente.

 

Artículos

Matar al gallo y no hacer caldo

Con motivo del desastre de Eurovisión, que me honro año tras año en no ver, andan circulando por la red memes asesinos que pretenden hundir a un muchacho que, como mínimo, tuvo el coraje de defender aquello en que creía – él mismo -, y la prensa digital se ha encargado de repasar gallos mucho mejor criados de Pavarotti, Carreras y Plácido Domingo, por citar lo obvio, y del mismísimo Di Stefano. Algunos soltaron el gallo en la Scala de Milán y, como el soneto, fuese (el gallo) y no hubo nada. Con sus gallos acreditaron su condición humana, que ya es redundancia, lo mismo que le ha pasado al tal Manel, muchacho que se ha ganado mi atención y mi respeto precisamente por lo único que hizo rematadamente mal.

Hablan las crónicas del horror del portero ante el lanzamiento del penalti pero callan el horror del trompetista ante el solo en que sólo se oye, para bien y para mal, la puñetera trompeta. Los de la viola pueden – y hasta suelen – meter gambas de medio tono y tono entero, que entre el barullo no se nota, pero al que le toca un solo de clarinete o de viento en general, como meta la pata donde debió meter el dedo pasa a la historia de la ignominia cuando, en puridad, pertenece al género semiheroico.

¿Acaso no recordamos los gallos de Aznar cuando sacaba pechito y se ponía en plan macho? ¿Y las palabras que salen cuando no deben? ¿Los “penes” y los peces que soltó el canalla Maduro hablando de Dios júnior? ¿Y Reagan brindando en Brasil por el pueblo de Bolivia? También estuvieron sembrados Sarkozy y Obama cuando a micrófono abierto – sin saberlo – el uno tachó a Netanyahu de mentiroso y Obama le contestó que él tenía que soportarlo más a menudo. A ninguno de los citados se le acabó la carrera por ello. Sarkozy, que había mejorado recientemente de señora, no se vio abandonado y triste en el Elíseo. Michelle no dejó a Barak y a Maduro no lo dejó nadie, ni siquiera los cristianos, porque a Maduro no hay ni quien lo deje ni quien lo tome.

Así que lo propio es que TVE, al fin y al cabo responsable de la elección, debería organizar a toda pastilla un concierto homenaje a Manel en que se le diera la oportunidad de soltar el gritito una octava por debajo. Qué digo una octava: en plan Lee Marvin en Under a wandering star, y que se meta la crítica el cachondeo por donde más le duela.

¿Seguimos matando el gallo sin sacarle partido alguno? Entiendo que es mala gestión. Vale, hemos hecho lo que va después del ridículo, que es el ridículo más espantoso. Hemos quedado los últimos, como en Filipinas, cosa que llevan haciendo países y países desde que se inventó el maldito concurso. Alguna vez nos tendría que tocar y nos ha tocado, así que un respeto al muchacho, que ojalá que la maldita fama que ha ganado le sirva para cimentar una carrera verdaderamente exitosa. Y la próxima vez que manden a uno o una que tenga el valor acreditado, que siempre será mejor quedar en el montón de en medio que el último por un maldito gallo.

Y no se hable más.

Artículos

Lo que hay detrás de la posverdad

En 1941 más de un millón de chicas rusas se alistaron en el ejército para parar a los nazis, que habían llegado al extrarradio de Moscú. Hasta entonces el ejército soviético no había contado con las mujeres y con el padrastrón ignorante de Stalin siguieron sin contar con ellas salvo para pegar tiros. Hasta 1943 el ejército soviético no cayó en la cuenta de que las mujeres, a las que había facilitado uniformes de hombre, necesitaban bragas, sujetadores y botas de números por debajo del 40. También se les olvidó, por contrarrevolucionario, el hecho de que las mujeres menstrúan, así que las mandaron a la guerra sin ninguna posibilidad de atenderse mínimamente si no era cortando mangas de camisa – en ofensa del patrimonio comunista – fabricarse compresas artesanales y lavarlas luego con una dotación de jabón diaria que apenas daba para lavarse la cara y las manos. Había, por tanto, una verdad “mujer” y una posverdad soviética: las mujeres soldado se han de apañar con lo mismo que un varón soldado. Y todo lo demás era contrarrevolucionario (al respecto, Svetlana Alexeievich, La guerra no tiene rostro de mujer).

También Franco, por la misma época, resultó ser asiduo a la posverdad incluso antes de que se inventara el término. El 3 de enero de 1944 tres composiciones ferroviarias – un correo, una locomotora de maniobras y un mercancías – acabaron sobre la misma vía y chocaron en el túnel nº 20 de la línea Palencia-La Coruña, ocasionando una cifra de muertos que el régimen impidió que se difundiera. El juez de instrucción, tan sumiso y domesticado como la prensa, redujo la cifra de muertos a 78, pero la cifra real, según diversas fuentes, se situó entre 500 y 800. Con la desfachatez propia del personaje la dictadura hizo que aquellos muertos pasaran de la vida real a la posverdad sin pasar por el purgatorio: en la victoriosa España de Franco esas cosas no podían ocurrir, y si ocurrían se negaban.

En artículo anterior anticipé, con cita del profesor Jared Diamond (Sociedades comparadas), que el primer signo de hundimiento de un Estado es el incremento espectacular de la mortalidad infantil. Bajo el mandato del asesino infanticida Maduro la mortalidad infantil se ha incrementado en un 30% en 2016. Tras tres años ocultando las cifras, la ministra bolivariana de Salud, Drª Antonieta Caporale, ha sido cesada por difundir el hecho de que en 2016 murieron en Venezuela 11.466 recién nacidos, un 30.12% más que en 2015. Al estilo soviético y franquista, por tanto, en Venezuela no mueren niños porque el régimen lo tiene prohibido. Esos cadáveres diminutos no están en la realidad sino en el mundo de la posverdad, como las menstruaciones que las mujeres rusas no tenían y los homosexuales que en Irán no hay, según nos dijo el  incalificable Ahmadineyad, hoy tan a punto de resucitar como el difunto Sánchez.

Sólo hay una forma de ver el mundo: desde la realidad. Platón insistía en mirar a las ideas y no a las cosas y así consiguió que nos despistáramoas quince siglos hasta que volvieron los científicos. Los científicos insisten en que sólo mirando a las cosas entenderemos el mundo y sus avatares. Pero en ayuda de Platón han venido lingüistas e ideólogos putinescos y han conseguido con un término – posverdad – conferir apariencia respetable a la más podrida  mentira. Trump vive instalado en ella y con sus hechuras de matón de barrio lo mismo pretende fulminar a la prensa libre como al jefe del FBI, por investigar la llamada trama rusa que enmaraña la política americana como ni siquiera Nixon se atrevió a hacer.

Ya se habla de impeachment, es decir, del procedimiento legal para encausar primero y echar después de la Casa Blanca a un presidente indeseable como Trump. Y mucho se lo están pensando estos americanos dado que la posverdad no es más que pretendida tapadera de la cruda verdad: detrás de Trump, de la trama rusa y del apoyo del malnacido Putin – no acosen al brillante camarada Kim – puede que esté encriptado un apocalipsis nuclear con el figurón de Kim Jon Un como artífice supremo.

Y todo esto mientras nosotros estamos centrados en quién ganará la liga y quién heredará de Sánchez la secretaría general del PSOE.

Artículos

El pequeño Pablicolás y el culo de la Kardashian

Le pasa a este mentecato lo que a la Kardashian y su culo: que ha bastado enseñarlo tal cual para que 100.000 seguidores se le borren de su caterva de seguidroes tras ver que tan brava moza tiene una celulitis que se la come, al menos en lo que se ve de culo que, en las fotos oficiales, pule a base de photoshop. Si algún día se decide a enseñarnos las tetas me temo que la echen directamente de las redes sociales. Pues al pequeño Pablicolás está que le llega la hora porque el culo se lo tenemos visto casi desde que empezó la andadura de asaltar los cielos-¡menuda cursilada¡ -, y dio la orden de salir de las trincheras y allí que se encontró que nadie lo seguía, como se va a encontrar el pobre Puchi cuando diga de reclutar gente para hacerle la guerra a sus fantasmas.
El rosario de meteduras de pata, despropósitos y astracanadas de quien nos vino a salvar ha alcanzado su máximo esplendor precisamente cuando le han mentado bichas que comprometen las perras por las que se echó a la calle envuelto en banderas de un signo y del contrario. El apoyo al patán de Maduro y sus silencios mientras que las Cortes votaban contra el sátrapa se ven sólo superados por su mirar para otro lado mientras los ayatolás que le forran el riñón apedrean mujeres, cuelgan homosexuales por el cuello hasta que mueren o asesinan suníes por lo muy herejes que son. O alientan el ímpetu iconoclasta de esos desesperados del DAESH que amenazan con acabar con siglos de arqueología.
Desde tales presupuestos ideológicos no hay quien se crea que de verdad pretende con la moción de censura otra cosa que no sea llenar el silencio y el vacío en que se ha sumido una vez que – los dioses sean por ello eternamente alabados – desoyó los cantos del difunto Sánchez, el que hizo perder al PSOE tantos militantes como el culo de la Kardashian le ha hecho perder seguidores a su caprichosa dueña. Tuvo su oportunidad el coletitas de puentear a Rajoy aupando al poder un gobierno de perdedores y la desbarató a base de soberbia. Y ahora resulta que lo que entonces le resultaba apestoso – sentarse en la misma mesa que Ciudadanos – ahora lo tiene en vilo y anda con la cabeza perdida buscando quien lo escuche, igual que Puchi y sus colegas de fanfarria.
Y es que no hay como enfrentarse a las cosas tal cual son y no como nos las cuenta el titular de la fantasía. Se esperan nuevos episodios que acaben de despellejar al personajillo éste, cada vez más a la altura del pequeño Nicolás que tanto juego dio en los telediarios, cuando la falta de noticias conduce a la peor especie periodística a convertir en noticia lo que no debió pasar de chascarrillo. Y esa es la deriva que está tomando el pequeño Pablicolás: de ser Júpiter tronante lanzarrayos se va deslizando, sin que él advierta cambio alguno – el ego lo tiene bien puesto y nutrido -, a un terreno que tanto lo apea de la crónica política como lo sumerge en una cutre crónica de sociedad. Ese es su empeño y, por lo que llevamos visto, ha resultado un maestro en el arte de la degradación intelectual.

Artículos

Otra cuestión de plumas: la fiscalía.

Los fiscales, como el dinero y los forenses, son fungibles: lo mismo da uno que otro, como si fueran piezas de Lego. Uno empieza la investigación, otro califica, otro defiende la tesis oficial en juicio… Como digo, fungibles. Tanto da un pollo que otro siempre que lleve el mismo escudo en la toga. Y eso se debe a una raíz original que llevan inserta en el ADN.

Konrad Lorenz, premio Nobel de Fisiología en 1973, acuñó el término “troquelado” o “impronta” en los gansos que, nada más salir del cascarón, adoptan como madre al primer ser vivo que tienen cerca y se mueve, usualmente uno de sus progenitores, y en adelante lo reconocen como madre y no hay quien los convenza de lo contrario. El propio Lorenz probó su teoría asistiendo a la eclosión de pollos de ganso que, irremediablemente, vieron en él a su madre y lo seguían allá donde fuera, pese a ser Lorenz un señor centroeuropeo, con barba blanca, sin pico y sin plumas que, además, no ponía huevos. Así ocurre con los fiscales. Después de los años de carrera se encierran unos muchachos/as jóvenes en una habitación con una mesa, una silla, un flexo y un montón de códigos – la jaula del pollo – y la obligación de “cantar” una vez a la semana delante de un preparador/a que oficia de madre adoptiva y cobra por ello sin declararlo, usualmente, a la hacienda pública. Es su venial pecado original que no les impide perseguir sin rubor a defraudadores fiscales.

Mientras la vida discurre a su alrededor se esfuerzan los pollitos y pollitas en aprenderse de memoria la cada vez peor literatura de código, y para cuando se creen preparados, aturdidos por el esfuerzo histriónico, en shock y convenientemente aislados de la sociedad, se juegan todo su trabajo en una hora que pasan vomitando ordenadamente los temas delante de un tribunal formado, mayormente, por fiscales. Si pasan la prueba con éxito rompen el huevo en que se enclaustraron y surgen desde la oscuridad a una realidad luminosa – ¡Ya soy fiscal! – y como lo primero que ven es al tribunal lo identifican como su madre y, a partir de ahí, no hacen sino seguir a los otros fiscales como un ganso sigue a su gansa madre, que les repite incansable: “El celo, la intuición y la inteligente comprensión de los miembros de la Carrera Fiscal son en ellos virtudes naturales acrecentadas por la experiencia”, según surge de una circular de 1979, en época constitucional, que acababa con un “Dios guarde a V. E. y a V. I. muchos años”, y bien que nos los tiene guardados. Para nuestra desesperación.

Una vez troquelados como fiscales su suerte intelectual está echada, de ahí que se hayan perpetuado desde hace tres siglos atravesando periodos conservadores, liberales, dos dictaduras, dos repúblicas y todo tipo de vaivenes monárquicos; sin embargo, continúan fieles a sí mismos, impertérritos, inmunes a cambios constitucionales y aferrados a una sola fe: in dubio contra reo, que es su canto particular desde el primer destino hasta el último. Algo parecido le pasa a los abogados del Estado, que cantan la misma música pero con distinta letra: in dubio pro fisco.

Les tiene dicho su madre/gansa que la policía/pollo de perdiz sólo canta verdades – culpable, cuá, culpable, cuá, ¿cómo que cuá? Pues éste mismo… – y ellos asumen su papel en defensa de un orden imaginado e inmune a la duda: lo canta la policía, cuá, tiene que ser verdad, cuá cuá, porque la policía no es tonta ni pierde el tiempo deteniendo inocentes. Y este amorío ciego entre policías y fiscales – pollos de perdiz los unos, gansos huérfanos los otros – en infausta junta de plumas, predetermina los más estrepitosos fallos de la justicia española a base de una fe construida al margen de la razón y del sentido común. Y bajo coartada de que son ellos los que aciertan pero no los que se equivocan, porque ese papel se lo dejan a los jueces, en el convencimiento de que hemos acertado nosotros pero se ha equivocado el juez. Como los alumnos de cualquier disciplina: he aprobado, me han suspendido; si acierto el mérito es mío, si fallo la culpa es del que me suspende.

Pasaron de la monarquía a la república y de ahí a la dictadura, a cuyo afianzamiento contribuyeron tras la purga feroz de los desafectos, jueces y fiscales incluidos, con lo que quedamos en manos de la peor canalla de la profesión. Se quedaron al fin huérfanos de Franco y se subieron al carro constitucional pero manteniendo la fidelidad a sí mismos, a su canto ancestral – culpable, culpable – y al troquelado que los convenció de que ellos son la culminación de una saga de madres acusadoras de las que depende toda idea de orden en la sociedad que les paga.

Y así nos va.

Artículos

Crossroad a la catalana

La CUP ha tirado la toalla y ha echado el carro por las piedras. Han dicho por boca de la gentil Gabriel, que se sigue pelando con el casco puesto, que para no ir a la independencia prefieren no ir acompañados de gente como Puigdemont y Junqueras, a los que ven tibios en materia revolucionaria.

Mientras tanto Puigdemont, Puchi para los amigos, que se ha venido esforzando tontamente y a base de dinero público en ser humillado por los más altos representantes de cualquier cosa, incluido un Jimmy Carter del que se recuerdan más sus cacahuetes que el premio Nobel que le dieron. Y con la frustración el asunto, que parecía tener recorrido hasta septiembre, se ha acelerado de tal manera a base de hacer el ridículo que el plazo ha quedado en dos meses, y que no quede en menos. Es decir, que todo lo más a mediados de junio tendrá que estar sobre la mesa esa astucia catalana que va a permitir la desconexión de España sin dejarnos tiempo a reaccionar, dado que los españoles somos tontos de baba y no le hemos pillado el truco a la martingala.

Escaldado como está Puchi de tanto y tan colmado ridículo, se citó hace días con el diablo en un cruce de caminos entre Gibraltar y la Seo de Urgel para ofrecer un trato: te entrego mi alma catalana, demonio, si me das una solución que me permita liderar la insurrección a pecho descubierto, como la libertad de Delacroix, siempre que no quede luego en nada y encima nos inhabiliten a la más aguerrida tropa independentista como le van a hacer a la pobre Forcadell, la única que hasta ahora ha soltado un “visca la república catalana” en un ámbito oficial. Y, añadió, todo esto lo quiero en menos de dos meses…

Dicen que el demonio se rascó la cabeza con el rabo y empezó a canturrear el You can´t always get what you want, de los Stones, y acabó farfullando “todo no lo puedes tener”, así que elige: puedes liderar la insurrección como la libertad famosa; te haré brotar unas tetas de las de arrastrar multitudes, pero no te puedo garantizar que quede en nada porque ya antes me citó Junqueras en un puticlub, me pidió lo mismo y cuando le dije que la inhabilitación resultaba inevitable salió bufando sin pagar ni las copas ni las chicas después de haber hecho gasto. Así que elige: un buen par por delante y tus fieles detrás, camino de la inhabilitación o, mejor, me pides lo que todos – dinero y chicas, en plan Junqueras – que eso te lo doy sin más negociación porque ni para gastar ni para hacer uso del matrimonio te van a inhabilitar ni a tí ni a los tuyos. Y ya que estamos de rebajas te regalo una advertencia: ándate con ojo con las malversaciones que, como sabes, las carga el diablo – es decir, Nos -, y esas sí que llevan cárcel que, imagino, es lo que más temes, por más que te hagan mártir, no como las inhabilitaciones, que te hacen santo y te mandan a la hornacina a ver desde allí el desfile procesal del resto.

No quedó Puchi contento, no, y se fue a Poblet a invocar el espíritu de la monarquía aragonesa allí enterrada, que compareció, sí, muy bien representada, aunque en vez de animarlo a la secesión le mentaron la ya muy antigua cuestión de la renuncia a ser ellos nación y estado a cambio de incorporarse a Aragón. Allí se pusieron las bases de Agustina y sus cañones contra la tropa francesa.

Hoy anda Puchi de romería acompañando a Forcadell hacia la santidad de la hornacina. Volverán a las letanías democráticas y al no nos moverán. Y volverá la maquinaria de justicia a no moverlos sino a dejarlos convertidos en estatuas de sal a efectos políticos.

Así que seguimos a la espera de la traca final si según avance el proceso inhabilitador queda alguno dispuesto a seguir dando la vara.

 

Artículos

A buenas horas mangas esteladas

A menos de cinco meses de que caduque el plazo de la revolución maduro-barceloriana que quieren capitanear el patético Puchi y su huestes, han caído en la cuenta de que lo que ellos quieren se gana en una guerra y no con urnas de cartón. Por eso, sagaces como son, mucho más que los cortitos españoles, han sacado a pública subasta la realización de una encuesta que por poco menos de 60.000€ les diga si hay más o menos catalanes para quienes el cumplimiento de la ley resulte prioritario y, mucho más importante – por si falla la anterior -, qué porcentaje de catalanes considera que, llegado el caso, hay que alistarse en el ejército para defender las obsesiones de la CUP, de ERC y de unos pocos – mayormente los inhabilitados – de la antigua Convergencia.

Lo que pareció en un principio una cutre pantomima cuando vimos gimotear a Junqueras “amb angoixa”, va tomando aires de ópera bufa a la que bien podría ponerle música Luis Llach, con intención de que la cantara La Trinca por aquello de encajar con el 3%, y no porque trincaran aquellos fantásticos humoristas sino por la trinca en sí.

Hablando de porcentajes, veo en la prensa que esas dos preguntas ya las planteó la Generalidad de Cataluña en 2011 y, por lo visto, algo deben creer que ha cambiado porque las preguntas de entonces obtuvieron respuestas desalentadoras.

Sobre el cumplimiento de la ley el 81.3% de los catalanes situó el deber de cumplir las leyes entre el 5 y el 7 en una escala de 1 a 7. Se referían entonces a las leyes españolas y va a ser muy difícil que, con seis años más y el seny que eso da, piensen ahora estos cretinos que lo que se les pregunta es por el nivel de vinculación a las leyes catalanas, cuyo contenido no conocemos ni vamos a conocer hasta el último día del plazo, cuando por fin se atrevan a soltar el toro en el parlamento autonómico a ver qué pasa.

Más enjundia tiene lo de alistarse en el ejército, siendo muy de temer que los mozos y mozas catalanes opten por deslocalizarse hacia más benignos territorios – todos no caben en la franja pero sí en Aragón – si acaso estos mentecatos amagan con prepararlos para una guerra. En 2011, después de que el mismísimo y deshonrado Pujol instara a los jóvenes al patriotismo, descubrieron los poncios estelados que el desmontaje de todo lo que tuviera que ver con el patriotismo con que nos quiso empalar el franquismo no había contaminado sólo al patriotismo franquista/español sino que la juventud, como un solo hombre, había aprendido la lección: quien te haga ser patriota muy posiblemente te arrastrará a hacer insensateces, así que ante todo mucha calma y, si con eso no basta, cinismo a espuertas: patriotas del Barcelona y poco más. Las cifras – en la misma escala de 1 a 7 – resultaron sumamente desalentadoras. Partíamos de un 34.1% que consideraban lo de alistarse nada importante (1), el 7.8% anotaron un 2, el 8.2% un 3 y el 10.3% un 4, es decir que un 60.4% de los catalanes se mostraron nada proclives a patrioterías y por completo renuente a irse a la guerra a menos que se tratara de hacerla contra Andorra, y eso después de que Andorra atacara arteramente a la Moreneta, al Barcelona y a la poca memoria de Companys que guarda la población.

Suenan, por tanto, tambores de guerra y los aguerridos catalanes se preparan para conocer la verdad: ¿está dispuesto Rufián no a afrontar la inhabilitación sino a jugarse la vida por esos campos? Porque si alguno de los revoltosos tiene pinta de apuntarse a esta guerra es el deslenguado Rufián. A Junqueras, versado en historia, no lo veo, pues la historia nos ha enseñado que la historia no se escribe con cargas de caballería ligera contra tanques. Y de Mas ni les hablo: ese se escapa al primer petardazo y forma un gobierno en el exilio que le administre el 3% que en su día pudiera cosechar y, sobre todo, que se lo siga recaudando. Por la causa, claro, nada de intereses personales.

Por fin ha cantado la gallina. El escenario se va enfocando y ya vemos con claridad cuáles son los fines y cuáles los medios. Repito: nos esperan unos meses fascinantes. Desgraciados pero fascinantes.

 

 

 

 

Artículos

El estacazo

Llach suscitó simpatías entre los españoles por un tema, L´estaca, que nos animaba a ejercer la oposición contra un putrefacto franquismo que por igual nos incordiaba. Teníamos entonces un enemigo común que, últimamente, se ha convertido en el genuino representante de “todos” los españoles una vez que los catalanes decidieron soltar amarras históricas y vender por el mundo la idea de que todos los españoles, menos catalanes y vascos, apoyaban a su excremencia en el ejercicio despótico del poder. Quisieron que olvidáramos cómo las más genuinas familias vascas y catalanas, sagas de apellidos bien sonoros, compadrearon con la dictadura para obtener fortunas inmensas que han venido disfrutando sin rubor alguno.

La Vanguardia – en tiempos de L´estaca se apellidaba “española” – del 18 de julio de 1970 llevaba en portada una foto de Franco saludando en plan torero; ocupaba toda la página salvo un pequeño faldón en que se nos recordaba que se cumplía el trigésimo cuarto aniversario del “Alzamiento Nacional”. Y lo mismo ocurrió en 1971, en 1972, en 1973, en 1974 – Franco despachando con Arias en el hospital – y en 1975. No recuerdo que Llach pusiera grito alguno en el cielo. Tampoco Pujol, el exhonorable, ni ninguno de quienes tenían ya por entonces edad de disentir y hoy se muestran partidarios de irse de una España que ellos ven habitada sólo por franquistas, para recluirse en una Cataluña provinciana y ocupada por exfranquistas renegados de su pasado.

Llach se erige en ángel precursor del ángel exterminador que nacerá del parlamento de Cataluña una vez los mentecatos de Puigdemont, Junqueras y asociados se atrevan a poner en marcha el plan que ellos creen sagaz, destinado a pillarnos desprevenidos y desarmados como Franco quería a los rojos: cautivos y desarmados. Y se erige en comisario político estilo NKVD soviético que eliminaba no sólo a los opositores sino también a los meramente tibios. Llach, el otrora opositor, se convierte ahora en el precursor del estacazo que le piensan dar a quienes no comulguen de inmediato con la rueda de molino colectiva que le han vendido a una parte significativa – pero no mayoritaria – de los catalanes. Quieren estos despreciables mandangas ganar con un reglamento amañado y unos votos de aluvión- derechas podridas PDCat, izquierdistas de salón ERC, anarquistas CUP… – lo que tradicionalmente se venía ganando con una guerra: echar a un ejército de parte del territorio de su nación. Y para ello empiezan por acojonar a los únicos armados con que cuentan, los mozos de escuadra, que tendrán que optar dramáticamente entre acatar el poder recién votado pero no consolidado o, por el contrario, obedecer las órdenes legítimas que le vengan de las autoridades españolas, órdenes que hasta hoy están cumpliendo. Y con ello se les obligará a jugarse su carrera – si no triunfa el golpe de Estado -, la pensión y la vergüenza de ser tenidos por traidores una vez se imponga el Estado de Derecho y las aguas vuelvan a su cauce.

¿O se creen que los catalanes van a enterrar el seny bajo unos votos insensatos? ¿Se van a dejar llevar por el impresentable Junqueras hacia el muro en que termina el callejón al que ya los ha conducido? ¿Se estrellarán, y con ellos el futuro de sus hijos, con tal de demostrar que España no es un país democrático?

Han jugado de farol, en la esperanza de que España les negociara un cupo a la vasca y el Estado ha jugado sus cartas diciendo “las veo”, salvo el impresentable y difunto Sánchez, que cree que ganándose a los socialistas catalanes volverá a la secretaría general.

Los faroleros están ahora con las vergüenzas al aire y quemando el último cartucho: acojonar a los propios. Háganlo en buena hora pero si lo que de verdad quieren es imponer la independencia contra todo un Estado de Derecho, sepan que  los medios son otros pero que para usarlos hay que ser bastante más arrojado de lo que ellos son.

Artículos

Obviedad por obviedad

Dicen los de Junts pel sí que las palabras de Luis Llach sobre la responsabilidad de los funcionarios – particularmente mozos de escuadra – que se opongan a la vigencia de la ley de desconexión no son más que obviedades. Y no cabe sino responder con obviedades a quien se empeña en echar su discurso por el camino de las simplezas.

Los empresarios catalanes, hoy vinculados por la ley española en que voluntariamente viven, ¿dejarán de ingresar en la Hacienda Pública las cuotas de IRPF retenidas a sus trabajadores? ¿Harán lo mismo con las cuotas retenidas a los trabajadores como contribución a la Seguridad Social? Quien reciba una multa de la DGT ¿dejará de pagarla? Quien venda una propiedad ¿dejará de ingresar el IVA en las arcas públicas? Y así podríamos seguir profundizando en la complejísima relación de Derecho Público que hoy día vincula a los ciudadanos catalanes con las finanzas nacionales españolas.

Tomemos un caso extremo: al día siguiente de la supuesta aprobación de la ley de desconexión algunos ciudadanos se jubilarán: ¿Tramitarán su jubilación ante las autoridades españolas o ante el remedo de administración que dirija Junqueras, a riesgo de quedarse sin pensión?

A la obviedad de Luis Llach no cabe sino oponer la obviedad de la vinculación al Estado de Derecho en que vive hoy la población catalana, por más que el poco seso de los líderes de la independencia haya obviado la consideración en profundidad de los espinosos aspectos que plantea una desconexión al margen de la ley nacional e internacional. Por ejemplo: cuando lleguen al puerto de Barcelona mercancías desde el exterior sometidas al pago a aranceles ¿se arriesgarán las grandes empresas de transporte a pagar los aranceles a una administración que no les asegure el libre tránsito de las mismas fuera de territorio catalán? ¿Qué pasará cuando la casa Ford remita toneladas de piezas para la fabricación de coches? ¿Asumirán la posibilidad de que los coches en que se monten tales piezas no se puedan vender fuera de Cataluña u optarán por deslocalizarse a Zaragoza?

Los delirios (RAE: m. Psicol. y Psiquiatr. Confusión mental caracterizada por alucinaciones, reiteración de pensamientos absurdos e incoherencia) son ante todo un síntoma revelador de un desorden psiquiátrico necesitado de atención y cuidados. Los delirios así entendidos hacen que la persona viva en un mundo imaginario en que los molinos son gigantes y los galeotes caballeros injustamente presos a los que hay que liberar para que resplandezca la justicia y la verdad. Mas, Homs y los demás inhabilitados – más los que vengan, que ya se están cociendo – creen que lo suyo va para muy corto porque la ley catalana los va a rehabilitar de forma inmediata y seguirán su carrera política sin ataduras legales de un país que no es el suyo. Pero ¿seguirán utilizando el pasaporte español mientras el mundo no reconozca los pasaportes emitidos por la delirante República Catalana? ¿Mantendrán su deuda en euros mientras ellos fabrican mortadelos de corte bolivariano, sólo aptos para jugar al Palé y sin valor de cambio alguno? ¿Seguirá funcionando el sistema de correos o se producirá un colapso de entregas que perjudicarán negocios, contratos, vidas…? ¿Saldrán del sistema nacional de trasplantes? ¿Aceptará el mundo la certificación sanitaria de un medicamento emitida por un país no reconocido por la comunidad internacional?

Nos esperan meses fascinantes. Vamos a presenciar en directo el choque de un tren que califican de imparable contra una piedra que sabemos inamovible. ¿Y qué ocurrirá? No lo sabemos a ciencia cierta pero es de temer que el resultado sea un choque indescriptible. Y no será un mero delirio sino una realidad tan palpable que a más de uno le temblarán hasta los genes cuando se den de bruces con ella.

Cinco meses quedan.

Artículos

Close to the edge

Vuelvo de cinco días de aislamiento en un país modélico – Noruega – y encuentro que por la calle corre la sensación de que nos llevan al borde del abismo con pequeñas y grandes contribuciones. Temerariamente, con el horizonte cerrado a las más que previsibles consecuencias de unos actos para los que no nos piden permiso aunque comprometan nuestro futuro inmediato. La corrupción que no cesa del PP como asunto meramente interno, la verdadera cara de la Revolución Bolivariana, la escalada verbal – y en parte atómica – entre Corea del Norte y los EEUU y la más que real amenaza de Le Pen que se cierne sobre toda la UE, unida a la incapacidad de Trump para aparentar que es un presidente sometido a la constitución y preocupado por el bienestar general y no sólo por la subida de precios de su complejo en Florida y los distintos negocios propios y del entorno inmediato.

Lo del PP escapa de cualquier calificativo. Nos hablan de un saqueo de 25 millones de euros de una sola tacada y uno se hace la pregunta obligada: si yo pago en IRPF unos 15.000 euros al año, ¿cuántas declaraciones de renta como la mía hacen falta para que esta gente se lleve crudo el dinero que el Estado recauda para financiar servicios? Exactamente 1.666 contribuciones como la mía que en vez de adecentar los sueldos de los profesores se han ido a los bolsillos insaciables de delincuentes mucho más peligrosos que los que se van a prisión a diario por asuntos nimios. Y lo más pasmoso es la indiferencia con que el electorado sigue votando a lo que ya parece constituir una conspiración de corte mafioso amparada por votantes e instituciones que hace mucho tiempo se alejaron de su papel constitucional y participan por omisión en esta catástrofe de la corrupción del sistema político en todos sus niveles. Ya lo vivimos con el PSOE en los 90 y ahora reeditamos con el PP, lo que nos hace temer que si otros – Podemos incluido – llegan al poder continuarán con el saqueo de las arcas públicas en beneficio de los supuestamente liertadores.

Y podemos llorar por un ojo porque la tragedia que se está desarrollando en Venezuela – con el apoyo impertérrito y vergonzante de los podemitas – desborda todo lo imaginable. Una constitución escrita sobre el agua, un patán sanguinario a los mandos del poder, una inexistente separación de poderes – la mascarada del Tribunal Supremo desacredita a la institución casi a perpetuidad – y a última hora, sobre una inflación del 1.700%, la voluntad de armar a un millón de descerebrados para que lleven en la calle la guerra civil que los bolivarianos están pidiendo a gritos con tal de no reconocer el fracaso de su delirio. Y todo eso apoyados por personajes siniestros como el pequeño Pablicolás que no parecen haber aprendido nada de nuestra propia historia y de cómo actitudes similares nos llevaron a nuestra terrible guerra civil.

Y al norte tenemos a Trump, cuyas payasadas nos van a costar bien caras. Abusón compulsivo, bombardeó Siria encendiendo aún más los ánimos, dejó caer en Afganistán la madre de todas las bombas -mas de cien muertos ha costado la represalia talibán – y amenazó con enviar una fuerza militar a Corea del Norte cuyo amo y señor,  tras comprobar que las naves iban en dirección contraria, se ha subido a las barbas del mundo y amenaza con destruir el portaviones si al cabo se acerca a sus aguas. Enre abusones anda el juego y no cabe decir cuál de los dos resulta más imprevisible; lo único cierto es que se están jugando el futuro de la civilización tal como la conocemos.

Y Le Pen al borde mismo de la posibilidad de gobernar Francia y dar la puntilla a la UE, esa empresa común que empezó hace 25 siglos con Roma y ahora se puede venir abajo entre la embestida británica y la más que previsible contribución de una nazi impresentable que ha sabido ganarse el voto de los trabajadores más rojos ante el descrédito generalizado de la izquierda.

Ante semejante panorama dice el hombre sensato que sólo nos queda rezar, cada cual al dios que más rabia le dé, porque de los personajes en cuyas manos está el mundo nada sensato cabe esperar. Y ya sabemos lo que pasa cuando el único recurso queda en manos de los dioses: que los dioses miran para otro lado mientras sus criaturas se dedican con ahínco a que todo salga mal y se multiplique el sufrimiento de los que siempre acaban sufriendo: los niños, las mujeres, los viejos, los enfermos…

 

Artículos