Suprenazistas, premios y princesas

Tiene Gerona una extravagante tradición que consiste en besarle el culo a “la leona” como forma de asegurarse el regreso de un viaje. Es la mentada leona una escultura de animal, del siglo XII, que bien podría ser un león, una leona y hasta el más feo perro malencarado que se haya visto, según haya bebido más o menos quien se suba a los escalones allí dispuestos para el beso negro que los gerundenses tributan a la bicha.

Dicen ahora los gerundenses, hasta hace poco gobernados por el huido Pig de Mont,  encendidos partidarios de los golpistas del 1-O, que no pueden ceder un local para que en su ciudad se celebre la entrega de los Premios Princesa de Gerona. SM El Rey ha reaccionado, en nombre de la princesa heredera, echando mano de la profesionalidad hostelera de los hermano Roca, que no han tenido inconveniente alguno – al contrario – en organizar el acto, dando así primacía al negocio sobre la catalanidad, y ello para deshonra eterna de una población avasallada desde siempre por la escoria española.

Yo – que no soy ni Rey ni Princesa – habría ido más lejos. Un feo así a la monarquía se merece instaurar una de esas costumbres que nacen ancestrales: habría señalado cualquier otra ciudad española – se me ocurre Aranjuez, Segovia, Sevilla, Zaragoza… – y habría puesto la primera piedra de una ancestralidad que sólo se revertiría cuando los gerundenses solicitaran deshacer el despropósito en que consiste que los Premios Princesa de Gerona se entreguen en otra ciudad que no sea Gerona. Y no sólo habría puesto la piedra sino que hubiera puesto, subida a ella, una réplica exacta de la leona – la imaginería medieval resulta fácilmente reproducible – y una condición: los premios Princesa de Gerona sólo volverán a su sede natural cuando la corporación municipal en pleno vaya allá donde quede situada la réplica y le bese el culo con unción.

Bien sé que lo que propongo, actitud plebeya donde las haya, resulta inasumible por SM el Rey, pero la cosa tendría gracia y, sobre todo, aseguraría dos cosas: una, que probablemente los premios no volverían nunca a Gerona; y dos, que caso de volver, lo harían tras una imagen que ha de quedar para la eternidad: alcalde y concejales besándole el culo a un feísimo animal de piedra, lo que exigiría haber superado con mucho el delirio independentista en que vive una parte de la población.

La animadversión de un sector minoritario de la sociedad catalana hacia la Nación, el Estado y la Corona española es de sobra conocida. Pero es ese terreno en que el desdén con desdén se paga. A menos que la próxima vez cuenten con un ejército capaz de imponer su golpe de estado preveo una larga estancia de los catalanes dentro de España a todos los efectos, lo quieran o no Pig De Mont, Torra y sus conmilitones. Las bravatas se van enfriando. Más lo harán cuando el suprenazista Torra – que es más blanco, de mejor genética y, por tanto, superior a todos los españoles, Rey y Princesa incluidos – se definitivamente de bruces con la realidad que hoy tiene perdida, y más habrá de colear la leona que yo propongo antes de que se bajen del burro – o de la leona – cuantos hoy día se recrean en ofender tontamente a quien es el Jefe del Estado al que pertenecen.

No siendo yo persona de posibles sí cuento con ciertas habilidades que me permitirían, con ayuda de uno de mis hermanos y de algún amigo, ofrecer a SM el Rey la réplica de la leona que vengo glosando, de modo que la florentina venganza no costara ni un duro a las arcas públicas. De modo que:

Sepan Quantos la presente vieren y entendieren que el arriba firmante, profesor de provincias, en mi sano juyzio según creo, vengo por la presente a ofrecer a SM el Rey, y a su través a la actual Princesa de Gerona, sufragar a mi costa una réplica de la conocida leona gerundense a la que besan el culo los jocosos habitantes de la villa, para que sea dispuesta allá donde SM ordene con la finalidad antedicha de que puedan los gerundenses, contritos y arrepentidos del feo gesto que hoy sostienen, besar el culo a la bicha, regidor y municipes precedidos de maceros y pendón, para redimir sus culpas y hacer así que retorne a Gerona el acto solemne que nunca de allí debió salir, y si lo ha hecho es por las malfetrías en que se han dado gentes levantiscas que sólo oprobio habrán de dejar para la posteridad. Vale.

 

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“Qué tal, Manu”

Mi madre le habló de usted a sus padres toda su vida. Simone de Beauvoir y Sartre se hablaron siempre de usted. Ni mi madre quiso menos a sus padres que los aborrecentes que llaman “tío” a su padre ni los mentados amantes dejaron de tener sus cosas íntimas por mucho que se hablaran de usted. Sostengo, de hecho, que la vida resulta más amable  cuanto más se hable de usted a quien nos vende cosas, conduce por nosotros o nos da de comer en un restaurante. Pero es una batalla perdida. Cuando una veinteañera que me sirve un café me pregunta “¿lo quieres con azúcar o con sacarina?” le contesto lo más educadamente que puedo “no, gracias, prefiero azúcar”, y no dejo de hablarle de usted en toda ocasión que se me presenta. Por dar ejemplo.

A mis alumnos se lo digo el primer día de clase: aquí nos hablaremos siempre de usted, y yo bien que cumplo: jamás me dirijo a un alumno si no es de usted. “Son ustedes bachilleres españoles, es lo que se merecen”. Y cuando se extrañan les pregunto si saben de dónde viene el usted. Entonces ponen  cara vacuna, queriendo dar a entender que sí lo saben, pero a esta generación lo de la filología se le confunde en la cabeza con logías, sofías y otras desinencias raras. Tampoco saben, normalmente, lo que es una desinencia. Más cara vacuna. Entonce les explico: usted es la contracción de “vuestra merced”, y me complazco en dirigirme a la delegada – últimamente suelen ser chicas las “portavozas” de los cursos – como “vuestra merced”. También para dar ejemplo. Porque ellos son incapaces de adoptar el usted. Vienen de decirle seño y profe a sus sufridos desasnantes de la primaria y secundaria y sólo la vida, a base de bofetadas, les enseñará, tarde y mal, que al que le hace la entrevista de trabajo había que hablarle de usted, y lo aprenderán cuando dé por terminada la entrevista y nunca más los llamen. Por eso los reto a hablarle de tú al jefe de su empresa o al jefe de recursos humanos cuando anden buscando trabajo. Para que aprendan.

Macron ha puesto en su sitio a un aborrescente francés que lo saludó con un “qué tal, Manu”. Al Presidente de la República, lo que equivale a llamar Paco o Francis al Papa en la Capilla Sixtina. Y se ha recreado en la suerte atreviéndose a espetarle que para esas confianzas debe primero acabar sus estudios y ganarse la vida. Mucho me temo que esos gestos le vienen a Macron del hecho de compartir la vida con una profesora que, quizás, esté aún en la lucha romántica de mantener unas formas que a la gente menuda le suena a lenguaje de dinosaurios.

La desfachatez más aguda que conozco al respecto la cometió un soldado raso en una base militar poco frecuentada por mandos. Un día llegó el coronel en su coche oficial y el mentecato del soldado lo saludó con un “a la orden de usted, mi coronel”. A los coroneles hay que tratarlos de “usía”. El coronel, extrañado, le preguntó: ¿De usted? Y el menda contestó: hombre, no lo voy a tratar de tú, no nos conocemos. De allí fue al calabozo para una temporada. Permítanme que lo diga: por imbécil.

No tengo que señalar que a ustedes, lectores, me dirijo siempre de usted. Por respeto y con un mucho de agradecimiento. No intento poner lejanía sino cortesía, más allá de la educación que nos es exigible a quienes comparecemos ante un público que siempre ha sido llamado “el respetable”, al menos en los toros, esa otra anomalía.

 

 

 

 

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Sánchez ¿piensa rápido o despacio?

Dos sistemas opuestos dominan nuestra mente (D. Kahneman). Uno es meramente intuitivo, responde aunque le falten datos – incluso cuando no tiene ningún dato que le permita fundamentar su respuesta – y conduce a errores de bulto a una parte muy significativa de la humanidad.Tal sistema produce resultados preocupantes, como que los americanos nombren presidente a un patético chulo de bar, que los rusos vean en Putin un renovador del imperio de los zares que en su día asesinaron y que los chinos no vean en Xi un emperador muy parecido al que derrocaron.

El otro proceso es lento, recaba datos, los procesa, analiza las consecuencias y sólo responde si tiene algo sólido que decir. Es el sistema que, si se populariza, acaba en las plazas de Maidán, las revoluciones de octubre y los fusilamientos tipo Nicolai y Elena Ceaucescu. Es lento el proceso, no el resultado, que a veces se nos aparece fulgurante como el rayo.

¿Qué proceso llevó a Sánchez a lanzar una llamada inequívoca a la inmigración no regulada?

Que los más de seiscientos náufragos estaban en riesgo vital resultaba evidente para cualquiera y alguien tenía que hacer algo; desde tal perspectiva la decisión de Sánchez resulta inatacable y no veo que nadie sea capaz de rebatirla. Pero a medida que se desarrollan los hechos y nos empieza ya a llegar la previsible oleada de pateras al olor de la regularización, parece claro que no se trataba sólo de salvar náufragos sino de lanzar una cuestión a toda Europa: hay que replantear la inmigración ilegal de forma solidaria y sin excepciones a la hora de repartirla y gestionarla. Hasta la fecha habían sido Italia y Grecia los grandes sufridores. Desde Italia, ahora, exhortan a Sánchez a acoger a cien mil al año porque ellos acogen a más, muchos más. Es posible que ahora España entre en el reparto del pastel, y eso hasta que recibamos más de cien mil al año y decida Sánchez, o el que venga, que hay que pasar la pelota a otros. Son cifras, no especulaciones: más de mil este fin de semana, hay cincuenta y tres fines de semana al año, ya tenemos holgada la mitad de la cifra. La otra mitad venía sola, con concertinas y sin ellas, que esa es otra idea – la de quitarlas – hija del pensamiento rápido, similar a la abolición de la pena de muerte por la II República, a la que volvió en cuanto se vio obligada a pensar despacio.

De momento la llegada del Aquarius al puerto de Valencia se está viviendo como una fiesta  de la solidaridad. Así será hasta que llegue el dar trigo en forma de derecho de asilo o permiso de residencia. Entonces puede que ocurra como con la liberación de Eindhoven a finales de la Segunda Guerra Mundial: la población, tras cuatro años de ocupación nazi, recibió a los americanos con pastelitos y copas de ginebra – pensaron rápido – pero luego los británicos no fueron capaces de tomar el puente de Arnhem, los nazis regresaron y pillaron a la gente a cara descubierta: los machacaron sin más. Quienes ahora nos halagan y se muestran agradecidos ¿persistirán cuando se les tenga que deportar a Bangla Desh o se les niegue el asilo? ¿Seguiremos nosotros de fiesta cuando los aspirantes se cuenten por cientos de miles? ¿Cuánto cuesta un subsidio, techo, asistencia sanitaria y educación para un flujo constante y creciente? Alguien, entonces, tendrá que pensar lento, echar cuentas e incluirlas en los Presupuestos Generales del Estado, que ellos consensúan pero pagamos nosotros. Es más: ¿Aceptará el supremacista Torra su cuota de seres que sobreviven, los pobres, sin ser catalanes genéticamente bien formados? ¿El mismo Torra que se extraña de que Sánchez lo trate como presidente de autonomíqa y no como virrey? ¿Y Urkullu? ¿Arriesgará la pureza racial euskalduna a base de empadronar musulmanes?

Puede que el propio Sánchez se vea pronto en el trance de limitar la inmigración si el asunto no se resuelve en Europa, se le va de las manos y se le echan a la calle los parados sin subsidio, los privilegiados pensionistas de 600 euros, las maltratadas y acogidas, los padres de hijos en riesgo o situación de pobreza… y los bañistas que este verano van a recoger en las playas gente agonizante que llega a la costa en una lancha de juguete. Nos esperan telediarios indigeribles.

Si tiene pensado Sánchez resolver la baja natalidad a base de dar asilo a todos los que huyen de sus países y de sus gobiernos infames es cosa que no sabemos, pues no hay programa y se improvisa sobre la marcha. Pero una cosa es sacar el esqueleto de Franco del estrafalario y siniestro valle que nos legó y otra muy distinta comprometer la supervivencia de la sanidad, la educación, los servicios sociales y el hambre de unos cuantos o unos muchos. Para eso hace falta más legitimidad que la que le dan sus amiguitos y compañeros de gamberrada. Y esto sólo se resuelve a base de elecciones pues sólo entonces los que pagan eligen: Nos, el pueblo soberano. Y será mejor que lo haga antes de que se publique la sentencia de los ERE, porque cuando caigan los que van a caer no se podrán contener las alusiones a Gürtel y hasta puede que se le revuelvan las amistades y del finado señor Sánchez nunca más se sepa nada. Que quizás sería lo mejor.

 

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El abogado de Sánchez

El presidente neo está formando un gobierno que le está quedando más bonito que un San Luis. Alguna torpeza va apareciendo, desde un máster que no existe pero Sánchez se lo ha puesto en la solapa – Cifuentes, que ha hecho escuela – y las coces que la ministra Calvo le arrima al diccionario cada vez que, después de hablar con la gente en bragas, desde el cuarto de baño, ve su cuerpo serrano en el espejo y se viene arriba con las portavozas y otras cosillas, en fin, sin importancia.

Lo que sí importa, y mucho, es lo que le ha recomendado su abogado con máster – de verdad – en negociaciones. Le ha dicho: Mira, muchacho, lo que te pide Torra produce un efecto anclaje – Kahnemann y Tverski – en el desarrollo de las negociaciones: todo lo que le des por debajo de lo que pide justificará que se sienta agraviado, así que no tienes más remedio que ofrecerle lo mismo pero restando: la oferta debe ser que se queden como provincias de España, ni siquiera autonomía, para que el anclaje, en vez de situarse en la independencia, con o sin referendum, quede fijado en recuperar lo que ya tenían antes de que montaran el lío de mil demonios que montaron. Todo lo que no sea tratarlo así aumentará el agravio que de todas formas ya sienten, y saldrás perdiendo. Y no te preocupes si nada más oír tu oferta le da un infarto y acabamos la negociación en ese mismo momento y nos toca ir al tanatorio a consolar deudos y fingir pena. Tranquilo: el mismo riesgo corres tú de que te dé un ictus en cuanto intentes razonar con gente que tiene la mente nublada y encasquillada en aquella idea  que producía tanta angustia a Junqueras – ser español, todavía, qué horror – y míralo qué bien lleva ahora lo de ser español y haberse mudado a Madrid, a regañadientes pero también a Madrid, estar mantenido por el Estado… ¿Ves como le está cambiando el metabolismo y ya no habla de unilateralidad sino de ensanchar la base social de la secesión? Pues ya te digo, guaperas: ofrécele que Cataluña vuelva a ser provincia, nada de Generalidad, los presos condenados lo antes posible y a seguir cumpliendo pena, y los que se dicen exiliados que por aquí no pisen que los detengo y se van a prisión como haber Dios en los cielos.

¿Y eso no se podría hacer de otra manera? preguntó Sánchez.

Si, claro, dijo el abogado. Acabada la frase anterior, que te ha de salir de carrerilla y mirándolo a los ojos, das un puñetado en la mesa y le espetas: ¿Me has entendido, capullo? Eso dejará claras tus intenciones y el ancla habrá bajado hasta, más o menos, la mitad de la chulería de tu oponente.

Sánchez seguía sin verlo claro. Dudaba, y soltó: ¿Y si en vez de Torra viene Rufián, que ese es más chulo que un ocho? El abogado estaba al borde de la desesperación.

¿Rufián? A ese se lo merienda hasta uno del PP con la que les está cayendo. ¿No viste que fue mentarle sus 18 meses prometidos, y ni uno más, y con eso bastó para echarlo de las Cortes? ¿Pues qué más quieres? Cuando veas que aparezca pides a voces que traigan a un capellán castrense de la Guardia Real para que exorcice a un fantasma que ha dejado Rajoy en los armarios, y Rufián, que tiene pinta de supersticioso, sale espantado por temor a que tu verdadera intención sea echarle mal de ojo. Bueno, por cierto, y si pudiera ser se lo echas, que nunca está de más.

Y no quieran que les cuente más. El abogado está ahora en la UCI. Le han entrado las siete cosas. Sánchez dudando con una calavera en la mano y el capellán de la Guardia Real está dirigiendo unos ejercicios espirituales para los más desconsolados del PP.

Menos mal que nos quedan Borrell y Pedro Duque.

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El impasible confuso y el sabio Confucio

Rajoy, él sabrá con qué aliña los puros que se fuma, confundió haber caído en el chantaje del PNV con la imposibilidad de que Sánchez se cobrara la venganza capándole el hurón a mala leche. Y también se confundió de enemigo y dio en luchar contra la relajada intendencia evitando la infantería, la artillería y los carros, que es más manera de huir que de llevar el ejército a la victoria. Rivera no era el enemigo a abatir: apenas unos grados, si no son minutos o segundos, separan a PP y C´s en el espectro ideológico de la derecha conservadora, pero Rajoy, enzarzado en su particular lucha partidista – que nos quiso vender como lucha por España, confundiendo molinos y gigantes – no acertó a ver que la única salida medio honrosa tras la vergüenza de Cifuentes, Gürtel, Zaplana, Matas, Barberá y Camps, entre otros, consistía en disolver las Cortes y convocar elecciones para que los titulares de la soberanía decidiéramos cómo salir de la situación y quién debía dirigirnos en el éxodo al que, tontamente, nos han arrastrado.

La alternativa ni la supo ni la quiso ver una vez comprado el voto del siempre traidor PNV: había una suma posible si se aliaba Sánchez con Podemos y ambos con la morralla, incluida la peor morralla vasca y catalana, que al final ha acabado echando a Rajoy. ¿No le pasó lo mismo a Mas, al que decapitó la insignificante CUP? Tenía donde mirarse, además de en Judith y Holofernes, pero lo paralizaba el miedo a que Rivera le echara la pata por alto, dejó de contar las fichas sobre el tablero y no advirtió que le venía un cierre de doce que le haría perder la partida con ignominia, a manos de un tipo que del dominó apenas sabe que el uno es un pito, la blanca papel y el seis doble es, ad libitum, camión de bomberos o cajón de cerveza, y eso además de la mochila con que carga: un panorama judicial aterrador en el cortijo de Susana, que ya se encargarán los demás de restregarle por las narices en cuanto se produzca. Si por corrupción de los suyos salió Rajoy ¿qué impedirá que los mismos conjurados – más el rabioso PP – echen abajo a Sánchez una vez comprueben que está tan atado por la Constitución como lo estaba Rajoy y tan ligado a la corrupción como este último?

Si Rajoy hubiera disuelto y convocado elecciones los suyos le habrían perdonado la sucesión de desastres. No es sólo propio de la derechona sino mal que aqueja a todo el espectro político sin excepción: los míos, con razón y sin ella. Mucho más le perdonan los catalanes a los suyos, que suman tres delincuentes sucesivos en la presidencia más uno propuesto y fallido porque ya estaba en la cárcel, pese a lo cual acabaron por elevar a categoría de honorable a un tipo insignificante situado más cerca de los jerarcas nazis y de su podrida ideología que de la derechona meapilas en la que milita, bien que bajo coartada independentista que borra el pecado original de ser conservador en estos tiempos. ¿O es que el eclipsante Puigdemont tiene otra coartada que no sea el independentismo para tapar la vergüenza de sus delitos y de su progenie pujolesca del 3%? ¿Y ERC y la CUP, que igualmente sabían y callaban?

Convencido de que actuaba por España ha conseguido hundir a su partido, entronizar en plan Colau a un tipo con 84 votos pelados, hacer creer a vascos y catalanes que la puerta de la secesión está expedita y propiciar que unos perfectos indeseables como la muchachada propistolera de Bildu haya terminado siendo determinantes para el futuro de España. Y la confusión parece ser contagiosa, si no endémica, pues el propio Sánchez se desdijo, aún caliente el difunto Rajoy, de su propósito/promesa electoral, y empezó a aventurar dos años de legislatura maldita que, como Lázaro, ya hiede.

Nada más propio del sistema democrático que nos dimos que apelar a la voluntad popular, pero Sánchez – y Podemos, y el PNV… – temen a las elecciones más que a un nublado. Dado que Sánchez viene de perder dos elecciones y de conducir al psoe a sus peores resultados históricos, basta mentar urnas y votos para que se le descomponga el estómago, el intestino y el semblante. En eso se parece Sánchez a Maduro, qué ironía, siendo Sánchez guapito de cara y Maduro un patán irremediable desde el aspecto a los hechos.

Todo esto se pudo evitar con un mínimo de cultura clásica, concretamente la ancestral sabiduría de Confucio: “el hombre sabio jamás se decepciona porque ha considerado todas las posibilidades de la acción.” Pero también ahí erró Rajoy: entendió “confuso” cuando se le susurraba Confucio y aquí estamos, mientras él anda de restaurantes caros y sobremesas largas. Genio y figura.

Seguimos sin saber con qué condimenta los puros que se fuma, pero algo les pone, sin duda, o no andaría tan lejos de los hábitos propios de un registrador como mandan los cánones.

CODA.- Y mañana, presupuestos y lo del el cuponazo. Días de cervezas y radio, como cuando el mequetrefe superlativo se moría cagando melenas.

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Empiezan los descartes… y los desencuentros anunciados

No ha pasado ni media hora y ya está claro que el nieto de Ceaucescu sólo encuentra viable un gobierno PSOE (84), Unidos Podemos (67) y Compromís (4), o lo que es lo mismo: los suyos más el psoe del atribulado chino de los platos inclinados a caerse.

Nos falta conocer la opinión de los nacionalistas, que no se espera que sea mejor que la del ínclito líder del propietariado. Además de lo que los españoles – incluidos muchos socialistas – piensen de las compañías de que se ha rodeado Sánchez y voten en consecuencia, está lo de mantener una legislatura que ya se reivindica de dos años, acosado por los pedigüeños que lo han votado y, por otra parte, por su propio partido. Empiezan a aflorar las inconsistencias y las mentiras en que está basada esta farsa.

Y apenas pasadas cuatro horas, más música de circo y, tachánnnn: cinco de los posibilitadores del sueño de Sánchez -Podemos, PDeCat, EH Bildu, ERC y Compromís – anuncian que eso de comerse con patatas los presupuestos no va con ellos porque, al fin y al cabo, no dejan de ser obra del maligno. ¿Se imaginan al neo pidiéndole al PP que ayude a convalidar los presupuestos que el PP pactó con el PNV y que ha asegurado que respetará? ¿Será ese el primer plato que se le rompa al chino?

Desde el psoe ya se anuncia que el nieto de Ceaucescu no tiene cabida en el gobierno por constituir, y ese fulano tiene muy mal perder; a sus purgas me remito. Otro plato roto en apenas unas horas ¿Se imaginan una contraalianza de los votantes de esta misma mañana pero en sentido inverso, para echar a Sánchez? Ridicul historic llamaba a eso el Puchifugas que, por cierto, ¿han visto cómo se va esfumando? ¿Entiende Sánchez el mensaje?

Debería tomármelo en serio pero exigiría cambiar el circo por un escenario político serio. El fracaso anunciado era una mera cuestión de matemáticas y un poco de hemeroteca, y ha sido cuestión de horas: el fracaso ya está en marcha. Puede que a Sánchez le cueste otro revolcón desde sus propias filas hasta que aprenda que las victorias pírricas eran, por lo menos, victorias, por costosas que resultaran.

Lo dicho: está la cosa entre el chino y el hombre bala muy, pero que muy mal calibrado. O se rompen los platos o se rompe el chino, además de rasgarse la carpa del circo en que ha convertido la política española el ansia desmedida de Sánchez por imponer algo tan obvio como que no significa no.

Les juro por lo más sagrado – si algo sagrado queda en este país de chirigota – que no habrá más remiendos en esta entrega. Dejemos que pase el fin de semana y que pase Sánchez su primera noche en la Moncloa. Es lo que quería ¿no? Pues ya lo tiene. Muchos platillos girando y un solo chino para mantenerlos en marcha.

Él verá cómo se las compone.

 

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El chino disfrazado y el calibre del hombre bala

Me gustaba el circo de pequeño. El plato fuerte eran los tigres y los leones. Siempre temía que se comieran a Ángel Cristo, un espectáculo penoso de los que lo mismo me hubiera hecho entrar en religión. A base de látigo y mucho ambientador – los leones huelen a león y los tigres a tigre, ¿o era el domador? – al final se pasaba el rato pero lo que me tranquilizaba era ver que el domador llevaba una pistola al cinto por si algún animal se desmandaba. Había también un hombre bala al que paraba una red. Resultaba espectacular pero todo lo que no fuera que se les fuera la mano en la fuerza y el tipo atravesara la carpa y aterrizara en mi barrio me dejaba francamente insatisfecho. Luego, tras payasos y monos vestidos de persona haciendo monerías, venía Pinito del Oro: focos al trapecio, música tremenda y la voz de director de pista: señoras, señores, les rogamos el máximo silencio: está en juego la vida de la artista. Y en efecto, Pinito se ponía a hacer el pino sin manos sobre el trapecio que iba para allá y para acá, mientras el marido de la artista se situaba debajo, siguiendo en la pista el bamboleo, para tranquilizarnos con la vana esperanza de pararla si se caía y que él saliera también ileso. Constituían un ejemplo inmarcesible de amor conyugal franquista: hasta que la muerte nos una. Pero el que más nervioso me ponía era un tipo disfrazado de chino que salía a la pista donde había una tabla con muchas varas verticales. Entre fanfarrias circenses empezaba a situar platos sobre las varas, les daba impulso y, al principio, giraban resueltos. A medida que había más y más platos los primeros se ponían al borde de caer y el falso chino se tenía que multiplicar frenéticamente para mantener los platos girando a base de menear las varas. Un sinvivir.

Miro ahora a Sánchez y no lo veo con una pistola al cinto para dispara al líder del propietariado cuando se lo quiera comer con guarnición de presupuestos hace una semana inasumibles. Tampoco veo que tenga debajo a nadie para pararlo en la caída y morir acompañado. Pero sí le veo cada vez más cara de chino. Aún no amarillea pero es cuestión de días, quizás de horas: los catalanes quieren un referéndum, jueces sumisos a sus caprichos y los delincuentes en la calle; los vascos quieren una confederación, la vacuna contra el art. 155 y pasta; los Ceaucescu se conforman con una senda bolivariana que nos lleve a donde ha llevado Maduro a los pobres venezolanos; la morralla quiere pasta acompañada de constitución hecha picadillo. Desde que somos una compota de comunidades autónomas todo el mundo se siente agraviado por España y se lo cobra en pasta y constitución. Así que platos, muchos platos que mantener girando, con amenaza constante de crisis. Y yo en las gradas sufriendo.

Hemos visto al líder del propietariado y al Dr. No morrearse indecentemente sin tocar del programa ni el índice; ahí lo esperan los comparsas: para que se le ponga de verdad cara, ojos y color de chino cuando tenga que convencer a tigres, leones, hombres bala y trapecistas para que no se coman a nadie, que no traspasen la carpa, que no se caigan a la pista y, sobre todo, que no se le caiga un plato al pobre chino de tramoya, en este caso Sánchez.

Tendremos hoy un presidente disfrazado de chino cuya mayor credencial democrática estriba en no haber ganado nunca unas elecciones. Se ganó a la mitad de los socialistas de carnet después de haber sido echado por la otra mitad, y quizás repita el salto mortal cuando lo echen de la presidencia los que dicen ahora que lo piensan votar. Lo harán por echar a Rajoy, no porque les guste Sánchez, que ya ayer tarde empezaba a recoger velas después del arranque mañanero y empezaban a achinársele los ojos y a mostrar cierta tendencia a hombre bala mal calibrado. Espero que no acabe en mi barrio y lo llene todo de sesos y vísceras.

Señoras, señores, comienza el espectáculo. Se ruega el máximo silencio: está en juego la vida del artista.

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El Te Deum podemita

Las asambleas de Podemos deberían, en adelante, empezar con un “sursum corda” y acabar con el clásico “ite, missa est” dado que aunque parece que asisten en plan  referendum en realidad asisten a un misterio a la altura de la consagración, eje central de una misa como Dios manda, en que ciertas sustancias se transustancian y dan lugar a una realidad espiritual y mistérica con potencialidad salvífica: en este caso el 15M.

Hubo malintencionados que interpretaron la consulta como un reparto de responsabilidad por cuotas entre los boquiabiertos y cabezacerrados feligreses; incluso quien opinó que se trataba de obligar a la feligresía a constituirse en avalistas del mal paso que en buena hora había dado el líder supremo al alimón con la portavoza. Pues no acertaron, sostengo. La consulta no tenía otra finalidad que aunar voluntades en un acto místico de fe ciega en el líder (y la portavoza), a modo de Te deum dirigido a no se sabe bién quién o Quién. Un acto de fe colectiva al estilo CEDA: el Jefe no se equivoca: ¿está claro?

Fue tal el fervor que se permitía la comunión múltiple a base de votar todas las veces que uno quisiera, incluso sin ser uno propiamente del movimiento espiritual que lideran los ya tantas veces citados. No voté yo porque aún me queda un residuo de temor de Dios, pero bien sabe el diablo que estuve tentado. Y no voté porque con el teclado delante, listo ya para disparar, me imaginé una de esas cosas tontas que al final te acojonan: ¿cuántos estarán en este momento haciendo lo mismo que yo? Y justo en ese momento se me encendió en la cabeza el coro angélico de You can´t always get what you want y me vi a mí mismo formando parte del coro, entonando una acción de gracias a San Marx por haber inventado la visión materialista y dialéctica de la historia que permite – exige – que se den a un tiempo una cosa y la contraria para que de la lucha de contrarios surja la luz. Y quedé cegado.

En ese momento vi la luz – eso es dialéctica, tovarich: cegado y viendo luz -, y esa luz me salvó de la blasfemia que hubiera sido comulgar con los Ceaucescu sin haber aprendido antes la doctrina ni haber sido bautizado en la fe que a ellos los honra y a mí me envilece. Máxime ahora, con el PP hecho jirones, Ciudadanos que no se aguanta las ganas y Sánchez… El pobre Sánchez, que parecía haber mejorado de lo suyo, se ha metido él solo en la misma estúpida faena que le regaló el nieto de Ceaucescu a Rajoy: la moción de censura entendida como cancha para que el impasible le lea la cartilla desde el púlpito de las Cortes a todos los que se atrevan a ir sin más voluntad que la de decirle a Rajoy que no les gusta. Ya saben lo del viaje y las alforjas. Pues eso.

Ha obrado el nieto de Ceaucescu el milagro de convertir la autocrítica en autoloa cantada por una legión de fieles con fe inquebrantable. ¡Ha sido él y la portavoza ! Han conseguido lo que le faltó al Nuevo Testamento: liar a Jesucristo con la Magdalena y engendrar una saga dinástica para la eternidad. Han conseguido el coro que no consiguió John Lennon para Tomorrow never knows, esa obra maestra en Sol Mayor. Pero a la hora de ponerle nombre a esta composición han dado con un título –I, me, mine – que mejora incluso la proclamación urbi et orbi de quién era la morsa entre Lennon y McArtney.

Y por delante… un futuro esplendente. Más o menos como la Unión Soviética.

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Llarena en el corralito

A los críos, en cuanto aumentan su capacidad destructiva y de autopuesta en riesgo, los echamos al corralito como a otros los metemos en prisión. Ahí está libre y seguro, decimos los padres, cuando en realidad ahí está preso entre barrotes y nosotros tranquilos porque sabemos que no meterá los dedos en ningún enchufe ni tirará de manteles arrastrando centros de mesa, floreros y vajilla. Tampoco irá escaleras abajo al menor descuido, así que a la virtud práctica le añadimos el consuelo de que lo hacemos por su bien.

Más problemático es el hecho de quien se mete en el corralito ya de adulto y voluntariamente, siendo además magistrado de ese tribunal al que, en evidente exceso, seguimos llamando supremo. Un señor camino de los sesenta y con graves responsabilidades no debe jugar en ningún corralito, y menos encerrar con él el prestigio de una nación que le dio el poder para que defendiera el interés público y no para que  consolidara una casta arbitraria convencida de que, por oposición, acceden a un poder del Estado y a una forma espuria de nobleza por oposición. Como los hechos han demostrado ya dos veces, no importa el grado de asentimiento que despierte el juguetón señor Llarena entre sus colegas; lo que a última hora importa es si sus juegos van a ser entendidos por jueces serios de otros países que comparten club con España y no van a tolerar el juego cuando hay de por medio derechos fundamentales.

De fondo tenemos una más que evidente extralimitación de las justicias belga y alemana, que quizás juegan en un corralito más amplio también hecho a la medida de sus caprichos, lo que no permite ignorar que el niñito Llarena fue advertido en dos ocasiones de que su soberbia abocaba al fracaso, como así ha sido, y él se mantuvo en la actitud displicente y desdeñosa de quien actúa “cargado de razón”. No se le ocurrió rectificar, dictar una nueva euroorden para suplir las deficiencias de la precipitada e incompleta de la jueza Lamela, que juega en otro corralito aún más cerrado como es la Audiencia Nacional.

A un magistrado español no le gana el pulso ni Dios que se colegiara en Madrid, y lo que  aparentaba ser universal siendo de mero consumo interno ha acabado dando la cara y envalentonando al bufón Puigdemont y a los fieles devotos de esa derechona meapilas y filonazi que pretende llevar a Cataluña a un paraíso ilusorio que no será, si es alguna vez, algo más que un corralito mucho más amplio, fuera de Europa y del Estado de Derecho en general. Que los dioses los amparen.

La anterior vez en que los supremos se embarcaron en salvar al país a base de pisotear los derechos de gente encarcelada (Doctrina Parot) que, por abyectos que fueran – y lo eran – debían ser respetados en sus derechos, hubo de ser el Tribunal Europeo de Derechos Humanos el que señalara el camino que conduce a la integración en la modernidad, dándole una doble bofetada de ida y vuelta a la chulesca justicia penal española en sus más altas instancias, es decir, en la cara del pueblo soberano. Ha vuelto a suceder: cuando un leve asomo de modestia y reflexión habría evitado el trauma, ha insistido el juguetón Llarena en argumentos sólo aptos para el mercado español. Esperar modestia en esa casta que exhibe plumas a la vez que enseña el culo, como el pavo real, es pedir mucho más que peras al olmo. Equivale a esperar legalidad donde la arbitrariedad amenaza con colonizar aquello que debería ser tomado con la seriedad que exige el quirófano de ingeniería social en que consiste el Derecho a Castigar del Estado.

Siga jugando Llarena en su corralito particular. Reclámese malentendido y cargue su responsabilidad en otros al modo Iglesias/Montero. Convoque un plebiscito entre sus colegas, que le darán la razón, por más que no resulte compartible por nuestros socios europeos. Siéguese la hierba debajo de los pies, insista en sus errores. A mí ya no me pueden defraudar más de lo que estoy después de cuarenta años de sufrir su arbitrariedad biena adornada de frases crípticas construidas en jerga acomodaticia para aparentar sabiduría e impedir que el pueblo llano entienda por dónde andan sus desvaríos. Porque si algún día se entiende el sentido de sus actos arderán las llamadas casas de la doble mentira: ni son palacios ni son de justicia. No son más que corralitos en que ejercer la sinrazón.

La clase política tragando y nosotros, una bofetada que viene y otra que va.

 

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El Le Pen español y alguno más

Fue muy sutil el mamarracho Torra cuando se le afeó el innegable contenido racista de su producción que algunos – y él mismo – quisieran literaria, al menos en la línea en que lo fue Goebbels. Resultó muy sutil cuando, tras borrar los vergonzosos comentarios de los que ha de responder a título de autor, no hizo esfuerzo alguno por disculparse y, al contrario, volcó sobre el lector la posible maldad de sus babas intelectuales: mis disculpas “si alguien se ha sentido ofendido”. No se trataba de que su producción resultara ofensiva para los españoles – “bestias carroñeras, víboras, hienas con una tara en el ADN” -; se trataba de que alguien se pudiera haber ofendido debido a un exceso de sensibilidad.

Sánchez lo ha calificado acertadamente como “el Le Pen español”, en un rasgo de haber empezado a entender que la deriva de sus obras completas – “No”- lo llevaban a él y al PSOE al pozo de la insignificancia, en estos tiempos en que tantos seguimos esperando que se nos dé una sola razón para votar socialista. Pero le faltó a Sánchez el acierto de rematar la faena con otra comparación que está servida en bandeja: no sólo es el Le Pen español sino el Trump europeo, que se pasa la vida yéndose alegremente de putas carísimas y cuando se ve venir lo que ni él esperaba – la presidencia USA -, siendo imposible borrar a las putas intentó taparles la boca a base de pasta, que es de lo que él sí entiende. Torra es Le Pen y es Trump, con la sola diferencia de que no tiene tanta pasta como para tapar la boca a quienes le han deparado el chaparrón que no cesa de recriminaciones que, en un país serio, lo habrían llevado a dimitir, sobre todo después de los rayos y truenos que le han venido del corazón de la Europa más seria.

No lo hará, claro. No resulta esperable un rasgo de decencia en quien presume de no ser decente en lo que a intelectualidad respecta, como no obtendremos del impresentable Iglesias algo que se parezca a una disculpa no por haberse comprado un chaletazo, que es muy libre, sino por la prédica anti chaletazo que se permitió en el programa de Ana Rosa en que puso muy en duda que quien viviera en una de esas privilegiadas dachas pudiera administrar asuntos públicos. Lo habrán visto en  wasap, por donde circula la peor producción de ese patio de vecinas deslenguadas que son las redes sociales. Si no se hubiera significado – ese líder del propietariado, como lo califica mi amigo JA Martínez Abarca – entonces no padecería este otro chaparrón que le han montado. Y repito, no es el chalet sino la prédica lo que sobraba y sobra.

Creíamos que en materia de ética personal Groucho Marx había resuelto la cuestión: ya saben, el famoso “tengo otros”. Lo que no podíamos esperar es que surgieran estos Torra, Le Pen, Trump e Iglesias que no es que tengan otros sino que no tienen ninguno, de modo que su frase completa es más facilona y más vulgar: si no le gustan mis principios, jódase, porque ni tengo principios ni tengo por qué tenerlos. Al uno le basta con sus excrementos pseudo intelectuales (Torra), al otro con sus putas (Trump), a Le Pen con sus odios y a Iglesias con ese vacío cursi en que se ha enquistado desde que le hizo un bombo a la inclasificable Ipunto Montero y, puesto a ser San José optó por ser Herodes.

Un rabino a las puertas de Auschwitz, obligado a desnudarse, se mantuvo en pie y se negó a hacerlo. Cuando ya los demás iban camino de la cámara de gas el oficial, a solas con el rabino, sacó la pistola y le disparó en la sien. Aquel rabino murió por sus principios. Luego Dietrich Bonhoeffer, pastor protestante, también en Auschwitz, se ofreció voluntario para sustituir a un padre de hijos pequeños al que no conocía de nada. Los racistas asesinos – Torra y Le Pen ya apuntan maneras- lo llevaron al Bloque 11 y lo dejaron morir de inanición. También murió por sus principios. Y esos son los hombes que ahora se echan en falta, no los que nos ofrece esta maldita sociedad en que hemos desembocado, llena de de racismo, putas, chaletazos y desvergüenza. Por más que, bien pensado, lo que menos me inquieta son las putas: porque son opcionales, los otros no.

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