El presidente de la Academia Mexicana: «una lengua dividida es una lengua frágil»
16.07.07 @ 05:42:36. Archivado en Sobre el autor
Don José Moreno de Alba es el presidente de la Academia Mexicana, el equivalente republicano a la Real Academia Española. México, recordemos, es el primer país en número de hablantes de español, muy por delante de España o Argentina, lo que convierte a "la mexicana" en una de las academias más importantes e influyentes, siquiera por su peso demográfico. Por todo esto Palabrotas, es decir, éste que escribe, agradece la refrescante conversación que tiene lugar a finales del verano en el Middlebury College.
Don José estudió la licenciatura, la maestría y el doctorado en lengua y literatura hispánicas en la Universidad Nacional de México. Como él mismo cuenta "al terminar la licenciatura, dudé en estudiar latín o literatura, pero me incliné por la lingüística; me parecía más interesante, desde el punto de vista científico, comparado con la literatura, que era más subjetiva, o el enfoque a la traducción que tenía el latín".
Desde que estaba haciendo la tesis doctoral forma parte del grupo de investigadores de la UNAM, ahora ya (desde el 2005) como profesor emérito, lo que tiene un significado diferente en México: no es un mero título honorífico, sino que sigue en activo y enseñando, en concreto español de América, sintaxis y dialectología, materias relacionados con su campo de investigación: la sintaxis histórica.
Entre otros honores y condecoraciones destaca la gran cruz de Alfonso X el Sabio concedida por S.M. el Rey don Juan Carlos y que manifiesta el gran respeto que el mundo intelectual hispano le tiene.
Su afabilidad invita al español medio a tutearle, pero la constancia de su saber nos impulsa a volver al usted. La conversación navega siempre entre estas dos aguas: el respeto y el afecto. Con su habla serena, abundante, pero exacta, contagia tranquilidad y curiosidad por la lingüística:
—¿Cómo ve usted el estado de la lingüística en español actual?—En muy buen estado de salud. Aunque hemos pasado el momento del auge de la dialectología y los atlas lingüísticos (liderado, entre otros, por el profesor Manuel Alvar), creo que habría que volver a él porque aún quedan variantes sin describir. Sin embargo, ahora los investigadores se han inclinado más por la gramática generativa.
Habría que volver a los estudios de dialectología porque aún quedan variantes sin describir.
—Y en concreto, ¿cómo ve usted su campo de estudio?
—En mi campo, sintaxis histórica, estoy muy contento. Era un área muy descuidada, porque a Menéndez Pidal no le da tiempo a publicar sus notas sobre el tema al igual que sucede con Lapesa. Era un capítulo pendiente. Por eso es muy satisfactorio que la UNAM haya tomado la iniciativa de trabajar en esta área. Se formó un grupo encabezado por la doctora española (profesora de la UNAM) Concepción Company, en el que participan profesores de Argentina, España, Estados Unidos y otros países.
Ya hemos publicado dos volúmenes, está a punto de salir otro sobre la frase nominal hasta completar los ocho volúmnes que hemos previsto. Creo que el estudio histórico del español está renaciendo y es muy satisfactorio que sea mi universidad, la UNAM, quien lidere este proyecto y lo lleve a término dentro de 4 o 5 años.
—Como académico desde 1977, resulta imprescindible preguntarle por la labor de las academias en general.
—Desde hace 20 años, hay un interés por las academias de ser útiles, de insertarse en la sociedad. Ahora pretenden, sobre todo, contribuir a la unidad de la lengua.
Una lengua como la española, oficial en más de 20 países puede tener, y tiene, riesgos de fragmentación que la pueden debilitar: una lengua dividida es una lengua débil. El español es fuerte porque permanece unido.
El español es fuerte porque permanece unido.
─¿Cuáles son los proyectos en los que trabaja el grupo de academias del español?
─En este sentido, las academias han editado manuales e instrumentos de consulta el Diccionario Panhispánico de Dudas o el propio Diccionario que ya es de todos los países hispanohablantes.
Además, se trabaja en la nueva gramática, una gran obra coordinada por Ignacio Bosque. Habrá dos versiones, una breve y otra ampliada, con más de dos mil páginas. Esperamos concluirla para el IV Congreso Internacional del español en Cartagena de Indias, Colombia, en abril del 2007.
─¿Cuáles son los proyectos, en concreto, de la Academia Mexicana?
─Además de revisar las acepciones del Diccionario y la versión ampliada del Diccionario de Mexicanismos, estamos trabajando en un diccionario para niños. Los diccionarios escolares eran muy deficientes ─normalmente partían de reducciones de diccionarios célebres─ la Academia decidió contribuir a la educación del país con un diccionario pensado para los niños. Un esfuerzo hecho sin ánimo comercial, nadie se beneficia personalmente de ello.
La Academia mexicana es muy activa. Ahora podemos decir que hay más equilibrio, entre filólogos y escritores. También aparece más en los medios, lo que no me gusta nada, pero entiendo que es parte del cargo ya que nos interesa que la opinión pública conozca la labor de la Academia, que entiendan que no es una reunión de viejecitos que les miran desde arriba.
La Academia no es una reunión de viejecitos
─Pese a lo que algunos creen, muchas academias tienen serios problemas económicos. ¿Cuál es la situación de la Academia Mexicana?
─Normalmente tienen pocos recursos. En México el Ministerio nos financia de forma simbólica, pero casi la mayoría de los gastos lo financia nuestro mecenas Alejandro Burillo. Él paga los gastos de la casa, los gastos administrativos, los bibliotecarios, los investigadores… Es importante que la gente conozca que los académicos no reciben retribución por su labor.
La mayoría de los gastos de la Academia Mexicana los financia nuestro mecenas Alejandro Burillo
─¿Cuál es el estado de colaboración con otras instituciones como, por ejemplo, el Instituto Cervantes?
─Tenemos excelentes relaciones, también con la Biblioteca Virtual Cervantes, pero es difícil que la totalidad de las academias se relacionen con otra institución, aunque sí que algunas academias individuales lo hagan. Tienen intereses comunes, pero finalidades diferentes.
─¿Ponemos una fecha al Diccionario histórico?
─¡Nooo!... Ponemos fecha a la Gramática: diciembre del 2007, y la Ortografía estará lista para esa fecha o para el 2008.
Víctor García de la Concha consiguió que el Histórico sea un asunto de estado para España y garantizar así la financiación del proyecto. Ahora se está organizando de nuevo el equipo de trabajo y ver en qué momento hemos de intervenir las academias. No tenemos fecha porque se va a rehacer: se va a incluir etimología, autoridades, primera fechas de los vocablos, rehacer las acepciones…Calcule 10 o 15 años.
─Como usted sabe muy bien, desde algunos ámbitos tecnológicos se critica duramente la página web de la RAE, por ejemplo, no permite enlaces directos a las definiciones del Diccionario o las del CREA o el CORDE.
─Se está perfeccionado. Hay un equipo dirigido por Guillermo Rojo que revisa constantemente la página. Se criticó que no tuviéramos la bibliografía del CREA y CORDE o que era poco poderoso el servidor; todo esto ya está solucionado. Es una página viva, existe un diálogo: los visitantes nos señalan los errores; la voluntad es la de mejorar la página y atender sugerencias como esta.
El instrumento es bueno, pero como producto humano, requiere perfeccionamiento y vamos a trabajar en ello.
[A este respecto, la RAE ya ha cambiado la interefaz y la usabilidad de su página que ha mejorado notablemente. Enhorabuena.]
─¿La nueva ortografía será muy diferente a la actual?
─Creo que no habrá sorpresas. Lo que más me preocupa es que en la edición del 99 se volvieron a esas reglas que no lo son. Cuando usted le dice al usuario «acentúe cuando quiera» le hace mucho daño a la ortografía.
Aceptando su carácter arbitrario, es hora de ser más valiente y fijar unas reglas que nos van a agradecer los usuarios. Me gustaría convencer a mis compañeros de las academias de establecer normas sencillas y claras, de simplificar, siempre que se pueda, la ortografía.
Es hora de ser más valiente y fijar unas reglas ortográficas que nos van a agradecer los usuarios.
─Mucha gente ignora el esfuerzo de consenso que ha supuesto el Diccionario panhispánico de dudas y se le achacan incoherencias e indefiniciones.
─Yo quedé bastante disconforme de algunos artículos, pero firmé todos porque había que ceder para que otros cedieran. Hubo grandes discusiones sobre algunas aspectos y se corría el riesgo de que quedaran sin reglamentar. Ese era el acuerdo al que se podía llegar. En pocas ocasiones se prefirió que quedaran ambiguos a llegar al callejón sin salida del «sobre esto no hay norma».
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Jorge Jiménez
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