La "Heroica" es una de las obras clave en el desarrollo de la música clásica, ya que es el momento en el que el Clasicismo comienza su declive para dar paso al Romanticismo. Aunque la historia no empieza así. En 1802, Beethoven se trasladó a las afueras de Viena a descansar, como parte de un nuevo tratamiento para mitigar su sordera. Pero el implacable avance de la enfermedad llegó a desesperarle. Aunque, de hecho, llegó a plasmar este sentimiento en su célebre Testamento de Heiligenstadt, finalmente renunció a terminar con su vida, según sus propias palabras, "antes de haber producido todas las obras que siento la necesidad de componer". La primera de ellas fue la Tercera Sinfonía.
Entre las múltiples innovaciones que Beethoven introduce en esta obra destaca la longitud. Sólo con su primer movimiento ya alcanza la duración habitual de cualquier sinfonía de Mozart o Haydn. Pero también su lenguaje es innovador y da pie a toda una larga serie de exploraciones en el campo de la armonía que se desarrollarán ampliamente durante el Romanticismo. Beethoven juega con conexiones inéditas entre tonalidades con una libertad ciertamente heroica para la época y que no sería reconocida en su justa medida hasta muchos años después, cuando otros compositores retomaron los caminos emprendidos por el alemán y profundizaron en el desarrollo de estos nuevos esquemas sinfónicos.
Otro de los protagonistas esenciales de esta Tercera Sinfonía es, sin duda, Napoleón Bonaparte. Aunque parece ser que nunca fue la intención de Beethoven convertir la obra en un retrato del Emperador francés (la noticia de cuya auto coronación despertó la ira del compositor), su nombre figuró en la dedicatoria de la partitura y fue posteriormente sustituido por el de Joseph Franz von Lobkowitz, un noble de Bohemia, importante benefactor del músico alemán. Incluso entonces es posible que Beethoven aún pensase llamar a su sinfonía Bonaparte, una opción que sólo descartaría algún tiempo después, cuando se decidió poo el título de Sinfonía Grande, cambiado por "Heroica" poco antes de la publicación de la partitura.
La sinfonía arranca con dos imponentes acordes de toda la orquesta que dan paso al primer tema. La extraordinaria duración del movimiento (especialmente si contamos con las repeticiones que Beethoven anotó en la partitura y que hasta los años 50 del siglo pasado no se realizaban) no es menos revolucionaria que los juegos armónicos del compositor, que explora nuevas formas de acompañamiento impensables hasta entonces, con complejos cambios de tonalidad. Una de estas innovaciones provocó la célebre anécdota en la que un discípulo de Beethoven, Ferdinand Ries, creyendo que uno de los músicos había entrado mal, interrumpió el ensayo para espetarle: "¿Acaso no sabes contar? Esto suena espantosamente mal". La entrada era cuatro compases antes de lo habitual, así que el músico no se había confundido. Según contó el propio Ries, "Beethoven no olvidó esto en mucho tiempo".
Aunque introduce menos innovaciones que el primero, este segundo movimiento, escrito en forma de rondo en Do menor (la misma tonalidad de la Quinta Sinfonía), alcanza aún mayores cotas de expresividad y emoción. Aunque no era habitual incluir marchas fúnebres en las sinfonías, éste sí era un género popular en la época, aunque en el contexto de una partitura dedicada a Napoleón, resulta difícil descifrar la intención de Beeethoven al incluirla.
El pasaje más célebre de la sinfonía. Beethoven sustituye aquí el tradicional minueto de la sinfonía clásica (un poco pasado de moda a finales del XVIII) por un scherzo. El resultado, sin embargo, es equivalente. La obra regresa a la agitación del primer movimiento tras el lento segundo. Pero lo hace sin la carga dramática de los primeros compases de la sinfonía, con un cierto alivio.
La obra se cierra con el que ha sido visto por algunos críticos como el movimiento menos inspirado de los cuatro. Basándose en un tema que ya había utilizado en otras composiciones anteriores, Beethoven compone una serie de variaciones y una fuga que demuestran, sin embargo, una capacidad de inventiva impresionante, consiguiendo rematar la sinfonía con un imaginativo contrapunto a la tragedia de los dos primeros movimientos.
Aunque la primera audición privada de la "Heroica" se produjo en agosto de 1804, en casa de von Lobkowitz, su estreno en público tuvo lugar en el Theater an der Wien de Viena el 7 de abril de 1805 con el propio compositor a la batuta. Desde ese mismo momento fue juzgada de "pesada, interminable y deshilvanada" por los críticos.
Sábado, 18 de febrero
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Paulino Toribio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
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Padre Fortea
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José Donís Català| Febrero 2012 | ||||||
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