Las burbujas del cava

Se está desinflando el ímpetu independentista a la misma velocidad con que se queda sin burbujas una copa de cava abandonada. Al poco no hay quien se lo beba a menos que esté uno suficientemente borracho como para beberse hasta los posos de un mal vino.

Empezaron fuerte. La traición de Trapero y sus mozos obligó a emplearse a la Guardia Civil, que estuvo a la altura de las acometidas. Las imágenes – algunas falsas de toda falsedad y otras inevitables – circularon hasta alarmar a los mojigatos europeos, los mismos que no dudan en emplear mano dura cuando los antisistema les quieren reventar una reunión de jefazos. Luego vino el recuento de heridos y al cabo resultó que se había hecho el milagro: los cacareados 900 o no eran tales o curaron en minutos, y especialmente sanó a velocidad de vértigo la estafadora histórica de los dedos rotos “uno a uno” y las tetas manoseadas. Todo muy en sintonía con el recuento de muertos de cuando los atentados de agosto: cuando las redes contaban 13 muertos Forns, el melífluo consejero de interior, lo dejaba en uno por aquello de engordar la posverdad. Pero los muertos no hay quien los tape y acabaron siendo los que fueron, como los votos contados al catalánico modo resultan ser votos de más, habiéndolos incluso en colegios donde no se pudo votar.

El canto unánime de la falta de democracia en España se lo han desmontado desde cabeceras internacionales escandalizadas por la farsa. Las menciones a Franco se las han tenido que ir tragando una tras otra, y resultó muy llamativa la afrenta televisiva de Javier Nart le plantó en la trompa al carácter antifranquista del Barcelona FC, cuando les recordó, sin réplica posible, que no sólo concedió a Franco una medalla de oro y brillantes sino que le dio dos, una en el 72 y otra en el 74, es decir, mientras la afición esperaba que Franco se muriera cuanto antes y nos dejara por fin en paz. Adulación servil, sin más.

Ya casi nadie se atreve a soltar el “España nos roba” porque las cifras que se han publicado avergonzarían hasta a los desvergonzados de CDC, que han saqueado las arcas catalanas dos décadas y a manos llenas, en plan Roldán. Ya nadie se atreve a sostener que Cataluña, fuera de España, se encontrará con 16.000 millones de euros extra cada año. Ya nadie habla de los bancos que no se irán y, al contrario, todo el mundo habla de los bancos y las empresas que sí se han ido, mientras Junqueras calla como el cobarde que es y Mas anda mendigando para pagar sus responsabilidades por el 9N. A última hora los zarrapastrosos de la CUP andan pidiendo que todo el mundo saque el dinero del banco y se lo gaste alegremente para reflotar la economía catalana. Es lo único que falta para que en Cataluña no queden ni cajeros automáticos y se escapen a provincias hasta los compraventas de oro y las casas de empeño. Y todo se lo debemos a los alegres sediciosos.

Si en su patológica deriva creían que dañando la economía catalana – y también la española, pero menos – se acercarían a la independencia, es claro que el tiro les ha salido por la culata: están llenado España de empresas catalanas, los capitales huyen a territorio no hostil, y no sólo los grandes inversores: el cuentacorrentista catalán empieza a trasladar su cuenta a una oficina en Aragón con tal de saber que sus muchos o pocos ahorros seguirán amparados por las autoridades bancarias españolas y protegidos bajo el paraguas del BCE. Y espérense a que empiecen a llegar los parados catalanes, jóvenes en su mayoría, a abrirse camino en el resto de España y empiecen a ver que esto no es, como se les ha dicho, Corea del Norte.

El cava, que ya se ha ido a La Rioja y a Navarra, vive de sus burbujas, y las burbujas con que se celebraban las ocurrencias de los secesionistas ya no fluyen. Los sediciosos de Omnium y ANC siguen en prisión y Barcelona no ha ardido. El ímpetu se apaga a medida que desde el gobierno se le da cuerda al art. 155. El horizonte se cierra, los catalanes silentes vuelven los ojos angustiados a los autores del desaguisado y no encuentran ni respuesta ni promesa de cesar en la barbarie. Finalmente se volverán contra ellos; entonces insultos y acosos los sufrirán quienes no estén en prisión, porque, tal como se les advirtió, el 2 de octubre siguió vigente la ley nacional española, incluido el Código penal. Y ahí sigue.

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Hartos de contar días históricos

Primero fueron los sediciosos y sus fechas sucesivas para que Cataluña desconectase: junio, luego julio y finalmente octubre. Llegaron los días y no hubo nada. La afición, que ya no quiere realidades sino promesas, hizo que se fijara el 1 de octubre para la kermés del referéndum y las 48 horas siguientes para la independencia; incumplieron el plazo, fijaron un lunes, acataron la suspensión del Constitucional (¿), fijaron el día siguiente, martes, retrasaron el asunto una hora mientras la CUP los sermoneaba, y ya saben: Puchi ni dijo ni dejó de decir. Peor: dijo lo suficiente como para que los congregados creyeran que había proclamado la independencia – júbilo – y luego suspendió todavía no sabemos qué – grandes lloros -, y se fueron los aficionados escocidos y aparentemente divididos. Digo aparentemente porque la CUP, que iba a dejar caer el gobierno de Puchi, al final se ha amigado hasta con el PdeCat: por encima de las ideologías el delirio común.

Luego le tocó a Rajoy. Dígame claramente si proclamó o no proclamó, tiene hasta tal día tal. Llegó el día tal y Puchi se arrancó por peteneras: quiero que usted negocie la secesión para que nos vayamos cómodamente del Estado Español dejando a la púa más de 70.000 millones de euros y abierto el camino de la disolución de España. En vista del toreo de salón que le daba Rajoy amplió el plazo (¿), que vence hoy, y ahora amenaza con someter a votación autonómica la independencia efectiva de Cataluña: ¿No ha contestado de forma clara esta vez? No cabe sino aplicar el art. 155, tal como prevé la Constitución, relevar del mando a los responsables de la sedición y poner fin al sainete. Y dejar que los jueces investiguen y la Fiscalía acuse. Los pacíficos Jordis están en prisión, Trapero imputado y Cataluña no arde. Pero Rajoy se ha tomado este asunto como si fuera cuestión de desgaste, siendo, como es, una cuestión de firmeza.

Rajoy se tiene que ir a su Registro de Santa Pola o poner en práctica su obligación de cumplir y hacer cumplir la Constitución. Cada día que pasa sin hacerlo debilita sus argumentos y hace más fuertes a quienes han sobrevivido en plena insurrección. Si no le tembló la mano al Rey para dirigirse a la Nación, menos le debería temblar al encargado de protegerla con los medios a su alcance. El asno de Buridán sólo murió de hambre en la mente de un lógico obtuso: los asnos no dudan cuando tienen hambre porque el hambre manda más que cualquier otra fuerza en la naturaleza. Rajoy morirá políticamente, y no de hambre, por el no uso de los medios del Estado.

Cuando César tenía la fuerza de su lado no asediaba: ejecutaba. En el caso de Uxeloduno, en la Galia, con la voluntad de que no cundiera el ejemplo de tribus encastilladas, cortó toda fuente de avituallamiento, secó los manantiales, asaltó finalmente la plaza y ordenó cortar las manos a los rebeldes pero los dejó vivos, dispersos, erráticos e inútiles, como anuncio a la Galia de lo que ocurriría a quienes se opusieran al poder de Roma.

No nos sirve el método pero sí el impulso que revela esa acción. Sólo esperamos un día histórico, y no es otro que el fin de la sedición y de la carrera política de los sediciosos. Y Rajoy, mientras tanto, ofreciendo amnistías que la Constitución prohíbe, a un solo paso de la traición.

 

 

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El cateto Puigdemont pare un imperio lejano

Ha venido a parir la abuela para animar a la otra esquina de los Pirineos en sus horas del no saber quién es más gallego, si Rajoy o el pobre Puchi, al que un hada madrina le redactó el discurso del “proclamo sin proclamar/ y tanta república espero/ mas, por si acaso, suspendo/ que en la cárcel no me quiero”.

Esta misma mañana hemos sabido que a la pregunta sencilla y clara que se le planteó ha respondido “poz zí que haze caló”, con acento charnego de esos a los que Forcadell quiere ver en el paredón. Y es que no podía faltar: la brecha abierta en el Ordenamiento Jurídico español por la asonada catalana, ya que no parió república alguna ha soltado un cuesco lejano a modo de réplica en el País Vasco: EH Bildu cita a Podemos y al PNV a convocar referendums en el País Vasco español, en Navarra y en el País Vasco francés, como paso previo a la proclamación de una república confederal -la de 1873, que ya saben cómo acabó -, y esto es sólo el principio.

Tranquilos. A los vascos de España basta con mentarle el cupo para que les entre el canguelo. No hace falta que se les vaya el BBVA ni los Eroskis: con quitarle el pezón del que chupan, marranicos de la teta gorda como son, se les viene abajo el chiringuito. O eso o  reivindican la gloriosa trayectoria de ETA, con centenares de ancianos asesinos en prisión, y entonces les cae encima no sólo España sino la Guardia Civil – otra vez, ahora que le tienen cogido el tranquillo -, el CN de Policía, la Audiencia Nacional y, si me apuran, la OTAN, esa misma que bombardeó Belgrado hasta que blandeó lo suficiente a Milosevic y a su pandilla de asesinos racistas. También aquellos eran nacionalistas, como Puigdemont y los batasunos, y ya saben cómo acabó la fiesta. Yugoeslavia estalló en tres guerras civiles. Milosevic murió de muerte natural, desgraciadamente, y no a manos de su pueblo, como nos debía. Al final no quedaron ni los rabos, Catalina, y a la gran Serbia que ellos buscaban se le fue hasta Kosovo, que es como quitarle a España Covadonga, a los EEUU el fortín de El Álamo y a Israel Massadá.

Para empezar las cosas por donde se debe, que es por la parte más dura, sería mejor, mucho mejor, que empezaran los vizcaínos por hablar con Macron, ahora que lo tienen caliente en materia de independencias. Un año lleva Francia con la ley marcial por las calles y no he oído a un francés quejarse, imagínense si lo que ven venir es un barullo al estilo etarra: sacan los tanques a la calle al primer soplo de vientos indepes. Para eso inventaron ellos el Estado centralista y tienen en su pasado la herencia de Luis XIV, el de las piernas bellas y el mejor arranque de muslo que recuerda la realeza, mayormente las damas.

Sánchez ya está converso del todo y a sus obras completas – “No” – le ha añadido un segundo capítulo titulado “Depende”. Del “no significa no”, que ya le costó lo que no quiero mentarle, ha pasado a dar el sí a Rajoy y no ha sido por sensatez, no: ha sido porque la última encuesta señalaba a Cs con una subida de 17 puntos y al PSOE lo situaba en tercer lugar, y eso ya sí que no se lo puede permitir el difunto y resucitado Sánchez, porque esta vez no lo echan: lo momifican y lo ponen a la vera de Lenin en la Plaza Roja.

¿Y qué decir del pequeño Pablicolás? El chico de aquel discurso en la escuela granja de Segovia en agosto de 2014, cuando reivindicó los cócteles molotv “que explotan”, los monstruos “que asustan” y la necesidad de prepararse para coger las armas porque el capitalismo iba a reventar. También anda de capa caída y soltando lastre electoral, así que hay que animar al chico a que la suelte aún más gorda, que algo tendrá que decir visto que el capitalismo en pleno se ha ido de Cataluña con todos sus maletines y la pasta por delante. Ahora tiene mi niño la oportunidad de perfilar su retrato ,y como coja carrerilla, lo mismo lo vemos, como vimos a Verstringe, mendigando un escaño a quien se lo quiera prestar por los viejos tiempos.

Esto se anima: hagan juego, señores. Y a ver si hay quien nos diga – que no sea Echenique, que dice entenderlo – si lo del Puchi va por peteneras o es otro palo el que toca, porque lo que es la camisa parece que no le llega al cuerpo.

O sea, ridículo 4G.

 

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Perdona, María…

Podría ponerme serio y citar a Max Webewr: si uno se dispone a poner sus manos en la rueda de la Historia es mejor que considere si está preparado para ello, y si algo ha quedado claro es que los Puchis, los Junquis y toda esta tropa miserable no sirven ni para alcaldes pedáneos del último rincón de Cataluña. Así que hay que borrarlos del mapa, sacarlos de la viñeta, echarlos a que purguen su vergüenza en algún escondite lejano y no volver a tomarnos en serio a gentucilla que no tenga el valor acreditado. Mayormente por no hacer el ridículo que también hemos hecho – mea culpa – quienes los habíamos tomado en serio por falta de ojo clínico.

Hemos hecho el panoli cuantos nos tomamos en serio las bravatas del Puchi, que se ha ido de vareta a esfínteres sueltos una vez se ha visto al mando de la insurrección. Pero se lleva dos récords mundiales: el primero, haber proclamado la república catalana más corta de la historia – unos 10 segundos; no hay cifras oficiales -, y el haber conseguido una propuesta que indigna por igual a los forofos, a los tibios, a los indiferentes, a los contrarios y a los enemigos acérrimos. Éxito total. Y así ha quedado por su falta de savoir faire, sólo a falta de que Colau le cambie los pañales.

Los fieros indepes han perfeccionado el ridículo llevándolo a la categoría de “ridículo king size”. Han puesto a Cataluña en el mapa para que el mundo se cachondee de sus tradiciones, y lo menos que les ha dicho Charlie Hebdo es que son más gilipollas que los corsos. Circula un meme de Puchi, Junqui y Colau con nariz de payaso y debajo el lema “había una vez… !un circo!”, ellos que querían darle solemnidad a ese acto improvisado, retrasado, sometido a la CUP, convertido finalmente en página bufa de la historia. Como el incendio a cuya extinción no pudo contribuir Coleridge por estar “demasiado gordo para la virtud activa”; a toro pasado, consumida la fábrica de pianos de doble teclado, concordaron los presentes en sólo una cosa: que había sido un incendio pobre, sin gloria ni épica. Un asunto banal que no seguiríamos citando de no ser por la bizarra excusa de Coleridge con apelación a sus muchos kilos. Pues como la independencia de Puchi: de risa.

Por la vía Puigdemont se divorcia cualquiera sin divorciarse, sin salir de su casa, sin separación de bienes y sin los morros eternos de la legítima despechada. Se me viene a la cabeza aquella viñeta de El Jueves en que un albañil con pañuelo de cuatro nudos se va “pa la Mari” y le suelta que se piensa divorciar. La Mari, cabreada pero firme, le suelta la retahíla de todo aquello a que iba a renunciar Mariano con tan desdichada decisión: la tartera por la mañana, la casa limpia, la ropa del domingo planchada, los críos escolarizados, el polvo sabatino y, en general,  todo aquello que sostiene el matrimonio pasados los seis primeros meses. La cara de Mariano se iba torciendo a medida que la Mari soltaba por su boca un anticipo de la vida de penurias a la que se enfrentaba, y terminaba soltándole a la Mari: “Perdona, María, c´a sío un momento de obsecasión.” Y no hubo nada.

Al final han surtido efecto los mecanismos del Estado de Derecho y los rebeldes y sediciosos se han acojonado ante lo que se les venía encima; ahora creen haber exorcizado sus descalabros futuros, pero no. El Estado no es la Mari. Habrán de pechar por lo ya hecho. Pero la risa que nos han propiciado, esa no nos la quitarán.

¡Qué miedo, Puchi, qué miedo me hiciste pasar anoche! Hasta que dijiste la verdad: que era de broma, hombre, que era de broma.

 

 

 

 

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Cataluña despierta (y III)

No es sólo la ganancia la que nos mueve a tomar ciertas decisiones. De hecho, cuando las disyuntivas se plantean en términos de pérdida y no de ganancia los humanos tendemos a aceptar la pérdida menor cuando nos ofrecen perder seguro 200 euros o perder 1000 o nada a cara o cruz. Y siempre, de telón de fondo, está el arrepentimiento que anticipamos si nos la jugamos y o no ganamos nada (oferta de ganancia) o perdemos mucho más (oferta de pérdida). La Cataluña sediciosa apostó muy fuerte a una ganancia ilusoria y se enfrenta ahora a una pérdida descomunal que no quisieron ni considerar.

Mientras escribo, 9 de octubre a las 21:30, me llega por internet la prevista editorial de La Vanguardia del día 10, es decir, de hoy. “Gravedad inaudita”, “altamente irresponsables estrategas del independentismo catalán”, “nuestros errores de cálculo, nuestra incompetencia para el diálogo”, “un auténtico tsunami de incalculables consecuencias para la economía catalana”, “sólo desde un fanatismo exacerbado se puede afirmar que España ya no importa”… Por primera vez, después de tanto desprecio, habla La Vanguardia de Cataluña y España como entidades unidas. En la hora del arrepentimiento caen en la cuenta, después de haber contribuido culpablemente a la enajenación colectiva y al incendio de las instituciones. ¿Es preciso que me remita a su propia hemeroteca? Sí, porque lo que ayer parecía un asomo de sensatez ha desaparecido de la edición impresa de hoy. Se acabó toda esperanza. La locura continúa porque Goebbels sigue vivo en Cataluña.

¿Cuántas veces se les advirtió? ¿Desde cuántos medios? Desde Periodista Digital a diario cuando muchos y muy distintos plumíferos apreciamos que Puigdemont, Junqueras, Trapero, el Govern y Forcadell habían perdido del todo la cabeza manejados por una horda criminal llamada CUP, que ha terminado arrastrando a dos millones de catalanes abducidos hasta el punto de ver paja en el ojo ajeno y no querer ver un montón de vigas en el propio. Ciñéndonos a la economía, que al cabo es cuestión de sumas y restas, ellos vieron sumas y multiplicaciones donde los profesionales veían divisiones y restas. Pero de nada sirvió. Enfrentados a una decisión que resultaba fácil y de consecuencias previsibles en términos de razón, se abandonaron a un delirio en el sentido psiquiátrico del término, a los mismos sentimientos que redujeron Alemania y Europa a ruinas en pos de un Hitler criminal y enloquecido que, yendo en su tren privado al frente ruso, hubo de detenerse junto a un tren que transportaba soldados alemanes heridos y mutilados: se limitó a bajar las cortinas para no verlos, para no enfrentarse a su mayúsculo fracaso.

Y así estamos, a unas horas del momento definitivo en que es de temer que no sean capaces de ese mínimo de sensatez que conduce a la reconsideración y a la rectificación desde el arrepentimiento por los resultados de sus actos.

No se detendrán porque el arrepentimiento les suena a homilía, a los caducos principios de una religión que históricamente abrazó la mayoría de los catalanes. El gobierno español, que intentó reconducirlos evitando los pasos más graves – hoy inevitables -, les sonaba a franquismo. En la Sociedad Civil no ven más que falangistas (¿) ruidosos. La bandera de España, un trapo maloliente tal como les dejó dicho su héroe Otegui una vez que quemaron una bandera española en un escenario en que daba su mitin: “¡Qué mal huele esa bandera! dijo el canalla, sin parar mientes en que la ikurriña olería igual si los españoles la quemáramos, y la señera, y la estelada. Al cabo son trapos y los trapos trapos son. Las banderas no. Son algo más que trapos. El himno español no se merece silbidos, ni el Rey desprecios, ni odio los españoles. Espero que se le haya helado definitivamente aquella sonrisa zorruna a Mas en el ambiente de silbidos que tanta satisfacción le proporcionó. Hoy huye cobardemente de cinco millones y pico de euros que de momento debe y dice no tener, el miserable. Y rectifica con la boca pequeña – “hay cosas que no tenemos…” –  preparaándose un futuro en la Cataluña que viene. El muy fantasma, el muy iluso.

Los peores presagios se han hecho ciertos. El cielo se ha cerrado sobre traidores, rebeldes y sediciosos. Pero Puigdemont no va a volverse atrás, atrapado como está por el mal ya causado y sin remedio, e intentará que una marea violenta lo apoye e incendie Barcelona esta noche. Detroit está en camino. Y no habrá una noche de la ira a la contra porque nosotros no somos como ellos. No sabemos si mañana seguirán acosando a los niños que han acosado en los colegios. Si se atreverán a levantarle la voz a los no nacionalistas ni a señalarlos, ni a hacer listas de apestados. Tememos a esta noche; nosotros sí tenemos miedo pero es más por ellos que por nosotros. Pero no lo quieren ver y se van a lanzar a una noche infame en que lo visto el 1-O quedará a la altura de anécdota.

Puigdemont va a proclamar la república catalana. A partir de ahí vendrá la fuerza ciega y bruta. Necesitan un muerto. O varios. Pero mañana vendrá la justicia. No hay más horizonte porque ellos no quieren que lo haya. Advertidos quedan, una vez más.

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Cataluña despierta (II)

Mi tío Paco Cano Pato no era ni psicólogo ni economista – era juez – y sin embargo me sometía – a mí y a mis primos – a una sabia y divertidísima disyuntiva siendo yo un crío. Cuando me lo encontraba por la calle se sacaba el monedero del bolsillo, se ponía en la mano un céntimo, una peseta y un duro, y me pedía que decidiera. Si elegía el céntimo no me daba nada por tonto; si elegía el duro tampoco, por ambicioso, y si elegía la peseta me la daba y tanto él como yo quedábamos contentos, además de enseñarme algo que siempre le agradeceré: ser sensato en la toma de decisiones, no dejarme llevar por la ambición y no engañar con falso desprendimiento en la esperanza de que eligiendo el céntimo él me diera el duro.

Veamos ahora esta otra propuesta: si le ofrecieran al lector A) un 50% de posibilidades de ganar 100.000 euros o B) 5.000 euros seguros, ¿qué haría?

La obra de Michael Lewis Deshaciendo errores (Debate, Barcelona 2017) nos ayudará en la decisión. Se trata de una amenísima y muy recomendable aproximación a la obra de Daniel Kahneman y Amos Tversky, psicólogos israelíes – si lo leen verán que es relevante subrayar su etnia y cultura – nacidos en la década de los 30 del siglo XX. La prematura muerte de Tversky a los 59 años impidió que recogieran juntos el premio Nobel que, un año después, se le concedió a Daniel Kahneman, aunque era un reconocimiento a la obra conjunta de la genial pareja que revolucionó el entendimiento de nuestra forma de tomar decisiones, a base de analizar el (mal)funcionamiento de la mente humana. Erramos. Erramos continuamente porque ante problemas que se pueden y deben resolver con recurso a la razón y a datos objetivos optamos por aplicar la intuición o los sentimientos, y así va el mundo, de error en error, con tranquilizadores y reconfortantes oasis de buen juicio.

Señalaron Kahneman y Tversky un tipo de problemas, como el que les he planteado de los 100.000 y 5.000 euros, que la gente normal tiende a resolver desentendiéndose de la hipótetica ganancia y sustituyéndola por algo menor pero seguro. ¿Por 5.000 euros renunciamos a la posibilidad de ganar 100.000 a cara o cruz? Puede que sí, que aceptáramos el riesgo de quedarnos sin nada, pero ante esta disyuntiva, dijeron Kahneman y Tversky, lo que valoramos no es tanto lo que podemos ganar sino el arrepentimiento que anticipamos que nos corroerá si desechamos la posibilidad de obtener una pequeña  cantidad de dinero en vez de otra enorme pero no segura y al final lo perdemos todo, porque en tal caso sufriremos durante años, quizás toda la vida, la frustración de habernos quedado sin nada por ambiciosos, tal como me enseñó mi querido y añorado tío Paco siendo yo pequeño.

Lewis ilustra la situación y avanza esclarecedoramente en el análisis del problema citando a Gilovich, otro psicólogo americano, que analizó a los ganadores de medallas de oro, plata y bronce de los Juegos Olímpicos de 1992 y descubrió, estudiando sus caras, que los ganadores de la plata se mostraban compungidos por haber perdido el oro mientras que los ganadores del bronce parecían exultantes por el simple hecho de haber accedido al podio. Y concluye: “cuanto más cerca estés de conseguir una cosa, más lo lamentas si no lo consigues” (obra citada, p. 281), mientras que cuando estás muy cerca de quedarte sin nada – esto lo añado yo – conseguir algo te produce una enorme satisfacción y el bronce te sabe a gloria.

En la próxima entrega veremos lo que de aquí podemos aprender para anticipar el efecto que tendrá en los catalanes el hecho de haber tenido tan cerca una independencia que quizás no les entusiasmaba pero acabó ilusionándolos. Porque ahora vendrá el arrepentimiento y su gran carga de desazón, pero eso lo veremos en la próxima entrega.

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Cataluña despierta (I)

Y ha despertado, para indignación de los anticapitalistas, a la voz de la banca y de algunas de las más significativas empresas que son, como dicen del Barça, “algo más que un club”. Mientras la necia gentuza CUP se desespera porque no entienden qué ha podido fallar de la doctrina marxista, esa farfulla inextinguible que ya nos amargó el siglo XX, Cataluña despierta después de haber casi tocado la independencia y el paraíso que en falso le prometían. Ahora viene la cara de no entender nada por parte de quienes nos pedían que no subestimáramos la fuerza del pueblo catalán – que ha resultado ser apenas un meneíto y palabrería en cuestión de independencia -, y la frustración, el desánimo y el arrepentimiento – de esto último hablaremos en una próxima entrega – cuando los tibios, los que se dejaron mecer por las milongas sediciosas – no me refiero a la S. C. Catalana, que ahora mismo apela al seny por las calles -, lo cerca que lo han tenido y la triste cosecha a la que se han dejado arrastrar, que le ha costado a Caixa Bank y al Sabadell 3.500 millones de euros, a todos los españoles, incluidos ellos, una subida que ha doblado los intereses que pagamos por el dinero del día a día, una huelga general que paralizó toda una autonomía y lo que aún nos puede costar si a los indepes les sale esa especial forma de orgullo que condujo al personaje de Bruce Willis en Pulp fiction a no dejarse ganar en el combate de boxeo amañado por apostadores fraudulentos, oficiando aquí de  tahúres la camarilla de  Junqueras, Mas, Forcadell, Turull, Forn y el ahora acojonado Trapero, que creyó en un futuro de leyes de desconexión y ahora se ve imputado por el enemigo que quiso vencer sin conseguirlo; vivirá perseguido por la sombra de su hermano asesinado por ETA y la más ominosa de su traición a todo aquello por lo que su hermano vivió y murió.

Ahora invocan la quimera de los paísos catalans como tirita en la herida infligida por las empresas que se han ido a Valencia, Alicante y Palma de Mallorca. Siguen tocando la flauta que seduce a las ratas y los peores presagios están en marcha porque ya no tienen marcha atrás: declararán la república para evitar la cárcel que acecha, y no conseguirán sino una cárcel más larga y más triste.

Nuestra frustración, la de España, es distinta. No es fruto de un delirio sino del haber sabido y anticipado lo que iba a ocurrir y las consecuencias que tendría en los plazos corto, medio y largo. Encaramos la reconstrucción de los puentes personales que algunos han dañado a conciencia y muy seriamente, sorprendiendo a unos españoles que, como yo, nunca imaginamos que se nos pudiera odiar tanto como hemos descubierto que se nos odia por una parte significativa de la ciudadanía catalana, esa que ha seguido ciegamente a una legión de flautistas hamelinescos que nos conducía al desastre. Si hubiéramos sabido antes que nuestra patria, nuestra gente y nuestra historia despertaba tal odio quizás nos habríamos planteado un referéndum para decidir si queríamos que los catalanes siguieran con nosotros y nos habríamos ahorrado todos estos días horribles que nos han dado unos cuantos. Pero fuimos poco avisados y creímos que una pandilla de perturbados no podían arrastrar a un pueblo culto y serio como el catalán. Nos equivocamos.

Lo han hecho. Sembraron de trampas el futuro y el pánfilo Rajoy cayó como un cordero en la esperanza del Estado de Derecho: los Mozos acatarán y cumplirán, Europa nos apoyará, la prensa transmitiráa noticias y no opiniones – esa maldita falsaria de los dedos rotos y las tetas toqueteadas -, la policía y la Guardia Civil disuadirán en vez de tener que aporrear, etc., etc., etc.

Y mientras tanto el Dr. No le cambiaba el nombre al PSOE (Pedro Sánchez Obstaculiza España) y el infame Iglesias insistía en montar aquelarres negociadores, ofertas vacías de inacción estatal y críticas al único que ha estado a la altura, SM el Rey, que con un discurso firme abortó otra traición que ya preparaban él mismo y el Dr. No para producir en España un semi vacío de poder a base de echar a Rajoy con ayuda de los hipersensibles y escocidos nacionalistas vascos y catalanes: la oportunidad perfecta para que otros desencadenaran nuevas aventuras identitarias y España saltara en 17 pedazos.

La traición, como la cizaña, no es una mata aislada. Coloniza un terreno, como la grama, y dicen los huertanos de mi tierra (Murcia) que la grama sólo se quita con azada y tres golpes. El Rey dio el primero: ¿Está Rajoy dispuesto a dar los dos que faltan? Porque si no es capaz, que se aparte y convoque elecciones, que se van a enterar los sediciosos – Y Rajoy – de las muchas lecciones que hemos aprendido los españoles de esto sucesos que quisiéramos no haber vivido.

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La posverdad puigdemita

Que lo que buscaba la cuadrilla de facinerosos era negociar con el Estado y el asunto se le ha ido de las manos a base de la única virtud de la que anda sobrado Rajoy: ver el farol y decir aquí te espero. Si no fuera así, si no estuvieran seguros de que seguirán bajo el orden jurídico español ¿qué sentido tendría recurrir ante tribunales españoles? ¿Por qué posponer la declaración unilateral después de anunciarla en la BBC? ¿Por qué le replica a SM el Rey eso de “así no”, porque de otra manera sería “sí”? Pues entonces volvemos al principio: negociar un cupo vasco redactado en catalán y, ya de paso, indultos para los inhabilitados, olvido de los delitos cometidos, manga ancha para seguir con el 3% y carta blanca para insultar nuestra memoria y nuestro orgullo.

Hoy mismo ha dicho la taimada Forcadell que no sabe si habrá declaración de independencia – ayer era que sí – pero que todo este desastre servirá para animar el debate democrático.  ¿Era precisa esa forma extrema de pedagogía del absurdo? El futuro inmediato es el Ordenamiento Jurídico español. Lo saben, y no saben cómo  eludir las responsabilidades por las que han de responder, como haber Dios en los cielos, que habrán de responder, pues es o eso o España se ha terminado.

Creyó el pelanas estar sentado en una mesa de póker y fue doblando la apuesta hasta que se quedó sin recursos, y fue entonces cuando acudió a los prestamistas de la CUP,  que ahora creen que van a entrar en la historia como el grupito anarquista y anticapitalista que desencadenó la rebelión de los oprimidos y acabó con el estado burgués. Esos que creyéndose el pequeño David contra el filisteo Goliath no son más que ratas que corren tras un flautista enloquecido, que quiere en la huida de la prisión que lo acecha ir acompañado de un diminuto ejército de roedores. Un tufo bolivariano se ha extendido por la otrora culta y rica Cataluña, cuyos enemigos internos sólo está apoyados por Maduro, Putin, remotamente por Trump y por los xenófobos británicos, que los echarían a patadas de su país como Hitler echó primero a los judíos hasta acabar por exterminarlos. Ratas, sólo ratas.

Pero la verdad es otra. La broma le ha costado al Sabadell y a la Caixa 3.500 millones en apenas una semana de fiesta cupera. El Sabadell se reúne esta tarde para decidir sobre el traslado de su sede a Alicante, jugada que, me temo, les puede salir como a los avisados alemanes que en el 33 y el 39 emigraron a Francia justo para recibir a corto plazo a las arrasadoras panzers divisionen; todo depende de cómo curse esa otra mentira de los paísos catalans. La Caixa se lo está pensando. Oryzon Genomic ha dado el salto completo yéndose a Madrid. Por todas parte se difunde que el código de barras que empieza por 15 identifica productos fabricados en Cataluña y a buen seguro que en los mercadonas ya se nota la renuencia a darle a Cataluña cigarillos con filtro, mucho menos un IVA y una cuota empresarial que no merecen.

De nada sirve insistir en la calificación de los hechos ni en el diagnóstico de los artífices del desmán. Lo que ha de contar son los hechos y al respecto Rajoy insiste en reafirmar la única imagen que a estas alturas le cuadra: la de un honrado Registrador de la Propiedad con destino en Santa Pola, añorante del pantalón sobaquero, mesa reservada a diario en el Batiste y vacaciones gallegas de puro y parchís. Un tipo impasible que no ha acertado a ver la tenue frontera que separa a la prudencia de la cobardía a la hora de hacer lo que no quería hacer y no ha hecho. Es, en definitiva, un hombre acostumbrado a la mansedumbre antigua y plácida del Derecho civil con aromas de hipotecario, cuando lo que hace falta es la ingrata faena del Derecho Penal si no queremos que mañana sea precisa la fuerza del Estado en su versión máxima: dividir Cataluña por el norte de Tarragona – la menos agitada de las provincias -, asegurar una retaguardia pacífica y luego, desde el extremo oeste hacia el norte, partir Lérida y Gerona con un fuerte contingente militar; dejar que a Barcelona la cueza Colau a fuego lento y al cabo dar lugar a lo que menos queríamos todos: ver salir una caravana de autobuses de la Guardia Civil llevándose a los más conspicuos rebeldes a la Audiencia Nacional, de ahí a prisión preventiva, de ahí a un juicio justo y después largas penas de prisión.

Es según Nietzsche el Estado “el más frío de todos los monstruos gélidos”. No permitamos que se caliente porque va a ser peor.

 

 

 

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Delincuencia común

 Circula insistentemente el asunto de los 33.000 millones de euros destinados a un paraíso fiscal – hay dos versiones: Suiza o Andorra – con que piensan financiar la independencia estos mentecatos, los del jaleo tremendo a que han conducido a España con sus delirios, ellos que vienen de la derechona más cutre, tanto que tuvo que echarse en brazos de anarquistas adobados de postmarxismo para tapar sus 33.000 millones de vergüenzas y no dejar que saliera a la luz la infinita corrupción en que ha consistido su gobierno desde Pujol hasta hoy. Es decir, que estamos en tiempos de coge el dinero y corre, que es en lo que acaban las revoluciones violentas, porque las ingenuas, las de guante de seda, a esas se las come el sistema en apenas un bostezo desganado.

En el lote se quieren adjudicar 72.000 millones de deuda que no piensan pagar – Cataluña nos roba – y también los bienes inmuebles de España en Cataluña. Delegaciones del Gobierno, sedes administrativas, puertos, aeropuertos… Y no es lo que más nos debe preocupar: ¿Se imaginan el estado de ánimo de los 800 jueces destinados en la comunidad rebelde? ¿Y los fiscales, cuyos hijos van al colegio sabiendo sus compañeros lo que son y hacen sus padres, que no es otra cosa que esforzarse por implantar el imperio de la ley? Y qué decir de guardias civiles y agentes del Cuerpo Nacional de Policía, que ya están viviendo lo que vimos en el País Vasco cuando otros antisistema y muchos silentes apoyaban a ETA: no tender la ropa de faena para que nadie sepa en qué trabaja el padre o la madre, policías camuflados con pasamontañas, disfrazándose cuando la agravante de disfraz se creó para delincuentes.

Pues no: ahora los delincuentes han tomado el poder en Cataluña y han decidido que se van a jugar lo suyo y lo nuestro a una sola carta, que es la carta de la CUP.

Estamos ya muy lejos del art. 155 CE. Estamos en la pantalla siguiente, que ha derivado dramáticamente hacia el uso de la fuerza cuyo monopolio ostenta el Estado, y no parece que Mariano Rajoy sea el hombre adecuado para tirar de recursos de Estado, él que no fue capaz de usar los  que debió aplicar los días 6 y 7 de septiembre en vez de fiarse de traidores consumados y, el día 1 de octubre, del traidor de Trapero y de sus jefezuelos.

Se han caído todas las caretas. Que Iglesias no era de fiar lo sabíamos todos; lo que no podíamos imaginar es que el Dr. No, que atiende por Sánchez, iba a aprovechar el momento para hacer campaña electoral cuando lo que está en cuestión es si habrá Estado en unos días o si el Estado que quede se parecerá al que creíamos tener.

La balcanización está en el horizonte de la frontera sur de Europa y Europa va cayendo por fin en que aquí nos estamos jugando el futuro mismo de la UE, no sólo la integridad de España. Que si blandeamos con esta forma de delincuencia organizada brotarán como setas otoñales territorios y gentes que impongan la independencia con la mira puesta en la pasta, siempre la pasta. Media Italia en manos de la mafia. Bélgica partida en dos. Alemania de regreso al siglo XIX junto con otros países que se consolidaron cuando tuvo su efervescencia el delirio romántico de la Nación y sus caprichos.

Mientras escribo escucho que el presidente rebelde ha anticipado en la BBC que va a declarar la independencia. Pues caídas ya todas las caretas, estemos atentos a las equidistancias porque no estamos para aventuras revolucionarias. Si el Dr. No se empeña en hacer campaña harán bien los suyos en defenestrarlo definitivamente. Si no lo hacen, esperemos que Susana Díaz se atreva a sumar sus votos a favor de la Constitución y partir el PSOE antes que permitir que se parta España. Si Iceta insiste en sus devaneos plurinacionales de muñeca quebrada, otro que tal: y van tres psoes distintos en un solo ser verdadero. Da la impresión de que sólo Rivera tiene las cosas suficientemente claras y quizás se deba a que lleva décadas sobreviviendo en territorio hostil, ahora ya de forma declarada y sin tapujos: hay una parte importante de catalanes que no nos quieren porque somos españoles y hablamos español, porque reivindicamos nuestra historia con sus luces y sus sombras. Porque España nos importa y no entendemos que para ser catalanes haya que extinguir a los españoles y convertirnos en castellanos, con lo mal que pronunciamos el castellano por el sur.

Así que a unos les toca actuar y a los demás nos toca tomar nota, porque votar, lo que se dice de forma legal y organizada, es algo que tenemos a la vuelta de la esquina. Aunque primero habrá que reimplantar la ley allí donde los delincuentes la han subvertido y enviar a los delincuentes allí donde los delincuentes deben estar: en prisión.

 

 

 

 

 

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Estrategia perdedora de jugada forzada

Por lo visto en Cataluña no hay mucha afición al ajedrez, al menos en Convergencia – ya, ya sé que ahora han cambiado de marca -, que no supo ver con claridad lo que nunca  hubiera hecho Unió: firmar un pacto que por una parte le permitía seguir en el gobierno mientras por otra la ataba a la CUP mucho más de lo que anticiparon en su delirio. Necesitaban tantos votos, tantos le prestó pero ni uno más, que por eso mismo y para demostrar quién mandaba en el cotarro se cobró la CUP limpiamente la primera pieza: la mismísima cabeza de Mas, al que echaron al basurero de la historia con todos los deshonores anejos a los honorables despojados de su honorabilidad. Y van dos seguidos, el muy deshonrado Pujol y el guapito y deshonrado Mas, responsable principal de la asociación con la CUP para tapar las muchas vergüenzas que tenía acumuladas a costa del 3%. Y ese es, fundamentalmente, el origen remoto del lío en que se han metido estos insensatos. Una huida hacia delante con jugadas forzadas hasta llegar a donde estamos.

Al ligarse a la CUP Convergencia se metió, ella sola, en una espiral de jugadas forzadas de la que no ha salido ni se espera que salga si no es a costa de perder cualquier rédito electoral, porque cuando pase el jorn del merde y no haya república catalana se van a dar bruces con la cruda realidad que hoy no quieren ver: que no habrá un Estado de Derecho post España que no sea el Ordenamiento Jurídico español, que los inhabilitados seguirán en su inhabilitación, que los 5 millones y pico de euros que han de pagar por la patochada del 9N o los pagan o se meten en una especie de muerte civil a efectos económicos, que no va a haber jueces adictos que juzguen sus desmanes y que, por tanto, la secuela de la intentona va a descabezar la política catalana, que tendrá que reinventarse prescindiendo de los más obcecados, loados sean los dioses todos.

Cortar la cabeza a quien tiene una mala cabeza probablemente lo mejora, por más que ya para nada le sirva ni a él ni a los demás. Pero cortar cabezas simbólicas, arrinconar definitivamente a los descerebrados de la CUP, hundir a Convergencia en la vergüenza y en la insignificancia, aunque sea a costa de dar paso libre a una ERC que quedará tan descabezada como sus socios conservadores… suena a música celestial, pero ese es el horizonte cercano, el que se adivina para el día 2 de octubre, cuando los catalanes que no han hablado puedan acudir a una urnas constituidas como mandan los cánones y expresar de una vez lo que quieren. Y lo que quieren no es el desorden al que los conduce la CUP ni la corrupción infinita de la que proceden los neo Demócratas Catalanes, antigua Convergencia.

Así que demos a la CUP por muerta por más que su espíritu atormentado pueda aún dar coletazos que la propia sociedad catalana se encargará de neutralizar. O eso o se euskaldunizan, lo que me parece harto improbable dado el seny. Convergencia conocerá sus horas más bajas y va a llevar mucho tiempo que Cataluña olvide lo que le ha hecho. Y sólo queda ERC, cuyo papel en todo esto ha sido una especie de medio camino entre la nadadora y guardadora de ropa Colau y la mera decencia política, esa que nunca han conseguido alcanzar. Y eso la gente lo sabe y ya piensan a quién se puede votar que no haya de hundirlos más aún en la frustración y el cansancio.

Afirmo, en conclusión, que el “pos” de este vendaval va a ser una depresión colectiva, un preguntarse eternamente cómo se han dejado meter en este lío y una obligación de rectificar cuanto se ha hecho mal, y la próxima vez que les dé por inependizarse harán primero las cuentas y estudiarán bien la ley, porque otra metedura de pata como esta a corto plazo y Cataluña no va a saber dónde esconderse hasta que al mundo se le olvide el ridículo que ha hecho dejándose llevar por los zarrapastrosos de la CUP.

 

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