Ven, Espíritu Santo
13.05.08 @ 16:25:21. Archivado en Obispos españoles
La Sagrada Escritura muestra la especial presencia del Espíritu en los comienzos de la vida pública de Jesús. Él es ungido y enviado por el Espíritu para ofrecer la liberación a los cautivos, para devolver la vista a los ciegos y para anunciar la salvación de Dios a todos los pueblos de la tierra.
Ese mismo Espíritu es donado por el Señor a los apóstoles mientras oraban con María en el cenáculo el día de Pentecostés. Desde entonces y hasta el fin de los tiempos, el Espíritu continuará actuando en el corazón del mundo y seguirá regalando sus dones a cada ser humano para recordarle su condición de hijo de Dios. De este modo, los hijos de un mismo Padre podrán amarse como hermanos y podrán dirigirse a Él como "Abbá", el Padre bueno.
Impulsados por la fuerza del Espíritu, los apóstoles y los primeros discípulos vencen el miedo que les atenazaba y que les impedía dar testimonio del Resucitado; se sienten libres para proclamar su victoria sobre el poder el pecado y de la muerte; salen de sí mismos y asumen con gozo la misión de anunciar la Buena Nueva hasta los confines de la tierra. Las dificultades, las amenazas, las persecuciones ya no podrán acallar su mensaje. Deben pregonar a todos lo que ellos mismos han visto y oído. Como dice San Bernardo, cuando reciben el fuego ardiente del amor por la acción del Espíritu Santo, "entonces no solo se sienten orgullosos con la esperanza de los hijos de Dios, sino que se glorían de las dificultades, y aceptan la injuria como un honor, la ignominia como un gran gozo y el desprecio como un elogio".
En nuestros días son muchos los cristianos que, guiados por el Espíritu y fortalecidos con sus dones, no dudan en dar testimonio público de su fe en Jesucristo. Inmersos en el mundo, caminan al lado de sus hermanos y comparten con ellos la alegría, la paz, el amor y el perdón de Dios. A pesar de las dificultades, de las amenazas y de las burlas de algunos compañeros de camino, saben dar razón de su esperanza con palabras y obras a quienes se la piden. Son conscientes de que la Palabra de Dios no puede quedar encerrada por el miedo, sino que ha de ser anunciada a todos para que pueda iluminar sus mentes y transformar los sentimientos de sus corazones con la luz de Cristo.
Pero, hoy, también nos encontramos con muchos bautizados, que no han descubierto la presencia del Espíritu en sus vidas. En ocasiones, ocultan sus creencias porque tienen miedo a ser mal vistos o marginados por sus semejantes. En otros casos, podemos comprobar con gran dolor que algunos cristianos no solo renuncian a profesar su fe sino que apostatan de la misma. Con ello niegan que Dios, de quien lo han recibido todo, sea plenitud de sentido para sus vidas. Al rechazar a Dios, están renunciando a su amor, a su perdón y a su salvación. El Concilio Vaticano II ya presentía esta posibilidad, cuando señalaba que la "negación de Dios o de la religión ...hoy día se presenta como exigencia del progreso científico y de un cierto humanismo nuevo" (GS. 47).
Ante la constatación de esta realidad, pidamos al Señor que derrame abundantemente los dones del Espíritu sobre su Iglesia y sobre los que viven alejados de ella para que transforme con sus dones las vidas y los corazones de todos y para que abra nuestros corazones a la verdadera libertad. Que en medio de los dificultades que encontramos para vivir la fe y para transmitirla a las nuevas generaciones, El Espíritu nos conceda un nuevo ardor misionero para que no permitamos que las dificultades del camino mermen nuestra esperanza y nuestra alegría.
+ Atilano Rodríguez Martínez
Obispo de Ciudad Rodrigo
Comentarios:
Decías, obispo Atilano, que hay gente que no ha conocido al Espíritu Santo. No hablemos de miedos, ni de heroicidades.
Cuando Dios lo considere necesario, les tocará en el hombro, y los atraerá para sí. Porque la fe es un regalo del propio Dios, y no una meta humana.
Pisad tierra, mientras viváis en ella.
Abrazos.
Cordialmente
"¿Dónde se habla con lenguas de fuego de Dios y de su amor? ¿Dónde, en la Iglesia, no sólo se ora, sino que se experimenta la oración como un don pentecostal del Espíritu, como una gracia sublime? ¿Dónde hay, por encima de toda inculcación racional de la existencia de Dios, una MISTAGOGÍA de cara a la experiencia viva de Dios que parta del núcleo de la propia existencia?". Y yo añado: cierto que en el Vaticano II hubo un esbozo de pneumatología, pero dígame Ud., ¿dónde está su ulterior desarrollo postconciliar?
Con todo, es una inmensa alegría -y es de agradecer- que todo un Sr.Obispo se...
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