El necesario #MeToo purpurado

España, a fuer de católica, empezó por perdonar al “caudillo” sus crímenes y terminó perdonando a la Iglesia Católica los suyos, entre los que estaba el haber apoyado a Franco brazo en alto y haber tolerado que se abusara de la gente menuda a modo de tributo de doncellas del que San Miguel nada hizo por librarnos. Tampoco San Jorge hizo nada al respecto. Y peor aún, en 1962 Juan XXIII, el llamado Papa bueno, ordenó por escrito – Crimen sollicitationis se llamaba la pastoral – a todas las diócesis católicas que encubrieran los abusos, que no permitieran que la información se difundiera, que lo taparan y que en ningún caso acudieran a la justicia, bajo pena de excomunión. Y pasó lo que pasó.

En Murcia, concretamente en las llamadas Congregaciones Marianas San Estanislao de Kostka, en el edificio de los Jesuitas sito entonces en la Plaza de Romea, ejerció su sacrílego ministerio un tal J. F. V., jesuita, durante los años 60 y siguientes. Tenía aquel delincuente por costumbre confesar a niños y niñas en su despacho, donde a las niñas de 12 y 13 años las iba introduciendo en una forma morbosa de sexo entre culpable y consentido, y así hasta que se hacían mayores y o se iban, solas o de forma grupal, o se quedaban una vez deformada su voluntad, convencidas de que no podía estar mal lo que les hacía aquel tipo que, después de toquetearlas en confesión, oficiaba una misa privada en los salones, consagraba, comulgaba y daba de comulgar a sus víctimas, que no podían quedar más convencidas de lo bien que estaba lo que les acababa de pasar.

Dos muchachos de entre los 18 y los 20, en el año 73, sabedores de lo que estaba pasando, acudieron al superior de los Jesuitas y le contaron la historia, y éste les dijo que el buen nombre de la iglesia estaba por encima de la salud mental y el normal desarrollo de las víctimas. Los muchachos no se arredraron y fueron al obispo de la Diócesis, otro que tal, que igualmente, los despachó con palmadas en la espalda y nada hizo por poner fin a tanto delito, pero sí le prologaba al canalla los libros que escribía sobre ¡cómo educar adolescentes! Es excusado decir que ante tanto encubridor, cuando por fin murió el maldito, la prensa local no dejó de calificarlo de “hombre bueno”, se le oficiaron los consiguientes funerales y se enterró definitivamente uno de los cientos, miles de casos similares que se dieron en España hasta hace apenas unos años, aunque alguno sigue habiendo.

Toda España encubrió aquellos crímenes. En Murcia se sabía lo que estaba pasando pero nadie reaccionó salvo aquellos dos muchachos; los demás sacaban a sus hijas del matadero e intentaban olvidar. Otro joven hubo que intentó organizar una denuncia colectiva y se encontró con el silencio de las víctimas, por entonces ya pasados los veinte, que no querían empañar su reputación reconociendo que el cura las había iniciado en asuntos sexuales sobre la base de que aquello con él estaba bien pero con sus novios mal.

¿Y nos extraña que se haya estado regalando niños hasta hace apenas veinte años? A la Iglesia Católica se le han perdonado sus delitos por razones que no alcanzo a comprender si no es por aquello de “viva Dios que nunca muere y si muere resucita, viva la mujer que tiene un amante jesuita”. Los curas perversos – no fueron todos, ni mucho menos –  arropaban bajo el misterio de su sacerdocio el tener amantes, abusar de niños, quedarse con las limosnas o falsificar documentos e identidades, mientras los fieles pensaban que si venía de Dios…

Por eso España sigue siendo el país más hermético en materia de abusos. Irlanda, EEUU, Australia y otros están haciendo su camino de reconocimiento y solicitud de perdón; España ni lo hace ni tiene intención alguna. A menos que quienes, como yo, conocedores de casos, empiecen a contarlos en la prensa y señalen autores, cómplices y encubridores. Yo no sólo tengo el nombre del canalla sino que sus víctimas están aún vivas y, ya de mi edad, podrían hablar en plan #MeToo sin temor a que nadie las rechazara, al contrario, en la seguridad de que las apoyaremos.

Ojalá se lancen y nos libren de esa carga, o pronto despareceremos y con nosotros el ominoso secreto de tanto hombre de Dios.

 

 

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Vergüenza propia y ajena

Nos enseñó el gran Quevedo en su Origen y definición de la necedad que el tonto original, el primero de todos, el que puso la simiente para que prosperaran otros tipos de tontos, fue aquél que se puso en lugar del que le pudieron decir que se quitara. Y en esa materia Sánchez sería el campeón mundial si no fuera que, por tonto, va a quedar sólo segundo. Y no puedo sino citar la autoridad de Mota, que se la ha ganado por lo mucho que circula por wasap: “tonto del tó y no pa un rato, pa siempre”. Ese es Sánchez, sin duda. Pero la pregunta angustiosa es otra: hasta dónde piensa hacer el ridículo ese tal Sánchez en defensa de su obsesión por gobernar es algo que no acertamos a medir quienes asistimos estupefactos al rosario de despropósitos en que está consistiendo su presidencia.

Empezó eligiendo un gobierno como quien elige modelos para una presentación de moda en plan show room. No por listos y eficaces sino por planta y fotogenia, aunque en las suplencias se ha metido a sí mismo el gol de la de sanidad, que no es otro sino Mota con peluca. Pero él, seducido por lo bien que daban en la escalinata de la Moncloa, olvidó repasar aspectos cruciales que a los demás no se nos iban a pasar por alto, y allí empezó el pim pam pum que dio al traste con dos de ellos, los de cultura y sanidad, y puso en jaque al propio Sánchez, al ministro astronauta, a la de Justicia y, a última hora, hasta a Borrell, que parecía un hombre sin tacha hasta que lo tocó Sánchez el gafe. Pero a esas alturas la cuota de decencia estaba ya agotada. No es que por lo mismo hayan dimitido otros: por plagiar en sus tesis cayeron los alemanes Theodor zu Guttenberg y Annette Schavan, y también la vicepresidenta del Parlamento Europeo Koch-Mehrin; por montarse un chiringuito financiero, Maxim Huerta y el ínclito Monedero; por sus malas relaciones o de sus familiares, Alfonso Guerra es el que más recordamos… Podríamos seguir pero, como ya dije, la cuota decente se acabó con la segunda dimisión, que fue cuando el gobierno en pleno decidió que ellos eran de granito y, por eso, inabatibles. La gente corriente entendió que la cara sí que la tenían de cemento armado y en cuanto al granito no nos manifestamos, pero ni el granito ni el cemento consiguen medio disimular la desvergüenza en que vive esta caterva con que nos hemos dado, sin haberlos votado ni mucho ni poco.

La cosa siguió con las meteduras de pata, en primer lugar de la señora de Sánchez, que compareció en la Casa Blanca vestida de bandera pero sin águila espatarrada, le chafó el look a la anfitriona y encima se quiso hacer amiga por ver si le sacaba unas perras para sus causas altruistas. A la srª Trump la salvó, con grave mosqueo, el personal de la Casa Blanca; a esa pobre muchacha que atiende por Begoña no hubo quien la salvara del patinazo. Pero no lo habíamos visto todo. Anda la red inundada de imágenes de la pareja con coronas del Burger King, Sánchez sentado en el trono del Rey y la Reina diciéndole al Rey que qué hacen, Sánchez cortando la tarta de la boda a la que fue de invitado, Sánchez tirando el ramo de la novia etc, etc, etc. Y por lo visto los únicos que pasamos vergüenza somos los españoles que ni lo votamos a él ni se nos pidió opinión sobre cómo portarse en las alturas.

Como traca final tenemos que los siempre inquietos indepes reprueban al Rey y proponen echar abajo la monarquía, y Sánchez no puede reaccionar porque como tiene pendientes los presupuestos, que ya intentó aprobar con una golfería de libro, pues no puede ponerse a mal con nadie, y en el saco entran indepes, etarras y gentes de muy mal vivir.

¿Cuánta vergüienza nos va a hacer pasar este mentecato?

¡¡¡Elecciones ya!!!

 

 

 

 

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Camino a la irrelevancia

La ruptura de la coalición contra natura gobernante en Cataluña sitúa al fugado Puigdemont varios kilómetros dentro del camino que conduce a la irrelevancia. Pensaba – deliraba – que con su perrito encadenado, Torra se llama y GRRR lo llama Peridis, podría mover los hilos desde el lugar, ahora se ve más claro, al que fue Bonaparte a perderse para siempre. Bélgica entendida como cementerio de iluminados.

Por fin se ha revelado inmiscible lo que desde el principio lo era: una derechona corrupta, más aún que el PP, inició en su día un idilio con unos republicanos rojos e impíos – salvo uno – que sí querían la republiqueta de inmediato hasta que se dieron de bruces con el Estado de Derecho. Dos navidades seguidas se va a pasar Junqueras a costa de lo que él mismo provocó por la persona interpuesta de Puchi, y eso, dos navidades seguidas comiendo rancho, es cosa que en la cárcel pesa mucho. Es el primer escalón en la escalera que conduce a ser y sentirse un Kí, uno de esos reclusos de larga duración que, perdida la esperanza, se las han de gobernar en prisión para rodearse de un entorno soportable. Y eso cabrea mucho, muchísimo. Así que al final han roto la baraja por no seguir haciendo el juego al prófugo que los encarceló.

Se queda el Puchi con su proyecto de Crida a medio cocer, consciente de que ni siquiera toda JuntspCat y muchísimo menos todo el PDeCat se le va a subir al carro que él conduce por las piedras en dirección hacia el choque permanente con el Estado. De modo que de los indepes queda la mitad de la mitad, y eso hasta la población más indepe lo aprecia, y cuando se vea con la papeleta en la mano puede hacer una emigración tipo ñu, hacia el río que sí fluye: el voto útil. Y entonces vendrá el llanto y el crujir de dientes porque si a la victoria de C´s en las últimas le sumamos subidas del PSC y de algún otro, puede que hayamos asistido este martes al fin del agobio nacionalista hasta dentro, por lo menos, de una generación. No crean que no me consuela saber que, por edad, la próxima escaramuza no la voy ni a sufrir ni a contar. Nuestros nietos dirán lo que les parece, que si dicen lo que están diciendo los jóvenes en Quebec, ya pueden ir haciéndose repúblicas para armar y venderlas en los chinos porque lo que es una catalana e independiente no la van a ver ni sus ojos ni los nuestros.

Inicia el fugado la gran huida final, no la que protagonizó cuando traicionó a los suyos y los dejó a su suerte, que no era otra que la prisión. Napoleón, después de Waterloo, acabó preso en Santa Elena y a los seis años murió. Haría bien Puchi en volver: en la cárcel, por lo menos, tiene ambiente indepe y a quien darle la matraca con su portentoso plan. Aparte del mal fario que da vivir en Waterloo, precisamente en Waterloo.

 

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Un muerto

Toda deriva vital es representable en gráficos, mucho más expresivos que las palabras que aquí nos esforzamos en verter. Y si se hiciera un gráfico de los altercados de todo signo que padece Cataluña veríamos cómo cada vez es más estrecho el margen temporal entre un altercado y otro a la vez que aumenta el nivel de violencia ejercido. Si a ello le añadimos el delirio irreductible en que vive una parte importante de la población, el aliento explícito del supremacista Torra y la incapacidad de ejercer el poder en que está el viajero Sánchez, la expectativa resulta evidente: el clima de violencia acabará por provocar un muerto.

Todo dependerá del lado en que caiga el primero. Si el muerto cae del lado ciudadano Cataluña se incendiará, alimentando así la gráfica, lo que conduciría a nuevos muertos. Si el muerto cae del lado de la policía, autonómica o no, el incendio será político porque todo el mundo sensato mirará al supremacista en demanda de explicaciones por su aliento a los cachorros del CDR para que corten vías, del tren y de las otras, y cerquen edificios significativos, sin sospechar, el muy insensato, que entre gritos de traidor lo iban a cercar a él mismo en el parlamento, del que salió fuertemente escoltado para impedir que lo agredieran los enfurecidos CDR, que han asumido firmemente la república interrupta del fugado Puchi y creían que en el mundo feliz republicano los mozos de escuadra no podían cargar contra ellos aunque sacaran los pies del plato. Los sacaron, los otros cargaron, y ahí quedará para la historia esa imagen de los mozos de colorines aguantando el chaparrón que Torra, como Sánchez, no supo ni pudo ni quiso impedir. Torra es suficientemente estúpido como para escupir al cielo y quedarse a ver qué pasa.

Desde los seis años he padecido la pesadilla etarra. Recuerdo con horror los llamados años de plomo, aquellos 80/90 en que ETA se empeñó en echar abajo la democracia que nos habíamos dado cuando Franco desocupó el poder y nosotros impedimos, a base de sensatez, que sus sucesores naturales lo siguieran ocupando. Franco se fue al Valle y los nuestros ocuparon las Cortes. Tarde, demasidado tarde, pero llegó. Y entonces vimos cómo crecía la gráfica violenta en el País Vasco alentada por un PNV traidor y oportunista que, en imagen clásica, alentó a que zarandearan el ´ñarbol para ir a recoger las nueces. Y allí ya habían roto el límite del asesinato, el secuestro y la extorsión; sólo era cuestión de tensar la cuerda para precipitar un golpe – agudizar las contradicciones, según la aborrecida retórica marxista – y romper de una vez por todas España. Pero aguantamos, como dicen que hacen los ingleses, que también tuvieron su IRA – los ingleses sonríen y aguantan – y al fin llegó el día en que ETA, vencida, humillada, encarcelada y, sobre todo, fracasada, se hizo a un lado a lamerse las heridas.

¿Hasta dónde llegarán los CDR animados por el pequinés malencarado y ladrador que el fugado maneja desde Waterloo? ¿Habrá o no habrá un muerto? Terra Lliure, hoy diluida entre los indepes, mató muy cruelmente, y si el archicorrupto Pujol los paró fue por no malograr el negocio del 3% generalizado. Torra, azuzado por su amo, n0 puede impedir nada porque para eso lo designó el dedo de nombrar del pelanas. Torra ocupa la presidencia pero a título de agitador, para que Puchi no caiga en el olvido hacia el que se dirige inevitablemente. Torra no gobierna, agita el fantoche de un presidente que no lo es, de una republiqueta de feria y de un futuro de oro que vive en sus sueños. Torra hundirá Cataluña en el caos antes que dar su brazo a torcer, porque a Puchi le basta con tirar de la cadena con que lo tiene sujeto y no hay más, que en faltando el aire todo el mudno cede.

Dos inútiles tenemos, uno en la Generalidad y otro en la Moncloa. Decía Churchill que las mierdas tenía que despacharlas de una en una, pero nunca se enfrentó a dos inútiles. Nosotros sabemos que hemos sobrevivido a varios inútiles en la Moncloa, pero de uno en uno. Lo del doble frente no lo habíamos probado. Veremos en qué queda la cosa.

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Tontos federados

La ministra Montón se creyó que la oposición en las Cortes Generales iba a ser como la valenciana, con Chimo Puig parándole las andanadas, y pensando en eso se echó al ruedo y los de enfrente no tuvieron que hurgar mucho hasta dejarla a la altura de Cifuentes. Quedó para la historia como tonta con máster de los de mentira, elaborado con copiapegas de todo lo que le vino a mano y la confianza puesta en un tribunal que no me atrevo a calificar, pues malo es que un tribunal se venda pero peor es que se regale.

Zapatero creímos todos que había dado cuanto de sí podía con la gestión de la crisis del 2008, la que él interpretó como una desaceleración, un aterrizaje suave que apenas íbamos a notar. Ahí se graduó de tonto peligroso, del “tó” y “pa” siempre, pero como él aspiraba a tonto cum laude se fue a Venezuela a arreglar el mundo y ha acabado calificado de imbécil y de ministro de asuntos exteriores del Maduro más patán, el de las comilonas en Estambul mientras su gente se muere de hambre, de SIDA, de cáncer y de todo aquello de lo que uno se muere cuando el gobierno se lleva en mordidas lo que iba para sanidad y alimentos. Con estos primeros dos tenemos ya la federación en marcha, pero aún nos faltaba el gran líder, el afamado Dr. No.

Pues resulta que hasta el No lo había copiado porque el muchacho es incapaz de hilvanar dos frases de su propia cosecha sin incurrir en errores, contradicciones y esa especie de cosa tan moderna que todo el mundo llama oxímoron pero nadie sabe cómo se dice en plural. ¿Oximorones? Tómense lo anterior como mera propuesta imaginativa.

Por la misma razón por la que dimitió Morón debió dimitir el Dr. No, pero después de lo de Cifuentes y Morón España se ha resblandecido tras preguntar a sus hijos: ¿Tú no habrás hecho lo que ha hecho el fulano este, verdad? Y ha escuchado a sus hijos: sí, mamá, papá, el TFG me lo copié del Rincón del vago y el TFM de una profesora peruana que había publicado un  PDF en la red para que la gente la citara; yo me lo tomé al pie de la letra – literal – y se me olvidaron sólo las comillas al principio y al final y una cita a pie de página, esto último porque si la ponía no estaría ahora donde estoy. ¿Me perdonáis, verdad? Y los padres y las madres perdonan, claro que perdonan; ¿no van a perdonar a quien es hijo o hija de sus carnes?

Tenemos, por tanto, a un presidente del gobierno que es tonto federado y titulado, cum laude y todo, de cuya tesis ya non queda en pie más del 40%, y aún aparecerán más copiapega conforme cunda la afición a leerse el pestiño y sacarle jugo, mientras el burofax que anunciaba acciones legales se lo ha tragado el pelanas a la espera de echarlo algún día bien digerido y asimilado, pues estando el patio como está, ¿osará el ínclito Sánchez iniciar acciones legales contra aquellas portadas que lo acusaban de plagio? No, y pasará toda esta información a la hemeroteca donde cada cual que acuda verá con sus ojos de ver cómo se la envaina un presidente que empezó diciendo “os váis a enterar” y acabo enterándose él de que donde las dan las toman, que era cosa que se le presuponía aprendida y ha resultado que no.

Pues ya tenemos tres en la federación de tontos de España, todos ellos titulados a falta de lo que digan los tribunales, que aún le pueden capar el birrete al Dr. No y dejarlo sin las pelufas que tanto lustre dan en los desfiles de doctores el día del patrón.

 

 

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El desjudicializador

La desinencia -izar, con la que matizamos verbos los españoles, han querido los indepes que adopte un significado peyorativo. Probablemente porque les recuerda el término “demonizar” y algún otro como “exorcizar” o “españolizar”, que huelen a azufre de muy mala manera, y eso si no le entran de golpe las siete cosas.

No debemos dejarnos reconducir al respecto. Que maltraten ellos el catalán como tengan por conveniente pero que nos dejen en paz con nuestras desinencias porque la cosa toma otro tinte cuando hablamos de “medicalizar” una ambulancia: eso nos parece bien pues hace que el vehículo pase de mero transporte a tratamiento inmediato. Volvemos a las andadas con “hospitalizar”, que está bien pero no nos sugiere episodios agradables. Como ven, la cosa tiende a adoptar un tinte regular, si no definitivamente siniestro, y en eso vieron los insidiosos que bastaba con añadir -izar a un verbo para que sonara sospechoso, y ahí dieron con el término “judicializar”, que no debería tener otro significado que someter un asunto a la consideración de los jueces pero no, porque para ellos significa abandonar todo intento de hacer política en beneficio del dictar sentencias. Sacralizan el diálogo y la democracia a la vez que tiranizan la razón: ¿Hotamos abolir el código penal? ¿Enviamos negociadores a los próximos que se planteen echar abajo la Sagrada Familia?

A nadie se le ocurre que al homicida no lo judicialicemos en el sentido de ponerlo en manos de jueces y tribunales. Tampoco los violadores se libran del palabro y la delincuencia en general tiene tendencia a acabar bajo sus dominios. Lo que ocurre es que entre los indepes y nosotros hay un desacuerdo básico sobre qué cosa sea un delincuente. Pues es fácil: Puigdemont, Junqueras, Sánchez, Cuixart y Forcadell son unos delincuentes a los que hay que juzgar; sin embargo, Torra y sus actuales secuaces se encuentran sólo a un paso muy corto para llegar a serlo de pleno derecho y merecer por ello su judicialización, es decir, que los detenga la policía y los lleve delante de un juez.

Andan diciendo que si la fiscalía insiste en calificar de rebelión lo que hicieron “habrá consecuencias”, y no dejo yo de preguntarme ¿qué consecuencias serán esas? ¿Suficientes como para que se reactive automáticamente el 155 CE? Y una vez activado, ¿suficientes como para que ellos formen una guerra al estilo balkánico, con bombardeos tipo Sarajevo, con matanzas a lo Srebreniça?  ¿Tomarán Madrid y fusilarán a Sánchez para sacarse la espina de Companys?

Es hora de ponerlos en su sitio en términos estrictamente verbales. ¿Que habrá consecuencias? Pues peores serán las que recaigan sobre ellos: más cárcel, más judicialización, más sentencias… y vuelta a empezar, pero ellos, se lo crean o no, cada vez serán menos. Más empecinados pero menos, porque la situación real de Cataluña, la escisión social, la sangría de empresas – dos al día en lo que va de año -, la subida del paro, la bajada de ingresos por turismo y hostelería, eso no hay de momento quien lo pare. Y encima el asunto ha pasado del parlamento autónoma, donde no pueden hacer lo que quieren, a un teatro donde sí pueden dar los espectáculos que quieran.

Y mientras tanto el desjudicializador de la Moncloa de gira en gira. Y su ministra de sanidad soltando por la televisión la misma sarta de mentiras que ya nos soltó Cifuentes sobre lo contenta que estaba de que el asunto lo investigara la fiscalía. Ya sabemos que se matriculó tres meses tarde cuando algunas de las asignaturas habían terminado, lo que no impidió que sacara una nota media superior al 8. ¿Tendrá que salir un vídeo de la ministra chorizando en un Carrefour para que se vaya? Eso es lo único que nos falta para completar la imagen de un país que está pidiendo a gritos que nos convoquen a las urnas para decidir de una vez qué forma de suicidio preferimos.

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Hacen falta jueces sanchos, no quijotes

En este país nos sobran quijotes alucinados que insistan en repetir el guión que nos dio Cervantes donde, según escuché el otro día en la radio, “siempre acaban ganando los molinos.”

Si Llarena hubiera tenido en cuenta todas las posibilidades de la acción, que sólo eran dos, en vez de tener al fugado en Waterloo vomitando sandeces y a Torra subido a la parra en un teatro que le han llenado de fieles devotos como le hacían a Franco, Castro o Mao, la historia hubiera sido muy otra pues nos habría resultado muy consoladora la imagen de Puigdemont esposado y escoltado por policías españoles hasta la escalerilla de un avión que lo hubiera llevado a Madrid donde, tras ir a la Audiencia Nacional en furgón, como antes hicieron Sánchez, Cuixart y Junqueras, habría ingresado en prisión y en unas semanas lo veríamos sentado en el banquillo tragando quina y, poco después, condenado, eso sí, a un máximo de 12 años de prisión por el delito de malversación que obra plenamente acreditado en las actuaciones.

Pero 12 años le parecieron poco a Llarenas, que en eso el hombre es muy juez, muy español y definitivamente Quijote. De juez le viene la soberbia y la inclinación justiciera hacia la desmesura punitiva; de español no sé lo que sacado de bueno fuera de la talla corta propia de su generación y, finalmente, de Quijote le viene al mozo el hacer locuras como acuchillar odres o pelear con molinos que, como dije, siempre acaban ganando.

Amparados en la separación de poderes, esa en que no creen ni Maduro ni Puigdemont ni ninguno de sus secuaces, no se dejó aconsejar y acabó tragándose el anzuelo hasta el mismísimo píloro, eso si no le llegó hasta el esfínter más sureño. Antes hacer el ridículo que propiciar la injusticia, se dijo, y rechazando la extradición que ofreció Alemania se echó a rodar por la cuesta del ridículo hasta ponerle al suprenazista Torra la alfombra roja que le ha hecho entrar poco menos que bajo palio a soltar el discurso infame que nos ha infligido, que eso sí es atentar contra los derechos humanos.

La situación, como digo, pudo ser muy otra, sobre todo pensando sensatamente, al estilo Sancho: ¿se creen los aficionados que Junqueras y Forcadell van a cumplir los 20 años que le caigan si es que le caen? Eso en modo alguno, porque la solución sanchesca, con el código penal en la mano, pasa por condenar pero poco, aplicando conspiraciones, tentativas, sedición en vez de rebelión y sutilezas tales, de modo que la pena se quede en algo que esté bien pero que no se pueda vender como auténtica desmesura. Y el Tribunal Supremo, ante el hecho incontestable de que tenían limitado el varapalo al Puchi por la limitación belga y alemana – así se le vuelva república la monarquía al rey belga y monarquía teutónica la república a los alemanes -, habría tenido la coartada perfecta para recomendar el indulto parcial para el resto de la tropa hasta ponerlos a la altura de lo que le hubieran impuesto al pelanas. ¿O es que de verdad se creen que los van a tener entre rejas hasta el año 38 de este siglo? O peor: ¿es que quieren que acabe estallando Cataluña y acabemos haciendo una guerra chusca contra los cuatro desesperados de las CUP y los CDR?

Pero Llarena se tragó el sable el día que aprobó la oposición y por ahí le anda, entre las caries y el esfínter sureño, que no hay forma de que lo eche ni a base de hacerse los gin tonic con aceite de ricino.

Por mis muertos más frescos se lo juro yo a ustedes: la próxima vez hablaremos del Gobierno, que tenemos a Sánchez muy descuidado.

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Estampas veraniegas con dinosaurio al fondo

Todo empezó por julio, cuando a los más agrestes les dio por convertir las alegres playas en siniestros cementerios amarillos – como el submarino – para recordarnos que siguen presos y acusados “injustamente” de muy graves delitos quienes hace ahora un año se echaron al monte a cosechar república y el viaje les salió mal, tal como estaban advertidos. Así que mientras el capitán araña vive de muerte en Waterloo los presos se preguntan si es verdad que esto le está pasando a ellos, si es posible que lleven casi un año en prisión sin que el pueblo catalán se haya levantado en armas y aplastado a la horrenda raza española, la del ADN perturbado según diagnosticó Torra.

El fugado, cuya cabeza no para, ha completado su infamia ordenando que se acomode una traducción a sus deseos, muy al estilo en que ordenó “refinar” el conteo de las urnas que llegaron ya con votos a la farsa de referéndum que luego han sacralizado entre todos. Y todo como última estratagema para socavar un juicio que tienen ya encima de la chepa.

Después vinieron las agresiones a una señora que quitaba lazos, a un cámara de televisión… Y es que la tribu indepe ha dado un salto mortal hacia el pasado que alcanza casi tres siglos. Lo ha expresado cabalmente Steven Pinker en el que Bill Gates dice que es el mejor libro que ha leído en su vida: En defensa de la Ilustración (Paidós, Barcelona 2018). Según Pinker, además de la fe religiosa la Ilustración encuentra un enemigo feroz en el nacionalismo, donde “las personas son las células prescindibles de un superorganismo (…) y el bien supremo es la gloria de esta colectividad en lugar del bienestar de las personas que la integran” (p. 55) Ese nacionalismo cursa con “eslóganes patrióticos” (cita el “dulce et decorum est pro patria mori”) que sustituyen el bienestar de los individuos, su sanidad, educación, sistema de pensiones…

¿Entienden ahora por qué el perrito que Puigdemont tiene atado y bien atado con correa de puntas fieras, en vez de gobernar y parar definitivamente la fuga de empresas y empleos exhorta a los españoles a que nos echemos también al monte que da repúblicas? ¿Entienden el carácter vacío de sus bravatas sobre que, en cualquier caso, no acatarán la sentencia que se acabe dictando contra los heroicos indepes presos? Sánchez ya le ha mentado la bicha del 155 – el perrito está inquieto: no se lo esperaba – y ya sólo falta preguntar: ¿cómo hemos de notar nosotros que ellos no acatan la sentencia? ¿Asaltarán la cárcel y los liberarán? ¿Nos declararán la guerra con los mozos y el somatén por delante? ¿Están ya afilando las hoces para cortarle el cuello al toro de Osborne y, ya de paso, al Rey de España?

Así que se pasa el verano y encontramos que sigue echando babas el monstruo de la sinrazón nacionalista, enfrentado a la fiera que atiende por 155 – Peridis lo ha retratado muy bien, como siempre -, y empezamos un otoño plagado de fechas que representan otras tantas heridas supurantes: los días 6 y 7 de septiembre, el 1 de octubre, el tradicional 14 del mismo mes – aniversario de la infamia de hace casi tres siglos -, el día 20 que hizo mártires a Sánchez y Cuixart y, por fin, el día de la proclamación con marcha atrás de la republiqueta de feria que le tocó en una tómbola al Puchi junto con el perrito piloto y la muñeca chochona. Y a todo esto con el barco Piolín en el desguace y el orden público en manos de unos mozos de escuadra tan divididos como la propia sociedad catalana, por obra y gracia de una tribu inspirada en Astérix y Obélix pero con formas de la Masa, La Cosa, la Marabunta y el Joker de Spiderman.

¿No resulta aburrido que llevemos un año dándole vueltas al mismo tema, como cacahuete en la boca de un bóxer? Por eso, en la próxima entrega, haremos como Tip y Coll: hablaremos del Gobierno.

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Justicia y quimioterapia (bolivarianas)

Puede salir mañana una manifestación que exija de forma terminante mayores dosis de quimioterapia para las mujeres aquejadas de cáncer. Y digo que puede porque peores barbaridades se están reivindicando en la calle sin que nadie salga en defensa del sentido común, no digamos de la ley. Pero si saliera una manifestación como antes dije, los médicos ni siquiera enarcarían una ceja y seguirían aplicando las dosis que vienen avaladas por contrastados estudios científicos de los que nadie en su sano juicio se aparta, como ningún ingeniero deja de considerar las herramientas de cálculo para determinar la resistencia de los materiales. En tales ámbito no cuentan las opiniones y sí las certezas, y por eso nuestra vida cada vez es más larga, los puentes no se caen y los edificios se sostienen en pie. Pero la justicia es opinable.

Opinar sobre justicia es hoy tarea de barra de bar. Cada cual tiene opinión y la expresa sin rubor por disparatada que sea. El sabio Iglesias, el del chalet, compareció ante la alcachofa proponiendo que desapareciera la diferencia entre abusos y agresiones sexuales, lo que igualmente comportaría eliminar la frontera entre hurto y robo y la mucho más significativa distinción entre homicidio y asesinato, entre otras. Lo dijo y se quedó tan pancho. Nadie lo puso en su sitio, nadie lo llamó ignorante descerebrado, que era lo que merecía el mastuerzo. Arrastrados por el desbordamiento sentimental de la sentencia de “la manada”, se abrió la veda del disparate y se dio la gente a la caza mayor con la resolución del neo converso: la justicia soy yo, yo sé lo que hay que hacer, dejadme zolo.

Ahora ha sido el gobierno del okupa de la Moncloa el que se ha echado al monte por boca de la apergaminada Celaá: no importa que la sentencia de Juana Rivas haya consistido en la estricta aplicación de la ley desde la igualdad constitucional, el indulto ya se está cociendo porque eso de que una mujer entre en prisión es algo que no podemos consentir. Y tampoco nadie ha salido a ponerla en su sitio recordándole esa antigualla de la separación de poderes, lo que nos aboca a una justicia sectorialmente bolivariana – violencia contra la mujer, accidentes laborales… – con jueces y fiscales que no son libres de aplicar la ley si no es a gusto de las masas ignorantes a la par que enfervorecidas.

Por suerte el art. 225 bis del Código penal se le pasó por alto a la infausta Bibiana Aído cuando redactó su delirante ley de protección integral que iba a proteger a las mujeres de las agresiones de sus parejas presentes o pasadas, y no pudo, por tanto, eximir a la mujer del trato igualitario que reclama el artículo 14 de la Constitución, como sí hizo con agresiones, lesiones, coacciones, amenazas e injurias, entra otros delitos menores y mayores. Por eso la lloriqueante Juana Rivas, hasta hace unos días autora presunta de un par de delitos de sustracción de menores, ahora ya no es presunta sino condenada por haber sustraído a sus hijos de la custodia legítima de su padre, desobedeciendo todo tipo de órdenes judiciales, nacionales e italianas.

La misma gente que se echó a la calle cantando lo de “Juana está en mi casa” anda ahora maldiciendo que en España se condene a una mujer por lo mismo por lo que se condena a un hombre sin ningún problema, y el asunto ya no admite más demora en su replanteamiento si lo que aspiramos es a construir un país serio. O eso o habrá mañana manifestaciones exigiendo más quimioterapia, menos vacunas – y más sarampión, polio, etc. -, la supresión de los tendidos eléctricos, el impacto ambiental cero en toda actividad humana y disparates inalcanzables por el estilo.

Juana Rivas tiene todo el derecho a recurrir y la justicia todo el derecho a confirmar. Si tal ocurre, Juana Rivas debe ingresar en prisión aunque sólo sea para reafirmar el Derecho vulnerado y disuadir a otras del torcido camino elegido por ella. Si no es así, ¿qué hacen en prisión las más de cuatro mil mujeres que hoy están presas, algunas por haber matado a sus hijos? ¿Soltamos igualmente a la confesa asesina del niño de ocho años que entorpecía su relación con el padre? ¿Por el mero hecho de ser mujer?

Quienes hoy vociferan resultan incapaces de ver que piden lo mismo que los secesionistas catalanes para sus presos, algunos vascos para los asesinos de ETA y muchos políticos para los chorizos de su partido.

 

 

 

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El PP y y su techo demográfico

El sr. Casado, del que dicen los memes que será el único casado que mande en alguna parte, hizo bien, por una parte, en reivindicar del PP toda su trayectoria, pero hace muy mal pretendiendo que el mundo de la derecha-derechona retrase el reloj 33 años para recuperar la ley del aborto de los tiempos de Felipe González. ¿Es que no se lo ha explicado Rajoy, que igualmente quiso contentar a los más o menos 50.000 votantes que le pedían la derogación de la ley Aído y cuando amagó con poner en marcha la reforma se le levantaron hasta los barones? Con un poco más de empuje debería haber incluido en sus ansias derogatorias la ley del divorcio y habría prohibido de nuevo la venta de preservativos sin receta y bendición del párroco. ¿Es esa la España a que quiere conducirnos? Pues si luego se queda con sólo 50.000 de los 11 millones a que aspira que no diga que no fue avisado. Y eso, a todo esto, si sobrevive a las dudas de sus máster y grado, que el PP, en materia de asuntos oscuros, es un auténtico agujero negro que por un lado traga y por el otro expulsa materia oscura una vez digerida la luz.

Una propuesta como la que exhibe el muchacho con orgullo sólo la votan los conservadores que sólo se mueren bien muertos cuando los certifica el ABC en una esquela.De apellidos compuestos y algunos hasta con título, el problema más grave es que la mayoría se han muerto ya y no tienen los huesos para trotes de mañana electoral. La antigua hipocresía de condenar a la española pobre al aborto de molde mientras mandaban a sus hijas a abortar a Londres se terminó en buena hora. Sí, es cierto que iremos al infierno quienes defendemos el aborto como está y quienes lo practican, mayormente ellas, pero es algo que tenemos asumido a menos que la IC cambie en algo y en vez de ofrecer llamas y como alternativa aburrimiento, empieza a ofrecer cosas más vistosas y divertidas para engatusarnos y acabamos optando por la eternidad celestial. Hasta entonces, prefiremos el infierno por el ambiente y por el clima, sobre todo los frioleros.

Esperemos que este arranque bravío de vuelta a añejas y rancias esencias no seas más que un exceso verbal porque si se consolida la salida de tono vamos a tener a Sánchez y su morralla electoral gobernando hasta que de nuevo haga falta alguien que remedie los desfalcos de quienes, como los retrató Fraga, en el fondo lo que quieren son jet, yates y marquesonas como forma de reivindicar que los pobres tenemos también derecho al derroche, como vemos que hace los ricos, aunque mi manual de cómo ser de izquierdas sin caer en la inconsistencia contiene una apelación a la modestia en el vivir, en el vestir, en el comer y en el consumir, que me permita gastar el dinero que gano sin que me dé vergüenza enseñar lo que compro o dejarme fotografiar en los servicios en que me lo gasto.

Como lo primero que vienen son autonómicas y municipales, ahí se verá la capacidad de llamada del sr. Casado. Sin insiste en ser él mismo se estrellará, repito, si para entonces no lo ha echado abajo un máster de mentirijillas que tanto prodigaba la universidad que, pásmense, patrocinó abiertamente el PSOE, ese que espera la sentencia de los ERE y nota que no le llega la camisa al cuerpo.

 

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