Justicia y quimioterapia (bolivarianas)

Puede salir mañana una manifestación que exija de forma terminante mayores dosis de quimioterapia para las mujeres aquejadas de cáncer. Y digo que puede porque peores barbaridades se están reivindicando en la calle sin que nadie salga en defensa del sentido común, no digamos de la ley. Pero si saliera una manifestación como antes dije, los médicos ni siquiera enarcarían una ceja y seguirían aplicando las dosis que vienen avaladas por contrastados estudios científicos de los que nadie en su sano juicio se aparta, como ningún ingeniero deja de considerar las herramientas de cálculo para determinar la resistencia de los materiales. En tales ámbito no cuentan las opiniones y sí las certezas, y por eso nuestra vida cada vez es más larga, los puentes no se caen y los edificios se sostienen en pie. Pero la justicia es opinable.

Opinar sobre justicia es hoy tarea de barra de bar. Cada cual tiene opinión y la expresa sin rubor por disparatada que sea. El sabio Iglesias, el del chalet, compareció ante la alcachofa proponiendo que desapareciera la diferencia entre abusos y agresiones sexuales, lo que igualmente comportaría eliminar la frontera entre hurto y robo y la mucho más significativa distinción entre homicidio y asesinato, entre otras. Lo dijo y se quedó tan pancho. Nadie lo puso en su sitio, nadie lo llamó ignorante descerebrado, que era lo que merecía el mastuerzo. Arrastrados por el desbordamiento sentimental de la sentencia de “la manada”, se abrió la veda del disparate y se dio la gente a la caza mayor con la resolución del neo converso: la justicia soy yo, yo sé lo que hay que hacer, dejadme zolo.

Ahora ha sido el gobierno del okupa de la Moncloa el que se ha echado al monte por boca de la apergaminada Celaá: no importa que la sentencia de Juana Rivas haya consistido en la estricta aplicación de la ley desde la igualdad constitucional, el indulto ya se está cociendo porque eso de que una mujer entre en prisión es algo que no podemos consentir. Y tampoco nadie ha salido a ponerla en su sitio recordándole esa antigualla de la separación de poderes, lo que nos aboca a una justicia sectorialmente bolivariana – violencia contra la mujer, accidentes laborales… – con jueces y fiscales que no son libres de aplicar la ley si no es a gusto de las masas ignorantes a la par que enfervorecidas.

Por suerte el art. 225 bis del Código penal se le pasó por alto a la infausta Bibiana Aído cuando redactó su delirante ley de protección integral que iba a proteger a las mujeres de las agresiones de sus parejas presentes o pasadas, y no pudo, por tanto, eximir a la mujer del trato igualitario que reclama el artículo 14 de la Constitución, como sí hizo con agresiones, lesiones, coacciones, amenazas e injurias, entra otros delitos menores y mayores. Por eso la lloriqueante Juana Rivas, hasta hace unos días autora presunta de un par de delitos de sustracción de menores, ahora ya no es presunta sino condenada por haber sustraído a sus hijos de la custodia legítima de su padre, desobedeciendo todo tipo de órdenes judiciales, nacionales e italianas.

La misma gente que se echó a la calle cantando lo de “Juana está en mi casa” anda ahora maldiciendo que en España se condene a una mujer por lo mismo por lo que se condena a un hombre sin ningún problema, y el asunto ya no admite más demora en su replanteamiento si lo que aspiramos es a construir un país serio. O eso o habrá mañana manifestaciones exigiendo más quimioterapia, menos vacunas – y más sarampión, polio, etc. -, la supresión de los tendidos eléctricos, el impacto ambiental cero en toda actividad humana y disparates inalcanzables por el estilo.

Juana Rivas tiene todo el derecho a recurrir y la justicia todo el derecho a confirmar. Si tal ocurre, Juana Rivas debe ingresar en prisión aunque sólo sea para reafirmar el Derecho vulnerado y disuadir a otras del torcido camino elegido por ella. Si no es así, ¿qué hacen en prisión las más de cuatro mil mujeres que hoy están presas, algunas por haber matado a sus hijos? ¿Soltamos igualmente a la confesa asesina del niño de ocho años que entorpecía su relación con el padre? ¿Por el mero hecho de ser mujer?

Quienes hoy vociferan resultan incapaces de ver que piden lo mismo que los secesionistas catalanes para sus presos, algunos vascos para los asesinos de ETA y muchos políticos para los chorizos de su partido.

 

 

 

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El PP y y su techo demográfico

El sr. Casado, del que dicen los memes que será el único casado que mande en alguna parte, hizo bien, por una parte, en reivindicar del PP toda su trayectoria, pero hace muy mal pretendiendo que el mundo de la derecha-derechona retrase el reloj 33 años para recuperar la ley del aborto de los tiempos de Felipe González. ¿Es que no se lo ha explicado Rajoy, que igualmente quiso contentar a los más o menos 50.000 votantes que le pedían la derogación de la ley Aído y cuando amagó con poner en marcha la reforma se le levantaron hasta los barones? Con un poco más de empuje debería haber incluido en sus ansias derogatorias la ley del divorcio y habría prohibido de nuevo la venta de preservativos sin receta y bendición del párroco. ¿Es esa la España a que quiere conducirnos? Pues si luego se queda con sólo 50.000 de los 11 millones a que aspira que no diga que no fue avisado. Y eso, a todo esto, si sobrevive a las dudas de sus máster y grado, que el PP, en materia de asuntos oscuros, es un auténtico agujero negro que por un lado traga y por el otro expulsa materia oscura una vez digerida la luz.

Una propuesta como la que exhibe el muchacho con orgullo sólo la votan los conservadores que sólo se mueren bien muertos cuando los certifica el ABC en una esquela.De apellidos compuestos y algunos hasta con título, el problema más grave es que la mayoría se han muerto ya y no tienen los huesos para trotes de mañana electoral. La antigua hipocresía de condenar a la española pobre al aborto de molde mientras mandaban a sus hijas a abortar a Londres se terminó en buena hora. Sí, es cierto que iremos al infierno quienes defendemos el aborto como está y quienes lo practican, mayormente ellas, pero es algo que tenemos asumido a menos que la IC cambie en algo y en vez de ofrecer llamas y como alternativa aburrimiento, empieza a ofrecer cosas más vistosas y divertidas para engatusarnos y acabamos optando por la eternidad celestial. Hasta entonces, prefiremos el infierno por el ambiente y por el clima, sobre todo los frioleros.

Esperemos que este arranque bravío de vuelta a añejas y rancias esencias no seas más que un exceso verbal porque si se consolida la salida de tono vamos a tener a Sánchez y su morralla electoral gobernando hasta que de nuevo haga falta alguien que remedie los desfalcos de quienes, como los retrató Fraga, en el fondo lo que quieren son jet, yates y marquesonas como forma de reivindicar que los pobres tenemos también derecho al derroche, como vemos que hace los ricos, aunque mi manual de cómo ser de izquierdas sin caer en la inconsistencia contiene una apelación a la modestia en el vivir, en el vestir, en el comer y en el consumir, que me permita gastar el dinero que gano sin que me dé vergüenza enseñar lo que compro o dejarme fotografiar en los servicios en que me lo gasto.

Como lo primero que vienen son autonómicas y municipales, ahí se verá la capacidad de llamada del sr. Casado. Sin insiste en ser él mismo se estrellará, repito, si para entonces no lo ha echado abajo un máster de mentirijillas que tanto prodigaba la universidad que, pásmense, patrocinó abiertamente el PSOE, ese que espera la sentencia de los ERE y nota que no le llega la camisa al cuerpo.

 

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Del cielo viene la primera caída

Ya se lo advirtió a Sánchez el nieto de Ceaucescu: sin mí tu gobierno será un calvario. Pues se quedó corto: con él tampoco ha mejorado el camino de la cruz aun que no haya mesías que crucificar ni cirineo que eche una mano. Debieron los de Podemos tomar el cielo al  asalto y no dejar las cosas serias en manos de los diputados donde se dice hoy que el fallo en la votación “ha caído del cielo”. También es cosa del cielo que un catalán perdiera el avión a Madrid. La cursilada de Iglesias invocando al cileo va a terminar haciendo muchos creyentes. Sea porque dos indepes no fueron a la sesión, sea porque dos se equivocaron votando a quien no concurría, el caso es que la televisión que Sánchez le había regalado a Coleta menguante – Sigma dos lo dice: el PSOE les roba la cartera – se va a quedar en un presidente del Consejo de Administración hasta que salga el concurso que, por lo visto, es cuestión de tres meses.

También huele a fracaso lo de los nombres de la amnistía fiscal, que el irresponsable de Sánchez aseguró con voz campanuda y meneos de cabeza aparentando suficiencia que cuando gobernara él sí los publicaría, y la imposibilidad actual viene a subrayar, si cabe subrayar la línea gruesa, el conjunto de mentiras sobre las que se eleva el gran estadista que Sánchez cree ser, mayormente porque lleva nombrados ya más cargos a dedo que Rajoy en su legislatura interrupta. Al fin tendrán razón quienes dicen que en política todo es mentir y, ganado el puesto, aguantar los chaparrones que vienen de los engañados y desencantados.

Pende Sánchez de un clavo ardiendo y ya se le empiezan a quemar sus manitas de encestador; veremos lo que aguanta una vez se le ponga la cosa cruda de verdad, que será este otoño, cuando el Supremo señale fecha para la celebración del juicio de los golpistas y al conglomerado indepe se le venga el mundo encima: ¿Que los van a juzgar? ¿Que pueden terminar en prisión para una década larga? Porque, repito, siguen aferrados a una hipotética machada catalana: el pueblo indignado asalta la prisión donde están sus delincuentes preferidos y los libera, o Sánchez pone fin a la separación de poderes y los libera él, de modo que en cualquier caso se lía la de dios en el peor sentido del término – que vuelve a señalar al cielo – y volvemos a tener un otoño movido como lo fue el pasado, por la locura de unos y la incuria aburrida de Rajoy.

Aún habrá melonadas este verano. Las iremos viendo y esperemos que el cielo se aquiete y no juegue más con nosotros. Amén.

 

 

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Una posible jugada maestra

La deplorable justicia penal española presenta caracterizadasd inercias de la dictadura, una de las cuales consiste en el convencimiento de que un sistema penal se legitima por el número de condenas que impone y no por el respeto a los derechos fundamentales que ejerce. Y ahora esa justicia se enfrenta a la decisión alemana de sólo conceder la extradición por malversación para el patético líder del golpe de estado huido de la justicia.

No serán capaces de entender, ni los jueces ni el estúpido Sánchez, que a España lo que le conviene es que Puigdemont regrese esposado y sea luego condenado y preso, y eso ya lo tenemos. Su imagen se difumina conforme pasan los meses y no condenarlo por rebelión es una minucia dadas las penas que le pueden imponer por malversación: de 4 a 8 años que, al rebasar el montante la cifra de los 250.000 €, puede llegar hasta la pena superior en grado, es decir, a una pena de prisión que va desde 8 años y 1 día hasta doce – más una larga inhabilitación -, si bien debería imponerse en su mitad inferior (8 años y 1 día hasta 10 años) si no concurre ninguna agravante. En tal situación yo aceptaría la extradición ofrecida por Alemania para: impedir que escape a Bélgica, donde se volverá a sentir seguro; asegurarme la imagen de Puigdemont esposado y escoltado por policías españoles camino de prisión y, por último, introducir la cuña que acabe de romper la unidad secesionista.

En apenas unos meses se verán ante el TS todos los hoy presos, más Puigdemont si se acepta su extradición, y todos aquellos para los que las distintas fiscalías europeas han solicitado la entrega, como es el caso de Ponsatí. A los ya presos o en libertad provisional se les juzgará por todos los delitos imputados pero Puigdemont aparecerá ante el mundo y, sobre todo, ante los suyos, como el canalla que embarcó a la tropa en una aventura sin futuro pero poniéndose a salvo de peores penas precisamente por su espantada, lo que dará lugar a un agravio secular de ERC hacia esa amalgama infecta de PEDeCAT y JPCat heredera de la más corrupta institución política que nos ha tocado padecer: la Convergencia de Pujol, Mas, el propio Puigdemont y ahora Torra. A los que se quedaron le caerán penas aplastantes mientras Puigdemont, inhabilitado y encarcelado para una década o más, aparecerá como se merece: como el traidor a todos beneficiado por la fuga. Y se acabará el frente indepe entre reproches y lamentos.

Torra y los suyos siguen, como el iluso Boris Grushenko de Woody Allen, enamorados de la idea de que al final todo quedará en nada porque, una vez seducido Sánchez, éste ordenará a la Fiscalía General que retire ciertas acusaciones y que, en definitiva, pastelee para asegurarse el desdén catalán a cambio de erigirse en pacificador de las Españas. No incurrirá la Fiscalía en esa infamia y en ningún caso lo consentirán las acusaciones populares, de modo que el futuro de amnistías y absoluciones o, peor, de dejación de funciones del Estado, no se va a producir. Serán juzgados y condenados por hechos gravísimos que aparecen plenamente acreditados en autos, y de nada le valdrá alegar que ellos sólo se sentían vinculados por el supuesto referéndum de urnas prellenas y resultados “refinados”. La delincuencia por convicción tiene muy mala prensa entre el Derecho Penal, que se las ve con yihadistas que asesinan, antiabortistas que matan personal de las clínicas autorizadas y algunos otros deseperados que se creen por encima de la ley.

Y procede recordar que a Boris Grushenko, que fue feliz al paredón porque a última hora se iba a salvar, lo acabaron fusilando. Eso sí, manteniendo una extraña sonrisa hasta el final.

 

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Eutanasia y pensiones

Está el neo Sánchez demasiado ocupado intentando desenredarse de las trampas del líder del propietariado – antiguo nieto de Ceaucescu y hoy Ceaucescu total, con señora incluida y chaletazo de los que impiden desarrollar conciencia y hasta pensar – como para haberse dado cuenta de la malvada asociación que surge entre su interés por financiar las pensiones y otro interés  paralelo: ampliar las defunciones a base de legislar sobre eutanasia en forma tan descuidada que al cabo se vuelve arriesgada. ¿Pretende arreglar lo de las pensiones a base de ir limando la pirámide demográfica por la punta? Porque, efectivamente, lo que más sobrecarga las pensiones es la resistencia de los jubilados a morirse a una edad apropiada a los fines gubernamentales. El buen comer, el agua depurada y los desagües hacen mucho; si a lo anterior se añade la medicina actual la edad de supervivencia de un jubilado se ha vuelto prohibitiva, incluso contrarrevolucionaria, y el asunto parece insoluble a menos que se aproveche la reforma constitucional para obligar por ley a los españoles a morir a los 85 o antes.

La actual regulación de una más que tímida eutanasia – que no lo es – se encuentra en el art. 143.4 del Código penal. No es eutanasia sino atenuación de la pena – drástica, eso sí – para quien coopere o ejecute la muerte de otro previa petición expresa, seria e inequívoca del mismo, lo que en todo caso exige que el aspirante a difunto vountario mantenga en todo momento el dominio sobre su propia muerte, encontrándose además, como  exige la ley, con una enfermedad que conduzca inevitablemente a la muerte o a sufrimientos difíciles de soportar. Supone, al menos, la garantía de que la familia no “ayudará” a morir al viejo o vieja bajo excusas tipo “él no hubiera querido seguir vivo así”, hechas bajo coartada piadosa pero con las miras puestas en librarse de la carga y acceder a la herencia, que no es motivación menor.

Al lector le bastará acudir a la proposición de ley y estudiar el sistema de plazos, más o menos menguantes según entienda el médico que asista al voluntario para morir, o comprobar cómo quien haya expresado su voluntad por escrito antes de alcanzar las condiciones legales puede ser ejecutado aunque no se encuentre consciente, lo que nos devuelve a la carga y a la herencia como horizonte más que probable a la hora de cargarse a según quién pues el consentimiento, en tal caso, revierte en la familia.

Verá también el lector que ya no se trata de enfermedades terminales o sufrimientos difíciles de soportar sino de una eutanasia a la carta en que la valoración del sufrimiento se subjetiviza al máximo, lo que unido al hecho de que se podrá aplicar a partir de los 18 años e incluso a ciertos menores, veremos a pedigüeños de muerte por no tener unas tetas a la altura de Instagram o por no haber nacido alto y guapo como el Estado del Bienestar le debe asegurar. Verá también el lector cómo se prevén comisiones llenas de juristas, que son lo más parecido a los teólogos que nos queda, y cómo los plazos, en casos verdaderamente flagrantes de deseo de muerte más que justificada, se fijan en 15 días – todo muy administrativo -, de modo que habrá enfermos que morirán entre horribles dolores antes de que el plazo se cumpla, y acudirán a lo que hoy es práctica común: se pacta con el médico de paliativos una dosis adecuada de morfina que ponga fin al sufrimiento inútil, que es lo que está pasando y, que yo aprecie, la sociedad no se ha venido abajo, dicho sea esto último para quienes se oponen visceralmente a todo lo que sea que la gente se muera cuando se quiera morir, por más que la vida se la diera un dios determinado en plan santa Rita, Rita unidireccional: tú no te puedes quitar lo que yo te dí y te acabaré quitando, pero cuando quiera Yo (los dioses, como el Tribunal Supremo, hablan de sí mismos en plural mayestático).

Y surge una asociación de última hora: ¿es en atención a lo anterior por lo que quieren desalojar el Valle de los Caídos que su excremencia nos legó?

 

 

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¡Te torras!

Fue muy de ver cómo Torra, ese enano físico y mental, quedó eclipsado en la inauguración de los decepcionantes juegos de Tarragona, a donde acudió decidido a evidenciar su rabieta por no ser presidente de república y verse tratado como un mero presidente de autonomía, que es lo que es. Empeñado en presumir de mala educación, se sentó antes de que el Rey acabara de saludar a los ilustres asistentes, y allí se entretuvo con una botella de agua que no sabemos a ciencia cierta si al final acertó a abrir. La imagen que compuso, ahora ya para la eternidad gráfica, fue, en efecto, la del tonto de la familia al que se le da algo para que se entretenga y no moleste a las personas mayores.

Pues lejos de haber aprendido algo de la lección se ha ido el mozo a los Estados Unidos a sostener – cuando más lejos, más se crecen – que en breve Cataluña será un estado más dentro de la ONU, de Europa y, en lo que a él le importa, fuera de España. Y para ir haciendo camino abre embajada fallera, de las de cartón y colorines, como forma de relanzar el delirio que llevó al fugado a la fuga a la que llaman exilio. Y no contento aún con el ridículo historic y ese otro ridículo del que ha hablado Ponsatí, abandona el acto en cuanto el embajador de España empieza, en su papel, a desmentir lo de los presos políticos, y Torra, descuidando todo protocolo y asentando con furor la política de rabieta que amenaza con convertir en el signo distintivo de la Generalidad ante los ojos del mundo, se va sin más, en plan niñito que se niega a ver lo que no le gusta en la esperanza de que, no viéndolo él, deje de existir.

Torrent, otro que tal, ha echado el carro por las piedras dando lugar a que se vote algo que ya fue prohibido por el TC. Eso mismo a otros los llevó a la cárcel, que es peor destino que la fuga, y allí siguen, esperando que una insurrección catalana armada los saque de entre rejas y proclame de una maldita vez la república interrupta que se dejó a medio el prófugo. Así que los catalanes, los unos por los otros, acabaron votando un prusés 2.0 que, según Torra, debe cursar como un 1-O.2, pero esta vez sin Piolín – desguazado -, con las mismas urnas llenas de votos antes de abrirse el colegio y con datos “refinados” al franquista modo referendumdicio, aunque esperemos que sea sin aquella personaja de los dedos “rotos uno a uno” y las tetas tocadas sin especificar si fue también una a una, si se las tocaron a bulto o si le hicieron la faena limpiaparabrisas a que estamos acostumbrados los españoles al respecto y con la boca.

Hoy mismo le ha caído a Sánchez una reprimenda feroz a cuenta del no haber admitido, al mejor estilo Rajoy, que se hable sin condiciones de la independencia catalana, en el entendido de que el listón mínimo de los delirantes ha de ser un referéndum y el derecho a irse pero ya, y todo lo que no sea eso les parece un abuso. Intentar que entiendan que eso es imponer condiciones escapa no a nuestra capacidad de exposición sino a su muy limitada capacidad de comprensión de expresiones que están normalizadas en personas que hayan sido capaces de cursar primaria con cierto éxito; ya saben, “dentro fuera”, arriba a bajo” y pares de ideas similares con las que se forma a la gente menuda para que luego acierten a la hora de entrar por la puerta y no salir por las ventanas.

Las encuestas dicen que nos queda un año y pico de matraca procesual. Que es muy posible que las autonómicas las gane el PSC y que en las nacionales el PSOE no alcance mayoría ni acudiendo a Podemos, que se desinfla en la misma medida en que se le van conociendo los fondos y las formas. Así que otra vez a divertirnos con la cansina matraca, con el raca-raca que inventó Ibarreche y estos han resucitado del cementerio de ideas bufas desde donde nunca debió salir. ¿O estaba en el Valle de los Caídos?

 

 

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Suprenazistas, premios y princesas

Tiene Gerona una extravagante tradición que consiste en besarle el culo a “la leona” como forma de asegurarse el regreso de un viaje. Es la mentada leona una escultura de animal, del siglo XII, que bien podría ser un león, una leona y hasta el más feo perro malencarado que se haya visto, según haya bebido más o menos quien se suba a los escalones allí dispuestos para el beso negro que los gerundenses tributan a la bicha.

Dicen ahora los gerundenses, hasta hace poco gobernados por el huido Pig de Mont,  encendidos partidarios de los golpistas del 1-O, que no pueden ceder un local para que en su ciudad se celebre la entrega de los Premios Princesa de Gerona. SM El Rey ha reaccionado, en nombre de la princesa heredera, echando mano de la profesionalidad hostelera de los hermano Roca, que no han tenido inconveniente alguno – al contrario – en organizar el acto, dando así primacía al negocio sobre la catalanidad, y ello para deshonra eterna de una población avasallada desde siempre por la escoria española.

Yo – que no soy ni Rey ni Princesa – habría ido más lejos. Un feo así a la monarquía se merece instaurar una de esas costumbres que nacen ancestrales: habría señalado cualquier otra ciudad española – se me ocurre Aranjuez, Segovia, Sevilla, Zaragoza… – y habría puesto la primera piedra de una ancestralidad que sólo se revertiría cuando los gerundenses solicitaran deshacer el despropósito en que consiste que los Premios Princesa de Gerona se entreguen en otra ciudad que no sea Gerona. Y no sólo habría puesto la piedra sino que hubiera puesto, subida a ella, una réplica exacta de la leona – la imaginería medieval resulta fácilmente reproducible – y una condición: los premios Princesa de Gerona sólo volverán a su sede natural cuando la corporación municipal en pleno vaya allá donde quede situada la réplica y le bese el culo con unción.

Bien sé que lo que propongo, actitud plebeya donde las haya, resulta inasumible por SM el Rey, pero la cosa tendría gracia y, sobre todo, aseguraría dos cosas: una, que probablemente los premios no volverían nunca a Gerona; y dos, que caso de volver, lo harían tras una imagen que ha de quedar para la eternidad: alcalde y concejales besándole el culo a un feísimo animal de piedra, lo que exigiría haber superado con mucho el delirio independentista en que vive una parte de la población.

La animadversión de un sector minoritario de la sociedad catalana hacia la Nación, el Estado y la Corona española es de sobra conocida. Pero es ese terreno en que el desdén con desdén se paga. A menos que la próxima vez cuenten con un ejército capaz de imponer su golpe de estado preveo una larga estancia de los catalanes dentro de España a todos los efectos, lo quieran o no Pig De Mont, Torra y sus conmilitones. Las bravatas se van enfriando. Más lo harán cuando el suprenazista Torra – que es más blanco, de mejor genética y, por tanto, superior a todos los españoles, Rey y Princesa incluidos – se definitivamente de bruces con la realidad que hoy tiene perdida, y más habrá de colear la leona que yo propongo antes de que se bajen del burro – o de la leona – cuantos hoy día se recrean en ofender tontamente a quien es el Jefe del Estado al que pertenecen.

No siendo yo persona de posibles sí cuento con ciertas habilidades que me permitirían, con ayuda de uno de mis hermanos y de algún amigo, ofrecer a SM el Rey la réplica de la leona que vengo glosando, de modo que la florentina venganza no costara ni un duro a las arcas públicas. De modo que:

Sepan Quantos la presente vieren y entendieren que el arriba firmante, profesor de provincias, en mi sano juyzio según creo, vengo por la presente a ofrecer a SM el Rey, y a su través a la actual Princesa de Gerona, sufragar a mi costa una réplica de la conocida leona gerundense a la que besan el culo los jocosos habitantes de la villa, para que sea dispuesta allá donde SM ordene con la finalidad antedicha de que puedan los gerundenses, contritos y arrepentidos del feo gesto que hoy sostienen, besar el culo a la bicha, regidor y municipes precedidos de maceros y pendón, para redimir sus culpas y hacer así que retorne a Gerona el acto solemne que nunca de allí debió salir, y si lo ha hecho es por las malfetrías en que se han dado gentes levantiscas que sólo oprobio habrán de dejar para la posteridad. Vale.

 

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“Qué tal, Manu”

Mi madre le habló de usted a sus padres toda su vida. Simone de Beauvoir y Sartre se hablaron siempre de usted. Ni mi madre quiso menos a sus padres que los aborrecentes que llaman “tío” a su padre ni los mentados amantes dejaron de tener sus cosas íntimas por mucho que se hablaran de usted. Sostengo, de hecho, que la vida resulta más amable  cuanto más se hable de usted a quien nos vende cosas, conduce por nosotros o nos da de comer en un restaurante. Pero es una batalla perdida. Cuando una veinteañera que me sirve un café me pregunta “¿lo quieres con azúcar o con sacarina?” le contesto lo más educadamente que puedo “no, gracias, prefiero azúcar”, y no dejo de hablarle de usted en toda ocasión que se me presenta. Por dar ejemplo.

A mis alumnos se lo digo el primer día de clase: aquí nos hablaremos siempre de usted, y yo bien que cumplo: jamás me dirijo a un alumno si no es de usted. “Son ustedes bachilleres españoles, es lo que se merecen”. Y cuando se extrañan les pregunto si saben de dónde viene el usted. Entonces ponen  cara vacuna, queriendo dar a entender que sí lo saben, pero a esta generación lo de la filología se le confunde en la cabeza con logías, sofías y otras desinencias raras. Tampoco saben, normalmente, lo que es una desinencia. Más cara vacuna. Entonce les explico: usted es la contracción de “vuestra merced”, y me complazco en dirigirme a la delegada – últimamente suelen ser chicas las “portavozas” de los cursos – como “vuestra merced”. También para dar ejemplo. Porque ellos son incapaces de adoptar el usted. Vienen de decirle seño y profe a sus sufridos desasnantes de la primaria y secundaria y sólo la vida, a base de bofetadas, les enseñará, tarde y mal, que al que le hace la entrevista de trabajo había que hablarle de usted, y lo aprenderán cuando dé por terminada la entrevista y nunca más los llamen. Por eso los reto a hablarle de tú al jefe de su empresa o al jefe de recursos humanos cuando anden buscando trabajo. Para que aprendan.

Macron ha puesto en su sitio a un aborrescente francés que lo saludó con un “qué tal, Manu”. Al Presidente de la República, lo que equivale a llamar Paco o Francis al Papa en la Capilla Sixtina. Y se ha recreado en la suerte atreviéndose a espetarle que para esas confianzas debe primero acabar sus estudios y ganarse la vida. Mucho me temo que esos gestos le vienen a Macron del hecho de compartir la vida con una profesora que, quizás, esté aún en la lucha romántica de mantener unas formas que a la gente menuda le suena a lenguaje de dinosaurios.

La desfachatez más aguda que conozco al respecto la cometió un soldado raso en una base militar poco frecuentada por mandos. Un día llegó el coronel en su coche oficial y el mentecato del soldado lo saludó con un “a la orden de usted, mi coronel”. A los coroneles hay que tratarlos de “usía”. El coronel, extrañado, le preguntó: ¿De usted? Y el menda contestó: hombre, no lo voy a tratar de tú, no nos conocemos. De allí fue al calabozo para una temporada. Permítanme que lo diga: por imbécil.

No tengo que señalar que a ustedes, lectores, me dirijo siempre de usted. Por respeto y con un mucho de agradecimiento. No intento poner lejanía sino cortesía, más allá de la educación que nos es exigible a quienes comparecemos ante un público que siempre ha sido llamado “el respetable”, al menos en los toros, esa otra anomalía.

 

 

 

 

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Sánchez ¿piensa rápido o despacio?

Dos sistemas opuestos dominan nuestra mente (D. Kahneman). Uno es meramente intuitivo, responde aunque le falten datos – incluso cuando no tiene ningún dato que le permita fundamentar su respuesta – y conduce a errores de bulto a una parte muy significativa de la humanidad.Tal sistema produce resultados preocupantes, como que los americanos nombren presidente a un patético chulo de bar, que los rusos vean en Putin un renovador del imperio de los zares que en su día asesinaron y que los chinos no vean en Xi un emperador muy parecido al que derrocaron.

El otro proceso es lento, recaba datos, los procesa, analiza las consecuencias y sólo responde si tiene algo sólido que decir. Es el sistema que, si se populariza, acaba en las plazas de Maidán, las revoluciones de octubre y los fusilamientos tipo Nicolai y Elena Ceaucescu. Es lento el proceso, no el resultado, que a veces se nos aparece fulgurante como el rayo.

¿Qué proceso llevó a Sánchez a lanzar una llamada inequívoca a la inmigración no regulada?

Que los más de seiscientos náufragos estaban en riesgo vital resultaba evidente para cualquiera y alguien tenía que hacer algo; desde tal perspectiva la decisión de Sánchez resulta inatacable y no veo que nadie sea capaz de rebatirla. Pero a medida que se desarrollan los hechos y nos empieza ya a llegar la previsible oleada de pateras al olor de la regularización, parece claro que no se trataba sólo de salvar náufragos sino de lanzar una cuestión a toda Europa: hay que replantear la inmigración ilegal de forma solidaria y sin excepciones a la hora de repartirla y gestionarla. Hasta la fecha habían sido Italia y Grecia los grandes sufridores. Desde Italia, ahora, exhortan a Sánchez a acoger a cien mil al año porque ellos acogen a más, muchos más. Es posible que ahora España entre en el reparto del pastel, y eso hasta que recibamos más de cien mil al año y decida Sánchez, o el que venga, que hay que pasar la pelota a otros. Son cifras, no especulaciones: más de mil este fin de semana, hay cincuenta y tres fines de semana al año, ya tenemos holgada la mitad de la cifra. La otra mitad venía sola, con concertinas y sin ellas, que esa es otra idea – la de quitarlas – hija del pensamiento rápido, similar a la abolición de la pena de muerte por la II República, a la que volvió en cuanto se vio obligada a pensar despacio.

De momento la llegada del Aquarius al puerto de Valencia se está viviendo como una fiesta  de la solidaridad. Así será hasta que llegue el dar trigo en forma de derecho de asilo o permiso de residencia. Entonces puede que ocurra como con la liberación de Eindhoven a finales de la Segunda Guerra Mundial: la población, tras cuatro años de ocupación nazi, recibió a los americanos con pastelitos y copas de ginebra – pensaron rápido – pero luego los británicos no fueron capaces de tomar el puente de Arnhem, los nazis regresaron y pillaron a la gente a cara descubierta: los machacaron sin más. Quienes ahora nos halagan y se muestran agradecidos ¿persistirán cuando se les tenga que deportar a Bangla Desh o se les niegue el asilo? ¿Seguiremos nosotros de fiesta cuando los aspirantes se cuenten por cientos de miles? ¿Cuánto cuesta un subsidio, techo, asistencia sanitaria y educación para un flujo constante y creciente? Alguien, entonces, tendrá que pensar lento, echar cuentas e incluirlas en los Presupuestos Generales del Estado, que ellos consensúan pero pagamos nosotros. Es más: ¿Aceptará el supremacista Torra su cuota de seres que sobreviven, los pobres, sin ser catalanes genéticamente bien formados? ¿El mismo Torra que se extraña de que Sánchez lo trate como presidente de autonomíqa y no como virrey? ¿Y Urkullu? ¿Arriesgará la pureza racial euskalduna a base de empadronar musulmanes?

Puede que el propio Sánchez se vea pronto en el trance de limitar la inmigración si el asunto no se resuelve en Europa, se le va de las manos y se le echan a la calle los parados sin subsidio, los privilegiados pensionistas de 600 euros, las maltratadas y acogidas, los padres de hijos en riesgo o situación de pobreza… y los bañistas que este verano van a recoger en las playas gente agonizante que llega a la costa en una lancha de juguete. Nos esperan telediarios indigeribles.

Si tiene pensado Sánchez resolver la baja natalidad a base de dar asilo a todos los que huyen de sus países y de sus gobiernos infames es cosa que no sabemos, pues no hay programa y se improvisa sobre la marcha. Pero una cosa es sacar el esqueleto de Franco del estrafalario y siniestro valle que nos legó y otra muy distinta comprometer la supervivencia de la sanidad, la educación, los servicios sociales y el hambre de unos cuantos o unos muchos. Para eso hace falta más legitimidad que la que le dan sus amiguitos y compañeros de gamberrada. Y esto sólo se resuelve a base de elecciones pues sólo entonces los que pagan eligen: Nos, el pueblo soberano. Y será mejor que lo haga antes de que se publique la sentencia de los ERE, porque cuando caigan los que van a caer no se podrán contener las alusiones a Gürtel y hasta puede que se le revuelvan las amistades y del finado señor Sánchez nunca más se sepa nada. Que quizás sería lo mejor.

 

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El abogado de Sánchez

El presidente neo está formando un gobierno que le está quedando más bonito que un San Luis. Alguna torpeza va apareciendo, desde un máster que no existe pero Sánchez se lo ha puesto en la solapa – Cifuentes, que ha hecho escuela – y las coces que la ministra Calvo le arrima al diccionario cada vez que, después de hablar con la gente en bragas, desde el cuarto de baño, ve su cuerpo serrano en el espejo y se viene arriba con las portavozas y otras cosillas, en fin, sin importancia.

Lo que sí importa, y mucho, es lo que le ha recomendado su abogado con máster – de verdad – en negociaciones. Le ha dicho: Mira, muchacho, lo que te pide Torra produce un efecto anclaje – Kahnemann y Tverski – en el desarrollo de las negociaciones: todo lo que le des por debajo de lo que pide justificará que se sienta agraviado, así que no tienes más remedio que ofrecerle lo mismo pero restando: la oferta debe ser que se queden como provincias de España, ni siquiera autonomía, para que el anclaje, en vez de situarse en la independencia, con o sin referendum, quede fijado en recuperar lo que ya tenían antes de que montaran el lío de mil demonios que montaron. Todo lo que no sea tratarlo así aumentará el agravio que de todas formas ya sienten, y saldrás perdiendo. Y no te preocupes si nada más oír tu oferta le da un infarto y acabamos la negociación en ese mismo momento y nos toca ir al tanatorio a consolar deudos y fingir pena. Tranquilo: el mismo riesgo corres tú de que te dé un ictus en cuanto intentes razonar con gente que tiene la mente nublada y encasquillada en aquella idea  que producía tanta angustia a Junqueras – ser español, todavía, qué horror – y míralo qué bien lleva ahora lo de ser español y haberse mudado a Madrid, a regañadientes pero también a Madrid, estar mantenido por el Estado… ¿Ves como le está cambiando el metabolismo y ya no habla de unilateralidad sino de ensanchar la base social de la secesión? Pues ya te digo, guaperas: ofrécele que Cataluña vuelva a ser provincia, nada de Generalidad, los presos condenados lo antes posible y a seguir cumpliendo pena, y los que se dicen exiliados que por aquí no pisen que los detengo y se van a prisión como haber Dios en los cielos.

¿Y eso no se podría hacer de otra manera? preguntó Sánchez.

Si, claro, dijo el abogado. Acabada la frase anterior, que te ha de salir de carrerilla y mirándolo a los ojos, das un puñetado en la mesa y le espetas: ¿Me has entendido, capullo? Eso dejará claras tus intenciones y el ancla habrá bajado hasta, más o menos, la mitad de la chulería de tu oponente.

Sánchez seguía sin verlo claro. Dudaba, y soltó: ¿Y si en vez de Torra viene Rufián, que ese es más chulo que un ocho? El abogado estaba al borde de la desesperación.

¿Rufián? A ese se lo merienda hasta uno del PP con la que les está cayendo. ¿No viste que fue mentarle sus 18 meses prometidos, y ni uno más, y con eso bastó para echarlo de las Cortes? ¿Pues qué más quieres? Cuando veas que aparezca pides a voces que traigan a un capellán castrense de la Guardia Real para que exorcice a un fantasma que ha dejado Rajoy en los armarios, y Rufián, que tiene pinta de supersticioso, sale espantado por temor a que tu verdadera intención sea echarle mal de ojo. Bueno, por cierto, y si pudiera ser se lo echas, que nunca está de más.

Y no quieran que les cuente más. El abogado está ahora en la UCI. Le han entrado las siete cosas. Sánchez dudando con una calavera en la mano y el capellán de la Guardia Real está dirigiendo unos ejercicios espirituales para los más desconsolados del PP.

Menos mal que nos quedan Borrell y Pedro Duque.

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