La traición de Forn (2ª parte)

Torra dirá que la culpa no es suya pero Sánchez no podrá ni amagar con esa broma. Sábe que está jugando al póker con todo lo que significa España y parece dispuesto a perderlo mientras mantenga el falcon y el helicóptero para divertirse él. Si por lo menos fuera un trilero acabaría ganando la partida con malas artes pero lo que es de temer es que pierda, como en su día perdió Rajoy, y aboque a este país a una crisis peor que la del 1-0, cuando la traicionera y cobarde inacción del zorruno Forn – que sigue preso, por cierto – dejó a la Guardia Civil y al Cuerpo Nacional de Policía frente al tumulto. Todavía andamos pagando la factura de aquella traición cuando ya nos preparan la siguiente, y ahora es peor porque la suma de violentos e indepes, unida a la descentralización de los actos de insurrección, propiciarán que la violencia suba hasta cotas como las que vimos hace mucho tiempo en Detroit.

No son suposiciones: la CUP pretende lanzar una huelga de país y considera un buen prólogo la posibilidad de cortes de carreteras, ocupación de infraestructuras (puertos, aeropuertos), colapsos de tráfico, paralización de trenes, concentraciones masivas y huelgas promovidas por ANC, Comités de Defensa de la República, Grupos Autónomos de Acciones Rápidas (que llaman al sabotaje en las líneas ferroviarias, del metro y del tranvía, también de las comunicaciones por cable, y a atentar contra las fuerzas del orden), Òmnium Cultural, Via Independencia, una organización tipo juventudes hitlerianas llamada La Forja y la Intersindical-CSC, y todo eso sin contar wasap, que ya sabemos que permite movilizar a la gente en minutos, sobre todo cuando la ciudad está colapsada y ni siquiera la policía pueda llegar a tiempo a los lugares donde es precisa.

Se acabó la revolución de las sonrisas. A los enchulados CDR le preguntan y ya no niegan que vaya a haber actos violentos. Al contrario, anticipan que el 21 de diciembre serán “ingobernables”. Su fin no es otro que impedir la celebración del consejo en Barcelona, y se lo está poniendo fácil el buenismo de ese tal Sánchez, que es peor que Zapatero.

Si todo lo anterior no le parece suficiente a ese irresponsable ¿se imaginan a un gentío ataviado de chalecos amarillos en sintonía con la guerrilla urbana que ha destrozado París? (Curioso: el mismo color de los lazos que festejan a los delincuentes presos). Pues imagínenselos e intenten pararlos en cuanto sepan que el frívolo de Sánchez y sus secuaces, para aparentar una normalidad que no existe, se han plantado en Barcelona a celebrar un consejo de ministros tres días después de que comience el juicio de los mártires de la independencia. Y, además, el sitio elegido: la lonja del mar, que es lugar desaconsejado por los mozos de escuadra – ellos prefieren el palacete Albéniz, que les suena más castizo – por lo difícil que es blindarlo, con lo que también los mozos podrán disculpar su inacción bajo excusa de que no les hicieron caso. Estamos más allá de la tormenta perfecta; estamos en el apocalipsis buscado de propósito.

Tendremos una última oportunidad de rectificar unos días antes del día 18, cuando se intente trasladar a los presos a Madrid para ser juzgados. Ya han dicho que intentarán impedirlo, y de lo que ahí ocurra cabrá extraer conclusiones, pero eso sólo lo harán las personas con capacidad de razonar. Sánchez no es de esa clase. Se estrellará y nos llevará de la mano al infierno, aunque él irá en avión. Era todo lo que quería y lo que le está tolerando el PSOE, ese partido que alguna vez fue serio y resultaba de fiar.

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Sin tibieza alguna

El parlamento autonómico de Cataluña, reunido en sesión asamblearia más propia de campus revoltoso, aprobó unas leyes que daban por hecha la ruptura con España y con el orden constitucional, que iba a ser sustituido por un orden bolivariano a la medida del demente Puigdemont. Nos pareció a muchos que había llegado el momento de intervenir la autonomía catalana pero el impasible Rajoy esperó a que el luego fugado proclamara la republiqueta dando lugar a grandes males: se nos escapó el fantoche, otros se fueron tras su estela y al fin nos vimos abocados a montar un macrojuicio de final incierto que le ha costado ya algunos revolcones a la endeble justicia española.

Quedó patente que el no hacer no era la mejor opción. Hoy volvemos a tener la oportunidad de comprobar si eso sigue siendo cierto.

La invocación de la vía eslovena hacia la independencia por parte del supremacista Torra – hoy orante y ayunante recogido en Montserrat, donde se va a reencontrar con el espíritu de Himmler – verbaliza una acometida contra el Estado que, al ser calificada de “eslovena”, incluye la apelación a las armas y al levantamiento tumultuario, pues en no otra cosa consistió lo que formaron los eslovenos mientras Yugoslavia saltaba en pedazos. El problema es que Sánchez resulta ser todavía más débil – e infinitamente más tonto – que Rajoy, y dependiendo como depende de los apoyos que consiga tras mendigar a calzón bajado, no está para reñir a quienes lo auparon allá donde ni su madre se atrevió a soñar que llegaría.

España no es la Yugoslavia en descomposición de la que se desgajó Eslovenia organizando una miniguerra en toda regla, aprovechando que una parte del ejército yugoslavo quedó en su territorio. Entre una cosa y otra hubo casi cien muertos. ¿Va a esperar Sánchez a que haya por lo menos una decena antes de tomar las riendas y olvidarse de acabar la legislatura? Porque mientras él fluctúa se aprestan los aguerridos cuatro gatos que respaldan al Puchi y al excelso genético Torra a una guerra en plan somatén, porque a los mozos no parece que los tengan de su parte, al menos no en bloque como quisieran, y armados con armas ligeras y más bien cortas, siendo el bélico uno de los pocos escenarios en que el tamaño sí importa. Mucho. Luego es el momento de comparar las armas cortas de los mozos y las largas, muy largas, de las tres divisiones del ejército español que tienen su sede en Cataluña de forma permanente. ¿Cuenta el aguerrido Torra con ese ligero inconveniente?

Dado que las fuerzas de choque que han de triunfar en esta revolución se contraen a los CDR y a los pocos desesperados que teniendo escopeta deportiva la quieran poner al servicio de la historia, la proclamación que terminó en decenas de detenidos – algunos presos – lo de ahora acabará con muertos de verdad, de los que se velan y entierran y luego hay que conmemorar. Y sepa el devoto Torra que para unas fuerza de seguridad como las españolas, a las que él desprecia como Hitler despreció a rusos y judíos, acostumbradas a vérselas con ETA, los CDR le pueden durar un día si se lo toman con relajo y sin despeinarse; si acometen la tarea en plan urgente en una mañana no queda ni un CDR comiendo caliente en casa de su mamá.

Debe Sánchez tomarse en serio las voces que llaman al art. 155 ya, retomar el control de los mozos, impedir definitivamente la chulería de los CDR a la hora de cortar carreteras y perseguir a Torra por conspiración, proposición y apología de los más clásicos delitos contra el orden constitucional, y dejar claro como la luz que esta vez no habrá retraso en la reacción ni se propiciarán males mayores. O eso o que se apriete los machos para lo que le viene en esta misma legislatura y, sobre todo, en la siguiente.

En cuanto a Torra y sus cofrades, advertidos quedan. La anterior asonada acabó en prisión; la actual puede acabar con varios funerales colectivos. Si es lo que quieren, sea, pero no es lo que queremos la mayoría sensata de este país llamado España.

 

 

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¿Qué hacer con Vox?

Es muy fácil: hay que tratarlos como si fueran la CUP.

La CUP quiere acabar con el capitalismo pero se conforman con que Cataluña abandone España poniendo en práctica la republiqueta que proclamó el fantoche de Waterloo. Quieren impagar la deuda que mantienen con nosotros, echar a los jueces y fiscales y nombrar a sus amiguitos, convertir a los mozos de escuadra en una ONG, sin armas ni porras y – eso es innegociable – ordenarles que de momento no persigan ni repriman a la alegre muchachada CDR, que deben a su antojo parar el AVE, quemar contenedores, repartir palizas entre españoles y enseñorearse de la vía pública como en su día hicieron los falangistas para mayor gloria de la dictadura franquista.  Llevan mucho tiempo en el empeño. La pregunta clave es: ¿Han conseguido algo? Pues no, salvo la cabeza de Mas, pero  han contribuido, y mucho, al gobierno indepe. Con sus votos se venían forjando mayorías hasta que, finalmente, tras perder la mitad de los escaños, se han plantado en su programa de máximos y se han quedado sin influencia alguna en el día a día catalán.

VOX fue primero un diccionario. Luego se convirtió en un amplificador de válvulas con el que algunos le sacaban a las guitarras eléctricas sonidos que aún nos erizan la memoria. Sólo a última hora, en tercera acepción, se ha convertido en la extrema derecha española que viene a sustituir a Fuerza Nueva en aquello de echar al viento la nostalgia del franquismo que ya casi nadie siente. Salvo VOX, porque ellos han elegido voluntariamente ese papel.

Vox quiere acabar con el régimen autonómico, recentralizar el Estado, derogar la ley de violencia mal llamada de género, acabar con el plurilingüismo, expulsar a todos los inmigrantes ilegales, ilegalizar no sólo a la CUP sino a ERC, PDecat y otros muchos  mientras mantengan la aspiración a romper España. También quieren suprimir las policías autonómicas, intensificar la reclamación de Gibraltar, etc., etc., etc. VOX quiere lo contrario exactamente que la CUP y con la misma intensidad revolucionaria, y ello es así porque son la misma cosa, los extremos de la cuerda, extrema izquierda, extrema derecha y, al cabo, la misma puñetera cosa.

A diferencia de la CUP los de VOX son unos recién llegados de los que nada sabemos sobre cómo se las gastan, de modo que hay que transmitirlesla idea de que de momento les vamos a perdonar la vida y sólo esperamos que no entorpezcan lo que la gente ha pedido claramente en las urnas: echar al régimen socialista de Andalucía y sustituirlo por el segundo partido más votado. Así que ese es el papel de VOX en este momento: acreditarse de novato tragando quina y esperar su oportunidad si es que esta ha de llegar alguna vez. Tienen que ponerse en la misma cola que la CUP y, encima, detrás de la CUP, hasta que se reformen o, como le pasó a Blas Piñar, tengan que retirarse a “la soledad de los elegidos”.

Ni al PP ni a C´s ni a VOX les va a perdonar el pueblo soberano que dejen pasar la oportunidad de acabar con el régimen de corrupción andaluz y, al contrario, den lugar a nuevas elecciones, de las que lo peor que cabe esperar es que suba VOX a base de menguar a los demás. El PP no tiene inconveniente en aceptar los votos de VOX porque, al fin y al cabo, ellos también fueron alguna vez ultramontanos, nunca han condenado el franquismo y eso los acerca a VOX. Que se entiendan. C´s no lo tiene tan fácil porque sus colegas europeos no le permiten ni hablar con VOX, pero no le impiden investir a un candidato popular. Háganlo y, luego, a poner condiciones que impidan al PP gobernar como suele con mayoría absoluta – rodillo irracional – y a VOX imponer sus aspiraciones de máximos hasta que, como la CUP, se acaben apartando ellos solos a la soledad que dejó vacía Blas Piñar o civilizándose en sus aspiraciones, que sería lo mejor para todos.

 

 

 

 

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Susana y su casta

Iglesias salió con cara de declarar la tercera guerra mundial contra el fascismo. Parecía sugerir, el mamarracho, que Queipo de Llano iba a salir otra vez por Sevilla en camión, con muchos falangistas y muchas pistolas, formando bulla y paseando gente en el doble sentido del término. Según su cara de circunstancias, hoy no se debería haber publicado la prensa roja, secuestrada precisamente por roja e impía, y los más conspicuos izquierdistas deberían estar presos, camino de un campo de concentración. El delirio de Iglesias retorna siempre a las hazañas bélicas que no fueron y lo tienen apesadumbrado. Él, que entiende y comparte el martirio de los encarcelados golpistas que pretendieron echar abajo la constitución, él que se abraza con Otegui, con Maduro, con los ayatolás, y no rehúsa votar con Bildu, se erige en párroco airado y afea la conducta a quienes pueden y deben echar a los señores feudales del psoe y a su red clientelar fraguada en parecido tiempo al que invirtió Franco en crear la suya.

Susana, por su parte, siempre fue de ser casta y de tener un ratón. Y ahora resulta que entre el ratón y la casta le comen los votos a todas horas. Después de 36 años criando parásitos acaba habiendo mucho, demasiado ratón chupando del bote como para que el bote no acabe pegando el esclavejío y llevándose por delante al chiringuito y a la matrona que lo regenta, la que llegó al poder aupada por quienes están a punto de ser condenados por obras de caridad con ellos mismos y con sus amiguitos. Todo eso Susana no lo quería ni quiere ver. Tampoco lo quiso ver Rita Barberá y acabó por los pasillos recitando aquello de “menuda hostia, menuda hostia”. En las mismas está ahora Susana. Digiriendo lo que no querían ni imaginar y temerosa de que esos señores de Ferraz aprecien que tienen en la cúspide a los artífices de los peores resultados electorales en España y en Andalucía, y que a lo mejor se lo piensan y, desenterrada el hacha, en vez de una cabeza caen dos.

La anticapitalista Teresa pierde votos en contra del sentido que marca el materialismo histórico. Como sabemos a ciencia cierta que no se los ha comido el ratón de Susana, han tenido que ser C´s y Vox – los únicos que han ganado votos en esta convocatoria – y eso es demasiado estigma para una marxista como ella. ¿Que C´s y Vox van a sustituir al PSOE y a la compota electoral en que se ha convertido Podemos después de merendarse a IU? ¿La izquierda y la extrema izquierda pisoteadas por el centro y la extrema derecha? Ellos dicen que la culpa no es suya. Ni Susana ni Teresa dijeron nada al respecto; salieron, como Iglesias, a prevenirnos contra la extrema derecha que viene a organizar otra guerra, cuando han estado calladas mientras Sánchez, para echar a Rajoy, no despreció el apoyo ni de los etarras . ¿Y ahora quieren que los demás se vuelvan melindrosos de cara a echar a la casta psoe “como sea”?

Si fueran listos, C´s y VOX investirían al candidato del PP y lo dejarían gobernar en minoría. Pacte usted con nosotros todas las leyes que haga falta para desmontar el chiringuito de la corrupción socialista en Andalucía y, a partir de ahí, pactemos leyes que recojan un acuerdo de mínimos a salvo de la peor y más estéril ideología, que viene a ser al final lo que más conviene a la mayoría. Ni las barbaridades que quiere VOX ni las tibiezas que promueve el PP. Vigilados los unos por los otros y todos por los votantes, andemos todos, y yo el primero, por la senda constitucional. Después de 36 años de rodillo, a Susana y su casta pero también a Teresa y a Iglesias, se les había olvidado que en esto consiste la democracia: en la posibilidad en que estamos de echarlos a la calle de vez en cuando. Y así lo han hecho los andaluces… por primera vez en lo que va del 77 hasta la fecha.

Y ya saben: hay un libro de reclamaciones a disposición del cliente. Se llama Junta Electoral y resuelve rápido. No se priven de recurrir y de imaginar que sólo con trampas le han podido ganar a ellos. Pues resulta que no. Resulta que hasta VOX le está quitando votos a esa izquierda nunca tan hundida como ahora, bajo el liderazgo de Sánchez, Susana y su amiguito Iglesias, el del referéndum del casoplón. Echando mano de la gracieta que prodigan ¿no es como para que se lo hagan mirar?

 

 

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Dos burbujas menos

Los bitcoin se han hundido porque ha terminado por ser más caro mantener vivo un bitcoin que lo que vale en el mercado. Es como si un billete de 50 euros fuera más caro de fabricar que los 50 euros que aparenta valer. Ya pasó con la moneda de plata de 100 pesetas que acuñó Franco: al poco valía más la plata que las 100 pesetas faciales, así que la gente las fue acumulando hasta que desaparecieron y terminaron fundidas en lingotes de joyería. Con el bitcoin ha pasado que al ser más caro mantenerlo que lo que te dan por él, ya nadie quiere bitcoins y la gran estafa se ha consumado. Hace apenas unos meses se ofrecían viviendas que sólo se podían pagar en bitcoins, y hubo operaciones al respecto. Ahora el que tiene la casa tiene algo y el que recibió bitcoins apenas tiene algo con tendencia a que acabe siendo nada. Ahora que le reclamen al maestro armero. Como ya anticipé, empezarán a aparecer cadáveres inesperados que se corresponderán, punto por punto, con quienes hicieron negocio engañando a otros con el timo de la estampita en plan cibernético. Así que ténganlo en cuenta: si alguien les ofrece un potosí virtual, acéptenlo a cambio de otro potosí virtual, pero nada tangible. Y mucho menos a cambio de dinero del de comprar cosas.

En cuanto al independentismo aglutinante, ese que hizo que una parte importante de catalanes se echaran a rodar por la pendiente antiespaña, ha acabado descomponiéndose en los que fueron sus factores primos: derechas, izquierdas, centros, extremos por los dos lados, etc., etc., etc. Se creyeron que los rojazos impíos podían entenderse con la derechona ricacha y que, todos juntos, se podían entender con anarcocomunistas, y ha resultado lo que era previsible: ha resultado que no. Y está la cosa en el mismo punto que el bitcoin: ¿al final valdrá algo todo esto? Pues depende.

Los médicos están en la calle pidiéndole al catanazi Torra que en vez de abrir embajadas dote de profesionales a la medicina. Que mire al suelo, vamos, en vez de mirar a Waterloo a ver cuál es el último delirio del fugado principal. También los mozos de escuadra andan revueltos y con la mano extendida, ellos que iban a ser tropas de asalto de la independencia catalana frente a la tiranía de los Reyes Católicos. También los funcionarios se han echado a la calle con la mano extendida. Quieren las pagas que cayeron víctimas de los recortes que Mas les impuso mientras él y su partido se forraban. Y ya sólo faltaban los estudiantes que, enfrentados a las tasas universitarias más altas de España, dicen que o se las bajan un 30% o se van a estudiar a España y que luego ya verán si vuelven.

O sea, que se ha impuesto el principio de realidad y resulta que todos miran a los Presupuestos Generales del Estado y no a las arcas catalanas, vacías a base de 3%, embajadas y cohetes que creían que iba a pagar el Rey, y resulta que lo han de pagar ellos con lo que no tienen. Volvemos, por tanto, a la manida pregunta de Pla: todo esto ¿quién lo paga? Por eso ha resucitado el “España nos roba”, a estas alturas, cuando nadie ya se lo cree porque las cuentas han salido a la luz y ya sabemos que si alguien roba es la trama del 3% y si se despilfarra es desde la Generalidad. Pero Torra no piensa aprobar los presupuestos a los que se vuelve con la mano extendida.

Hay venganzas que cuestan mucho empeño pero otras vienen solas, como la que castiga al que escupe al cielo.

 

 

 

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¿Fiscalía anticorrupción o corrupta en sí misma?

Poco antes del verano pasado una juez de lo penal absolvió al exalcalde de Murcia, sr. Cámara, a Joaquín Peñalver, arquitecto, y a Pedro Morillas, jurista, estos dos últimos altos funcionarios del ayuntamiento. Llevaban siendo investigados en secreto desde 2008 y perseguidos formalmente desde 2010. Peñalver mantiene muy a su pesar la condición de perseguido – ya diez años – lo que lo convierte en perseguido profesional. Pedro Morillas se jubiló con la amargura de haber sido encausado después de una trayectoria funcionarial a la que nadie pudo poner tacha. En el turno de última palabra dejó entrever toda la amargura que le había supuesto esa injusta persecución. También Peñalver se explayó al respecto, pero donde estuvo sembrado fue cuando al fiscal anticorrupción – el afamado miniyó – le soltó durante el juicio, mirándolo de frente, “no sé por qué están aquí los demás pero yo sí sé que estoy porque presenté una querella contra usted.” Hoy, como los demás, ha resultado absuelto.
Miniyó, siguiendo consignas del luego cesado y sustituido fiscal jefe, recurrió la absolución tachando de nula la sentencia, prolongando así la persecución unos meses dado que ¿a él qué más le da? Le pagan lo mismo y al final le darán una raimunda de consolación, si no se la han dado ya, por haber sostenido una acusación que no ha conducido más que al despilfarro de recursos públicos y al descrédito de la fiscalía y de la justicia. Pero eso a él no le importa, y menos a quien estuvo siempre detrás de él, dirigiendo el despropósito.
Hace apenas una semana supimos que Juan Antonio Megías, otro funcionario que en su día fue consejero de la Comunidad Autónoma, dejaba de ser perseguido por orden de la Audiencia Provincial. Recuerdo la faena de muleta que le hizo al miniyó, mirando al tendido, sin despeinarse, mientras el otro lo interrogaba intentando enredarlo en manejos turbios con la restauración del Casino. Quería que le dijera si el ingeniero/arquitecto de la obra había cobrado mucho; Megías contestó que de eso no sabía pero sí había aprendido a distinguir cuándo un funcionario se ganaba el sueldo. Todos entendimos – y ahora comprobamos – que el que no se lo ganaba era miniyó. Pero a Megías lo imputaron y hasta hace unos días no ha quedado libre de sospecha.
Esta semana hemos sabido que J. Hernández, quien fuera alcalde de San Javier, ha sido absuelto tras haberlo perseguido con verdadera saña el mismo miniyó desde hace 15 años. Quince años imputado, traído y llevado en los medios, bajo sospecha de ser un mal ciudadano – como los anteriores – y al cabo le dicen que no era tal. Ni una disculpa, mucho menos una indemnización y un cese, que es lo que harían en un país civilizado: indemnizar a la víctima y cesar a los autores de semejante desmán, que como mínimo son dos: un fiscal y un juez. Pero nosotros vivimos en la tradición de “Billy el niño”, aquel policía que cuanto más torturaba más lo ascendían y condecoraban.
¿No es una forma sutil de tortura la persecución injusta? ¿Saben lo que eso significa en la trayectoria familiar y profesional del que la sufre? ¿Saben de los trabajos que se niegan a esposas, hijos, hermanos… por compartir apellido? Y el grifo no cesaba de gotear. Conectado miniyó con ciertos medios, de vez en cuando rescataba noticias añejas con tal de mantener vivo el recuerdo de lo corruptos que eran los por él injustamente acusados y ahora absueltos.
Dos constantes: todos los imputados hoy absueltos o eran del PP o fueron funcionarios bajo el gobierno municipal del PP, lo que da idea del clima inquisitorial que hemos vivido en Murcia en las últimas dos décadas.
La absolución de Cámara, Peñalver y Morillas tiene enjundia porque al hilo de su persecución se propagó por Murcia y pedanías una auténtica neurosis de renta: eran más de 600 millones de euros los que le iban a entrar al ayuntamiento capitalino pues tal era la cifra en que los acusados, hoy absueltos, habían perjudicado a las arcas municipales. La cifra la echó a rodar la fiscalía y creció, creció y creció. Y al final ha sido cero euros. Ahora esos mismos estafadores ideológicos se recrean en un imaginario traslado de cerdos con un coste igual de imaginario obediente a nuevas prevaricaciones. Se entretienen con los cerdos pero en el punto de mira están otros que, al cabo, resultarán absueltos, al menos en lo que a los cerdos atañe. Forma parte del mismo delirio.
A la oposición política se le hacían los ojos dólares de pensar que se cargaban al equipo de gobierno para siempre a la vez que hacían rico riquísimo al ayuntamiento que inmediatamente gobernarían ellos. Y no sólo eso. Poco antes del verano, casi a la vez que absolvían a Cámara, una concejal de Ahora Murcia volvía a denunciar a los mismos que ya estaban siendo investigados en UMBRA desde 2008, y reclamaba con mucha firmeza que se construyera el campo de golf al que se comprometió Samper en su día. Justo lo que Murcia necesitaba: otro campo de golf. ¿Y Fuentes Zorita, con el PSOE detrás, el que aprobó Nueva Condomina tras hacer las cuentas “a la peseta”? Recibió en pago la no imputación, ni de él ni de los suyos por votar a favor de lo que luego persiguió en otros. Y hubo más, muchos más tratos de favor a cambio de testimonios y periciales.
Sí, la fiscalía anticorrupción está como para investigarla, hacer un cálculo de inversiones y pérdidas y el balance final será ruinoso: gastan mucho más de lo que ganan. Samper murió. Cámara hace tiempo que no es alcalde. No tenemos 600 millones para hacer de Murcia una ciudad rica. Tampoco tenemos otro campo de golf. Ni siquiera va a seguir en política la concejal de Ahora Murcia. La única constante desde hace 15 años es el fiscal miniyó y la mano que mece su cuna, el antiguo fiscal jefe, un tal López, rebautizado Doctor Maligno, padre de la alucinación de los 600 millones, los cerdos, etc. Me dicen que está de baja a la espera de jubilarse. Miniyó sigue en activo, perdiendo pleitos a lo largo y ancho de esta comunidad autónoma y dejando por fin en paz a pacíficos ciudadanos a los que no ha conseguido, de momento, probar nada. Cobra de nuestros impuestos y dice defender la cosa pública con ardor que sería propio de causas justas y no de aquellas que parió la alucinada mente del primitivo urdidor del delirio que abdujo a esta comunidad y la ha tenido perdiendo el tiempo casi dos décadas.
Habría que preguntar cómo llamamos a un sistema que permite imputaciones de 10 o 15 años sin consecuencias para los responsables, no de los delitos investigados sino del sostenimiento de tales imputaciones. Pero ya ven cómo está la justicia, y no sólo la penal. Como para hacerle preguntas sobre responsabilidades.

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La cultura de las amebas

Decía un gran profesor de la Facultad de Derecho de la universidad en que me licencié – UMU – que quien escribe mal es porque piensa mal. Tenía toda la razón, según evidencian estos mastuerzos que nos gobiernan o aspiran a gobernarnos y quienes dirigen la televisión, la prensa y todos aquellos lugares donde el escribir correctamente debería ser condición inexcusable para seguir escribiendo y cobrando por ello. El cómo es el mensaje: malamente se pueden propagar buenas ideas si se hace con pésima ortografía. Quien quiere expresar condicional negativa – “si no” haces esto yo no haré aquello – y lo expresa con una adversativa – “sino” haces esto yo no haré aquello – hace que el cerebro del lector se bloquee y deje de leer. No se puede entender lo ininteligible.

Quienes tengan menos de 40 años pensarán que los escolares de los 50 a los 70 vivíamos en el gulag soviético si les digo que a los 10 años nos exigían saber leer y escribir ajustándonos a un código extraterrestre llamado ortografía. Luego, más o menos la mitad estudiamos griego clásico y aprendimos que ortografía no venía del espacio sino de orthos – correcto –y grafo – escribir -, lo que sumado daba “corrección en la escritura”. Aprendimos que se escribían con hache todos los tiempos del verbo haber y una retahíla de verbos que había que memorizar. También se escribían con hache todos los derivados de palabras que empezaran por hache. Había excepciones como de hueso osario, de hueco oquedad… Nos dictaban esta frase: ahí hay un haya que hallamos ayer, y nadie los denunciaba por tortura.
Hoy, unos pedagogos al servicio de Moscú han decidido que tenemos que “fidelizar” a los alumnos a base de que puedan progresar de curso sin haber aprobado todas las asignaturas del anterior. En tres años llegarán a la universidad ciertos hunos que no sabrán lo que significa huno escrito con hache. Vendrán con Atila y su caballo con pezuñas segadoras de hierba – incluida la de Walt Whitman – y neovándalos de la misma calaña, con mentes convenientemente adaptadas a conocer su entorno más inmediato con cuidadoso desconocimiento de todo lo demás. Dicen estos pedagogos que debemos reducir la enseñanza de los jóvenes al estrecho mundo de la cultura que necesita una ameba para sobrevivir en una gota de agua ponzoñosa.

En el paquete ha de ir también lo que conocen los hechiceros de la pedagogía como lengua natural que, por hablada, no requiere normas, de modo que lo mismo da decir “a ver si nos vemos” que “haber si nos vemos”. Empezamos con el CD ROM y hemos acabado redescubriendo el hebreo que, por no tener vocales, debería ser más fácil – la mitad, según los hunos – que cualquier otra lengua. Salvo cuando se trata de la disputa entre Yavé y Jehová, en cuyo caso da lugar a guerras de religión y a una drástica restricción de las almas llamadas a salvarse y gobernar el mundo desde la derecha del Padre.

Cuando un alumno universitario levanta la mano y pregunta qué significa “menoscabo” lo que levanta de verdad es una bandera que invita a abandonar el empeño de enseñar. Entre los móviles y la adicción que generan y la mala prensa que tiene el desasnar a las nuevas generaciones, todo empeño es inútil. Hay que advertirlo en la puerta de los institutos con las mismas palabras que el Dante puso a las puertas del infierno. Y hay que ponerlo en italiano antiguo, para que no se enteren y tengamos la satisfacción de saber que morirán tontos como nacieron pero con el móvil en la mano y el cerebro sin estrenar. Nos sucederán las amebas.

Me gusta estudiar, escribir y dar clases pero me voy a jubilar dentro de muy poco. Qué bien.

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Que ante Nos pende

Andan PSOE y PP intercambiando cromos a ver quién se lleva por delante la presidencia del CGPJ, la del Tribunal Supremo y, en el mismo lote, el juicio de los golpistas catalanes. Han puesto sobre la mesa el nombre de Manuel Marchena Gómez. Hay quien lo alaba por representar la línea dura que se cargó a Garzón por prevaricador, y se le tiene por fogueado en asuntos complejos. Si ellos lo dicen… Lo que a mí sí me consta, sin duda, es que hasta el año 2012 venía encabezando sus sentencias con un mayestático “que ante Nos pende”, muchos años después de que el Papa de Roma y el Rey dejaran de utilizar esa fórmula que convierte a quien la usa en figuras de bronce de las que, según le dijo Mozart al emperador, “cagan mármol”. O en el demonio de El Exorcista.

Todavía hoy utilizan esa ridícula fórmula otros como Monterde Ferrer, Berdugo Gómez de la Torre, un tal Palomo – compruébenlo en el CENDOJ: es gratuito – y hasta la única mujer que forma parte de la sala se ha puesto el galardón que consiste en tratarse a sí misma como se trataban los césares de Roma y, más lejanamente, los faraones. En eso denota lo moderna y progresista que es, pues de eso va la moza o así lo entienden los J.J. para la democracia. Vaya también para ella lo dicho del bronce y del mármol.

Sólo cabe decir que cada cual puede hacer el ridículo como mejor le plazca pero es mal precedente el haber incurrido en semejante ridiculez hasta tiempos tan recientes si es que por entonces ya pensaba el hombre escalar en la carrera judicial, pues anunciarse por escrito como “Nos” es mucho más que sentirse casta: supone saberse ascendido a los cielos de la gloria profesional sólo porque se lo dicen sus amiguitos y compañeros de farra con los que se reparte raimundas para festejar el haberse conocido. A todo el que se trate a sí mismo de Nos hay que imaginarlo con ropa interior de seda adornada de encajes almidonados, no vaya a ser que las costuras le hagan llagas en el pedigrí, de modo que viene el mozo con adorno extra de puñetas.

No le puedo reprochar, como sí hice con el difunto Maza Martín, el haber formado parte de aquella sala que en 2006, salvo tres honrosas excepciones, pisoteó a su gusto los más sagrados derechos de los ciudadanos – Res Iudicata, Reformatio in Peius, Incongruentia extrapetita, Irretroactividad de las disposiciones sancionadoras – en un supuesto de prevaricación encaminada a la prolongación de la prisión de unas cien personas, pero como Fiscal del Tribunal Supremo que entonces era Marchena, y adscrito a la Sala Penal, nada hizo por impedir la tropelía y, qué casualidad, en 2007 fue nombrado magistrado del Tribunal Supremo. Si fue por lo que no hizo para impedir lo que nos costó no una sino dos vergüenzas mayúsculas ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, no me consta: nada entiendo de las alturas judiciales donde, como me dijo un inteligente presidente de audiencia, “todas las cumbres son borrascosas”.

A todos estos mayestáticos señores, magistrados y fiscales por igual, les dije yo por escrito en 2014 (Doctrina Parot. El Estado y sus enemigos), que habían obrado “al margen de la legalidad, apartándose grosera y clamorosamente del procedimiento y de la regulación del fondo del asunto”; los acusé expresamente de haber invadido competencias que no le eran propias  y de haber prolongado ilegalmente unas penas de prisión que hasta el Tribunal constitucional dijo en cuatro ocasiones que estaban cumplidas – aunque luego se unió a la orgía y en otros 36 supuestos dijo que le parecía muy bien el desafuero -, y me aseguré de repetirles que lo habían hecho con plena conciencia y voluntad de quebrantar aquellos principios. Les señalé los delitos cometidos – arts. 506 y 530 Cp, aparte de la prevaricación – y me limité a esperar a que transcurriera un año a ver si se atrevían a presentar una querella por calumnias. Pasó el año, prescribió la acción y no hubo nada, salvo que  seguimos estando en sus manos hechas a torcer la vara de la justicia.

El fantoche de Iglesias ni se entera. De Sánchez, de cuya tesis no se salvan ni las comas – alguien lo ha publicado, yo lo hago mío -, qué les puedo decir a estas alturas. Al PP se le llena la boca de decir que respeta a la justicia pero nunca dice que para eso la justicia tiene que ser respetable. Ciudadanos ni está ni se le espera. Sólo los ignorantes podemitas han formulado querella por lo de la sala tercera, y la sala del 61 ha despachado el asunto sin más. ¿Qué esperaban? ¿Que se hubiera recuperado la decencia en las borrascosas cumbres de la justicia de este país? Los golpistas y supremacistas catalanes, otros que tal, se plantean igualmente querellarse. ¿Es que no saben quién compone la sala del 61? Son ellos mismos, los magistrados del TS, los llamados a juzgarse entre ellos, y ya pueden imaginar con qué mimo se tratan pensando en el hoy por tí, mañana por mí.

Cuando creíamos que era sólo la sala de lo penal la que hacía mangas y capirotes con la ley se nos descuelga el presidente del CGPJ y la sala de lo contencioso administrativo apuntándose un tanto todavía mayor: yo con las sentencias hago lo que me da la gana, estén firmadas o no, sean firmes o no. Y no me hablen de tú que nosotros somos “Nos”. Por eso hacemos con las sentencias esto que ven que hacemos, porque quien digiere y echa mármol no deja huella en los papeles. Y ustedes se callan, porque ustedes no son Nos.

Y la guinda que corona el pastel: ya sabemos que será Marchena el afortunado de una votación que aún no se ha producido. Es el candidato del PP, que el PSOE y Podemos han tolerado a cambio de contar con mayoría en el CGPJ. Trump no lo hubiera hecho mejor. Y Nos, el pueblo soberano, tragando porque, en efecto, nosotros no somos Nos.

 

 

 

 

 

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El fin del Derecho

Si los ingenieros y arquitectos pudieran suspender la vigencia de la Ley de la Gravedad tendríamos bellísimas casas flotantes y puentes elegantemente trazados sobre un valle sin apoyo intermedio alguno. Habría, de hecho, una autopista Lisboa-Nueva York de peaje. Pero la arquitectura y la ingeniería son ciencias de verdad que resuelven problemas de verdad, como es la tendencia de los puentes, las casas y las autopistas a derrumbarse. NO caben opiniones al respecto.

El Derecho es otra cosa. El Derecho no es ciencia en el sentido en que lo es la ingeniería, sometida a leyes inexorables, y por eso cualquier iluminado puede invertir el orden del tiempo y decir que regía ayer lo que se ha hecho hoy, o rectificar lo dicho ayer porque ya no me gusta hoy. Máxime si a quien no le gusta es a esos señores de negro – lleven o no puñetas – que al final son los que deciden cuánto suman 2 y 2.
No sea ingenuo, lector: 2 y 2 suman 4 en una pizarra de colegio pero dos y dos, expresado en palabras, no son ni 4 ni 5, que son cifras, sino una frase: dos y dos son lo que usted ordene, distinguida Autoridad. Y así se suma y se sumará en materia de justicia a partir de hoy mismo, por aquello del cesto y el ciento. Si aquello hice y tragaron, ¿quién me lo habrá de impedir en el futuro?

Lesmes le echa la culpa a la oscuridad provocada por los legisladores. No lo dijeron entonces: lo dicen ahora, cuando la gente se les echa encima. Pues que se lo diga a la gente cuando se echen a la calle. De momento no nos convence.

Ajustándonos a la intangibilidad de la cosa juzgada, lo que acaba de hacer el Tribunal Supremo por obra del pleno de su Sala Tercera, a instancias de su presidente y con el apoyo inestimable del voto de calidad del mismo, ha triturado la vigencia del Principio de Legalidad, la Seguridad Jurídica y la prohibición de reconsiderar lo previamente fallado, negando en la práctica que el nuestro sea un Ordenamiento Jurídico homologable al estándar europeo. Al hecho de ser la Justicia el servicio peor valorado por los españoles se une ahora la certeza de ser una instancia política y no técnica, ya no circunscrita a la Sala de lo Penal, que lleva décadas actuando por libre desde la insubordinación a la ley. El mal se va extendiendo. El descrédito de la política y de los políticos y el manejo del Legislativo por estos últimos, nos conducirá en breve a escribir en España el que será el Segundo Libro de los Jueces del Antiguo Testamento, y eso hasta que decidan, como en Israel hicieron, constituirse en Reyes. De momento nadie hace nada al respecto.

De nada sirve invocar la ley (art. 267 LOPJ: Los tribunales no podrán variar las resoluciones que pronuncien después de firmadas…”) o las Sentencias del Tribunal Constitucional 39, 57, 62 y 113/2012 (“el derecho fundamental a la intangibilidad de las resoluciones judiciales tiene engarce con el principio de legalidad (art. 25.1 CE)). Reconsiderar lo fallado, como ya se ha perpetrado en este desdichado país, supone que ya no hay derecho alguno consolidado: la puerta de la rectificación ha quedado definitivamente abierta. “ y 2 ya son 5, o lo que mande la Autoridad.

Asistimos, como Raimund Pretzel escribió en 1933 ante el ascenso nazi al poder, a la muerte del “antiguo Derecho basado en artículos”, ese que “se había quedado atrasado y punto”, y a un sistema que so pretexto de atender no a la letra sino al espíritu de la ley, se permite pisotear la ley en beneficio de un evanescente espíritu que ellos dicen que administran. Lesmes señala a otros: tres dedos lo señalan a él. Pero la cuota de dimisiones ya está cerrada. Si sigue Delgado en el poder, ¿por qué iba a dimitir Lesmes? La decencia queda para quienes, como un magistrado murciano que debía redactar una ponencia en sentido contrario al propiciado por el presidente de la Sala Tercera, tienen la hombría de no escribir contra lo que honestamente piensan. Es un tipo de gente a extinguir: no caben ya en este sistema.

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Día de difuntos

Ya han dado cuenta los niños – y algunos adultos a medio formar – de esa fiesta que parece, como San Valentín y algunas otras, diseñada por una gran superficie de venta barata. Halloween ha terminado con toda la sarta de estupideces que arrastra. Más respeto me merece la fiesta de los muertitos de México, en que la gente se va a los cementerios a comer calaveras de azúcar junto al lugar donde saben, a ciencia cierta, que están los huesos de aquellos a quienes tanto quisieron. Se ahorran, según el meme que circula por la red, que algún día tecleen en el GPS la dirección del cementerio y descubran que justo al llegar a la puerta del recinto una voz usualmente amable les recuerda “ha llegado a su destino”. Y así es: ese es, y no otro, nuestro destino.

Mientras los niños juegan y los mexicanos subliman, la recua de ineptos e ignaros de diseño que se auparon al poder desde las cenizas de un partido que alguna vez fue serio andan practicando una necrofilia de pésimo gusto bajo coartada ideológica: todo lo que no sea triturar las cenizas del dictador y echarlas al Tíber, como se hizo con las del papa Formoso, les parece poca damnatio memoriae, aquella costumbre de los césares romanos consistente en simular con esmerado detalle la inexistencia de quienes sí habían existido. Como si borrar el nombre de una lápida pudiera borrar también los hechos infames de quienes nos precedieron. Tal es lo que quieren: en la medida en que perdimos la guerra – dicen, como si no la hubiéramos perdido todos, incluso los que la ganaron – borremos las huellas de quienes parecieron salir triunfadores de aquel horror. Cobardes como son, no se atreven a proponer la que sería la solución más ajustada a sus obsesiones: desenterrar al dictador, juzgarlo in absentia pero asegurando su cadavérica presencia, condenarlo, ordenar la quema de sus despojos en la plaza pública – seguimos en la estela de Formoso – y echarlo después a un río fluyente que lo aleje de nosotros para siempre, a riesgo de que el mar se lo acabe devolviendo en una playa cualquiera.

La ministra Calvo, ajena a cualquier idea de mesura y respeto por los derechos de todos, lanza un discurso que acaba inevitablemente en el exilio de las cenizas del dictador muerto. Si no tiene cabida en el valle siniestro donde ahora está y tampoco en el panteón de la familia, bajo excusa de que no se le pueda rendir tributo, ¿dónde habrá que depositarlo? No debería bastarle a la ministra con decir que no: cabe exigirle que diga “dónde sí” porque si hay algo que la ley no autoriza es que sobre los restos de un humano decida el gobierno y no los allegados del muerto; es una idea que repugna a la menos formada de las sensibilidades que se dicen seguidoras del Derecho.

Recuerdo un día frío de otoño muy parecido a éste. Una amiga, a la que encontré por la calle, a mi pregunta – ¿de dónde vienes con este tiempo? – me contestó que venían, ella y otros, de comerse las cenizas del padre de otra amiga común. El hombre, por lo visto, dejó dicho que esparcieran sus cenizas en un lugar emblemático y montañoso desde el que había una bella vista de nuestra ciudad común. Los deudos allá que se fueron. El esparcidor no tuvo la precaución de averiguar el sentido del viento, así que lanzó las cenizas al aire y éstas acabaron en la cara, en los ojos, en la nariz y en la boca de los presentes. Y eso es lo que le está pasando a Sánchez y a su cuadrilla. Al final se tragarán la tétrica polvareda que ellos mismos han levantado. Y yo lo veré complacido.

Lo último que me apetecía es que me recordaran al dictador que ensombreció los primeros 21 años de mi vida. Él y los suyos dieron todo un tono gris, un acre olor a rancio, una fondo de letanías aburridas. Pero muerto el maldito – no me voy a privar – no veo por qué deberíamos perseguir con saña a su cadáver y molestar a la tercera generación de su descendencia, que a mí no me ha hecho nada.

 

 

 

 

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