Dos tabúes en cuestión (o tres)

El primero – o sea, el tercero -, consiste en determinar si el plural de tabú es tabús o tabúes. Según la RAE ambas opciones son aceptables, si bien la primera (tabús) es más propia para el uso cotidiano mientras que la segunda (tabúes) suele usarse en un registro culto. A fin de marcar territorio, habrá observado el lector que en esta casa, Periodista Digital, somos de la rama culta y hablamos de tabúes en plan bantúes, cebúes, etc.

Primer tabú: ¿Sigue la gente de España la misa por televisión?
Es una pregunta inquietante, lo admito. Pasó en su día igual con las películas porno de la Cuatro emitidas en codificado. La cadena, que medía compulsivamente su audiencia, sabía que un mínimo de 40.000 personas se alegraban las noches de los sábados viendo las películas porno en forma de rayas mal alineadas, en blanco y negro y con sonidos que, más o menos, venían a decir “oc, oc” en el momento de paroxismo extremo. Total, por no ir al videoclub y pasar la vergüenza de llevarse lo último en porno americano – mucho color, grandes tetas, grandes culos, ginecología de proximidad -, francesas – glamour feticihista, pecho breve, argumentos casi inteligibles – o nórdicas totales, es decir, guarrerías extremas sólo aptas para gente border line.

Y la respuesta al primer tabú desentrañado es “sí”. Hay un porcentaje elevado de gente de todo sexo y condición que, los domingos por la mañana, se ve la misa en televisión. Los que pueden prescindir de la silla de ruedas siguen incluso los ritos canónicos arrodillándose cuando toca y deseándole la paz al primer nieto que les pilla a tiro. Son gente pacífica y pía, que a nadie molesta, y no veo por qué el pequeño Pablicolás la ha tomado con las misas catódicas, estando como están tan cerca de las mismas católicas. De hecho, habrá que empezar a hablar de la Santa Iglesia Catódica, y no veo razón alguna para que a mi madre, por no señalar a nadie más, se la prive del derecho a escuchar y ver una misa cada domingo mientras los demás andamos de churros y periódicos. Así que muy mal la iniciativa impía y rojaza del eclipsado podemita, que no gana para disgustos desde que se le independizó Viruka y apenas es capaz de poner orden entre las novias y exnovias. Alguna misa de vez en cuando no le vendría mal, por más catódica que sea.

Segundo tabú: ¿Son todos los hombres artilleros?
A los que hicimos la mili en Infantería se nos dejó bien claro: la Infantería española jamás se rinde: da media vuelta y continúa avanzando. Los de artillería iban por otra parte: ¿Cual es la misión de la Artillería? Matar Infantería, y añadían no sin cierta mala leche: a ser posible, enemiga. Y bien que cumplían, que ellos inventaron la muerte por “fuego amigo”, mayormente de infantería.

Creíamos que todos los hombres eran del arma de Artillería hasta que Messi y algún otro han desvelado que no mean de pie, con el asiento de la taza bajado para que no se desperdicie ni una gota, la mano apoyá en la cadera y la otra dirigiendo el chorro. Ahora resulta que lo que mola es mear sentado, como las señoras. Y yo lo veo bien. Primero, por el disgusto que se toman las damas cuando ven un asiento de váter con sarpullido amarillo y saben que ellas no han sido; segundo, porque por más que presuman ellos de tino artillero, es lo cierto que la corrección de tiro acaba por afectar incluso al bidé, que siempre suele andar cerca. Así que sentados, relajados, sin puntería ninguna que hacer, la señora contenta, el fluir largo y pausado… Sólo tiene ventajas. Y lo descansado que resulta.

De esto, como pueden imaginar, no volveremos a hablar. Dicho queda.

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Como si fuéramos tontos

Un juez de instrucción, ante un problema contable complejo, le pidió a un imputado que le explicara el asunto “como si fuera tonto”. Quería el juez entenderlo pero a medida que el imputado se perdía en pueriles argumentos se vio el juez en la necesidad de aclarar el sentido de su mandato: “Le he dicho que me lo explique como si fuera tonto, pero no se crea que lo soy.” Pues algo así le pasa al heterogéneo bloque independentista catalán – que integra a los incendiarios de la CUP y a los consumados corruptos de la antigua Convergencia -, que a base de pensar que los españoles somos tontos se lo han terminado por creer. Y es urgente sacarlos del error.

Una ley de desconexión no deja de ser un manual de “cómo dar un golpe de Estado sin metralletas ni tricornios”, y ellos la están tramitando en secreto, al mejor estilo estalinista, con la finalidad de permitir su aprobación de tapadillo y sin tiempo para reaccionar. Y creen que esa picardía los va a librar de la suspensión decretada por el TC o, alternativamente, impuesta por la fuerza del Estado si fuere menester.

Desconectar de España supone asumir el control de fronteras, ejército, puertos y aeropuertos, recaudar el IRPF y las cuotas de la SS, destituir puestos judiciales y fiscales desafectos, dejar sin efecto inhabilitaciones y penas impuestas por la legitimidad constitucional española, etc., etc. Y ellos creen que eso se puede hacer en una mañana y que para cuando el TC reaccione ya será tarde porque la ley que regirá será otra aprobada en el parlamento de la recién nacida república catalana. Y ante tal hazaña nos pillarán “cautivos y desarmados”, como nos pilló Franco después de tres años de guerra, pero ellos lo quieren hacer sin pegar un solo tiro.

La Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía ¿se van a rendir sin más, abandonarán sus cuarteles y volverán a Madrid en espera de destino? La IVª Región Militar, con capitanía en Barcelona y tres divisiones bajo su mando, ¿se rendirá igualmente, entregará las armas o, peor aún, se unirá al golpe? La IIIª y Vª Región, que rodean por completo Cataluña, ¿se limitarán a estarse quietas y no acatarán las órdenes que se cursen para poner fin a la mascarada? Porque sólo las regiones citadas, IIIª, IVª y Vª, cuentan con los Regimientos de Infantería 11, 20, 60, 25 (Barcelona), 26 (Tarragona), 59 (Gerona), 12, 33 y 43, las Compañías de Operaciones Especiales 31, 32, 41, 42, 51 y 52, 3 Grupos Ligeros de caballería, 3 Regimientos de Artillería, números 18, 22 y 20, 3 Batallones Mixtos de ingenieros y 3 Agrupaciones Mixtas de Encuadramiento, sin contar la Armada y el Ejército del Aire, además del control de la red viaria y ferroviaria de todo el territorio implicado. ¿Se imaginan a los f-18 rompiendo la barrera del sonido sobre la Diagonal, en dirección a la Generalidad de Cataluña?

Ellos creen que España no se arriesgará a la mala imagen internacional convenientemente agitada por los seguidores del pequeño Pablicolás, habitantes de un mundo justo y benéfico donde los fusiles disparan claveles y la gente se deja embriagar por unos supuestos aires de libertad llamados a dejar a los catalanes en manos del 3% de Mas y de los delirios ácratas de la CUP. Creen también que ni Europa ni el resto del mundo van a reaccionar frente a un pronunciamiento a lo militar pero sin militares como el que piensan protagonizar, y que la fuerza de la sinrazón separatista calará de tal modo en los hombres de buena voluntad que hasta la OTAN vendrá a librarlos de los, más que tontos, malvados españoles.

Llevan años alentando el delirio. Hora es de que empiecen a bajarse.

O los bajamos.

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Asesinato Alicante (VI): ¿Qué es la prueba de indicios?

El Tribunal Constitucional se enfrentó tempranamente (STS 174/1985) a una condena situada en el límite mismo de la presunción de inocencia: una empresaria y uno de sus empleados tuvieron serias diferencias, hasta el punto de que fue demandada ante la Magistratura de Trabajo. Citó al trabajador la tarde de un sábado en su despacho para procurar un arreglo amistoso a los desencuentros y pagarle la indemnización fijada por la justicia. El empleado acudió a la entrevista, que se celebró a solas, no habiendo nadie más en la empresa por no ser laborable el sábado. El trabajador desapareció, dejando su Vespino aparcada delante de la empresa, a la que sabemos con certeza que llegó. Nadie volvió a saber de él.

Ocho días después de la desaparición un niño encontró en una caseta abandonada un cadáver carbonizado que, por el reloj y la ropa que llevaba puesta, resultó ser el del trabajador, y la policía averiguó lo siguiente: que la empresaria, la noche de la entrevista, regresó muy tarde a su casa, dando primeramente una versión- rotura del coche – y luego otra disparatadamente distinta – una visita de madrugada a un familiar en Barcelona – cuando la primera se probó que era falsa; que aquella tarde utilizó un recipiente que llenó de un líquido inflamable; que en su despacho había herramientas como la utilizada para dar muerte al trabajador; que el cadáver había sido atado con cables similares a los que utilizaba la empresa, y también la caja en que fue quemado el cuerpo era de las que contenían los productos de la empresa; que la mayoría de los vecinos del pueblo fueron a dar el pésame a los padres de la víctima pero no la empresaria, residente en la misma localidad y jefa del fallecido; y, finalmente, que la empresaria, al conocer que había aparecido el cadáver, compareció ante la Guardia Civil y declaró que dos desconocidos los habían asaltado mientras celebraban la entrevista, mataron al trabajador y la obligaron bajo amenazas a limpiar el despacho, a dejarles un coche que ella misma tuvo que conducir y a comprar gasolina para quemar el cadáver, extremo éste último que también se reveló falso. Resultó definitiva la aparición de una prueba que corroboraba toda la inferencia: entre las losas de su despacho apareció sangre de la víctima, por más que alguien había limpiado concienzudamente la zona.

A falta de pruebas directas un conjunto de indicios fuertemente probados, de los que se pueda seguir según las reglas de la lógica la autoría de un delito, puede conducir a extraer una conclusión  que permita condenar a alguien por un crimen sin que haya testigos ni huellas inequívocas. Exige el TC que los indicios sean plurales, que estén tan probados como el hecho mismo que se pretende deducir, que lleven inequívocamente y según la lógica a la conclusión que se obtiene, que no sean abiertos y tan genéricos que apunten en diversas direcciones y que el juez  exprese de forma reforzada cómo un indicio lleva a otro y todos juntos conducen a la culpabilidad del reo (STC 109/2009). Por ejemplo, si de dos posibles autores se encuentra que ambos tienen armas y las manejan, no cabe descartar a uno y perseguir al otro a menos que alguna prueba permita tal descarte.

También ha dicho el TC que la mera probanza de que una persona pudo cometer un delito no es prueba de que, de hecho, lo cometiera: sólo prueba que lo pudo cometer (STC 283/1994). Y hay una prohibición expresa: un hecho inducido a partir de indicios no puede ser la base de la inducción de otros hechos. En sus propias palabras: “…la cuestión que en último término se plantea es la de si cabe considerar constitucionalmente válida una prueba indiciaria derivada de indicios obtenidos, a su vez, por prueba indiciaria.” (STC 186/2005).

En el caso Alicante indicios irrelevantes conducen a la policía a creer que Miguel lo hizo: a partir de ahí inducen que se consiguió una pistola ilegal, de la que lo ignoramos todo, que modificó la munición – sin que prueba alguna lo corrobore – y se construyó un supresor de sonido artesanal tan eficaz que permitió disparar dos veces sin que nadie escuchara ni el más leve sonido.

Los endebles indicios apuntan en varias direcciones y la policía, “prefirió” descartar arbitrariamente unas y centrarse en otra caprichosamente elegida pese a los fuertes contraindicios existentes en una investigación sesgada desde el primer momento, que dejó tal cantidad de zonas oscuras que probablemente pasará a la historia judicial como una de las más graves meteduras de pata de la investigación penal, a la altura del caso Wanninkhof y del más lejano Crimen de Cuenca.

PS 13 de marzo de 2017. Había – y hay – en efecto, un Asesinato de Alicante nº VI que, por razones que algún día cercano explicaré, no lo envié para ser publicado y, por error, publiqué el nº VII sin cambiarle la numeración. En breve, no más allá de dos semanas, retomaré el asunto publicando los ahora nº VII y VIII, con una cumplida explicación del retraso. Pero haberlos, haylos. Con mis disculpas, estimados lectores.

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Asesinato Alicante (V). El hereu, la investigación y el punto “G”.

Vicente, el único hijo varón de la víctima, fue presumido inocente y excluido de la investigación, que sí se extendió a hijas, yernos y nietos en forma de intervenciones telefónicas que, por lo visto y publicado, nada aportaron para identificar al autor de los disparos. Y hubo detalles que fueron voluntariamente excluidos de las constantes filtraciones que se produjeron desde el minuto uno de la investigación, sin que hubiera reacción oficial alguna mientras dichas filtraciones ayudaron a construir un juicio paralelo en prensa con Miguel como único sospechoso y a efectos públicos culpable (El País, El Mundo, La Verdad de Murcia, Información de Alicante, TVE 1, CUATRO, Tele5, La Sexta, RNE, etc.). No se filtró que también el hereu tenía armas y licencias como su cuñado, hoy en prisión. Y que se daban en él casi las mismas posibilidades que se daban en su cuñado preso, por móvil, conocimiento, oportunidad, manejo de armas, etc. Todo eso se nos hurtó porque podía enturbiar la imagen de asesino que desde el primer momento quiso la policía dar de Miguel y la prensa recogió con esmero y asiduidad.

Se ocultó la reacción del hoy preso y su mujer cuando supieron lo que había colgado uno de sus hijos en facebook (“jaque mate”), estupidez aborrescente que la madre  reprochó con vehemencia: que no hubiera tenido en cuenta que era a su madre a la que habían asesinado y que no tuviera en cuenta el momento que estaban viviendo. El padre fue más primario: dado que el crío estaba en Escocia estudiando, le dijo que de haberlo tenido cerca no se habría quedado en palabras. Nada que ver con una familia unida en torno a un crimen; al contrario, una familia dolorida y confusa, que reprocha al hijo su falta de respeto al dolor ajeno y no por el hecho, en el que ni pensaron, de que ese gesto podría ser utilizado por la policía como  indicio de culpabilidad del padre. Como así hicieron.

Con la exclusión arbitraria del hereu como investigado dejaron en penumbra detalles relevantes: ¿Tiene el hereu un amigo íntimo, de profesión policía y destino en Alicante, apellidado Girona, al que venimos llamando “G”? ¿Suficientemente íntimo como para ir juntos a Ibiza en el yate de la familia Salas? ¿Qué puesto ocupa el amigo en la policía? ¿Alguno directa o indirectamente cercano a la investigación? ¿Tanto como para ir conociendo los progresos de la misma y disponer de esa información a su antojo? No lo sabemos porque nadie lo ha querido investigar.

¿Estaban comúnmente interesados el hereu y su amigo G en el buen fin de las pesquisas y en la acusación y detención de Miguel? No circularían rumores por Alicante si conociéramos, como sí conocemos de los demás, las llamadas entrantes y salientes del hereu y su posición según las antenas que captan la señal del móvil. A partir del listado sabríamos cuál era el tráfico normal entre el hereu y su amigo G días antes del crimen, el día del crimen y los días posteriores hasta hoy. ¿Eran llamadas diarias, plurales, a deshoras, largas? ¿Iban seguidas de otras llamadas que pudieran estar en el origen de las filtraciones? Nada sabemos porque nada se ha investigado al respecto.

¿A qué hora, tras saberse la noticia del asesinato, hablaron el hereu y su amigo G? ¿Habían hablado antes ese día? El día de la detención del cuñado ¿los móviles de Vicente y G estuvieron juntos en un mismo lugar? Y más allá, ¿cuántas reuniones, si hubo alguna, mantuvieron el hereu y G antes, en el entorno inmediato y después de los hechos?  Porque G no sólo estuvo en el funeral sino que fue el encargado de, por lo menos, llevar a la hermana de la víctima a su casa acabadas las honras fúnebres. La relación de confianza está plenamente acreditada. Hasta dónde llegaba es lo que aún no sabemos porque no se ha querido que se sepa.

¿Por dónde se filtraron los datos que todo el mundo conocía en Alicante mientras la causa estaba bajo secreto y sólo la conocían el juez, el fiscal y la policía? Excluyamos al juez y al fiscal: ¿Quién queda? ¿La Policía? ¿Qué policía? ¿Pudo verse sesgada la investigación por alguna interferencia externa al equipo investigador? ¿Hubo una conexión basada en el punto G? Al cabo se sabrá – todo se sabrá – pero hoy no podemos más que formular preguntas en la esperanza de que alguien las conteste.

Y a última hora: ¿En qué consistió ese registro de documentos en casa de la víctima que ha revelado hoy su abogado al salir de declarar en el Juzgado? ¿Existió tal registro irregular? ¿Quién y cuándo lo hizo? ¿Poco antes del asesinato? ¿Qué documentos buscaba? ¿Alguno que revelara las intenciones de la víctima de cara a su testamento, siempre modificable? ¿Por qué ese mismo abogado le aconsejó a la víctima, pocos días antes del asesinato, que buscara protección? El silencio oficial alienta la especulación. La información pone fin a los rumores. Elijan las autoridades qué prefieren.

Tales preguntas pueden aún alcanzar respuesta: está el instructor en situación de liberar al injustamente preso, declarar de nuevo el secreto, averiguar lo que en su día no se quiso investigar y, ya de paso, despejar las dudas que plantean ciertas “contradicciones” en que el hereu, al parecer, incurrió en sus distintas declaraciones.

Esto, señoras y señores, no ha hecho más que empezar. Pero hay un hombre preso. Y ese es un mal comienzo si hablamos de justicia y no de mera opinión pública, que hasta hace unos días era unánime: Miguel es el autor de los hechos y debe estar en prisión.

Pues ha llegado el momento de reconsiderar lo hasta ahora propagado.

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Penes y vulvas

¿Debemos tolerar una asociación que mantenga que la Tierra es plana? Leszek Kolakowski sostenía que sí, que sin duda debemos tolerar tal disparate por la siguiente razón: o bien esa asociación demuestra que nosotros estamos equivocados o, por el contrario, desmontrando la falacia reafirmamos lo que sabemos y nos aferraremos con más fuerza a la verdad, de  modo que la discrepancia y la libre expresión de las ideas nos ayudan a ser sabios y hacen de la comunidad humana un resultado de la razón y no de la cerrilería.

De pequeño creía que lo único sifgnificativo entre las piernas era el sillín de la bicicleta. Luego fui sabiendo que había algo más. También supe que las niñas no tenían lo que yo sí tenía. Un pco más tarde supe que también las niñas tenían algo que no tenía yo pero al norte del ombligo. Al final lo supe todo: entre lo que yo tenía y no tenía y lo que las niñas tenían o no se podía formar una fiesta interesante.

Luego fui padre – aquellos polvos, aquellos lodos  – de tres hijas y tres hijos, y por los muchos pañales que cambié, seguí sabiendo   que las niñas tienen vulva y los niños pene. Y tal como nacieron, siguen mis hijas teniendo vulva – las tres han parido – y mis hijos pene, supongo,  por el trasiego de mujeres que veo que han tenido y algunos aún tienen. Así que no necesito lecciones al respecto pese a que, a mi edad, mi interés por penes y vulvas se haya concentrado en una sola próstata que ocupa todas mis inquietudes.

En España hay unas 3.000 personas transexuales entre 4.650.000 habitantes. Se trata, por tanto, de una condición muy minoritaria. Su escaso número no les quita ni un solo derecho. Deben ser estudiados, comprendidos, tratados, ayudados, no discriminados, etc., etc. Lo dice el art. 14 de la Constitución.

Y ahora viene la enjundia: en enero de 2017 se expuso en marquesinas y espacios públicos del País Vasco una campaña explícita cuyo texto sostenía que había niñas con pene y niños con vulva, lo cuál iba en contra de todo lo que yo había aprendido. Financiada por un mecenas desconocido, la campaña incluía dibujos muy realistas de niños con vulva – que yo nunca he visto – y niñas con pene – que tampoco – corriendo alegremente por un prado. Que me conste, no hubo contestación alguna y todo transcurrió por cauces pacíficos. La fiscalía no amenazó con iniciar acciones pese al carácter explícito de los dibujos, que perfectamente pudieron ser calificados como delito al estar prohibida por el art. 189 del Código penal, apartado segundo, letra b, “Toda representación de los órganos sexuales de un menor” con fines principalmente sexuales.” ¿Qué fines perseguía aquella campaña? ¿Eran sexuales – pero no lascivos – o no? ¿Se trataba de ilustrar a la población civil sobre la existencia de personas que se sienten mujer encerradas en un cuerpo de hombre – con su pene correspondiente -, y de hombres atrapados en cuerpo de mujer con su correspondiente vulva? Bien, eso ya lo sabíamos pero hicieron bien en expresarse al amparo de la Constitución.

Veo ahora que se persigue con saña una expresión estrictamente escrita que sostiene algo tan elemental como que los niños tienen pene y las niñas vulva. Es verdad que añade “que no te engañen” y asegura que si naces hombre eres hombre y si naces mujer serás mujer. El añadido puede ser discutible pero convendrán conmigo en que para discutir hay que, primero, plantear, al amparo explícito del art. 20 de la Constitución.Y que tal expresión no suscita odio de tipo alguno.

Ya tenemos los dos extremos planteados: ahora somos los ciudadanos los que tenemos que decidir qué hacemos con los transexuales, en el sentido de qué leyes aprobamos, qué tratamiento les damos, en qué forma ayudamos a que se sientan integrados, etc., etc. ¿Podemos prohibir que se expresen quienes no piensan como nosotros? Entiendo que ni podemos ni debemos, pero vivimos una sociedad tan maleable que no hay forma de hacer que algunos entiendan que la libertad de expresión no es fraccionable: o se da o no se da, pero no caben intermedios. Así que no veo por qué decir ciertas obviedades incita al odio y debe ser prohibido, mientras que propagar inexactitudes – que hay niños con vulva y niñas con pene – es cosa buena, santa y provechosa.

Quedémonos en que hay personas que nacen con sentimientos femeninos en cuerpos masculinos y viceversa. Y que algo hay que hacer al respecto. A partir de ahí, que se expresen quienes tengan opinión formada y no una mera ideología que propagar, aunque si lo hacen, también estarán amparados por la Constitución. Pero que no pidan penas para quienes no piensan como ellos. Que sean tolerantes por una vez en su vida.

 

 

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Asesinato Alicante (IV): ¿Pueden hablar unas gafas? Según la policía, no.

Se hartó la policía de situar en el lugar del crimen testigos métricos – pirámides de cartón que identifican piezas de convicción – y el testigo métrico nº 3 se corresponde, según la policía, con unas gafas “de vista” – a saber lo que quisieron decir con eso: ¿Hay gafas para no ver? – de la víctima. ¿Eran ellos expertos en óptica como para apreciar qué tipo de graduación tenían dichas gafas? Debieron remitirlas para estudio y determinación de sus características porque en el escenario de un crimen nunca se sabe qué cosa va a terminar siendo decisiva. Y ahora sabemos que las gafas pueden acabar siendo determinantes, por más que es de temer que a estas alturas se hayan disipado los restos biológicos que tenían, además de sangre de la víctima.

La víctima no usaba gafas. Es un hecho cierto. Así lo declaró su hermana el pasado día 24, añadiendo que sólo usaba gafas “de cerca” para leer. Como cualquier persona de edad, sólo necesitaba gafas para corregir la presbicia.

¿Eran aquéllas unas gafas de cerca o de lejos, además de ser “de vista”? La última persona que vio con vida a la víctima declaró que estaba sentada en su vehículo, con la luz interior encendida y la puerta abierta, y le pareció que estaba hablando por teléfono. La relación de llamadas de su móvil revela que en aquel momento no estaba hablando pero sí sabemos que la víctima usaba frecuentemente whatsapp. De hecho, uno de los indicios que a la policía le llamó la atención fue que algunos de sus nietos, hijos de las hijas de la víctima, le remitieron un mismo mensaje de whasapp cortando relaciones con ella por haber intentado echar a sus respectivas madres del Consejo de Administración. Luego la víctima usaba la mensajería del móvil con frecuencia y si no estaba, cuando la vieron viva por última vez, hablando con nadie ¿no pudo ser que estuviera leyendo mensajes previamente recibidos? ¿No pudo ser que por eso llevara puestas unas gafas correctoras de la presbicia? Porque si habitualmente no llevaba gafas ¿para qué se iba a poner unas gafas de cerca si lo que pensaba hacer era conducir de forma inmediata para regresar a su casa junto a su hermana, que había salido minutos antes que ella?

De modo que lo que, una vez más, entendieron anodino, ahora resulta que puede ser pieza clave en el entendimiento de lo que pasó momentos o minutos antes de que la asesinaran: si llevaba puestas unas gafas para la presbicia no pudo ser para conducir y sí para leer sus mensajes en el móvil, lectura que no deja rastro alguno, de ahí que quien la vio e interpretó que estaba con el móvil bien se pudo referir a esa actitud que todos adoptamos cuando leemos nuestros mensajes. Estaba con el móvil, sí, pero no hablando por teléfono sino leyendo, y para eso necesitaba las gafas de cerca (?) que acabaron en el charco de sangre que  dejó cuando, nada más recibir los disparos, se bajó, cegada por las heridas, y se movió torpemente hasta caer al suelo en condiciones que la policía tampoco acertó a desentrañar.

O las gafas no eran suyas, lo que sería más inquietante. La hermana negó que lo fueran bajo el poco sólido argumento de que su hermana “era más discreta.” Las gafas son de montura negra y patas rojas, el colmo de la indiscreción hoy día en que comprarse unas gafas monocolor lo define a uno como antiguo y sin look. Pero aceptemos que no eran suyas: si es así, entonces las gafas eran del asesino, y conocer su graduación debió ser una preocupación profesional de la fuerza actuante. ¿Es que no lee la policía asesinatos clásicos? ¿No saben que el secuestro y asesinato de Boby Franks, cometido por Natham Freudenthal y Richard Loeb en 1929, se acabó resolviendo por la graduación de unas gafas? Hay hasta hasta  una película de Hitchcock al respecto (The rope, aquí La soga).

Pero no, una vez más el equipo investigador dejó pasar por alto este detalle contribuyendo  a amontonar zonas de penumbra en una investigación en que, al parecer, sólo conocían el fin que perseguían – acusar y encarcelar a Miguel – y el resto no fue más que vestir el muñeco hasta unir el crimen con la conclusión apetecida. Obraron, por tanto, como ciertos jueces construyendo sus sentencias: primero deciden lo que van a concluir y luego construyen el camino que conduce desde la pregunta hasta la respuesta que tienen previamente asumida. Es un clásico de la investigación penal en España: frente al Aristóteles atento a los hechos triunfa el Platón fascinado con las ideas. Y así nos va.

Y ya sólo nos falta indagar quién hizo que la investigación anduviera por estos derroteros, pero eso será objeto de la próxima entrega.

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Asesinato Alicante (III): El cerebro entendido como cosa sin importancia

Dice Confucio: el hombre sabio jamás se decepciona porque ha considerado todas las posibilidades de la acción. Pues bien, los investigadores del asesinato han demostrado no ser en absoluto sabios por lo mucho que dejaron de pensar respecto de ciertos detalles que podrían parecer irrelevantes a un aficionado pero no debieron parecérselo a los encargados oficialmente de averiguar la verdad. Y no sólo a los policías

Porque hubo más implicados en la torpe evolución de las investigaciones tal como demuestra la conformidad general con el informe preliminar de autopsia – repito, preliminar, por lo que aún está el forense a tiempo de rectificar – que recogía, en relación con el cerebro de la víctima, una muy lacónica expresión: “destrucción del encéfalo”, y sólo detalla un “trayecto lineal hemorrágico por la parte inferior del lóbulo frontal”. Bien, no es mucho decir por parte del forense que tuvo el cerebro en sus manos, sobre todo habida cuenta que ese cerebro había recibido dos balazos, lo que debió dejarlo deteriorado, sí, pero ¿hasta qué punto? ¿hecho papilla como se ve en las autopsias de ciertos males similares al síndrome de Creutzfeld-Jacob? Porque las balas, y eso lo sabemos a ciencia cierta, no eran explosivas. Eran plomos comunes y corrientes que tienden a seguir una línea recta pero no se trocean ni adoptan trayectorias divergentes que puedan originar una destrucción total de las estructuras cerebrales.

Un mañoso tiene dos formas de convertir una bala corriente en una bala explosiva, y la operación se puede llevar a cabo con material que se adquiere en una tienda de manualidades y reciclando un obsoleto termómetro de mercurio. Dejaremos para otra ocasión – o para nunca – aportar detalles sobre cómo se opera la transformación de los plomos y centrémonos en el tipo de destrucción que presentaba aquel cerebro: ¿Afectaba al cerebelo? No, sin duda, porque entonces la víctima habría muerto de forma inmediata y no se habría podido bajar del coche. ¿Afectaba al sistema límbico? No se nos indica aunque es de temer que en parte sí, lo que tampoco impide definitivamente la movilidad. Y sí sabemos que afectó a la corteza prefrontal en su base: tampoco ese daño estructural afecta definitivamente a la capacidad motriz según podrá comprobar el lector que ponga en el buscador “Wiki Phineas Gage” y lea con interés tan ilustrativo precedente, que está en la base de la actual neurociencia. Pero lo que hubiera sido de verdad importante, saber a qué vasos – venas y arterias – habían afectado los disparos sí que hubiera resultado determinante porque venas y arterias tienen un diámetro cierto que nos permite calcular, de forma muy aproximada, a qué velocidad perdía flujo sanguíneo la víctima, sabiendo, como sabemos, que le seguía latiendo el corazón de forma acelerada por la inicial pérdida de sangre y que por esas venas y arterias fluían los 6 litros y medio de sangre que, de media, tiene un ser humano, hasta producir un shock hipovolémico, que es por lo que murió el torero Paquirri: caída del nivel de sangre por debajo de un determinado nivel ya irreversible.

Al cerebro llegan la arteria basilar y las carótidas derecha e izquierda que, a su vez, se dividen en dos ramas menores; del cerebro salen las venas yugular externa e interna y la vena vertebral, con la particularidad de que todas ellas, en su base, estaban en la trayectoria de los plomos que mataron a la víctima. Y que se trata de vasos del diámetro aproximado de un dedo meñique ¿Cuántos vasos y en qué medida resultaron afectados? ¿Cuáles sólo dañados o por completo seccionados? Porque conociendo esos datos y tomando de la autopsia otro – la pérdida de sangre desencadena una taquicardia de por lo menos 20 latidos cardíacos adicionales por minuto – podemos determinar el volumen de sangre que enviaba cada latido y, también, determinar el tiempo estimado de supervivencia de la víctima que, a falta de cualquier determinación, la policía ha situado en una franja no sólo cómoda para la acusación sino ancha en extremo, más bien caprichosa, hasta aproximarse y desbordar los 20 minutos, y todo con tal de fijar los disparos en un momento en que Miguel, el único acusado y preso, estuviera en la empresa, y ello pese a que las declaraciones del pasado viernes día 24 han despejado definitivamente la duda: un testigo de suma relevancia confirmó que Miguel se había ido a las 18:38 y que él, con posterioridad, había visto a la víctima viva entre las 18:55 y las 19:05, de modo que Miguel no pudo ser el autor de los disparos. Pero sigue preso.

Dado que el forense no nos ha dicho qué vasos resultaron afectados pudo la policía determinar, por lo menos, cuánta sangre había perdido la víctima dentro del coche y cuánta fuera del mismo, lo que también habría contribuido a determinar si salió nada más recibir los disparos o si, como sostienen ellos, estuvo entre 10 y 20 minutos, o más, en el coche desangrándose y sin reaccionar con las pocas fuerzas que le quedaban.

Entonces ¿salió la víctima del vehículo nada más recibir los disparos? ¿Salió a los 15 o 20 minutos que ha dicho la prensa de ficción previa filtración interesada por no sabemos quién? Porque se trata de datos obrantes en una causa secreta que sólo conocían el juez, el fiscal y la policía actuante ¿O la conocía más gente, incluido el sr. G, que será objeto de una próxima entrega?

 

 

 

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Patético exfiscal jefe de Murcia

Anda el señalado llorando por los programas rosas, y algunos que no lo son tanto, so capa de haber recibido presiones que, requerido de concreción, se diluyeron en señalar  a ciertos profesionales (?) bajo sospecha de cobrar por decir sobre él cosas feas, muy feas, al margen de que fueran ciertas o no. Pobrecillo. Un protomártir de la justicia más justiciera que se precia de haber perseguido la corrupción como si eso no lo hubiera tenido que hacer cualquiera en su mismo puesto, salvo que sus entrañables relaciones con el anterior presidente de esta comunidad, fortalecidas con un fiscal al que repescaron como político con cargo de consejero, lo condujeron a no traspasar un cierto nivel político en sus investigaciones, centradas primero en alcaldes y sólo a última hora en consejeros y un presidente que no era aquél de sus amores.

Y bien que oculta la que ha sido su trayectoria en estos últimos 11 años – ONCE años de fiscal jefe: ¿qué quería, poltrona a perpetuidad? – sesgada en términos tales que no cabe sino traer a colación. En su delirante denuncia estrella, la que dio lugar al caso UMBRA, reprochaba al por entonces alcalde de Murcia, sr. Cámara, haber fraguado “un plan malévolo” – en ridícula expresión del juez instructor – para modificar el Plan General de Murcia con gran beneficio ilegal de un industrial hoy fallecido. Pues bien, siendo tal modificación aprobada por PP, PSOE y sólo contestada por IU, limitó la investigación a los concejales del PP, pese a que el portavoz socialista, sr. Fuentes Zorita, se erigió en defensor de la modificación alegando que “había calculado el asunto hasta la peseta” y encontró que no sólo no perjudicaba a las arcas municipales sino que las beneficiaba y mucho, como así resultó ser. Pero el honrado Fuentes Zorita, tras perder elección tras elección, aceptó ser denunciante de la modificación que él mismo había alentado y defendido, lo que dio lugar a a que el cesado fiscal jefe se lo premiara no investigándolo ni a él ni a sus socios del PSOE, y sí al antiguo alcalde que, pásmense, ¡no asistió al pleno ni votó a favor, por tanto!

Y no fue sólo en Murcia capital. En Lorquí (Murcia), tuvo ocasión de demostrar su objetividad e imparcialidad en defensa de la ley, y héteme aquí que ante idéntico caso – modificación del  Plan General y cobro del 10% por las plusvalías generadas – entendió, a través de su “fiscal miniyó”, que lo que era delito en Murcia/PP no lo era en Lorquí/PSOE, limitando en este último caso los hechos a una cuestión meramente administrativa.

Pero el colmo del mal hacer lo encontramos en el folio 7006 del Tomo XX de UMBRA, en que una funcionaria llamada Mª José se dirige a D. Juan Pablo – fiscal miniyó, dependiente directo del jefe ahora cesado – pidiéndole educadamente que devolviera la notificación “firmada y fechada, por favor”, por lo que se supo que a los fiscales bajo el mando del llorón se le enviaban las notificaciones sin fecha para que ellos, a su antojo, las fecharan y firmaran concediéndose así ancho margen para recurrir lo que se les antojara. Ni a Fernando VII se le ponían las cosas más fáciles. Y este es el que presume de serio compromiso con la legalidad.

Y eso por no hablar de la conexión directa “fiscalía/prensa afín murciana” que hacía que las resoluciones se publicaran en la prensa antes de haber sido notificadas a las partes, razón por la cual acaba de ser sancionado un magistrado del Tribunal Supremo (Sala 1ª). Y como quiera que el heredero del cesado, también fiscal miniyó, sostiene que su mandato será continuidad del de su antiguo jefe, es momento de preguntarnos si mantendrá el sesgo pro PSOE, si mantendrá las corruptelas en las notificaciones, si seguirá permitiendo la filtración sistemática de las resoluciones a la prensa y, en términos generales, si seguirá consintiendo la degradación del régimen de garantías constitucionales que su antecesor toleró y alentó.

Las investigaciones dirigidas por el extinto gozan en Murcia de presunción de calamidad, y como quiera que algunas datan de 2007 – tras perder dos años de investigación preliminar en fiscalía – y no tienen viso de desatrancarse debido a la desidia conjunta de instructores y fiscales, el fracaso puede ser estrepitoso, pues recientemente ha dictado la Audiencia de Murcia (sección 3ª) una resolución que ordena el archivo de uno de los últimos desvaríos perseguidores, sobre el entendimiento de que un alcalde que no vota difícilmente puede prevaricar, aunque la prensa afín sólo ha publicado que uno de los delitos – cohecho – se archiva por haber prescrito, lo que por un lado impide definitivamente que se sepa si hubo o no delito y, por otro, da idea del celo que se dio el finado en perseguir la corrupción en Murcia.

Aún quedaría por hablar de sus peritos parcializados, una de las cuales , arquitecta, salió llorando dos veces de la ratificación que no pudo hacer de sendos informes que dieron lugar a la prisión de un alcalde del PP. Y de cierto perito arquitecto cuyos proyectos no fueron nunca investigados tras haber prestado al jefe una ayuda impagable a la hora de perseguir inocentes.

Váyase, pues, en buena hora, y quede Murcia a resultas de saber por sus hechos si el nuevo jefe va a profundizar en los desaciertos de su predecesor o si, al contrario, se va a tomar su papel en serio, tal como la sociedad demanda. Y si no es cierto cuanto digo, comparezcan el uno y el otro ante la sociedad que les paga y prueben que es todo mentira, siendo ese el momento de iniciar acciones legales para que se desdigan los mentirosos. O eso, o que callen para siempre y no lloriqueen más, que sus cinco minutos de fama ya los tuvieron ayer y aún andan dando tumbos por ciertas hojas parroquiales que no tienen ninguna otra cosa importante de la que hablar.

PS: patético, según la RAE, capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes.

 

 

 

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Asesinato Alicante (II): El equipo investigador

Desde el primer momento Madrid ofreció un grupo de apoyo a la comisaría de Alicante para investigar el asesinato de María del Carmen Martínez, a lo que contestaron en plan torero “dejadnos solos”, y pasaron a aplicar la famosa y ancestral fórmula: aquí hay colillas, aquí han fumao. Y así les fue.

También desde el primer momento se supo que el asesino aprovechó la ocasión de que el coche estuviera en el lavadero, donde no había cámaras como nos las había en ningún lugar de la empresa. A estas alturas de la serie CSI cualquiera habría pensado en analizar el volante que alguien tocó después de estar el coche limpio, y ello en busca de restos biológicos que no fueran de la víctima. Pues no lo hicieron, pero el asunto es peor: el coche contenía restos de sangre de la víctima además de los restos biológicos que el asesino hubiera podido dejar; los sobrados policías encargados de la investigación devolvieron el vehículo a… el principal sospechoso, según ellos, y se lo entregaron recién limpio, eliminando así todos los vestigios que hubieran podido quedar. Hicieron, por tanto, lo que ya en su día hiciera el juez instructor del 11M, que ordenó destruir los trenes apenas sacó los cadáveres. Y no era – ni es – un mal juez, si tomamos en cuenta el estándar de juez de instrucción español, que no es muy alto. Y no es el instructor del 11 M aquel farsante encubridor que dijo la derechona que era. Al contrario, es un juez honrado y hasta inteligente, pero cometió el error de encerrarse con una fiscal en su despacho – de nuevo ¡dejadnos solos! – impidiendo la contribución de defensas y acusaciones. Y así le fue, pese a que en Murcia, donde está destinado, se dice “no existe dios y Juan del Olmo es su profeta”, de encumbrado que lo tiene la estructura judicial pueblerina que padecemos.

La investigación fue sesgada desde el primer momento. Dentro de poco les diré quién pudo ser la causa pero no es el momento aún. El caso es que la policía pidió al juez instructor que interviniera los teléfonos de todas las hijas de la víctima, de todos lo yernos y de todos los nietos de esa rama familiar, pero omitió voluntariamente solicitar la misma intervención del único hijo, la nuera y los nietos de la otra rama, en la estúpida seguridad en que estaban de que Vicente, el hereu, no podía tener nada que ver en la muerte de su madre, ni yo digo que la tenga, aunque lo diría más fuerte si contara con las llamadas entrantes y salientes desde el aciago día hasta hoy. Y ni siquiera les llamó la atención que, interrogado sobre el impacto en su vida de la muerte de su madre contestara que por una parte le beneficiaba y por otra le perjudicaba, mientras las hijas, ante la misma pregunta, contestaron que la muerte de su madre no les podía beneficiar en modo alguno – contestaron con los sentimientos en la mano – ni perjudicar porque, conocedoras del testamento de su madre, sabían que menos que la legítima estricta no les podía dejar, y esa ya la tenían. Y si a eso se añade que el análisis del móvil económico se basó desde el principio en un muy sesgado informe que hicieron los asesores del hijo no investigado, que dirigieron la investigación contra el hoy preso, pues ya pueden imaginar que la prisión del cuñado era cosa cantada desde las primeras horas de esta investigación.

Cuando hizo la policía una reconstrucción de hechos se les olvidó llamar a la hermana de la víctima, que la había llevado al concesionario a recoger el Cayenne en que la mataron y fue, junto con el yerno preso, la última persona en verla de cerca y viva, pues el yerno preso tiene coartada horaria – Nacho Abad, La Razón, 20 de febrero – y el otro que la vio sí fue citado a la reconstrucción. Tiempo habrá de hablar de él. Tampoco es el momento.

Uno de los indicios que la policía aporta para construir la delirante autoría del yerno preso se basa en el hecho de que a las 18:35 horas se fue a su casa “con prisas”. Conducía otro Cayenne – en esa familia los traían los reyes a razón de uno por año y persona, al parecer – y tardó, pásmense, 42 segundos menos que la hermana de la víctima, de 70 años, que conducía un todo terreno Honda. Así que con un Porsche, con menos de 50 años, aventajó a una mujer mayor en sólo 42 segundos en un trayecto de 10 minutos y pico según Google. Y eso era ir con prisa según la policía.

Puede extraer el lector, de todo esto, la equivocada impresión de que la investigación parece que la hicieron Mortadelo y Filemón, pero eso es un insulto a tan insignes personajes. En realidad la investigación puede que sí la dirigiera Filemón pero los autores materiales fueron Pepe gotera y Otilio. Y eso ellos solos, sin ayuda de nadie, como el instructor del 11 M y como la policía de Alicante.

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El estado real de la política y el número Pi

Se ha celebrado recientemente el aniversario de un hecho insólito e injustamente olvidado: en 1897 un visionario “descubrió” que el número Pi era igual a 4 y no a 3.141592 seguido de miles de millones de decimales como venía establecido de forma aproximada desde 1800 a de C. y de forma ajustadísima desde el siglo II d. de C. El nuevo evangelio de las matemáticas le fue inspiradolo, naturalmente, a un americano precursor del Donald del que disfrutamos todos, que no es el pato, ni siquiera su tío Gilito. Ocurrió en Indiana (EEUU) y el autor del descubrimiento, un hombre justo y benéfico, patentó el hallazgo y se lo ofreció a Indiana para que fuera de uso exclusivo de los niños de ese estado y los demás tuvieran que pagar derechos de autor cada vez que utilizaran semejante majadería.
El estado de Indiana, según expone Wikipedia en la entrada correspondiente, estaba dispuesto a aceptar la donación, que inició el trámite parlamentario hasta llegar a la Cámara de Representantes, y fue aprobada sólo a falta de que la ratificara el Senado, que también la admitió a trámite y estuvo a punto de sancionar esa sandez de no ser por la intervención de auténticos matemáticos que la tacharon de locura insensata; de hecho, uno de ellos, al que se le ofreció la posibilidad de saludar al descubridor, rechazó amablemente la oferta alegando que ya conocía a todos los locos que quería conocer.
Pues bien, circula por el mundo en la actualidad una caterva de locos mucho más peligrosos que han redescubierto la pólvora y, lo que es peor, la plomada ingrávida – un globo de gas sujeto con una cuerda para medir verticalidades -, hasta el punto de que el pequeño Pablicolás, tras su último congreso en Vistalegre, ha acreditado la posibilidad de ser a la vez comunistoide, rojo e impío además de socialdemócrata y transversal; que se puede ser demócrata de toda la vida y asesinar con piolet palabrero a su otrora amigo de toqueteos, hoy enemigo mortal, Errejón el defenestrado, que ha sido condenado al gallinero del congreso junto con la antigua novia del macho hiperalfa en que se ha convertido el líder, que otra cosa no tendrá pero se está trajinando a las mozas más macizas del grupo de tocones besucones que accedió a las Cortes sobre votos indignados con fondo de libro rojo de Mao.
Rajoy, por su parte, dice que preside un partido ejemplar pese a que el ejército de imputados y condenados en firme con carnet de gaviota – o charrán, según últimas versiones de los ornitólogos – ya supera a los 100.000 hijos de San Luis, y nuestro ínclito Donald, el último pero no el menos importante, se inventa masacres en Suecia a la vez que duplica el precio de la entrada a su club de golf de Florida, indispone a EEUU con algunos de sus más firmes aliados, bendice la OTAN mientras con la otra mano la estrangula y, pásmense, se ha gastado en tres fines de semana de viajar a Florida lo que se gastó Obama en un año de viajes de fin de semana.

Nada de lo anterior resulta equiparable a la demencia instaurada por Duterte en el uso del poder en Filipinas. Tras alentar al asesinato de drogadictos y traficantes se supo que algunos policías habían aprovechado la carta blanca para secuestrar y asesinar. Y así lo hicieron con un empresario surcoareano según expuse en un post anterior. Ahora han identificado a 311 policías corruptos y el bondadoso Duterte no los ha encarcelado: los ha enviado a la isla de Basilán, donde rige el terror de un grupo terrorista que tiene por costumbre decapitar a quienes captura. “Si sobrevives dos años puedes regresar” les ha dicho, y una tercera parte ya se ha presentado a cumplir tan singular condena… a muerte.
No cabe sino concluir que la locura se ha organizado y está tomando el poder. Caiga la lógica, el saber antiguo, la Enciclopedia Británica y cuanto ha acertado a avanzar el hombre desde que dejamos de ser cazadores recolectores hasta la fecha. Se acabó el sentido común y cualquier atisbo de decencia.  La venta de armas sube como la espuma pero para rerafirmar la paz. Vivimos en tiempos de la postverdad, que es como ahora se llama a las mentiras goebelianas, y ya nada es verdad, ni siquiera la feria del libro, ni siquiera la inocencia sacabolas de los niños de San Ildefonso. Muera la verdad y alcemos en su puesto el neo-Pravda, y que los dioses nos pillen confesados no sea que el infierno sea peor, mucho peor, que estos tiempos malditos que nos ha tocado vivir.

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