Quizá revitalizados por la inclusión de los sintetizadores como instrumento prominente en varias de las canciones que componen este álbum, Van Halen recuperan aquí la inspiración de su debut con un ramillete de cortes simplemente sobresaliente. En este disco no encuentran asiento los ya habituales devaneos guitarreros de Eddie (sólo la breve introducción instrumental "1984" está de relleno). Tampoco las versiones. Tan sólo originales, algunos de ellos, como "Jump" o "Hot for Teacher", los mejores singles que la banda grabó jamás. Pero la gran virtud del álbum es que nunca pierde su pegada. Cada tema contiene suficientes buenos ganchos y riffs como para mantener nuestras orejas pegadas a los altavoces durante los poco más de 33 minutos que dura. Sería el último álbum de la banda junto a David Lee Roth y el último de sus clásicos, pero la época dorada de Van Halen no pudo tener un final mejor.
La exagerada personalidad de David Lee Roth había dominado los dos primeros trabajos de Van Halen, cediendo algo de protagonismo a la ambiciosa creatividad de Eddie Van Halen en el tercero. Fair Warning supone un paréntesis en la trayectoria del combo californiano, en el que el ingenioso guitarrista se hace con las riendas del proyecto. El resultado es un disco mucho más arriesgado, pero también más "difícil". Aunque se mantiene en unos saludables treinta minutos de duración, su intensidad requiere repetidas escuchas para revelar sus intrincados placeres.
Marcados por el pintoresco romance entre Eddie Van Halen y los teclados (véase "Cathedral"), en Diver Down Van Halen intentan recuperar el espíritu de sus primeros álbumes. Aunque a sus nuevos temas les falta energía y claridad de ideas, las cinco versiones que adornan el plástico son de lo mejor de su repertorio. Es su peor disco hasta la fecha, sí, pero "Where Have All the Good Times Gone!", "(Oh) Pretty Woman" y "Dancing in the Street" están a la altura de "You Really Got Me". Sin la convicción de antaño, aquí Van Halen vuelven, sin embargo, a su fuerte: pasárselo bien.
Un año después de reinventar el rock con su debut, los californianos continúan con su particular juerga como si nada hubiese pasado. Aunque con algunos momentos más poperos ("Women in Love") y otros más preciosistas ("Spanish Fly"), Van Halen II es exactamente lo que parece, la segunda parte de Van Halen. Más de lo mismo en el mejor sentido de la expresión. Las acrobacias de David Lee Roth y Eddie Van Halen siguen impresionando lo suficiente como para disimular la sosez de la sección rítmica y temazos del calibre de "Dance the Night Away" o "Beautiful Girls" hacen el resto.
En 1980 vieron la luz algunos grandes clásicos del heavy metal como Back in Black, de AC/DC; Ace of Spades, de Mötorhead o British Steel, de Judas Priest. A ellos hay que sumar el tercer LP de Van Halen, posiblemente el álbum más metalero de su carrera. Pero también su trabajo más difícil. Por primera vez introducen los teclados en sus canciones, concediéndoles especial protagonismo en el single "And the Cradle Will Rock...". También firman su primer tema completamente acústico: "Could This Be Magic?". Pero la experimentación sólo refuerza su poderío.
En 1978, un incipiente heavy metal se encontraba en plena encrucijada. Los Sabbath, Zeppelin y Purple disfrutaban de los últimos días de su reinado mientras Judas Priest y Iron Maiden todavía permanecían casi en el anonimato, cuando el punk amenazó seriamente la supervivencia del género (muchos jóvenes se identificaron con el espíritu rebelde de Ramones y Sex Pistols). Afortunadamente, fans no faltaron nunca (siempre hay gente a la que no le va eso de que sus grupos favoritos apenas sepan tocar). Justo en ese momento, Van Halen saltaron a la palestra con uno de los discos clave de la historia del rock. Cambiando el gusto por lo gótico y el misticismo por la pura diversión, los californianos sentaron las bases del metal americano para (al menos) los siguientes diez años. Su hedonista actitud supuso una gigantesca bocanada de aire fresco que llevaría al género a los primeros puestos de las listas de ventas. Capítulo aparte merece Eddie Van Halen y su revolucionaria técnica con la guitarra. Consiguió sacarle un sonido completamente nuevo, que se convertiría en lección indispensable para las generaciones venideras de héroes de las seis cuerdas. Pero lo más importante es que lo hizo en el marco de unas canciones extraordinarias, cargadas de gancho y contundencia e irresistiblemente adictivas. Uno de los diez mejores debuts del rock.
No estoy seguro de que "adictivo" sea el adjetivo que mejor defina este disco (al menos en sentido estricto), pero sí de que "infravalorado" lo es. Tras el decepcionante Gold Afternoon Fix, en que la banda sonaba completamente descentrada, the Church renunciaban finalmente a su intención de conquistar las listas de éxitos americanas (propiciada por el éxito de su single "Under the Milky Way" en 1988) con el fascinante Priest = Aura. Un disco en el que los australianos desarrollan sin límites ni contemplaciones su inmensa creatividad. Nada de singles, arreglos-gancho ni melodías empalagosas; sólo buenas canciones. El resultado es un álbum difícil (largo, sinuoso, lleno de detalles de esos que se escapan las primeras escuchas), pero cuya recompensa es absolutamente fascinante. Sólo hay que dejarse llevar por su hipnótica belleza. A ratos imita el sonido de los mejores U2 de los 80, dibujando finas líneas melódicas sobre una contundente base rítmica y en otras recuerda a los juegos de texturas de los Pink Floyd de mediados de los 70. Todo acompañado de ese singular buen gusto para los arreglos que caracteriza todo el trabajo de la banda. Un álbum que merece la pena rescatar.
Going for the One: el octavo disco de estudio de Yes arranca con uno de los temas más directos e irresistibles de toda su carrera. Después de años llevando hasta el límite las largas y sinuosas composiciones que les hicieron famosos, vuelven de sopetón a la concreción de Fragile.
Turn of the Century: en contraste con el arrebatador ritmo del tema anterior, Yes vuelven aquí a la balada. Y lo hacen por todo lo alto, con una melodía mágicamente evocadora y una ambientación marca de la casa. Aunque la sección intermedia se alarga más de lo debido, no pierde nunca el interés.
Parallels: quizá el tema más potente del álbum. Arranca con el reincorporado Rick Wakeman tocando el órgano de la Catedral de St. Martin, en Suiza, cuyo sonido inunda toda la canción y la eleva a un estatus que no tendría con un sintetizador. El resto, quintaesencia Yes: imaginativas guitarras, precisos ritmos y la mística voz de Jon Anderson.
Wonderous Stories: único single del álbum y segunda balada. Aunque menos conseguida que "Turn of the Century", tiene un estribillo mucho más reconocible y directo.
Awaken: y, para terminar, vuelve la épica. Quince minutos y medio de complejas melodías, texturas entrelazadas y guitarreos milimétricos. Todo sobrevolando una portentosa base rítmica y unas letras más bien raritas. Exotismo, precisión y pomposidad al máximo para cerrar el clásico más desconocido de uno de los grandes grupos del rock progresivo.
Fecha de publicación: 19 de octubre
Discográfica: Reprise/Rhino
Duración: 68:57
Una canción: "Sara [Edit]"
La primera vez que le hinqué el diente a Fleetwood Mac fue con Rumours. Encontrar una explicación a sus millonarias ventas e impecables críticas era una tentación demasiado poderosa. Sólo me hizo falta una escucha para comprenderlo. No se necesita más. Uno de los discos más adictivos que te puedes llevar a las orejas. Absolutamente pegajoso. Tusk es el siguiente álbum que grabó aquella encarnación de Fleetwood Mac, liderada por Lindsey Buckingham. Y no puede ser más diferente. Para empezar, sus veinte canciones (divididas en dos discos) se prolongan durante más de una hora, cosa que echa bastante para atrás en un primer momento, acostumbrados a los 40 minutos de Fleetowood Mac y Rumours. Además, ni por asomo nos encontramos aquí sucesiones de hits como las de sus dos discos anteriores. En Tusk dominan los temas lentos, sugerentes, carnosos, simplemente bonitos ("Beautiful Child"), de los de paladear con tranquilidad. Una calma que se ve interrumpida de cuando en cuando por ráfagas de algo parecido a sus canciones más rockeras y bailables, pero que conservan un regusto "experimental" de lo más desconcertante e incluso frustrante (aunque sepas de antemano que no es así, esperas una tercera entrega del pop/rock irresistible de sus predecesores). Cómo no, esto es precisamente lo que hace que años después ya nunca escuche Rumours pero Tusk se mantenga entre mis discos de cabecera. Se llama sustancia.
Aunque muchas veces se les compara con coetáneos como Raspberries o Badfinger, Big Star fueron mucho más que una banda revival del pop sesentero. No sólo su sonido se probaría después mucho más influyente que el de aquéllos, sino que la genialidad de sus componentes, especialmente de los irreconciliables Chris Bell y Alex Chilton, les colocaría ya por entonces un paso por delante de muchas de las grandes bandas de la época. Eso sería después, pero ya en su primer LP, #1 Record, resulta evidente el magnetismo de su música (una rápida escucha a "The Ballad of El Goodo" basta para comprobarlo). Su melancólica y bellísima revisión del pop inglés de la década anterior, plagada de melodías preciosistas, guitarras cristalinas y adolescente ingenuidad, es el espejo en el que se mirarían años después algunos grandes de la escena alternativa como R.E.M. o the Replacements. Por no hablar de otros célebres deudores de su legado como Pixies o The La's. Además, Big Star son los padrinos del power pop americano, que tanto éxito conocerá algunos años más tarde con bandas como Cheap Trick o the Knack. Afortunadamente, hoy nos queda algo mucho más importante que todo eso y son sus canciones. Unas viejas tonadas que tal y como suenan podrían haber sido grabadas igualmente en 1965 que en 2008. No se puede decir que fueran un grupo con estrella, la verdad, pero su música, aunque sepultada por las constantes peleas entre los miembros del grupo y la incompetencia de los directivos de su compañía discográfica, sigue resplandeciendo cada vez que alguien tiene la suerte de escuchar uno de sus discos.
01 Feel 3:34
02 The Ballad of el Goodo 4:21
03 In the Street 2:55
04 Thirteen 2:34
05 Don't Lie to Me 3:07
06 The India Song 2:20
07 When My Baby's Beside Me 3:23
08 My Life Is Right 3:08
09 Give Me Another Chance 3:27
10 Try Again 3:31
11 Watch the Sunrise 3:45
12 ST100/6 0:57
La combinación de tres talentos tan dispares a la par que extraordinarios como los de Meat Loaf, Todd Rundgren y Jim Steinman sólo podía deparar (lo sabemos por experiencia) dos cosas: un completo desastre o una obra maestra. Afortunada y casi milagrosamente ocurrió lo segundo y el resultado de tan pintoresca colaboración, Bat Out of Hell, se ha convertido en uno de los álbumes clásicos de la historia del rock. Su irrepetible combinación de pomposidad, adrenalina, grandilocuencia y viejo espíritu rockanrolero, lo convierten en un extraño especímen cuyo sonido homenajea y parodia al tiempo desde los Queen de A Night at the Opera hasta los primeros Genesis, pasando por el Elton John de Captain Fantastic o el mismísimo Bruce Springsteen. Puede que sus canciones hablen sobre temas tan trillados como estúpidos en muchos casos, pero consiguen atraparte por completo. Evidentemente se trata de un álbum en que lo importante no es el mensaje, sino la apariencia. Visto así, tanto el trabajo de Rundgren en la producción como el de Steinman a la hora de componer esta "ópera adolescente" encuentran su verdadero sentido. Especialmente el del primero. Como más adelante se demostraría, fue quien hizo de Bat out of Hell un disco realmente único. Ni siquiera su secuela de 1993, Back Into Hell consiguió igualarlo, aunque se quedase mucho más cerca que la flojísima tercera que parte que salió al mercado hace un par de años con el título The Monster Is Loose. Bat Out of Hell es un género en sí mismo y, sin duda, la mejor grabación del grandullón Meat Loaf.
1 Bat out of Hell 9:52
2 You Took the Words Right Out of My Mouth (Hot Summer Night) 5:04
3 Heaven Can Wait 4:41
4 All Revved Up With No Place to Go 4:21
5 Two Out of Three Ain't Bad 5:26
6 Paradise by the Dashboard Light 8:29
7 For Crying out Loud 8:44
Roy Wood es una de las figuras más extraordinarias del rock. Fue el principal inspirador de dos de los grupos más irresistibles del pop inglés, the Move primero y Electric Light Orchestra después (con los que sólo llegó a grabar un álbum). Aunque luego creó otra banda, Wizzard, que gozó de limitado éxito y terminó disolviéndose, a partir del 73 emprendió una singular y excéntrica (como no podía ser de otra manera para el inglés) carrera en solitario. Boulders es su debut discográfico como Roy Wood y eso se nota. Es más él que nunca. Curiosamente eso le lleva a cumplir esa máxima con la que se bautizó a ELO (retomarlo donde "I'm the Walrus" lo dejó), con más efectividad y convicción que nunca. Buolders es todo extravagancia, exageración, parodia de sí mismo (y de los demás) y encantador melodicismo. La portada engaña, este es un disco cargadísimo de color. En él se encuentran desde el Paul McCartney de Ram y el Todd Rundgren de A Wizard, a True Star hasta el humor absurdo y el folclorismo ingleses, pasando por la siempre presente excentricidad en la exploración de los límites del pop. Musicalmente, Wood lo abarca casi todo, desde la música clásica más grandilocuente hasta la tonada folk más campestre incluso dentro de una misma canción (sin cortarse un pelo). Naturalmente, nada tendría aquí sentido sin que la propia personalidad de este grandioso artista y sus milagrosas melodías (de ésas que no se te van de la cabeza) actuasen como un sólido cemento que lo unifica todo y le da una consistencia increíble. Un trabajo mortal, uno de los discos más geniales de la historia (y de los más divertidos).
01 Songs of Praise 4:40
02 Wake Up 3:19
03 Rock Down Low 3:52
04 Nancy Sing Me a Song 3:28
05 Dear Elaine 4:09
06 Medley: All the Way over the Hill/Irish Loafer (And His Hen) 4:49
07 Miss Clarke and the Computer 4:20
08 When Gran'ma Plays the Banjo 3:13
09 Rock Medley: Rockin' Shoes/She's Too Good for Me/Locomotive 7:31
Grabado a lo largo de casi siete años, el debut en solitario del mediano de los hermanos Wilson (the Beach Boys) es también el último álbum que pudo completar antes de su prematura muerte en 1983, mientras preparaba el que iba ser su segundo LP, Bamboo. Pacific Ocean Blue viene a confirmar el extraordinario progreso de Wilson como compositor. Se trata del primer álbum para el que compone todas las canciones (aunque algunos de sus temas con los Beach Boys ya habían tenido bastante éxito), lo cual le permite exprimir al máximo sus capacidades, poner a prueba todo lo aprendido en el estudio en los años anteriores y experimentar libremente con influencias del gospel y el R&B. El resultado no es sólo un disco extraordinario y todo un clásico del pop de la época sino una auténtica caja de sorpresas para quienes no hayan tenido la oportunidad de escucharlo (ha estado descatalogado durante más de una década, aunque acaba de reeditarse). Porque por encima del torrente de efectos sonoros propios de la marca Wilson, destacan un puñado de canciones impecables, desde la portentosa "River Song", que abre el disco, hasta la compleja balada "End of the Show", pasando por el hit "Dreamer" y la sentida "Farewell My Friend".
01 River Song 3:44
02 What's Wrong 2:22
03 Moonshine 2:27
04 Friday Night 3:09
05 Dreamer 4:22
06 Thoughts of You 3:02
07 Time 3:31
08 You and I 3:25
09 Pacific Ocean Blues 2:39
10 Farewell My Friend 2:26
11 Rainbows 2:55
12 End of the Show 2:55
Seconds of Pleasure es una de las obras maestras de la new wave. A finales de los 70, en un momento de cambio, en el que se estaba gestando un nuevo panorama musical, el rock clasicista de Rockpile parecía no tener mucho que decir. Sin embargo, impulsados por la visión de Nick Lowe y por el purismo rockanrolero de Dave Edmunds, la banda grabó uno de los álbumes más excitantes de aquellos años. Fue su único LP como Rockpile (aunque la misma banda grabó varios de los discos de Lowe y Edmunds en solitario). Pero la culpa de que este álbum sea la excepcional grabación que es hay que repartirla entre los cuatro miembros del grupo. Por un lado, el rigor historicista de Edmunds dota de entidad y enjundia al conjunto, evidenciando tratarse de la obra de unos consumados músicos, curtidos en casi todo tipo de músicas populares, desde el blues hasta el rockabilly y el country. Por otro, la inmensa capacidad como compositor de Lowe otorga al disco un irresistible encanto pop que lo hace inagotablemente escuchable. Pero por otro, el trabajo "en la sombra" tanto del guitarrista Billy Bremner como del batería Terry Williams es en todo momento extraordinario e imprescindible, ya sea dando la réplica guitarrera a Edmunds en "(You Ain't Nothing but) Fine, Fine, Fine" en el caso del primero o ayudando a Lowe a propulsar el ritmo endiablado de "If Sugar Was as Sweet as You" en el del segundo. Aunque hoy en día este álbum sea cruelmente ignorado en ocasiones, en su momento fue uno de los lanzamientos más esperados del año, aunque luego decepcionara a algunos por su exceso de caramelizante. El tiempo, sin embargo, ha dado la razón al grupo y hoy sus canciones suenan tan frescas y enérgicas como entonces, haciendo de cada nueva escucha una auténtica celebración del verdadero rock & roll. Uno de los que no pueden faltar en la colección de ningún melómano.
01 Teacher Teacher 2:35
02 If Sugar Was as Sweet as You 2:34
03 Heart 2:37
04 Now and Always 1:57
05 A Knife and a Fork 3:11
06 Play That Fast Thing (One More Time) 4:12
07 Wrong Again (Let's Face It) 2:22
08 Pet You and Hold You 3:11
09 Oh What a Thrill 3:06
10 When I Write the Book 3:17
11 Fool Too Long 2:51
12 (You Ain't Nothing but) Fine, Fine, Fine 2:52
13 Take a Message to Mary 2:27
14 Crying in the Rain 2:04
15 Poor Jenny 2:27
16 When Will I Be Loved? 2:13
Domingo, 22 de noviembre
Marie-José Martin Delic Karavelic
Juan Fernandez Krohn
Carlos Juan Gómez Martín
Julián Moreno Mestre
Juan Carrasco de las Heras
Juan Luis Recio
Siro López
Karina Longo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría