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Un nuevo enfoque a la Globalización

Permalink 04.10.08 @ 11:01:24. Archivado en Arzobispos españoles

Al celebrar esta Jornada Mundial de acción por el trabajo decente os invito a todos, cristianos y hombres y mujeres de buena voluntad, a que consideréis las implicaciones morales que comporta la cuestión del trabajo. Ello lleva a la Iglesia a señalar siempre dos cosas fundamentales: 1) Afirmar que el trabajo decente es un bien para todos y que debe estar disponible para todos. 2) Que la falta de trabajo, la desocupación, es una verdadera calamidad social.

¡Qué momento más oportuno se presenta en esta Jornada Mundial de acción por el trabajo decente, para reafirmar el trabajo como un derecho fundamental y un bien que acrecienta la propia dignidad humana! La Confederación Sindical Internacional, que agrupa a organizaciones sindicales de 155 países, convoca esta jornada. Como nos decía el Papa Juan Pablo II, «la defensa de los intereses existenciales de los trabajadores en todos los sectores en que entran en juego sus derechos, constituye el cometido de los sindicatos» (Carta Encíclica Laborem exercens nº 20b). Solicitamos a todos los sindicatos que defiendan cada día con más ahínco los justos derechos de los hombres y mujeres del trabajo, de manera que, gracias a su tarea, el ser humano no sólo pueda tener más, sino ante todo ser más, es decir, pueda realizar más plenamente su humanidad en todos los aspectos.

Una sociedad donde el derecho al trabajo decente sea anulado o sea sistemáticamente negado, y donde las medidas de política económica no permitan a todos los hombres y mujeres alcanzar niveles satisfactorios de ocupación, «no puede conseguir su legitimación ética ni la justa paz social» (Juan Pablo II, Carta Encíclica Centesimus annus nº 43).

El trabajo decente, del que depende la estabilidad familiar, debe llevar a un desarrollo integral de la persona humana, que, sin duda, favorece más la productividad y la eficacia en el trabajo. Desde la óptica de la empresa, el trabajo decente conlleva que ésta se considere no tanto una sociedad de capitales, cuanto una sociedad de personas que entran a formar parte de ella de manera diversa y con responsabilidades diferentes.

La Iglesia defiende siempre la dignidad de la persona humana, de toda persona, así como el respeto a sus derechos. En este sentido, los derechos de los trabajadores, como todos los demás derechos, se basan en la naturaleza de la persona humana y en su dignidad trascendente. La implantación de un trabajo decente requiere nuevas formas de solidaridad, pues en el actual contexto socioeconómico, caracterizado por grandes procesos de globalización económico-financieros cada vez más rápidos, se necesitan apoyar nuevas formas de solidaridad que vienen exigidas por determinadas situaciones como los contratos atípicos o temporales, la pérdida de puestos de empleo a causa de la fusión de empresas, el fenómeno migratorio y su injusta discriminación laboral, la exclusión femenina del mundo del trabajo o la explotación infantil del trabajo, entre otras. Estas realidades nos recuerdan, como nos decía el Papa Juan Pablo II, que «son siempre necesarios nuevos movimientos de solidaridad de los hombres del trabajo y de solidaridad con los hombres del trabajo» (Carta Encíclica Laborem exercens nº 8).

Asimismo, y en medio de esta búsqueda de un trabajo decente, la Iglesia sigue proclamando que el hombre, a diferencia de cualquier otro ser viviente, también tiene necesidades que no se limitan solamente al tener o al poseer, pues su naturaleza y su vocación están relacionadas inseparablemente con Dios. Como afirmaba Juan Pablo II, «es preciso globalizar la solidaridad».

Como Arzobispo de Oviedo, al dirigirme a todos vosotros en esta Jornada Mundial por el trabajo decente, lo hago convencido de que gestos como el presente sirven para anunciar a Jesucristo. Quien se adhiere a Él, como verdadero Dios y verdadero Hombre, contribuye a dotar de la mayor belleza al humanismo del trabajo en todo el mundo y de la realización plena de un trabajo decente.

+ Carlos, Arzobispo de Oviedo


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Comentarios:
El comentario que reflejo no tiene que ver con el artículo, pero no encuentro otro ámbito donde expresar el gran dolor, la frustración y la impotencia que está causando en los amigos, bienhechores y demás personas cercanas a los Cruzados de Santa María. Un instituto secular de hombres que siempre han sido fieles a sus pastores en todas las diócesis en las que han desarrollado su labor apostólica y que siempre se han mostrado ejemplares en su amor a la Iglesia y al sucesor de Pedro. Desde hace varios años están sufriendo la incomprensión, el juicio inicuo y la condena por parte del Cardenal Rouco debido a la maledicencia que durante años han ido sembrando en su ilustrísima algunas personas de la Institución, con acceso habitual al Cardenal. Para defenderse han tenido que recurrir hasta la Santa Sede que contempla con estupor cómo se está vulnerando incluso hasta el derecho canónico para favorecer a una minoría que no acepta al superior legítimamente elegido. El Sr. Cardenal ha llegado ...
Enlace permanente Comentario por Tristeza 08.10.08 @ 11:58

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