Nos ha tocado VOX

Primero fueron los americanos elevando a categoría de enmienda constitucional el tiro al indio aborigen, al negro y a todo al que inquietara a los fanáticos de las caravanas que se fueron allá huyendo de su propio integrismo. Y así siguen más de tres siglos después. La mente podrida de Trump, enfrentada a las matanzas rituales de gente cabreada, no ve más solución que armar a los ciudadanos, convirtiendo así en una guerra lo que iba a ser sólo una masacre limitada. Los MacDonald acabarán tan armados como El Álamo y cualquier chispa menor encendará la mecha de un tiroteo en que la mitad de una ciudad se enfrentará a la otra media por una causa estúpida de la que nadie se acordará en los funerales.

Duterte es un delicuente peligroso con mando en plaza. De pedir el disparo a traficantes y adictos ha pasado a pedir el tiro contra los curas. Mañana serán los periodistas, por estar ahí y contar lo que pasa. Y luego quién sabe contra quién se volverá la mente podrida de ese tipejo patibulario que hoy es la imagen oficial de Filipinas.

De Salvini y su acentuado racismo poco queda por decir. De Bolsonaro, sin embargo, oiremos hablar bien pronto, cuando la ley de fugas filipina se imponga en Brasil y empiecen a caer delincuentes menores y mayores en una especie de guerra civil limitada a los barrios más pobres. Al menos al principio. Hasta que alguien se dé cuenta y ensanche el rango de disparo.

A nosotros nos ha tocado VOX. También ellos quieren armar a los ciudadanos para que se defiendan, autorizar el higiénico disparo preventivo y legitimar el tiro por la espalda al delincuente que huye. Se trata, como en los casos anteriores, de difuminar la frontera entre la legítima defensa y la venganza súbita. Matar al perro para que acabe la rabia. Por el camino va VOX dejando un rosario de animaladas que va a ser muy difícil levantar si alguna vez tocan pelo de verdad. Ya le pasó al mamarracho de Torra con los twits intoxicantes que borró, muy a su pesar, por mitigar su imagen de troglodita. Lo de VOX con el macho eterno va por el mismo camino. El papel que reservan a la mujer no parece que haya avanzado desde la Sección Femenina hasta hoy y, mientras tanto, la homofobia se les sale por las orejas. Y a quienes pretenden rescatar cadáveres de las cunetas los califican de meros “buscadores de huesos”, pero ellos los suyos – que son básicamente los de Franco – los quieren a buen recaudo y mantenidos por todos.

La pregunta que hay que hacerse no es por qué VOX es como es – la ultraderecha sigue fiel a sí misma – sino por qué en medio de este barullo Casado cree que oficiando de miniyó de Aznar y compitiendo por soltarla más gorda va a ganar votos y no va a pasar, como es de temer, que le haga el caldo gordo al impresentable de Sánchez y deje a la derecha moderada huérfana y a la izquierda moderada sin un líder que haga volver los votos que espantó Zapatero y Sánchez ha desterrado definitivamente.

Como en el chiste: o eso, o haber “elegío muette”.

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Mafia y denominación de origen

Lutero eliminó la mediación eclesiástica pecador-Dios y promovió la libre interpretación de las escrituras, además de cubrir a la IC de oprobio por el mercadeo de las indulgencias. Por eso en los países de tradición protestante hay quien va a la cárcel por no mentir – el entorno de Trump se está agotando – mientras en los paises católicos la gente miente a sus anchas, curas incluidos al menos en asuntos de pederastia, y encubren sin pudor a los nuestros a base de mentiras por las que, en principio, habrían de ir al infierno, ese en el que ya ni ellos creen. Se limitan a confesarse, como un marido revoltoso, y a retomar la carrera furtiva donde la dejaron.

El juicio del prusés está sacando a la luz la mafia mentirosa y antigua que sojuzga a Cataluña y la pastorea como dueña del cortijo. Del 3% hemos pasado a algo mucho más sustancioso: queremos todo un país en el que aplicar el 3%, consagrar el nepotismo de sangre y de partido y ganarnos el silencio espeso que toda mafia necesita para sobrevivir. Y van surgiendo empresarios que hacen encargos acordados en una esquina o en la barra de un bar de hotel, a ruego de un tal Toni, dividen el almacenamiento para eludir los registros, no saben qué imprimen ni qué reparten… y no leen los periódicos ni ven la televisión, aunque sea TV3, por lo que desconocían que hubiera en marcha un referéndum ilegal. Los cárteles del narcotráfico necesitan empresarios así para repartir bolsitas y papelinas sin hacerse preguntas sobre lo que va dentro, recaudar y liquidar cuentas con el padrone. Unipost se lo debería pensar: lo mismo salen de la crisis en que están.

Con los juicios que llevamos vistos – EREs y tarjetas black, por ejemplo – ya sabemos qué sutil entramado de lealtades remuneradas genera un país en que los más elementales principios están ausentes; ni la mojigata izquierda, tradicionalmente sujeta por sus tradiciones, deja de caer seducida ante el dinero fácil y el cordón umbilical que genera entre el beneficiado y el padrone, que convierte una dádiva ocasional en un proyecto de futuro. Y si eso hace la izquierda ya pueden imaginar la derechona española, cuyas sucursales autonómicas han dado muestras de una iniciativa inimaginable cuando se trata de administrar eficazmente el dinero público.

Tenemos que deslocalizar a la mafia, que ya no es sólo italiana, y empezar a identificar denominaciones de origen de todo el planeta: la mafia catalana, la mafia española – de esa vamos sobrados sólo entre la casta política -, las mafias autonómicas, las mafias locales y hasta las de pedanía, que también las hay. La mafia del papel y de las fotocopiadoras, la de suministros médicos, de derivaciones de todo tipo de la red pública a la privada. Las mafias editoriales, la del papel prensa, los conciertos petroleros, de seguros, de concesionarios de vehículos, la que oculta la guerra gasolina-diesel, la del lento despegue del coche eléctrico o la poco fundada guerra contra las nucleares.

Y volviendo al tema de inicio, hay que imaginar que Cataluña queda en manos de esa magia siniestra que se está revelando en el juicio a base de siolencios, titubeos, amenazas subliminales, concierto con la defensa… Y hay que imaginar que casi ocho millones de personas, hoy silentes, quedan en manos de esa gentuza si el Tribunal Supremo no acierta a dar con los mecanismos legales que permiten condenar a quien, según su derecho, se niega a declararse culpable, y obviar a quienes mienten para ganarse el derecho a seguir siendo parte de su particular “cosa nostra”.

Dan ganas de irse pero los más serios países del mundo o están muy alejados – Australia – o son demasiado fríos para un sureño. Así que sólo nos queda el “beatus ille”, la vuelta al campo, la vida modesta y sosegada. La huida.  Y al final la muerte, que todo lo recompone.

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La pinza olvidada por el SMS

Alguien ha apuntado al carácter meramente hipotético de las informaciones vertidas en la entrega anterior, y de la imposibilidad en que estamos de comprobarlas. Veamos.

Respecto del paciente que fue intervenido por quien dirige Cirugía Cardiovascular y tuvo que ser intervenido de nuevo, el hecho es que el cirujano olvidó dentro del paciente una pinza de coronaria – conocida como “bulldog” – que, durante la intervención, impide el tránsito de la sangre a la zona que se está  operando. Lógicamente, al acabar la intervención debió retirarse tal pinza para que la sangre fluyera y normalizara la situación, pero en un descuido insignificante, el cirujano se olvidó de la pinza, lo que repercutió muy negativamente en la salud del enfermo, que acabó sufriendo una infección en zona pericárdica que se extendió hasta el esternón. El deterioro de su salud – el organismo humano tolera mal los cuerpos extraños incrustados – hizo que el paciente fuera revisado, y ahí fue donde una radiografía confirmó que la pinza seguía allí, ocluyendo la vía coronaria, de modo que la única solución consistía en reintervenir al paciente y extraer la pinza olvidada. Los responsables no se atrevieron a contarle al paciente la verdad, porque se exponían a querellas y demandas, así que lo engañaron, acudieron a su particular jerga y con palabras muy técnicas, todas falsas, lo convencieron de que lo abrían para otra cosa muy distinta y ajena a sus responsabilidades, y así lo volvieron a intervenir, la pinza desapareció y con ella se fueron los dolores del paciente y el riesgo vital en que lo habían puesto los encargados de que eso no ocurriera. Pero ocasionar una grave enfermedad por imprudencia es un delito que da lugar a responsabilidades penales y civiles – que acabará asumiendo el SMS – que no han prescrito; tampoco la falsedad en documento oficial.

¿Dejarán que prescriban sin más? ¿El señor Fiscal Jefe de Murcia no tiene nada que decir al respecto? Tan sensible con los ruidos de los bares – con toda la razón – e insensible en cuestiones de salud a vida o muerte. ¿Tanto les cuesta investigar las listas de cirugía cardíaca de julio y agosto de 2015 y comprobar quién fue el único paciente que hubo de ser intervenido dos veces en tales fechas? Y una vez metidos en harina, ¿es imposible rastrear la radiografía que acreditaba el desaguisado y quién fue el responsable principal del mismo? Y, ya puestos, sería de desear que facilitaran a la opinión pública lo que hicieron constar en la documentación de la intervención que, sin duda, ha de pertenecer al género de la literatura fantástica pues se tuvieron que inventar una complicación inexistente para tapar otra existente cuya responsabilidad resultaba imputable al responsable del olvido. Queremos saber qué pusieron por escrito…

Por otra parte, de cara a la demostración inapelable del ejercicio libre de la cirugía por parte de quien, por ley, no podía hacerlo, y el cobro en negro de sus intervenciones, bastará con investigar a la comunidad de bienes CCV, que se anuncia en internet e identifica el hospital donde ocurrió parte de lo expuesto y, si se lo toman en serio, descubrirán necesariamente comprometedores email y wasap entre los socios de CCV y con el cirujano que operaba sin reflejar su nombre en la documentación, con indicaciones  e ideas sobre cómo repartir el dinero extraoficialmente – cómo pagar a quien no puede cobrar -, presupuestos por intervenciones carísimas y, en general, todos los pormenores usuales de una más entre las formas de corrupción que, en esta comunidad, siguen activas a ciencia y paciencia de los llamados por ley a impedirlas. No es precisa mucha imaginación para saber cómo cursan estas cosas y orientar la búsqueda. Basta con haber conocido casos similares para saber dónde hay que buscar, y de eso los fiscales andan sobrados. La UCO lo hace bien pero sólo la exhiben en asuntos municipales, al menos mientras aquí mandaba el anterio fiscal jefe. ¿Seguimos en las mismas?

En el lío, siquiera sea omisivamente, están implicados jueces que no investigan, fiscales que no denuncian, los más altos mandos del SMS, especialmente el jefe de cirugía cardiovascular de la Arrixaca, y todo un equipo de cirujanos, anestesistas y personal de enfermería y quirófano que, si se les abruma con pruebas documentales obtenidas mediante autorización judicial, no serán capaces de negar lo que vieron. Puede que, como en otras ocasiones, esta noche funcionen a tope las destructoras de documentación pero no podrán eliminar las fotocopias existentes ni neutralizar a todos los profesionales que, conscientes de su responsabilidad, hicieron constar el nombre del verdadero cirujano que hizo cada intervención. Con que haya uno que conserve un mínimo de coraje cívico el asunto podría dar mucho de sí: ceses políticos y de altos funcionarios, impuestos para las arcas estatales con sus correspondientes sanciones, mayor control de la actividad privada al margen de la ley, mejora de la lista de espera y reducción del número de muertos sin intervenir, extrañas donaciones a una extraña fundación de cirugía cardiovascular por parte de empresas que suministraban material quirúrgico a la sanidad murciana, etc., etc., etc.

Vuelven, si alguna vez se fueron, los tiempos en que los maletines circulaban profusamente por los hospitales de esta comunidad. Uno de esos maletines le costó el puesto a un presidente autonómico (que acabó siendo absuelto). De eso hace ya 26 años. ¿Y aún seguimos así? Bastaría  que un juez o un fiscal quisieran aclarar oficialmente este asunto que, recuerden, ha dado lugar al incremento de la lista de espera en cirugía cardiovascular, al alargamiento de los tiempos de espera, a la no implantación del servicio en el hospital Santa Lucía de Cartagena y, sin duda, a la muerte de pacientes sin operar debido al despilfarro de tres cirujanos, uno que no está y dos que es como si no estuvieran por decisión expresa del jefe del servicio.

¿Necesitan una tercera entrega?

PS. Señores aludidos: antes de llamar a sus abogados les sugiero que lean la STC de 25 de febrero de 2019, tan reciente que no tiene asignado número; la pueden consulta en el diario La Ley. Va de libertad de expresión e información. Verán que el mundo ya no es el mismo en materia de perseguir al mensajero.

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Más madera, que ardan otros

El arrojado Puigdemont, al que ERC se la tiene jurada por haber dejado en la estacada a los suyos oficiando de capitán araña, se empeña desde sus confortable refugio en complicar aún más las cosas para unas defensas que sortean como pueden, a base de “ponderaciones”, en sortear la ilegalidad del referéndum que convocaron y simularon celebrar, la derogación de la Constitución de la que dimanaban sus poderes y – por la boca muere el pez – el haber puesto por escrito, en la ley de transitoriedad y la de desconexión, que sus verdaderas intenciones eran, sin duda, las de echar abajo el orden institucional establecido y sustituir a una justicia homologada por otra bolivariana compuesta de jueces en plan “D. Ángel sí, señor”.

Acaba de declarar el miserable cobardón que lamenta haber dado marcha atrás en la declaración de la republiqueta, lo que no es sino madera para la pira en que van a arder metafóricamente los otros, pues si cuanto aprobaron políticamente tenía como finalidad que el ejecutivo echara abajo el orden constitucional y él procedió a proclamar un estado al margen del legal, lo cierto es que la secesión quedó consumada, aunque fuera por segundos, y eso va a pesar, lo quiera él o no, a la hora de ponderar el significado de los actos que todos juntos cometieron y sólo algunos afrontan desde la cárcel o en libertad.

Cuando vengan las condenas y en los razonamientos se incluyan las proclamas pasadas, presente y futuras del mequetrefe, quienes hoy están siendo juzgados – en ausencia de los abogados de VOX, por falta grave en cuestión de puntualidad – comprobarán que lo que ellos no han reconocido sí lo ha proclamado a todos los vientos el que se salvó de la quema huyendo, y sumarán agravios al por qué se la tienen jurada a ese ser con una rata peluda en lo alto de la cabeza.
Está resultando divertida la cosa. Soflamas a preguntas de sus letrados y mentiras acumuladas sobre las muchas en que se basa su delirio.

Y enseguida vendrá Forcadell, la de “visca la república catalana” para poner el último clavo en el ataúd de sus compañeros de banquillo cuando tenga que aclarar si lo que gritó podía ser entendido como un “viva el Betis aunque pierda” o si, por el contrario, lo que ella permitió y Torrent no ha permitido fue la votación de un acuerdo ilegal con plena conciencia de ilegalidad, varias veces advertida por el TC y por los propios letrados de la cámara, cuyos dictámenes no serán vinculantes pero hay en los repertorios innumerables sentencias que condenan a funcionarios y autoridades por pasarse la opinión de los técnicos cada cual por donde en su momento le pedía el cuerpo.
Van a provocar, tontamente, que a Rahola le dé un jamacuco de tanto sufrir por los mártires del prusés. No la echaremos de menos si el asunto llega a mayores pero no resulta ni cristiano arriesgar así la vida de tanto necio, que son, no se olvide, igualmente hijos de Dios y herederos de su gloria. Aunque acaben en prisión por sus pecados.

Debe Puigdemont descarga de una vez su conciencia del peso de la república proclamada, que a él le quema como el beso de Mari Cruz mientras que a sus colegas de algarada le pesa como esas tres cruces clavadas en el monte del olvido que atiende por Waterloo.

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Quien de joven come tribunales…

No dejaré de señalar, antes de entrar en harina, lo mucho que Romeva se va pareciendo a Mortadelo a medida que cumple años, dicho sea sin desdoro del gran Mortadelo.

Encerrados en el monólogo indepe, que no ve más que lo que quiere ver, la arrabalera Rahola sostiene en TV3 – ¿dónde si no? – que Junqueras, Romeva y Turull “se han comido al tribunal con patatas”, sin ningún otro argumento que el haber renunciado a una defensa técnica en pro de un mitin inspirado en la delincuencia por convicción: esto no es delito porque yo no lo siento así. Habida cuenta de que los últimos delincuentes convencidos de sus verdades fueron, además de “el solitario”, los etarras, los grapos y, más próximamente, los yihadistas, unos en prisión y los otros o muertos o acorralados en un kilómetro cuadrado de Siria, entrar en tan deleznable club no les servirá de nada cuando llegue el momento de que el tribunal, tras ser digerido con patatas y todo, dicte una sentencia que será condenatoria en atención a lo que se pruebe y no a lo que prediquen estos tipos, por mucha tabarra que nos sigan dando con la epopeya indepe en que viven.

¿Con patatas, no? Para consumo interno de la tropa indepe no deja de ser un alivio proclamar mentiras por ver si, por reiteración, se abren camino en los cerebros desafectos y acabamos no viendo en Junqueras al desaprensivo que propuso paralizar Cataluña para perjudicar a España y hasta soltó unas lagrimitas de “angoixa” por no verse plenamente reconocido como hijo de una Cataluña independiente de España y de Europa. Pero el aburridísimo discurso de la puesta de los sentimientos por encima del Estado de Derecho no acabará legitimando el pisoteo de la ley, por mucha coartada que esgriman.

Hoy sale al ruedo Rull y resulta muy de temer que nos pegue otra paliza sentimental sobre lo muy por encima de la Constitución que está el mandato surgido de un simulacro de referéndum con urnas que llegaban cargadas de papeletas antes de abrirse el colegio y de unos resultados que “había que refinar”, como si los votantes hubieran echado petróleo y no votos en la urnas. Y ni siquiera refinando los datos, con lo fácil que es contarlos sin refinamiento alguno, resultó que quienes se quieren ir de España y de Europa son una minoría bulliciosa que, de momento, tiene paralizada la administración de la autonomía y mañana jueves pretende paralizar la comunidad entera. Día de gloria para los CDR, esa pacífica muchachada que tanto recuerda a los falangistas que entraban detrás de las tropas franquistas para “pacificar” las ciudades desafectas.

Pues la patochada de Rahola me lo ha puesto más que a tiro. Dice el refrán español, con cierta crudeza que me disculparán, que quien de joven come gallinas de mayor caga las plumas. No teniendo plumas el tribunal, ese que se han comido con patatas, Junqueras, Turull, Romeva y toda su tropa, de mayores acabarán echando la parte dispositiva de una sentencia que, con certeza, empezará con la frase “que debemos condenar y condenamos”. Y entonces vendrá el llanto y el crujir de dientes si Sánchez no lo remedia con los indultos que, de puro buen y progresista, le brotan del corazón.

¡Menuda pandilla de impresentables.

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Vacunas: o ciencia o charlatanes

No hay término medio. Y si no, busquen en la red “España Sindrome de Ramsay Hunt” y les saldrá la horrible noticia de una madre que no quiso vacunar a su hijo contra la varicela y ha terminado difundiendo por Twiter que su hijo acabó contrayendo la enfermedad de Ramsay Hunt que, en realidad, es un conjunto de síntomas que configuran lo que la medicina entiende por síndrome. Parálisis facial, herpes en el oído con manifestaciones cutáneas severas, sordera lateral… Busquen, si lo pueden soportar, imágenes en la red. Un horror más de los que la vida distribuye al azar, con la diferencia de que éste se puede evitar y esa madre – ojalá encuentre el consuelo que yo le deseo y su hijo una parte de la salud perdida -, por escuchar cantos de sirena de charlatanes asociados en alguna página web, no quiso poner remedio preventivo a lo que ahora ya resulta irremediable.

Los móviles han salvado vidas, muchas, y también han acabado con otras por andar jugando a wasap mientras conducían. Internet nos ha facilitado el acceso a casi todo el conocimiento acumulado por la humanidad pero igualmente ha permitido la expansión de la más abyecta charlatanería sin base razonable alguna. Hemos avanzado enormemente pero siempre hay un resquicio de retroceso. Quien salta adelante siempre deja atrás el polvo que sueltan sus zapataillas al tomar impulso, y ese polvo, en ciertas materias, resulta mortal para quien lo prefiere al salto adelante que dio quien lo dejó.

Todavía en ciertas partes de África hay quien cree que el SIDA se cura teniendo relaciones sexuales desprotegidas con una adolescente virgen. Ya pueden imaginar el resultado: dos contagiados, una de ellas muy joven. También está muy extendida allí la creencia de que el clítoris no amputado puede matar por contacto al feto y, antes que a éste, al hombre que penetre a una mujer no mutilada. En esa misma liga juega la estúpida creencia en el efecto pernicioso de las vacunas, que no sólo producen autismo sino que matan más que curan, con la diferencia de que los occidentales tenemos acceso a una cultura y a una orientación profesional que, en principio, debería librarnos de semejantes saltos atrás en el bienestar de nuestros hijos.

Tomo de Pinker (En defensa de la Ilustración, pp.93-94 de la edición española) la siguiente lista de santos laicos que deberían ir sustituyendo a los sanadores Cosme y Damián: W. Foege, con la vacuna y erradicación de la viruela salvó 131 millones de vidas; M. Hilleman y las ocho vacunas que propició salvaron a 129 millones de personas; J. Enders y su vacuna contra el sarampión salvó a 120 millones; G. Ramon y su vacuna contra el tétanos y la difteria salvó a 60 millones más, y P. Ehrlich y sus antitoxinas de tétanos y difteria salvaron a otros 42 millones; G. Eldering y P. Kendrick y su vacuna contra la tosferina salvaron a 14 millones. Después de esas cifras, seriamente contrastadas, ¿puede algún cuñado al uso, alguno de esos especialistas en conspiraciones o cualquiera de los charlatanes que pululan por las redes sociales sostener que de nada ha servido el esfuerzo de quienes se han dedicado al estudio y no a la elucubración ni al perfecccionamiento de rituales chamánicos que a nada nos condujeron en los primeros dos millones de años de evolución?

Repito: ojalá esa madre encuentre la paz y el consuelo. Ojalá su hijo recupere en parte la salud a base de algún santo laico que consiga la curación o la atenuación del síndrome. Mientras tanto, hay que señalar públicamente a quienes en materia médica se atreven a discutir con los únicos que de verdad saben al respecto, después de estudiar desde los 3 años hasta los 30 y dedicarse con verdadero ahínco a la salud de los demás. Y no me digan que algunos se equivocan porque si es así, entonces tenemos que dejar de conducir todos nosotros, y no lo hacemos.

O ciencia o charlatanes: no hay término medio.

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Cómo perder un juicio irremediablemente

Antes de que nos alcanzara la civilización resultaba muy fácil perder un juicio porque la justicia se desentendía de las defensas mientras escuchaba arrobada al fiscal. Así era la justicia militar durante el franquismo: los jueces escuchaban al fiscal y a la defensa le estaba prohibido hasta hablar bien de su defendido bajo amenaza de ser ellos mismos acusados del delito de defender a un acusado. De hecho, en el consejo de guerra de El Goloso, en septiembre de 1975, los abogados de la defensa fueron cesados de sus funciones durante la vista y sustituidos por miembros del servicio jurídico militar, pasteleo infame que condujo, a la mañana siguiente del simulacro de juicio justo, al “enterado” del gobierno, por unanimidad y bajo la presidencia de su excremencia el generalísimo, y al fusilamiento de cinco muchachos, formalmente inocentes, al amanecer de aquel fatídico y negro 27 de septiembre.

Así que en la justicia incivilizada la mejor forma de perder un juicio era parecer culpable aunque no se sustentara la acusación en prueba válida alguna.

Esos tiempos se acabaron. Muerto el dictador nos dimos una democracia civilizada y atenta a las exigencias de la Declaración de Derechos Humanos de la ONU, del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de Nueva York y de la Convención Europea de Derechos Humanos, cuyos principios aparecen recogidos en nuestras leyes, que vinculan a jueces y tribunales. No siempre las cumplen, es cierto, y ahí está la Doctrina Parot para demostrarlo, pero aquello fue una excepción cometida por magistrados y fiscales más cercanos al franquismo que a la civilización, por más que algunos sigan en activo y reclamen un respeto y una probidad que no merecen.

En un juicio civilizado hay dos partes, una que acusa y otra que defiende, y en medio está el juez – o magistrados – que dirimen la controversia una vez escuchan a ambas partes tras la práctica de pruebas. Los jueces, máxime los del supremo de hoy mismo, llevan como mínimo 30 años oyendo defensas y acusaciones, y cuando ven que los acusados sólo atienden a las preguntas de sus letrados se ponen en modo “ya veremos cuando empiecen los testigos” porque esos no pueden ponerse exquisitos a la hora de contestar. De modo que, al revés que en el franquismo, la mejor forma de perder un juicio en democracia consiste en empezar recomendando a tu defendido que no conteste más que a su letrado. El asunto es de cajón. Yo lo aprendí al hilo de más de dos mil juicio penales celebrados. Antes sólo se atendía a las acusaciones; los que quieren una justicia bolivariana como la que diseñaron los indepes para sustituir a una justicia seria sólo quieren que se atienda a las defensas, esas a las que los acusados pagan para que hablen bien de ellos, sea verdad o mentira lo que dicen unos y otros.

Lo de Junqueras y Forn fue un mitin mucho más que la declaración de un acusado. Fieles a su delirio democrático van a morir sosteniendo que ellos no hicieron más que votar, ocultando bravamente – como el cobarde Puigdemont – que votaron derogar la Constitución y poner en su lugar una ley que si la hubiera hecho Maduro no les habría salido ni más infame ni menos homologable según los estándares de civilización antes citados. Actuaron como el delincuente conocido como “el solitario”, que se hartó de decir en sus juicios que él no robaba sino que expropiaba y, tras ser condenado por asesino y ladrón, en la cárcel sigue y ahora sí que ni expropia ni roba ni mata.

Querían Junqueras y Forn una justicia de jueces afectos al régimen – como los de Franco – y dispuestos a comulgar con los delirios de quienes los habían designado, que es como le ponían las bolas a Fernando VII, ese otro precedente del ejercicio del poder indepe. Desde ese delirio se sienten inocentes y sólo culpables de haber votado; que la convocatoria hubiera sido anulada por el Tribunal Constitucional no les dice nada, pues ellos estaban ya en la pantalla que inauguró Franco en el 36 y revitalizó Tejero en el 81.

Si caerán o no por rebelión no es cosa mía. Con sedición, malversación y desobediencia irán bien servidos y, muerto hoy mismo Sánchez, el de los indultos, dejando a la patética izquierda con escasas posibilidades de reeditar la coalición con etarras y sediciosos, tienen los acusados por delante muchos años para reconsiderar sus tropelías y decidir si, como “el no pasarán” que sí permitió pasar, serán ellos condenados como yo sostengo que pasará y ellos niegan.

Admito apuestas.

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¿Es que no se reían los etarras?

Y los yihadistas condenados a muerte, convencidos de que la ejecución de la sentencia supondría el inicio de la mejor parte de su vida – por otra parte, eterna – y no el fin de su breve y prescindible vida. Pues con el mismo buen humor han entrado en el TS los responsables a título de autores de la más grave crisis constitucional después del 23 F, a falta de bigotes y metralletas para haber redondeado la imagen cutre de Tejero llenado de balas el techo de las Cortes.

Los etarras se reían durante el juicio aparentando una fortaleza que se desmoronaba cuando les caían treinta años y se veían por delante treinta tacos de calendario, treinta navidades, treinta santos y cumpleaños alejados de todo aquello por lo que alguna vez se echaron al monte a matar gente que pensaba raro porque no pensaban como ellos, cuando resultaba tan fácil o no pensar o recurrir a ese simulacro de vida inteligente que constituía la organización terrorista ETA.

Una vez en escena se trata de aparentar – sólo aparentar, recuerden a Maquiavelo – una fortaleza personal y de su pandilla que ha de prevalecer sobre siglos de historia e instituciones. Con algo menos de dramatismo, es como si a los juicios de Nuremberg hubiera podido asistir Hitler para ver cómo juzgaban a los suyos, aunque no sabemos si habría querido asistir también a las posteriores ahorcaduras, como no sabemos si Torra y su gente seguirá yendo a ver a estos a la cárcel cuando lleven apenas un par de años dentro.

Porque a estos delincuentes no los van a ahorcar. Por suerte han dado con un sistema de justicia civilizado al que ellos van a intentar reventarle las costuras a base de impertinencias y descalificaciones. Se acabarán hartando y habrá un momento en que se acabarán las risas y, tras quinientos testigos contando cómo todos ellos se dejaron llevar por un delirio que ahora pretenden inocuo, desgranando los pasos dados, con imágenes de los Jordis subidos al coche de la Guardia Civil, del cerco a la consejería y, si hay algo de suerte, imágenes de los aguerridos CDR y del “visca la república catalana” de la pobre mujer que ha terminado siendo Forcadell, al dejarse manejar por el alucinado Puigdemont. Y algún meme, como aquel de Anna Gabriel oliéndose la camiseta por la parte de la axila por si le olía a sobaquina, mientras se dirigía a la tribuna del parlamento de pueblo en que había dado lo que alguna vez, dicen, fue una institución de autogobierno, hoy ocupada por un ridículo supremacista al servicio del mismo loco de atar recogido en Waterloo por la misericordia de quienes no se atreven a abrir los ojos y ver el fracaso al que los ha conducido los que ahora están siendo juzgados.

La gente que cantaba “esta noche os vais sin coche” después de destrozar el vehículo de la Guardia Civil no imaginaban que este momento llegaría de forma necesaria. Que en un Estado de Derecho los hechos tienen consecuencias y quienes libremente delinquen son luego juzgados por una institución, la justicia, que nos distingue de los países incivilizados. Habrá que aguantar las soflamas de la trupe indepe, las fantasmagóricas apariciones de Puigdemont en forma de plasma, sus apelaciones a un eco internacional que de momento no han conseguido. Y al cabo todo se terminará sabiendo y es de esperar que el mundo entienda que lo que esta gente hizo no es en modo alguno tolerable por un Estado serio.

¿No reducen ellos a España a un mero Estado? Pues ahí tienen al Estado oficiando de sí mismo.

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Rosalía y la sensibilidad enfermiza

Dice un colectivo de gitanas feministas que Rosalía es poco menos que una ladrona cultural por haber versionado – maravillosamente, eso no lo dicen – un tema de los Chunguitos. Y hoy mismo leo que los dos Chunguitos que quedan están encantados con la versión de Rosalía. ¿De parte de quién nos ponemos?

Digo yo que deben tener más razón los Chunguitos, padres originales de la criatura – ese temazo llamado “Me quedo contigo” -, y que siendo ellos mismos gitanos, de más edad y con más seso que las feministas, no sé por qué no deberíamos hacerle caso a ellos y no a unas feministas gitanas cuya estrechez de mente resulta pasmosa en este mundo mestizo sin remedio. ¿Por la misma razón Eric Clapton ultrajó la tradición del blues, esa maravilla que surgió cuando se encontraron los ritmos de los esclavos africanos con la guitarra de seis cuerdas de los blanquitos irlandeses? Es decir, que o eres negro mezclado de irlandés o ya te puedes olvidar de los blues. ¿No es eso? Y hay más. O eres negro o te puedes ir olvidando del jazz. Y de correr los 100 metros lisos, los 800, los 1500, los 5000, los 10000 y la maratón? ¿A ese mundo aspiran las feministas gitanas?

No sé si Rosalía diría de sí misma que es feminista. Mujer sí que parece y yo creo que lo es. Y grande en lo suyo también. Es, de hecho, lo más fresco y nuevo que he escuchado en música española – hoy ya universal -, desde aquella entrañable Cecilia, y afearle el no ser gitana equivale a afearle lo mismo a Paco de Lucía, con quien el gran Camarón no tuvo empacho en actuar. Paco de Lucía, que llevaba con orgullo el ser llamado “hijo de la portuguesa, ¿también le robó a su madre el alma de los fados? ¿Y a Sabicas el toque de la guitarra flamenca?

Creía yo que en este país no cabía un tonto más desde que una concejal de Lorca (Murcia) ofició la boda entre un perro y una perra de la policía local, vestidos de novio y novia los pobres animales, que no les faltaba detalle, cuando héteme aquí que irrumpe no una tonta de capirote sino toda una asociación de esmeradas necias de pernil para quienes el flamenco, la música en general, es un conjunto de jardines herméticamente cerrados sin posibilidad alguna de contagio ni expansión. Música de barrio quieren ellas, casi de estirpe familiar de feministas gitanas, con derecho a expedir y quitar carnets de flamenquía.

Nunca he visto que Rosalía se reivindique ni flamenca ni otra cosa. Ella es quien es, y que lo sea por muchos años. Puede que en el desatino le haya influido mucho la rumba catalana sin la que no soy capaz de imaginar la música española de las últimas cuatro décadas. Ella va por otro lado pero nunca he leído que haya subestimado a quienes no hacen las cosas como ella hizo en la gala de los Goya, que todo fue salir al escenario y comerse la gala a cucharadas pequeñas, como quien se come un postre exquisito.

Y de las feministas gitanas mejor nos olvidamos. Al menos mientras cultiven la sandez.

 

 

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Comitiva bipolar

El último argumento de un penalista, cuando se han acabado todas las opciones de acuerdo, rebaja, trato benevolente, etc., no es otro que recordarle al delincuente que todo esto nos lo habríamos ahorrado “si tú no hubieras hecho lo que hiciste”. Es la máxima expresión de la derrota jurídico defensiva. Y es lo que cabe restregar en sus indecentes morros a los indepes golpistas: no haberlo hecho.

Responsables de haber votado la derogación de la Constitución y el Estatuto, más una ley de desconexión que convertía a Cataluña en una república bolivariana con el poder judicial sometido al ejecutivo, tienen que ser juzgados, y para ello debían ser llevados a Madrid, la que ellos entienden como capital de la dictadura española. Y tenían que ser trasladados en las mismas condiciones en que se traslada a otros delincuentes. Si no hubieran hecho lo que hicieron podrían haber ido a Madrid en AVE o en vehículo particular pero su condición de presos no dejaba alternativas, y desde ahí surgen dos interpretaciones un tanto bipolares: la normalidad del proceso de enjuiciamiento frente al agravio insoportable que para los indepes supone el hecho de ser juzgados.

Primero pidieron ser llevados a Cataluña para estar cerca de sus familias y de sus abogados y se les dio. Luego, cercano el juicio, demandaron más días en Madrid por mejor preparar sus defensas cuando, en puridad, estando sus abogados en Cataluña hubiera sido más adecuado mantenerlos allí, pero su trastornada lectura de los hechos los lleva ahora a sostener que no podrán defenderse bien estando en Madrid dos semanas antes del juicio. Malo si se les dice que sí y malo si se les dice que no porque, en el fondo, lo que no aceptan es el que deban ser juzgados por lo que voluntariamente hicieron como, por más pasta que les dé Sánchez, nunca estarán a gusto en España a la que se han acostumbrado a esquilmar sin dejar de proferir un “España nos roba”.

Ahora dicen que durante el traslado se les trató de forma inhumana por ir en celdas individuales dentro del autobús. La administración dice que los trataron como a todos, según el art. 14 CE, pero ellos lo que quieren son privilegios desde el entendimiento de que van a ser juzgados injustamente por un tribunal que no les puede garantizar lo único que ellos aceptan: la absolución. Carme Forcadell tuvo en su mano poner fin al disparate no autorizando una votación que venía con informe de ilegalidad. Aún resuena en nuestros oídos incrédulos su “Visca la república catalana” que ahora defiende que ella no contribuyó a votar, aprobar y proclamar. También ella se cree inocente. Y ultrajada.

Y todo esto está pasando antes de que empiece el juicio.

Lo último que han hecho es exigir la libertad para poderse defender en forma, privilegio que no tienen los autores de los delitos más graves, que no son sólo homicidas y asesinos sino también quienes se hacen acreedores de penas gravísimas, como es el caso. Así que el tercer agravio consecutivo lo será el seguir presos ante el temor de que aprovechen para irse a vivir con Puigdemont a la casa de la republiqueta en Waterloo. El huido Puigdemont ya ha anticipado que una condena – cualquiera que sea – justificará la unilateralidad de otra declaración de independencia que, en esta ocasión, la tendrá que hacer otros mientras él, gallardamente, sigue prófugo y mantenido. Veremos qué pìensa Torrent y el resto de ERC, que por lo que amagan no va en el sentido de lo que quiere el Puchifugas.

Ante semejante panorama sólo cabe esperar que haya alguien suficientemente sensato en el poder – ya saben, aquí manda Sánchez, que no se harta de jugar al póker con dinero de los demás – como para no seguir la doctrina Rajoy – hacer el D. Tancredo – y prepare informes de prensa en los más extendidos idiomas extranjeros para que la prensa acreditada tenga acceso directo a los documentos, vídeos y declaraciones que sirvan para acreditar ante el mundo que el pisoteo sistemático de la Constitución y la ley que ellos llevaron a cabo no lo toleraría ningún estado en sus cabales y por eso España los va a juzgar y, eventualmente, a condenar.

Ya han conseguido que el asunto catalán se trate como conflicto – ETA fue también un conflcito – y ahora quieren adueñarse de un relato de persecución arbitraria, de franquismo indisimulado, de jueces incapaces de dictar una sentencia justa.

Me aburren estos delincuentes de cuerpos tan delicados. Me aburren sus quejas, su insistencia en hablar de presos políticos en mitad de un mundo que tampoco los entiende como tales. Me aburren.

 

 

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