Para los que vivimos la adolescencia en los 90, la música de Nirvana, exultante y desoladora a partes iguales es, naturalmente, una referencia imprescindible. Nevermind es uno de esos discos que he escuchado desde el día que salieron y seguiré escuchando mientras pueda (hasta que prohíban la música o algo así, que con los políticos todo es posible). Una de las grandes virtudes de la música es su capacidad para capturar un momento concreto de la historia y hacerlo atemporal. Cobain y los suyos lo hicieron: así se sentía la juventud americana de principios de los 90.
Y luego me acusarán de "detractor" de U2. No sólo defendí (y sigo defendiendo) dos de sus discos más vapuleados, sino que alguna de sus grandes obras, como este Achtung Baby, se encuentran, efectivamente, entre mis discos de cabecera. Aunque no es un disco experimental en sentido estricto (por mucho que se haya vendido así en ocasiones), es una excepcional vuelta de tuerca (de ruptura nada) al sonido clásico de la banda. Hay que aguantar al soporífero Bono un rato, pero merece la pena aunque sólo sea por el excepcional trabajo de The Edge a las seis cuerdas.
Lunes, 13 de febrero
Antonio García Fuentes
Mª Rosario Aldaz Donamaría
José Donís Català
Paulino Toribio
José Lozano Galera
Chris Gonzalez -Mora
Padre Fortea
Juan Luis Recio
Juan Carrasco de las Heras
Ángel Sáez García
Julián Moreno Mestre
Juan Fernandez Krohn